Esa doble vida, la de la joven estudiante de laboratorio químico y la de la representante estatal de belleza convivía con normalidad en la misma persona. Juliana Cortés Galván, su mejor amiga, la describería años después, durante las marchas en Ensenada como simpática, sencilla, humilde y con muchos sueños.
Cuando Jorge Flores murió en enero de 2022, Carolina tenía 22 años. Su padre fue enterrado en ensenada. La familia paterna, que incluía a la abuela Arselia y a los tíos Cintia y Javier, quedó en México sin información oficial del caso, sin acceso al expediente, sin saber exactamente qué había sucedido en ese casino de Chula Vista.
Carolina tomó el caso, contrató a abogados, empujó el proceso civil durante más de 2 años. Según el relato de su tía Cinnia en la entrevista con Mafian, la comunicación del abogado fue directamente con Carolina, ya que era la única hija de Jorge. En algún momento, la tía llegó a presentarse en la corte, pero se enteró un día antes de que no había necesidad de ir, que el caso ya se había cerrado en una fecha determinada, que el acuerdo ya estaba firmado y que no había forma de saber cuánto dinero había recibido su sobrina.
Nos enteramos un día antes que no había necesidad de ir a la corte, que el caso se había cerrado y no había forma de saber cuánto dinero había recibido”, relató Cyntia. Ese es el primer nudo de este caso. Una familia que perdió a un hombre de manera violenta, que nunca obtuvo justicia penal en sede criminal y que tampoco tuvo acceso a la resolución civil del asunto.
La única persona que sabía exactamente a cuánto ascendía la compensación por la muerte de Jorge Flores era Carolina. Y había otra persona que también lo sabía. Esa es la pieza que conecta la muerte de un padre. en un casino de chula vista con el asesinato de su hija 4 años después en un departamento de Polanco. El acuerdo civil entre Carolina Flores Gómez y el Seven Mile Casino se cerró en 2024, más de 2 años después de la muerte de Jorge.
No existe confirmación oficial del monto. La familia paterna de Carolina no conoce la cifra exacta porque nunca se les informó. El tío Javier fue directo en la entrevista con Mafian. No saben si fueron millones, pero para un caso de asesinato en Estados Unidos, para encubrir algo así, saben que fue una buena cantidad.
Imagínate para un asesinato en Estados Unidos. Para encubrir eso, sé que fue una buena cantidad, dijo. Algunos medios han manejado una cifra aproximada de 2 millones. Esa cifra no ha sido confirmada oficialmente por ninguna autoridad ni por los abogados que llevaron el caso. Lo que sí está documentado en los testimonios de los familiares es que la indemnización existió, que fue significativa y que hubo una persona distinta a Carolina que estuvo presente el día en que ella firmó los documentos.
Esa persona era Erika María Guadalupe Herrera Coriand. La tía Cintia lo declaró con precisión en la misma entrevista. Tengo entendido que fue la señora Erika quien estuvo con ella cuando fue a firmar los papeles. Ella sabe cuánto dinero recibió Carolina. Entre todos los adultos del entorno de la joven en ese momento, la única que conocía el monto real de la compensación, además de la propia Carolina, era precisamente la mujer que el 15 de abril de 2026 le dispararía en la cocina de su departamento en Polanco.
Esa presencia de Erika Herrera en la firma de los documentos no es un detalle menor. Es la pieza que para los familiares de Carolina conecta todo lo que vino después. Para entender el peso de ese dato es necesario entender quién era Erika María Guadalupe Herrera Coriand y cuál era su relación con Carolina Flores Gómez.
Erika era la madre de Alejandro Sánchez Herrera, el hombre con quien Carolina estaba casada al momento de su muerte. Ambos, madre e hijo, provenían de Ensenada, la misma ciudad natal de Carolina. Alejandro Sánchez Herrera es descrito por fuentes cercanas al caso como empresario en Baja California. Erika Herrera tenía 63 años al momento de los hechos.
Había sido candidata a regidora por el Partido de la Revolución Democrática en Ensenada. Conocía el funcionamiento de las instituciones, conocía los procedimientos y había estado en California el día que su nuera firmó un acuerdo económico cuyo monto exacto nadie más en el círculo familiar de Carolina conocía. La relación entre Carolina y Alejandro, según testimonios de la familia paterna de la joven recogidos en la entrevista con Mafian, no había sido estable antes de 2024.
Había tensiones, había idas y vueltas, había fricciones que los familiares describen como una historia que no era lineal ni tranquila. Caro no tenía necesidad, señaló el tío Javier, subrayando que era ella quien contaba con los recursos propios, no al revés. Entonces llegó la indemnización y algo cambió de manera abrupta. El tío Javier lo resumió en pocas palabras.
De repente, mucho amor y boda exprés casi. La boda entre Carolina y Alejandro se celebró en 2024, el mismo año en que se cerró el acuerdo económico con el casino de Chula Vista. Para los familiares de Carolina, esa cronología no es una coincidencia. Para mí esto es plan con maña de ambas partes, de este Alejandro y de su mamá para quedarse con eso, afirmó el tío con claridad.
Hay una lógica legal en esa hipótesis que vale la pena describir. En México bajo el régimen de sociedad conyugal. Un cónyuge puede tener derecho a una parte del patrimonio del otro en caso de fallecimiento. Si Carolina y Alejandro estaban casados bajo ese régimen, la muerte de Carolina antes que la de él significaría que el esposo podría reclamar una parte sustancial del patrimonio de su esposa, incluyendo la indemnización millonaria.
La familia de Carolina ha señalado que esa es precisamente la línea económica que habría motivado el crimen, eliminar a Carolina para que el dinero quedara en manos de Alejandro y a través de él de la propia Érica. Las autoridades no han confirmado este análisis como móvil oficial, pero tampoco lo han descartado. Las amigas cercanas de Carolina, cuyos testimonios fueron recogidos por el programa Siéntese quien pueda de Univisión, describen una etapa en la que Carolina amaba genuinamente a su suegra.
Antes del embarazo, la relación entre las dos mujeres era buena. La propia Carolina se tatuó las iniciales de su esposo junto con la H de Herrera, el apellido de Erika, como si quisiera incorporar a esa familia dentro de su propia identidad. La abuela de Carolina, Arselia, describió a su nieta como una niña muy buena, pero fácil de manipular.
Alguien que confió plenamente en la familia que su pareja le presentó. Esa confianza, según todo indica, fue exactamente lo que la hizo vulnerable. Carolina amaba a esa familia y esa confianza fue lo que la expuso. Pero esa confianza comenzó a fracturarse, según los mismos testimonios, a partir del embarazo. Una amiga fue directa.
Desde que ella se embarazó, todo cambió. El bebé nació. Era un niño, tenía 8 meses de edad, el día en que su madre fue asesinada. Y en lugar de que el nacimiento de ese niño consolidara la relación entre las dos familias, lo que ocurrió fue que los celos de Erika Herrera hacia Carolina se intensificaron. Porque ahora no solo había una mujer que ocupaba el espacio de su hijo, ahora esa mujer estaba construyendo un hogar donde Erika no era el centro, un hogar donde había un nieto, pero donde la abuela no mandaba. La respuesta de la pareja fue
la mudanza. En diciembre de 2025, Carolina y Alejandro tomaron la decisión de trasladarse de Ensenada a la Ciudad de México. El objetivo, según fuentes cercanas a la familia, era poner distancia física entre ellos y Erika Herrera. Querían construir su propia dinámica familiar sin la presión constante de una madre que no aceptaba que su hijo tuviera una vida separada de ella.
Se instalaron en la colonia Polanco tercero sección, Alcaldía Miguel Hidalgo, una de las zonas residenciales más exclusivas de la capital mexicana, conocida por sus embajadas, sus hoteles de lujo, sus restaurantes de alto costo y sus torres residenciales con vigilancia privada. El departamento tenía cámara de monitoreo para el bebé. Todo apuntaba a un nuevo comienzo.
Erika Herrera no se quedó en Enenada. El sábado 11 de abril de 2026, Erika Herrera salió de Ensenada conduciendo su propio vehículo. Recorrió 2826 km en dirección a la Ciudad de México. Para poner en perspectiva esa distancia es comparable a conducir de Madrid a Moscú o de Buenos Aires a Sao Paulo. Un viaje de varios días por carretera a través de la península de Baja California, cruzando a Tierra Continental y atravesando varios estados mexicanos.
Es un viaje que requiere planificación previa, reservas de alojamiento en el camino, combustible calculado, rutas establecidas. Un viaje que no se hace de manera espontánea un sábado por la mañana porque se ocurrió visitar a los hijos. El periodista Carlos Jiménez del programa C4 en alerta del canal Telediario, reconstruyó esta ruta a partir de la información divulgada en la investigación y señaló que Erikaa llegó al departamento de Polanco el 15 de abril, el mismo día del crimen.
Llegó con maletas, llegó lista para irse, no llegó de visita, llegó para hacer algo y marcharse. También llegó con un arma de fuego. Ese detalle es el que destruye completamente cualquier narrativa de visita espontánea o de confrontación que escaló de manera inesperada. Nadie lleva un arma de fuego a una visita familiar de reconciliación.
Nadie conduce 2826 km en 4 días. Llega con maletas ya empacadas y además porta un arma si el propósito del viaje es limar asperezas con la nuera. Esas tres condiciones en conjunto, el viaje largo y planificado, las maletas, el arma, no describen un impulso, describen una logística. El 15 de abril de 2026, dentro del departamento de la colonia Polanco, tercero sección, la cámara del monitor del bebé registró los momentos previos al ataque.
Se observa a Erika Herrera en la vivienda. Erika le habría pedido a Alejandro que las dejara solas para resolver sus diferencias. La cámara registró una discusión entre las dos mujeres, que las lleva fuera del ángulo de captación hacia una habitación. Luego se escuchan las detonaciones. Según reportes de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México y del medio Infobae, fueron aproximadamente 12 los impactos de bala que recibió Carolina Flores Gómez.
También, según el reporte del medio Hola. Carolina fue hallada con un impacto de arma de fuego en la cabeza. Ni el vigilante del complejo, ni otros vecinos escucharon el disparo en el momento en que ocurrió, lo que generó dudas sobre las circunstancias del crimen y el tiempo que transcurrió antes de la llegada de las autoridades.
La joven de 27 años murió en su propia cocina en el departamento al que se había mudado 4 meses antes para estar lejos de esa mujer. Alejandro Sánchez escuchó las detonaciones, entró a la habitación, vio la escena. La grabación del monitor del bebé recogió también ese momento, incluyendo el diálogo que siguió.
Le preguntó a su madre qué había hecho. Erika respondió, “Nada, me hizo enojar.” Alejandro dijo, “¿No ves que es mi familia?” Erika respondió, “Yo soy tu familia. Tú eras mío y ella te robó. Tú eras mío, no eres mi hijo, si no eras mío. Esas palabras están en la grabación. son el registro en tiempo real de una dinámica que los especialistas en psicología familiar reconocen con el término técnico enmes también denominado entrelazamiento emocional patológico.
Es una dinámica donde los límites individuales dentro de una familia desaparecen por completo, donde el hijo no tiene una identidad propia separada de su madre, donde las decisiones, las relaciones y las emociones del hijo son vividas por la madre como si fueran propias, donde la llegada de una pareja no es percibida como la construcción de una nueva familia, sino como una sustracción, como un robo.
Las palabras de Erika Herrera ante el cuerpo de su nuera son, en ese sentido, la evidencia audiovisual más cruda de esa dinámica. Tú eras mío, no eres mi hijo, sino eras mío. Son palabras que no expresan dolor por el acto cometido. Son palabras que expresan una reclamación de posesión y lo expresan con el cadáver de una mujer de 27 años en el suelo de la cocina con un bebé de 8 meses en algún punto del departamento.
Lo que hizo Alejandro Sánchez en las horas siguientes es el segundo nudo de este caso y uno que la investigación formal todavía no ha resuelto. Erika Herrera, después de disparar 12 veces contra su nuera, recogió sus maletas, las maletas que había traído consigo desde Enenada, las maletas que ya estaban listas desde antes del crimen porque el plan incluía a irse después.
llamó a un taxi, salió del departamento de Polanco, pasó frente a la cabina de seguridad del edificio. El guardia de seguridad del complejo declaró que no escuchó detonaciones ni movimientos extraños esa noche. Nadie en el edificio llamó a las autoridades de manera inmediata. Y Alejandro Sánchez, que había visto el cuerpo de su esposa en el piso de la cocina, que había escuchado las detonaciones, que había preguntado qué pasó y había recibido la respuesta de su madre, se quedó en el departamento. Permaneció ahí durante más
de 24 horas con el cuerpo de su esposa en la cocina, con su bebé de 8 meses en brazos. No llamó al número de emergencias, no llamó a la familia de Carolina, no llamó a ninguna autoridad, no hizo nada que cualquier persona que descubre que su cónyuge ha sido asesinado haría en los primeros minutos después del hecho.
16 de abril de 2026, un día completo después del crimen, Alejandro Sánchez Herrera se presentó ante la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México a denunciar los hechos. Su justificación para la demora fue que temía por la seguridad de su bebé, según la reconstrucción del caso difundida por el periodista Carlos Jiménez del programa C4, esa demora de 24 horas le dio a Erika Herrera el margen suficiente para salir de México.
Horas después del crimen, la mujer abandonó el país. Viajó primero a Panamá como punto de tránsito. Desde Panamá continuó hacia Venezuela. Ingresó a Caracas el 16 de abril, según información oficial reconstruida por el corresponsal venezolano Norberto Matza para el canal N Plus. El mismo día en que su hijo finalmente se presentó ante la fiscalía a denunciar la muerte de su esposa.
No había aún ninguna alerta internacional en vigor. No había orden de apreensón formal. No había ficha de Interpol Activa. Erika Herrera cruzó dos fronteras mientras el cuerpo de Carolina Flores permanecía en el departamento de Polanco y mientras su hijo todavía no había levantado el teléfono para llamar a la policía, hay un detalle adicional que la familia de Carolina señaló públicamente y que los investigadores están evaluando.
Alejandro Sánchez, antes de presentarse ante la fiscalía, escribió instrucciones para la alimentación del bebé. En esas instrucciones, según familiares de Carolina, indicó que el niño no debía ser entregado a la familia materna de Carolina, es decir, a los familiares de la propia víctima. Esa nota escrita antes de acudir a denunciar implica que Alejandro sabía con suficiente certeza que muy probablemente sería detenido.
Nadie escribe ese tipo de instrucciones si genuinamente cree que va a volver a casa esa misma tarde. anticipó su propia detención y la primera acción que tomó cuando llegó a ese razonamiento no fue llamar al 911, fue asegurarse de que su madre tuviera tiempo para escapar del país.
Fue proteger a quien disparó, fue proteger a quien huyó y fue en el proceso impedir que el cuerpo de Carolina fuera reportado a las autoridades durante 24 horas. El tío Javier lo resumió con una frase que captura la dimensión de lo que la familia percibió. No reaccionó como alguien que te ama. Reaccionó como si se le hubiera caído un plato a la mamá.
Esa no es la reacción de alguien normal. La abuela de Carolina fue igualmente directa al ser consultada. No creo por un momento que sea inocente. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México actuó con relativa rapidez desde que recibió la denuncia formal el 16 de abril. El 17 de abril, a un día de presentada la denuncia, un juez de control otorgó la orden de apreensón contra Erika María Guadalupe Herrera Coriand.
La institución, en coordinación con la Fiscalía General de la República, gestionó una notificación roja de Interpol. El mecanismo de cooperación internacional se activó. Las autoridades mexicanas, según el periodista venezolano Norberto Matza del canal N Plus, notificaron extraoficialmente a Venezuela antes incluso de que existiera una alerta formal en vigor, advirtiendo que posiblemente llegaría al país sudamericano una mujer de 63 años de nombre Erika María Guadalupe, buscada por presunta participación en el asesinato de su nuera en México.
Esa comunicación previa fue determinante. Cuando la ficha roja de Interpol llegó formalmente, las autoridades venezolanas ya tenían información preliminar y pudieron actuar con mayor rapidez. Erika Herrera fue localizada en un apartamento alquilado a través de una plataforma digital en la urbanización El Cigarral, municipio El Atillo, una zona residencial exclusiva de Caracas que se caracteriza por edificios de lujo, áreas verdes y seguridad privada.
Una mujer de 63 años buscada por feminicidio, se había instalado en un apartamento de una plataforma de alquiler en uno de los barrios más acomodados de la capital venezolana. El 29 de abril de 2026, 13 días después del crimen, fue detenida por funcionarios del cuerpo de investigaciones científicas, penales y criminalísticas en coordinación con Interpol y autoridades mexicanas.
Según el relato del periodista Matsa, la mujer se negó a ser detenida en un primer momento. Argumentó que estaba en otro país, que las autoridades venezolanas no tenían jurisdicción sobre ella por un delito cometido en México, que no había cometido ningún delito o incluso lo negó. Para ganar tiempo y mantenerla bajo custodia mientras llegaba la documentación formal de Interpol.
fue arrestada inicialmente bajo la figura de desacato a la autoridad, un recurso que las autoridades venezolanas utilizaron para evitar que escapara nuevamente antes de que la ficha roja quedara operativa. La Fiscalía de la Ciudad de México confirmó la detención el 30 de abril de 2026 a través de su cuenta oficial en la red social X.
agradeció la cooperación de las autoridades venezolanas de Interpol y de la Fiscalía General de la República. Erika María Guadalupe Herrera Coriand permanece bajo custodia de Interpol en Caracas en instalaciones independientes del sistema penitenciario local venezolano mientras avanzan los trámites diplomáticos ilegales de extradición.
Ese proceso puede tomar semanas, puede tomar meses. En algunos casos de extradición entre México y Venezuela, el proceso se ha extendido por periodos considerables en función de los acuerdos bilaterales y las complejidades procedimentales entre los dos países. Ahora es necesario articular con precisión lo que los hechos conocidos y verificados permiten sostener, separándolo rigurosamente de lo que aún no ha sido confirmado oficialmente.
Lo que está documentado es lo siguiente. Jorge Flores murió el 17 de enero de 2022 en el Seven Mile Casino de Chula Vista, California, durante un forcejeo con tres guardias de seguridad del establecimiento, tal como consta en los registros públicos del Departamento de Policía de Chula Vista y en las coberturas de Fox 5 San Diego, Telemundo 20 y CDC Gaming Reports.
De esa fecha no hubo cargos penales contra los guardias. El caso penal no prosperó en la vía criminal. Carolina Flores Gómez, ciudadana estadounidense e hija única de Jorge, llevó el proceso civil en California durante más de 2 años. En 2024, el caso se cerró con un acuerdo económico entre Carolina y el establecimiento. La familia paterna desconoce el monto exacto porque nunca se les informó y fue excluida del proceso por no tener acceso legal directo.
Erika María Guadalupe Herrera Coriand estuvo presente el día en que Carolina firmó los documentos del acuerdo y es la única persona del entorno cercano de la joven. Además de ella misma, que conocía el monto real de esa compensación. Ese mismo año 2024 se celebró la boda entre Carolina y Alejandro Sánchez después de una relación descrita por los familiares como conflictiva e inestable hasta ese momento.
En diciembre de 2025, Carolina y Alejandro se mudaron a Polanco, Ciudad de México, con el objetivo explícito, según fuentes cercanas, de alejarse de Erika Herrera. El 11 de abril de 2026, Erika Herrera salió de Ensenada en vehículo y recorrió dos 826 km hasta la Ciudad de México. Llegó el 15 de abril con maletas y con un arma de fuego.
Ese mismo día disparó contra Carolina Flores Gómez dentro de su departamento en la colonia Polanco, tercero sección. Carolina recibió aproximadamente 12 impactos de bala. murió en su cocina. La grabación del monitor del bebé documentó el diálogo posterior entre Erika y Alejandro. Erika Herrera recogió sus pertenencias, llamó un taxi y abandonó el lugar.
Alejandro Sánchez no llamó a las autoridades durante más de 24 horas. Erika Herrera salió de México el 16 de abril vía Panamá hacia Caracas. Fue detenida el 29 de abril de 2026. En Venezuela, el proceso de extradición está en curso. La investigación sobre el papel de Alejandro Sánchez como posible cómplice sigue abierta.
El arma no tiene explicación oficial sobre su origen. Lo que aún no ha sido confirmado oficialmente es el móvil. La Fiscalía de la Ciudad de México no ha declarado formalmente un móvil económico vinculado a la indemnización. La hipótesis de que el crimen fue planeado en conjunto por madre e hijo para acceder al patrimonio de Carolina proviene de los familiares paternos de la víctima, no de una declaración fiscal.
Pero esa hipótesis no ha sido descartada por la investigación y los hechos verificables que la sostienen en su cronología y en sus elementos concretos tienen una coherencia que ninguna otra explicación disponible ha podido articular con la misma solidez. Queda en pie la pregunta que la propia arquitectura de los hechos plantea sin necesidad de especulación.
Una mujer de 63 años que ha sido candidata política, que conoce el funcionamiento de las instituciones, que tiene experiencia en procesos formales, tomó la decisión de salir de Enada el sábado 11 de abril conduciendo su propio auto. Recorrió 2,726 km en 4 días. Llegó a Polanco el 15 de abril con maletas ya empacadas.
portaba un arma de fuego. Le pidió a su hijo que las dejara solas para resolver sus diferencias y disparó aproximadamente 12 veces. Nadie lleva un arma a una conversación de reconciliación. Nadie recorre 2826 km con maletas si planea quedarse o si planea volver rápidamente. Nadie tiene un taxi esperando después de un crimen sin haber planificado esa posibilidad antes de cometerlo.
Nadie abandona un país el día siguiente de un crimen si no había previsto esa ruta de escape. La madre de Carolina, Reina Gómez Molina, encabezó las protestas en Ensenada. Cientos de personas vestidas de blanco marcharon por las calles del puerto exigiendo justicia. La vecina de la familia, Aracelia Noriega, recordó a Carolina como una niña muy buena, a quien cuidó de pequeña, a quien todos en la cuadra querían, que no tenía enemigos.
La mejor amiga Juliana Cortés Galván exigió que el caso no quedara impune y reveló que Carolina tenía planes concretos de viajar a Ensenada en los próximos meses para organizar el primer cumpleaños de su hijo, para celebrar un año de vida de un niño que hoy tiene 8 meses y cuya madre fue asesinada en la misma habitación donde él dormía.
Las palabras de reina Gómez Molina durante la marcha fueron concretas y directas. No entiendo como una mamá me hizo pasar este dolor. Entréguese. La vamos a encontrar porque toda ensenada está buscando justicia. Todaenada la encontró en Caracas, en un apartamento de lujo alquilado a través de una aplicación digital en el municipio Elatillo.
La investigación judicial en México enfrenta ahora dos frentes paralelos. El primero es la extradición de Erika Herrera desde Venezuela. Un proceso que avanza, pero cuyo desenlace en términos de tiempo es incierto. El segundo y quizás el más determinante para establecer la verdad completa de lo que ocurrió es la investigación sobre el papel de Alejandro Sánchez Herrera, un hombre que estuvo en el departamento cuando su madre llegó con maletas y con un arma.
Un hombre que según la grabación del monitor del bebé escuchó las detonaciones, entró al área donde ocurrió el crimen, confrontó a su madre y recibió su explicación. Un hombre que no llamó a ninguna autoridad durante más de 24 horas. un hombre que escribió instrucciones para el cuidado del bebé, anticipando que sería detenido.
Un hombre que permitió que su madre llamara un taxi y saliera del departamento y del país antes de que existiera ninguna alerta. La Fiscalía de la Ciudad de México ha señalado que el retraso de Alejandro en reportar el crimen abrió interrogantes sobre posibles omisiones. El portal Infobae, citando fuentes del caso, señaló que aunque ese retraso no ubica automáticamente a Alejandro como cómplice, generó preguntas que la investigación debe responder.
Carolina Flores Gómez empezó su historia más difícil en la tragedia de otro. La muerte de su padre en un casino de California la obligó a hacerse adulta de golpe, a navegar sola, los tribunales estadounidenses, a cargar un proceso legal de 2 años, mientras el resto de su familia en México miraba desde afuera sin poder entrar. lo hizo.
Consiguió el acuerdo cuando ese proceso terminó, cuando la compensación llegó, cuando parecía que la parte más dura de esa historia había quedado atrás, alguien que había estado junto a ella el día de la firma había calculado qué hacer con esa información. Alguien que conocía el monto exacto. Alguien que sabía lo que valía Carolina en términos económicos.
Alguien que dos años después de estar sentado junto a ella, mientras firmaba los documentos, condujo 2826 km. Llegó con maletas y con un arma y disparó 12 veces en la cocina. El rastro del dinero empieza en el piso de un casino de chula vista el 17 de enero de 2022. Pasa por los tribunales civiles de California durante más de 2 años.
Llega a un momento en 2024 en que se firma un acuerdo en presencia de dos personas. Continúa con una boda celebrada ese mismo año después de una relación que había sido inestable hasta entonces. Sigue con una mudanza a Polanco en diciembre de 2025 y termina, si es que termina, en la cocina de ese departamento el 15 de abril de 2026.
12 disparos, un bebé de 8 meses, unas maletas recogidas con calma, un taxi llamado, una frontera cruzada vía Panamá al día siguiente, 24 horas de silencio de un hombre que escribió instrucciones para el bebé anticipando que lo detendrían y que tuvo la claridad suficiente para hacerlo mientras el cuerpo de su esposa estaba en la cocina.
La justicia, en este caso, tiene una detenida en Caracas. El proceso de extradición está en marcha, pero la investigación sobre el papel del esposo sigue abierta y sin resolución formal. El móvil económico no ha sido declarado oficialmente. El arma que apareció en la cocina no tiene explicación pública sobre su origen ni sobre cómo llegó a ese departamento.
Y hay un hombre que pasó 24 horas con el cuerpo de su esposa en la misma casa donde dormía su hijo de 8 meses sin llamar a la policía, que escribió instrucciones precisas anticipando su propia detención y que permitió que su madre tomara un taxi, cruzara la frontera y llegara a Caracas antes de que existiera ninguna alerta internacional.
Ese hombre no ha sido acusado de nada hasta la fecha de publicación de este texto. Eso también es parte de la historia y también es parte de lo que la justicia debe responder. Carolina Flores Gómez no dependía económicamente de nadie, tenía recursos propios. Había peleado sola 2 años en los tribunales de California para obtener justicia por la muerte de su padre en un casino de chula vista.
había ganado y ese logro, esa independencia, esa compensación obtenida con años de proceso legal y de carga solitaria en un país extranjero pudo haber sido exactamente lo que la convirtió en un objetivo, no para un extraño en la calle, para alguien que sonreía en las fotos de la boda, para alguien que conocía el monto exacto porque había estado ahí cuando se firmó el papel.
Para alguien que llegó desde Ensenada con maletas, con un arma y con un plan de salida. El dinero tiene un rastro. Follow the money, dijo el tío Javier. Ese rastro empieza en un casino de chula vista. Todavía no termina. Yeah.