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HARFUCH Abre la Bodega Que JENNI RIVERA Rentó 4 Meses Antes del Avión.. las 11 CINTAS Que Grabó SOLA

HARFUCH Abre la Bodega Que JENNI RIVERA Rentó 4 Meses Antes del Avión.. las 11 CINTAS Que Grabó SOLA

firmó algo que no podía leer. Era el último contrato que firmó Jenny Rivera antes del accidente. 54 páginas en inglés, una sola firma azul al pie y una cláusula en la página 37 que decía que si Jenny moría antes del 5 de junio de 2013, todo lo que había construido en 15 años pasaba a otro nombre.

 Jenny murió el 9 de diciembre de 2012. Faltaban 5 meses y 27 días para que esa cláusula expirara. Esta madrugada, 11 años después, Omar García Harfó una orden judicial cruzada con el FBI y abrió la caja fuerte donde estaba ese contrato. Adentro había mucho más que el contrato. Había 11 cassets de audio que Jenny grabó en las últimas tres semanas de su vida.

Había un sobresellado con una etiqueta escrita a mano que decía para abrir solo en mi ausencia. Y había un nombre, el nombre de la persona que se quedó con todo cuando Jenny se subió  al avión equivocado. Son las 4:18 de la mañana en Long Beach, California. La temperatura  marca 6 ºC.

 El aire huele a sal del Pacífico y a diés el viejo de los camiones del puerto que llevan toda la noche cargando contenedores hacia Asia. La avenida Westanheim está vacía. Un semáforo cambia de amarillo a rojo y a verde sin que pase un solo carro. En la esquina hay un letrero medio borrado por el sol que dice Industrial Storage available  C now.

 Detrás del letrero, una hilera de bodegas de cemento gris sin ventanas ni luces. Cerradas desde hace años. Tres camionetas Suburban negras avanzan en caravana por la avenida y se detienen frente al número 4823. No hay luces de torreta. No hay sirenas.  Lo que hay es un operativo binacional acordado entre la oficina de Omar García Harfook y el FBI de Los Ángeles.

 La orden judicial cruzada se firmó hace 14 horas en un despacho de Washington. Tres jueces tuvieron que dar el visto  bueno antes de las 2 de la tarde del día anterior y nadie en Long Beach, salvo cuatro personas en esa cuadra, sabe que esto está ocurriendo. Harf baja primero, lleva chamarra negra de cuello alto, botas tácticas,  una linterna LED de la mano derecha.

Detrás bajan dos peritos forenses de la Fiscalía Federal Mexicana, una notaria de Tijuana con su credencial colgando del cuello, dos agentes  especiales del FBI con chalecos rotulados, un fotógrafo del equipo binacional y un perito de informática con un maletín que carga como si pesara más de lo que pesa. Nadie habla.

 Lo único que se escucha es el rumor del puerto al fondo y el sonido de las botas sobre el asfalto mojado por la niebla. Cuando Harf saca el aliento, el vapor se queda curgando un segundo en el aire frío antes de disolverse. La bodega tiene la fachada lisa de cemento aparente, sin ventanas, solo un portón corredizo metálico con dos candados oxidad y una puerta de servicio a un costado.

 Encima del portón, una placa descolorida con letras blancas que dice Aerton Prises Storage. Las letras están casi borradas. La bodega lleva cerrada desde julio de 2014. Lo que hay adentro nadie lo ha visto en más de 10 años. Ni siquiera los hijos de Jenny Rivera saben que esto existe. No aparece en los inventarios públicos de la herencia ni en los documentos del juicio sucesorio.

Existe solo en un papel firmado en agosto de 2012, 4 meses antes del accidente y guardado en un archivo de sacramento que tardó 11 años en abrirse. Un cerrajero de la Fiscalía Mexicana se acerca al portón con su maletín. trabaja en silencio durante 6 minutos. El primer candado cede con un chasquido seco.

 El segundo tarda más. Cuando finalmente cae al suelo, el sonido del metal contra el cemento rebota en la cuadra entera y a Harfuxs le sale el aliento congelado al hablar por primera vez. Ábranlo despacio. El portón se desliza con un quejido largo y lo primero que sale antes que cualquier otra cosa es el olor. Es un olor difícil de explicar.

Tiene capas. Encima polvo de 11 años. Debajo del polvo cartón mojado y vuelto a  secar muchas veces por la humedad del puerto. Debajo del cartón, algo dulce que no se borra. Es el perfume que Jenny Rivela lanzó en 2011. Se llamaba Divina. Una de las cajas de la bodega contiene 5000 frascos sin distribuir, todavía sellados en su empaque original.

 11 años después,  el aroma sigue ahí congelado en el aire encerrado, como si alguien hubiera abierto un frasco hace un minuto. Harf enciende la linterna  y entra primero. La de luz recorre lo que parece un almacén de los años 50, piso de concreto  manchado de aceite viejo, columnas de hierro pintadas de blanco descascarado, focos rotos colgando de cables que cuelgan del techo metálico y mercancía, mercancía por todos lados.

 Cajas apiladas hasta el techo, maniquíes alineados como soldados a lo largo de la pared izquierda. Estantes con  productos en sus empaques originales intactos con la cara de Jenny Rivera sonriendo en cada uno. Hay una colección completa de jeans con su línea, La Divina Collection, en perchas que llegan hasta la pared del fondo.

 Hay cajas de cartón con etiquetas que dicen maquillaje 2012, lote 3 en plumón negro. Hay una caja registradora antigua en una esquina abierta con monedas viejas  adentro hay una mesa larga cubierta con un mantel azul rey y encima de la mesa una caja abierta con joyería de fantasía y un anillo dorado con la inicial J grabada que se quedó dentro como si alguien lo hubiera estado revisando justo antes de salir y nunca hubiera regresado.

 En una pared lateral hay una fotografía enmarcada. Es Jenny Rivera en el escenario  del estadio Azteca 2010. Está sonriendo con los brazos abiertos con un vestido rojo de lentejuelas frente a más de 100,000 personas. La foto  está cubierta de polvo. Hay otra fotografía al lado más chica.

 Es  Jenny con sus cinco hijos en el patio de la casa de Encino. Chiqui se está abrazándola por la espalda. Haky, Michael, Jenica, Johnny, todos sonriendo. La foto es de 2011, un año antes del  accidente. Junto a la mesa larga del mantel azul, rey, hay un calendario de pared. Es del año 2012. Está abierto  en el mes de diciembre.

La fecha del nueve está marcada con un círculo rojo de plumón grueso. Encima del círculo,  escritas en letra de mujer, en letra de Jenny Rivera, hay cuatro palabras: no tomar el charter. Subrayadas dos veces con la misma tinta roja. Jenny Rivera murió en un charter el 9 de diciembre de  2012.

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