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Walter Mercado: Lo Amaron 120 Millones de Personas. Murió Solo en un Hospital de San Juan

 Su madre era española de Cataluña, mezcla de sangre que en el Puerto Rico de los años 30 era considerada exótica. Walter era el del medio de tres hermanos, Henry, Walter y Aida Victoria, a quien la familia llamaba Cuca. Crecieron en varias fincas, primero en Ponce, después en Seiva, después en San Juan.

 La familia era pobre, modesta, católica, con la mezcla de espiritualidad popular del Caribe que mezcla santos,  ánimas, espíritus. plantas medicinales y oraciones de abuela. Henry Mercado lo recordaría así años después en palabras textuales registradas durante el velatorio de Walter en 2019 por la agencia F. Nosotros nos criamos en varias fincas en Ponce, en SEIba y en San Juan y siempre estuvimos bien unidos.

 Era una persona que ha dado mucho por Puerto Rico. No bebía, no fumaba, era un hombre sano y ayudaba a todo el mundo. Pero Walter desde niño fue distinto. Lo dijo él mismo en el documental Mucho, mucho amor, la leyenda de Walter Mercado, dirigido por Cristina Constantini y Karem Tch. Estrenado en Netflix en julio de 2020 después de competir en el festival de Sundance.

Walter contó que su madre, Aida le decía algo que le marcaría para siempre. Palabras textuales reproducidas en el documental y citadas por múltiples reseñas. Ser diferente es un regalo. Ser común es ordinario. Esa frase dicha por una madre catalana en una finca de Ponce a un niño de 6 años en 1938 fue probablemente la primera capa que Walter Mercado se puso.

 Una capa hecha de palabras y no de tela, pero que le duró el resto de la vida. A los 6 años pasó algo que el pueblo nunca olvidó. Lo cuenta Walter mismo en el documental. Una mañana jugando en el patio, encontró un pájaro herido en el suelo. El pájaro no respiraba. Walter lo levantó, lo apretó contra su pecho, le habló y según contaba él, el pájaro volvió a abrir los ojos y voló.

A partir de ese día, en el barrio dejaron de llamarlo Walter. Le empezaron a decir Walter milagros. Tú no tienes que creer en milagros para entender lo que pasa aquí. Lo importante no es si el pájaro estaba realmente muerto, ni si Walter realmente lo resucitó. Lo importante es que un niño de 6 años en un pueblo pequeño descubrió ese día que tenía algo que los demás no tenían.

 Una manera de mirar a la gente, una presencia, un magnetismo. Eso  en lenguaje moderno lo llamamos carisma. En lenguaje del Caribe profundo de los años 30 lo llamaron don. Y los niños con don en esa cultura no eran niños cualquiera, eran tocados. Pero ese don tenía un precio. Walter no era un niño común. Le gustaba bailar.

 Le gustaba imitar a las mujeres que veía en el cine. Se ponía las joyas de su madre cuando ella no lo veía. Le gustaba la belleza, la moda,  los colores fuertes. Y en el Puerto Rico católico, machista, rural de los años 40, un niño así era un problema para sus vecinos, para su padre y a veces para él mismo.

Tú reconoces esa situación. Si creciste en un pueblo de cualquier parte de América Latina entre los años 30 y los 70, sabes lo que era ser un niño distinto. ¿Sabes lo que se sentía cuando los otros niños te miraban raro? ¿Sabes lo que era esconderse del padre? Refugiarse en la cocina con la madre, aprender desde muy chiquito a ser quien los demás esperaban que fueras delante de ellos y guardar al verdadero para cuando estabas solo.

 Walter Mercado vivió toda su vida con esa doble piel, por eso después necesitó la capa para cubrirlas a ambas. Estudió en la Universidad de Puerto Rico. Se especializó en pedagogía, en psicología y en farmacia. Aprendió sobre la mente humana y sobre las propiedades de las plantas medicinales y al mismo tiempo, en paralelo, se metió al mundo del teatro y del ballet.

 Era compañero de baile de la comediante puertorriqueña González en una academia de Ponce y eventualmente fundó su propia escuela de artes dramáticas que llamó Walter Actors Studio 64. Trabajó como actor en dos telenovelas puertorriqueñas durante los años 60, un adiós en el recuerdo y larga distancia. Era guapo.

 Era andrógino antes de que la palabra existiera en el lenguaje popular. Tenía esa cualidad rara que tu abuela describiría como un señor que parecía ángel y mujer en 1968 ocurrió algo de lo que casi nadie habla. Walter Mercado tenía 36 años. estaba comprometido con una mujer. Existen registros repetidos por Univisión y por el tiempo de Colombia tras su muerte de que Walter tenía novia en ese momento, una mujer cuyo nombre nunca se hizo público.

 Y ese año esa mujer murió en un accidente aéreo en un vuelo entre República Dominicana y Puerto Rico. El golpe fue tan grande que Walter cayó en una depresión profunda. Dejó el teatro, dejó el ballet y se fue a la India. Recuerda este nombre, la novia que murió en el avión, la mujer cuyo nombre nunca fue publicado.

 La primera víctima silenciada de esta historia. Porque para entender por qué Walter Mercado evitó hablar de relaciones románticas durante el resto de su vida, por qué le respondía a la prensa con frases como, “Soy como Dorian Grey, tienes que recordar que en algún momento de su juventud hubo alguien y esa alguien murió antes de que él cumpliera 40 años.

” En la India estudió con un maestro espiritual conocido como Oso. Aprendió las tradiciones del sufismo, del taoísmo, del budismo  sen, del budismo tibetano. Empezó a estudiar astrología no como ciencia, sino como lenguaje simbólico, como herramienta para entender lo que él ya sabía desde los 6 años, que todos somos parte de algo más grande que no se ve.

 Cuando regresó a Puerto Rico en 1969, ya no era el mismo y tampoco le importaba hacerlo. Y entonces, una mañana ocurrió el accidente que cambió todo. El productor de televisión, Elí Ortiz, dirigía un programa en Puerto Rico llamado El show de las 12. Era un programa popular de variedades. Esa mañana uno de sus invitados faltó. Necesitaban a alguien para llenar 15 minutos al aire en vivo.

 Walter estaba en los foros porque iba a promocionar una obra de teatro en la que actuaba caracterizado, con maquillaje fuerte y una capa que formaba parte del vestuario del personaje. Eline Ortiz lo vio. Le pidió que sustituyera al invitado ausente. Walter preguntó de qué podía hablar y Ortiz, que lo había escuchado mencionar astrología antes, le dijo simplemente, “Habla de los astros.

Walter Mercado entró a cámara con la capa puesta, empezó a hablar de los signos, habló durante 15 minutos sin parar y cuando terminó las líneas telefónicas del programa estaban colapsadas. La gente llamaba para preguntar quién era ese hombre con capa, cuándo volvía, qué decía sobre su signo. Esa misma semana, el productor Elí Ortiz le ofreció su propio segmento diario y así, casi por accidente, nació el personaje que durante medio siglo iba a entrar a tu sala cada noche.

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