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Rocío Dúrcal: Por ESTO Juan Gabriel Nunca Llamó Mientras Ella Se Moría. Lo Dijo Ella Misma en Cámara

 Era la dictadura de Franco. Era una sociedad cerrada, conservadora, con una televisión estatal de un solo canal. Y ella a los 17, 18, 19 años era el rostro joven que las familias españolas dejaban ver a sus hijas. La chica buena, la chica con principios, la chica que cantaba canciones bonitas y hacía películas que se podían ver en familia.

En México la conocían por esas mismas películas que llegaban a los cines del Distrito Federal y de Guadalajara con éxito de taquilla. Y un día, durante el rodaje de Más Bonita que ninguna, en 1965, en un escenario donde tocaba una banda llamada Los Brincos, conoció al hombre que sería su esposo durante el resto de su vida.

Antonio Morales Barreto. Lo llamaban Junior. Era guapo, era músico, [música] era una estrella del pop español. Y se enamoraron. Se casaron en 1970. Tuvieron tres hijos. Carmen Antonio, al que le decía Antonino, y la menor Shila, que después también haría carrera como cantante con el nombre artístico de Shila Durcal.

Era una familia hermosa, fotogénica. querida por la prensa rosa española. Pero la carrera de Rocío necesitaba algo más que España y ese algo más estaba al otro lado del Atlántico. A principios de los años 70, Rocío Durcal viajó por primera vez a México y México la abrazó como abraza a los suyos. Ella que era madrileña hasta los huesos descubrió el mariachi.

 Las rancheras, la música popular mexicana que para ti, amiga que estás escuchándome, es la banda sonora de tu vida. Las canciones que sonaban en la cocina mientras tu mamá hacía la comida. Las canciones que se cantaban en las fiestas familiares, las canciones que escuchabas en el radio del coche mientras tu papá manejaba al trabajo.

Para ella, ese primer viaje fue un descubrimiento personal y artístico. Una española elegante de Madrid plantada en Ciudad de México escuchando por primera vez en vivo a un mariachi completo, trompetas, violines, viuelas, guitarrón y la voz de un cantante mexicano cantando el rey o cucurrucucu paloma, como si la canción se estuviera escribiendo en ese mismo momento.

Rocío, según ha contado su familia en entrevistas posteriores, lloró la primera vez que escuchó un mariachi tocando a pocos metros de ella. Lloró porque entendió que ese era el sonido que ella iba a cantar el resto de su vida. Y en ese México de los años 70, Rocío Durcal conoció a un cantante joven que apenas empezaba a tener nombre propio, Alberto Aguilera Baladés, conocido artísticamente como Juan Gabriel.

Tenía un par de años menos que ella. Era brillante, intenso, [música] frágil y escribía canciones que rompían el alma. La amistad entre Rocío y Juan Gabriel empezó casi al instante. Hay testigos que dicen que se entendieron a la primera mirada, que se sentaban a hablar durante horas en el camerino, que ella, la española elegante, y él, el muchacho de Parácuaro, Michoacán, encontraban en el otro algo que no encontraban en nadie más.

una sensibilidad compartida, una manera de mirar al mundo, una forma de entender la música. En 1977, después de 7 años de amistad y de viajes y de noches escuchándose el uno al otro, salió el primer disco Rocío Durcal canta a Juan Gabriel, una colección de las composiciones del divo interpretadas con la voz de la española.

El éxito fue inmediato y arrollador en México, sobre todo, pero también en Centroamérica, en Sudamérica, en las comunidades hispanas de Estados Unidos. Rocío Durcal acababa de inventarse a sí misma de nuevo. Ahora ya no era solo la novia de España, ahora era la reina de las rancheras. En total, entre 1977 y 1984, salieron seis volúmenes del proyecto Rocío Durcal, canta a Juan Gabriel.

 Cada uno fue un éxito mayor que el anterior. El volumen 6, lanzado en 1984, está hasta hoy entre los 20 discos más vendidos en la historia de la música mexicana y los espectáculos en vivo eran una fiesta. Ellos dos en el escenario, vestidos de gala, cantando costumbres, [música] amor eterno, inocente pobre amigo, tu abandono.

 Fue un placer conocerte como han pasado los años. El público lloraba, las parejas se abrazaban, las generaciones se transmitían esas canciones de madre a hija. ¿Tú te acuerdas, amiga? Tú las cantabas, tú las bailabas en la sala de tu casa. con tu marido o con tu novio de aquellos años que quizá ahora ni sabes qué fue de él.

 Esas canciones, esos duetos, esa amistad musical de Rocío y Juanga fue parte de tu juventud y por eso, porque tú fuiste fan, esta historia te va a doler. Quizá tú te acuerdas exactamente dónde estabas la primera vez que escuchaste costumbres. Quizá estabas en la cocina de tu mamá, quizá estabas en un coche viajando por carretera.

 Quizá estabas en una fiesta de 15 años donde los adultos se pusieron a cantar. O quizá te acuerdas del día que enterraste a alguien y amor eterno sonó en la misa y la voz de Rocío hizo que toda la familia entendiera por fin lo que estaban sintiendo y no sabían cómo nombrar. Esas canciones nos enseñaron a llorar a los nuestros.

 Nos enseñaron a despedirnos. nos enseñaron que el dolor de perder a una madre, a un padre, a un hijo, a un amor se puede poner en palabras y se puede cantar. Rocío Durcal tenía algo que muy pocas cantantes han tenido en la historia de la música popular en español. Tenía voz de mujer madura desde joven. Cantaba a los 30 años como si tuviera 50.

Y eso, amiga, es una cualidad rara, porque las canciones rancheras y los boleros no se pueden cantar bien si no has vivido, si no has perdido, si no has esperado a alguien que no llegó. Rocío tenía esa voz incluso antes de haber vivido ninguna de esas cosas. Era como si supiera desde joven lo que la vida le iba a enseñar después, como si sus canciones fueran un prólogo de lo que ella misma iba a vivir.

Y aquí, antes de que sigamos, tengo que pedirte una cosa. Si eres de las que crecieron escuchando a Rocío Durcal, si tú te aprendiste de memoria costumbres, si tú lloraste el día que te enteraste de que ella había muerto hace 20 años, suscríbete a este canal antes de que continuemos.

 Suscríbete por ella, porque la historia que te voy a contar de aquí en adelante es una historia que le debíamos a Rocío, una historia que se quedó enterrada demasiados años porque la amistad entre Rocío Durcal y Juan Gabriel parecía indestructible, pero algo se rompió. Y para entender que necesitas conocer cómo funcionaba la maquinaria de la industria discográfica que los puso juntos, los hizo millonarios y eventualmente los separó.

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