Posted in

ULTIMINIO RAMOS: La Trágica Verdad De Por Qué Mató A 2 Hombres En El Ring

Entre 1957 y 1958, Ultimio Ramos peleó 18 veces. 18. en menos de un año. Una pelea cada tres semanas sin más descanso entre combates que el justo para que se le bajara la hinchazón de los nudillos. Cude lo subía al ring en la Habana,  en Matanzas, en Camagüy, en cualquier plaza donde hubiera 500 pesos cubanos esperando.

18 peleas en 12 meses. Un cuerpo de 15 años castigando otros cuerpos sin parar. Y nadie en Cuba pensó nunca que eso fuera demasiado para un muchacho. Nadie. De esas 18 peleas ganó 17. La única derrota fue por puntos contra un veterano que le sacaba 10 años. La pegada del muchacho ya era leyenda en los gimnasios de la isla.

le decían el Sugar en honor a Sugar Ray Robinson, el campeón estadounidense que entonces era el rey del boxeo y a Cuuko Conde le brillaban los ojos cada vez que firmaba un nuevo contrato. Hay algo importante que tienes que entender, querido espectador,  antes de seguir. Algo que el público mexicano de mi generación creció sin saber.

El boxeo profesional en Cuba en los años 50 funcionaba como una máquina sin freno, sin comisiones médicas serias, sin exámenes neurológicos previos a las peleas, sin periodos obligatorios de descanso entre combates. Si un muchacho aguantaba, lo subían al ring. Si dejaba de aguantar, lo cambiaban por otro. Era un sistema cruel que nadie discutía porque movía dinero y el dinero en la Habana de aquel tiempo lo decidía todo.

En ese sistema, en esa máquina sin freno, una tarde de 1958, Cuuko Conde le dijo a Ultimio Ramos que había conseguido una pelea grande,  una pelea que pagaba bien, una pelea contra un boxeador llamado José Blanco, conocido como el tigre blanco. La fecha quedó fijada para una noche de septiembre en un gimnasio de La Habana.

Pero lo que pasó esa noche del tigre blanco no se parece a una pelea de boxeo. Es lo que de verdad rompió a Ultimio Ramos por dentro  y ningún periodista cubano de la época se atrevió a contarlo  entero. Antes de llegar a esa noche, hay que entender quién era  José el Tigre Blanco. Tenía 21 años.

Era de Pinar del Río. Tenía una esposa joven embarazada de 6 meses. Llevaba 12 peleas profesionales y había perdido ocho. Era lo que en el ambiente del boxeo cubano se llamaba carne de  cañón, un peleador de relleno de los que los promotores usaban para que los prospectos como Ultimio acumularan victorias por knockout.

Cuoconde lo sabía. Lo sabían todos en la Habana. Solo el propio Blanco había aceptado la pelea sin entender del todo lo que le esperaba, porque su esposa estaba a tr meses de parir y necesitaba el dinero para el médico. La noche de la pelea, Blanco entró al gimnasio con un short prestado, sin cuadrilla propia,  acompañado solo por un amigo de su pueblo que le hacía de segundo.

Ultimio Ramos entró del otro lado con bata de seda blanca, con cucoonde detrás, con cuatro hombres de la cuadrilla. La diferencia entre las dos esquinas la veía cualquiera que tuviera ojos. La pelea duró ocho asaltos,  más de los que cualquiera pensaba. Blanco, con todo en contra, aguantó. Recibió una paliza brutal desde el primer round.

Le rompieron la ceja  en el segundo, le rompieron la nariz en el tercero, en el cuarto ya escupía sangre por la boca, pero  el muchacho de pinar del río se mantenía en pie como si tuviera resortes en las piernas. Cualquier referio habría parado el combate en el quinto  asalto. El referí de aquella noche, cuyo nombre los archivos cubanos prefirieron no conservar, dejó que la pelea siguiera.

Sexto  asalto. Séptimo. Ultiminio, en su esquina le pidió a su entrenador que pararan, según contaría décadas después en una entrevista en La Habana. El entrenador le respondió con una frase que se quedó grabada en la cabeza del muchacho el resto de su vida. Le dijo, “Aguanta, tú no eres quien decide aquí.

Tú no eres quien decide aquí.” Recuerda esa frase, porque esa frase es lo que de verdad mató a José, el tigre blanco, y lo que iba a destruir lentamente durante los siguientes 59 años. al hombre que entró al ring con bata de seda blanca. En el octavo  asalto, Ultimio le conectó un derechazo en la 100 izquierda a Blanco.

Blanco se desplomó como una bolsa. Cayó en seco, sin protegerse, sin reflejos. La cabeza rebotó contra la lona. El referó hasta 10 sin que el cuerpo se moviera y declaró nocout técnico al campeón cubano Peso Pluma. La gente aplaudió. Cuc Cononde subió al ring. Ultimio levantó los brazos sin sonreír.  Blanco siguió en el suelo.

Pasó un minuto. Pasaron cinco. La cuadrilla  del muchacho de Pinar del Río intentó moverlo, pero respiraba con dificultad, los ojos en blanco, sin reflejo en las pupilas. Lo cargaron  al hospital municipal en una camilla improvisada con dos chaquetas atadas a un par de palos. Llegó vivo en coma profundo.

Los médicos le hicieron lo que se podía hacer en un hospital cubano de 1958, que era poco. Hemorragia cerebral severa, lesión en el tronco encefálico. La esposa embarazada de 6 meses llegó al hospital al amanecer, vestida con la única bata de calle que tenía y se sentó en el pasillo a esperar. José, el tigre  blanco, murió 48 horas después.

sin recuperar la conciencia. Tenía 21 años. Su esposa  parió tr meses después a un niño que llevaría su nombre y que nunca conoció a su padre. Ahora tienes que escuchar bien lo que pasó después, porque la muerte de Blanco fue solo la primera parte. La segunda parte la que de verdad rompió a Ultimio Ramos.

Son los siete días que vinieron a continuación y eso ningún libro oficial del boxeo cubano lo cuenta. Existe una grabación, una entrevista de radio que Ultimio Ramos concedió en La Habana en  2007 cuando volvió a Cuba por primera vez en 47 años. La grabación dura cerca de 40 minutos. Vamos a volver a esa cinta porque hay un fragmento hacia el final donde Ultimio cuenta con voz quebrada lo que hicieron con él la semana posterior a la muerte de Blanco.

Un fragmento que cambia toda la versión que se ha contado en los libros oficiales del boxeo. Guarda esto en tu mente. Existe una grabación y dentro de esa grabación hay una confesión sobre los 7 días después de la primera muerte que nadie en el boxeo cubano ha querido reproducir. La noche que Blanco murió,  Ultimio Ramos cumplió 17 años con dos meses de adelanto.

Read More