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LUCERO: 30 Años de FARSA ASQUEROSA – El PACTO Sucio entre Tigre Azcárraga y la Madre que La Vendió

LUCERO: 30 Años de FARSA ASQUEROSA – El PACTO Sucio entre Tigre Azcárraga y la Madre que La Vendió

Cierra los ojos. Imagínate la escena. Una oficina en el piso 20 de Televisa San Ángel. Año 199. Detrás de un escritorio de Caova se sienta el hombre más poderoso del entretenimiento en habla hispana. Emilio Azcaragamilmo el tigre. Un hombre que con una sola llamada podía ser famoso a un cantante o enterrar para siempre la carrera de una actriz. Frente a él, dos mujeres.

 La primera, una cantante de 27 años, la conoces como Lucero. La segunda, la verdadera dueña de ese nombre, su madre, Luz María León. Y entre los tres, en aquella oficina sin ruido y sin testigos, se está cerrando uno de los negocios más sucios del entretenimiento mexicano del siglo XX. Se está vendiendo una boda.

 Ella era la mercancía y quizás hacía años que le habían enseñado que lo que pedía el tigre no se negaba. Suscríbete ahora mismo porque este canal cuenta las historias que la televisión jamás se atrevería a mostrar. Lo que nadie en México se atrevió a decir en 30 años es esto. Televisa necesitaba un evento que paralizara al país después del tequilazo de 1994, algo que vendiera $1,700,000 en publicidad.

 Y el tigre Azcárraga, ese hombre que llevaba años llamando Esquincla a la cantante, aunque ella tuviera ya 27 años cumplidos, había encontrado el producto perfecto. La boda, la boda televisada en vivo en cadena nacional, 4 horas con misa, con civil, con baile del perrito, con todo. Pero faltaba un detalle. Faltaba el novio y el novio también había que ponerlo porque el negocio no podía depender de que la chica se enamorara.

El negocio tenía que garantizarse primero. Quédate porque lo más fuerte todavía no llega. Para entender lo que pasó en aquella oficina, hay que volver al año 197. Una niña de 10 años entra a un foro de Televisa de la mano de su madre, Luz María León. Cantó. Los productores se paralizaron. El tigre Azcárraga entendió en ese instante que aquella niña no era una cantante más.

Era una mina de oro que con paciencia y contratos bien diseñados podía exprimir durante décadas. Le puso un apodo, la escuincla. un apodo cariñoso que llevaba dentro algo más, una marca. La Esquincla era patrimonio de Televisa y desde ese día la alianza entre Luz María León y el Tigre quedó establecida.

 Ella aceptaba los proyectos, él respetaba sus límites y ambos sabían que la única palabra que podía destruirlo todo era el veto, aquella herramienta silenciosa que convertía a un artista en persona non grata sin una sola rueda de prensa. Solo una llamada, una desaparición del aire que podía durar meses o para siempre. Luz María León nunca le dijo que no al tigre.

 Decirle que no era condenar a su hija al olvido. La única forma de proteger a Lucero era jugar con el tigre. Hubo un episodio que selló esa alianza para siempre. Cuando Lucerito tenía 13 años, un productor llamado Sergio Andrade empezó a fijarse demasiado en ella. Le compuso una canción con una intimidad inquietante. Luz María fue al tigre y Azcárraga movió un dedo.

 Sergio Andrade desapareció de la vida profesional de Lucero para siempre. Pocos años después, ese mismo Andrade encontraría una adolescente llamada Gloria Travy. Y todo lo que supimos después del clan Andrade pudo haberle pasado a Lucero. Desde ese instante, Luz María León le debía una al tigre. Y los hombres como el tigre siempre cobran los favores.

 Tarde o temprano siempre los cobran. Y si te gustan las historias que nadie más se atreve a contar, suscríbete porque lo que viene ahora cambia todo. La carrera de lucero subió como cohete. Chispita en 1983, el disco Lucerito en 1987. En 1995 protagonizó Lazos de Amor, la telenovela que haría de ella el producto más vendible del catálogo de Televis.

Triple papel, la buena, la rebelde y la sufrida. Cada mexicana terminaba sintiéndose reflejada y aquella sensación de que lucero abarcaba el espectro entero de los sentimientos femeninos fue exactamente lo que después se vendería como boda televisada. La novia que entraría al altar el 18 de enero de 1997 no era solamente una cantante, era todas las mexicanas a la vez.

 México atravesaba un momento durísimo. La crisis del tequilazo había desplomado el peso y hundido empresa. Televisa también sentía el golpe. El tigre necesitaba un evento que reactivara el negocio. Y aquí, entre los pasillos de San Ángel, donde nadie toma notas y todo se habla a media voz, surgió la operación. La reunión entre el Tigre y Luz María León ocurrió probablemente a finales de 1995, sin testigos, solo dos personas que se entendían con medias palabras.

 Una propuesta sobre la mesa. Tu hija ya tiene 26 años. Necesitamos casarla y el novio no puede ser cualquiera. Tiene que ser otra estrella, alguien con quien la audiencia ya tenga una relación emocional. El tigre tenía un hombre en la cabeza, Manuel Mijares, el soldado del amor, un cantante que para mediados de los 90 atravesaba una etapa gris y necesitaba urgentemente un golpe de timón.

 Suscríbete antes de que terminemos porque el cierre de esta historia es el más perturbador de todos. Lucero llevaba 10 años suspirando por mi Jares. Lo había confesado en una entrevista de 2022. Se quedó flechada desde 1987, cuando ella tenía 18 y el 29. Pero en ese entonces Mijares no le hizo caso. El tigre lo sabía y sabía que si juntaba a esos dos en el lugar correcto, la naturaleza haría el resto.

La naturaleza y un poco de ayuda del calendario de Televisa para hacer coincidir agendas imposibles en cualquier otro momento. Casualmente, Lucero y Mijares coincidieron en un palenque de Guadalajara. Mismo hotel, mismo elevador. Según las versiones oficiales, surgió el amor, pero las malas lenguas del medio dicen que ese encuentro fue orquestado milimétricamente, que la productora del palenque recibió una llamada, que los managers ajustaron agendas por diseño y cuando una revista publicó las primeras fotos de la pareja, México compró el

cuento entero sin sospechar que la película había comenzado en una oficina del Pis ofint. En noviembre de 1996, Mijare se arrodilló frente a Lucero y le pidió matrimonio. Lucero dijo que sí entre lágrimas. Las amas de casa suspiraron, pero detrás de esa foto ya estaba todo arreglado. Ya estaban firmados los contratos.

 Ya estaban contratados los 22 anunciantes. Ya estaban elegidos el lugar, los conductores, el arzobispo y la fecha. El 18 de enero de 199. Una fecha que Televisa llevaba 6 meses preparando como el evento publicitario más grande de su historia reciente. El programa especial se llamaría Lazos de amor por siempre, copiando directamente el título de la telenovela de Lucero.

 Una continuación calculada para que el público sintiera que estaba viendo el final feliz de una ficción que se volvía real. Un final feliz de 4 horas con 22 marcas pagando. Y la cifra exacta que Televisa cobró esa tarde fue $,700,000. La pregunta que nadie hizo durante 30 años, ¿cuánto le tocó de ese dinero a la novia? Las versiones apuntan a que la pareja cobró entre 2 y 7 millones de dólares, pero Televisa cobró 9 millones a 100000.

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