Posted in

A los 77 años, Indio Solari nombra a los cinco responsables de la tragedia de Olavarría

A los 77 años, Indio Solari nombra a los cinco responsables de la tragedia de Olavarría

11 de marzo de 2017. O la barría. La oscuridad es total. El barro se mezcla con el terror mientras el caos devora a casi 300,000 personas asfixiadas en un recinto colapsado. Los furiosos acordes de Rock son silenciados por gritos de pánico y cuerpos pisoteados sin piedad alguna.

 Pocos saben que detrás de las icónicas gafas oscuras en aquel inmenso escenario no existía un semidios todopoderoso y controlador. Había un hombre paralizado temblando, observando con absoluta impotencia como su sagrada misa se transformaba en un macabro matadero humano. ¿Qué es más aterrador que ser olvidado por el mundo? ¿Acaso es convertirte en un Dios tan inmenso que tu sola presencia asesine a tus fieles más leales? Mientras tu propio cuerpo se pudre silenciosamente desde adentro.

 La plata. Año 70. El aire es pesado, denso, cargado de plomo y represión. Las pesadas botas de la dictadura militar resuenan violentamente sobre el asfalto. El miedo es una epidemia silenciosa que infecta la sangre de toda una generación. En medio de este asfixiante terror de estado, sobrevive un joven solitario, Carlos Alberto Solari.

Visualicen a este muchacho en la penumbra. Olviden al líder mesiánico y furioso que llena inmensos estadios. Imaginen a un ser profundamente introvertido, frágil y silencioso, un devorador compulsivo de literatura bitnic, poesía contracultural y filosofía oscura, refugiado tras la puerta de una pequeña habitación llena de humo y libros viejos.

 El mundo exterior era un auténtico matadero físico y emocional. Su frágil sistema nervioso crónicamente sensible y perceptivo, estaba siendo masacrado por la brutalidad de su entorno. La psiquiatría conductual dicta que ante una amenaza letal inminente, el individuo pelea o huye. Pero cuando no tienes garras para pelear y todas las puertas de escape están bloqueadas, el cerebro humano diseña una ruta de supervivencia mucho más oscura y radical a creación de un altero.

 El camuflaje absoluto. Aquí presenciamos el sangriento y silencioso nacimiento psicológico del mito. El personaje del indio jamás fue concebido por una ambición narcisista ni por un hambre vulgar de atención mediática. Fue forjado martillazo a martillazo como una armadura militar de máxima seguridad, un mecanismo de defensa impenetrable.

Carlos Solari necesitaba amputar su propia vulnerabilidad, ahogar su propia sensibilidad antes de que el despiadado mundo real lo triturara vivo. Examinen detenidamente la anatomía forense de su disfraz. Las icónicas y permanentes gafas oscuras no representan un simple capricho estético del rock and roll.

 Son trincheras psiquiátricas, dos pesados muros de cristal negro diseñados matemáticamente para que absolutamente nadie pueda escudriñar sus pupilas y descubrir el pánico, la duda y la extrema timidez que hierven en su interior. Su legendario hermetismo, su rechazo visceral a las entrevistas y su desprecio absoluto por las reglas de la prensa no eran las excentricidades de un genio arrogante, eran las tácticas de evasión de un hombre que le tenía pánico al escrutinio humano.

 Solari comprendió rápidamente una ley sociológica macabra. Las masas terminan crucificando tarde o temprano todo aquello que logran comprender. Por lo tanto, su única salvación era convertirse en un enigma indescifrable. adoptó una postura fría, distante, esotérica y casi divina. Construyó un muro de concreto armado y alambres de púas alrededor de su verdadera identidad civil.

 Para lograr sobrevivir a la carnicería del mundo exterior, el muchacho sensible tuvo que enterrarse vivo. Aramantraquido, sobre su tumba anónima se levantó imponente el indio Solari. una máscara perfecta, un escudo de titanio que lo protegería de los monstruos sin sospechar que ese mismo blindaje terminaría convirtiéndose en su propia y asfixiante celda de aislamiento permanente.

 La bestia despierta. Nace Patricio Rey y sus redonditos de ricota. El ecosistema musical tradicional controlado por ejecutivos de traje y disqueras multimillonarias es aniquilado por completo. Las cifras empíricas desafían cualquier lógica comercial sin el respaldo de un sello discográfico, sin invertir un solo peso en pautas de radio, rechazando con asco las cámaras de televisión.

 A pesar del boicot corporativo absoluto, logran lo imposible. Llenan los estadios más inmensos hasta hacer crujir el concreto armado de sus cimientos. No es un simple éxito de ventas, es una infección cultural masiva, un fenómeno sociológico oscuro y sin precedentes en la historia del rock independiente.

 Las multitudes rabiosas no van a escuchar un concierto. Asisten a una Eucaristía pagana. La bautizan como la misa ricotera. Cientos de miles de almas desposeídas huérfanas de figuras paternas y líderes políticos honestos elevan al indio solar y a la categoría de deidad absoluta, el Mesías intocable de los olvidados.

 Pero la física implacable del espectáculo dicta una sentencia inquebrantable. Mientras más brillante y segadora es la luz del escenario, más negra, espesa y venenosa es la sombra que cae sobre tu espalda. La coronación masiva trajo consigo un veneno letal e imperceptible. El poder absoluto engendró un confinamiento absoluto.

 La adoración fanática mutó rápidamente en una jaula de asfixia crónica. Sus propios seguidores, cegados por un amor extremadamente tóxico, y una devoción patológica, le arrancaron sin piedad su último derecho humano, la libertad civil. Lo obligaron a cargar perpetuamente con el peso de los sueños rotos de toda una generación.

 Un dios de carne y hueso no tiene permiso para ser vulnerable. La disección psiquiátrica de esta etapa revela el inicio de un colapso clínico devastador. Se desarrolla una agorafobia severa, un terror irracional físico y paralizante a los espacios abiertos. Visualicen la ironía más perversa y cruel del destino. El líder supremo, el brujo, capaz de manipular las mentes de 300,000 personas, con un solo movimiento de sus manos, estaba biológicamente aterrorizado de pisar la acera de su propia casa en plena luz del día. No

podía beber un café. No podía respirar aire libre. Sabía que si cruzaba la puerta la horda fanática, lo iba a despedazar vivo, intentando arrancar un pedazo de su dios en nombre del amor absoluto. El ídolo fue devorado por su propio mito. Se vio forzado a atrincherarse de manera militar. Se encerró herméticamente detrás de inmensos muros de seguridad, perros entrenados y cámaras de vigilancia.

 El mundo exterior se volvió un campo minado radiactivo. Su astronómica riqueza y su estatus legendario jamás le compraron la paz. Simplemente financiaron la construcción de su propia penitenciaría de máxima seguridad. El máximo símbolo de la rebeldía independiente terminó convertido en un prisionero sin cadenas, un fantasma pálido y acorralado que deambulaba en silencio por los fríos pasillos de su fortaleza, gobernando de manera dictatorial un reino monstruoso en el que él mismo ya no tenía permiso para existir. El año 2001 trae consigo

Read More