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El golpe maestro de Sheinbaum: La histórica reforma que desmantela el último bastión del viejo régimen

El veintiséis de marzo de dos mil veintiséis quedará grabado en la historia política de México como el día en que se ejecutó una de las maniobras legislativas más precisas y letales contra las estructuras de poder del viejo régimen. Durante una sesión maratónica en el Senado que se prolongó por más de seis horas, cruzando el umbral de la medianoche, el gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum logró aprobar el llamado plan B de la reforma electoral. Con ochenta y siete votos a favor y cuarenta y uno en contra, se consolidó una mayoría calificada que demostró el músculo político del oficialismo. Posteriormente, el ocho de abril, la Cámara de Diputados ratificó la medida con trescientos cuarenta y tres votos, culminando con su publicación en el Diario Oficial de la Federación el veinticuatro de abril. No se trata ya de un proyecto legislativo o de una simple promesa de campaña; es una ley constitucional vigente que altera de forma irreversible el tablero político y financiero del país.

La narrativa profunda de los hechos revela que la oposición acudió al recinto legislativo anticipando un debate parlamentario tradicional y rutinario. Sin embargo, se encontraron de frente con una arquitectura legal meticulosamente diseñada, lo que muchos analistas catalogan como una verdadera emboscada legislativa. El objetivo del gobierno no se limitaba exclusivamente a ganar una votación por superioridad numérica, sino que buscaba desmantelar de raíz la maquinaria financiera y territorial del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Este partido, que ejerció el poder hegemónico durante setenta y un años ininterrumpidos, había perdido progresivamente la presidencia, las gubernaturas clave y la mayoría operativa en el Congreso de la Unión. Su último refugio de supervivencia, la trinchera final donde aún conservaba capacidad de moviliza

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