Posted in

Así Cayó Coni Garcés: La Muñeca de la Mafia que se Enamoró de los 3 Narcos más Peligrosos de Ecuador

La madrugada del 4 de marzo de 2026, el silencio de Urdesa central, uno de los pulmones comerciales y residenciales más exclusivos del norte de Guayaquil, saltó por los aires en 1000 pedazos de cristal y metal retorcido. No fue un accidente, no fue una fuga de gas, fue un mensaje. Un artefacto explosivo de alta potencia detonaba en la avenida Víctor Emilio Estrada, justo en la fachada de New Phone, un local de venta y reparación de tecnología que, a ojos de cualquier transeunte, era un emprendimiento familiar más de los

tantos que adornan la zona. Pero bajo los escombros y el humo negro que empezaba a asfixiar las calles aledañas, lo que realmente ardía era una careta. Según las primeras investigaciones policiales, las vitrinas estallaron cerca de las 3 de la mañana, dejando daños estructurales que obligaron a los vecinos a desalojar sus viviendas entre gritos y confusión.

Para entender como una joven con una sonrisa perfecta, una carrera en ascenso en la cadena Ecuavisa y cientos de miles de seguidores en Instagram terminó vinculada a un bombazo en plena zona comercial. Hay que desgranar una psicología compleja, shock estratégica y para muchos adictiva. Coni no es una figura que surgió de la nada.

Nació en el seno de una familia mediática, hija de un respetado exarquero de fútbol que defendió los colores del Barcelona Sporting Club y de la selección nacional. Estudió comunicación social, securró su lugar en los medios y empezó como cronista deportiva a pie de campo, donde su carisma y su físico, esculpido con una disciplina casi quirúrgica, no tardaron en abrirle las puertas de los programas de farándula más vistos del país.

Pero mientras en las pantallas de televisión proyectaba la imagen de la influencer exitosa, la chica que motivaba a miles de niñas a seguir sus pasos de independencia y glamour, en su vida privada se estaba gestando un fetiche peligroso. Trifuentes cercanas al caso y analistas del submundo criminal sostienen que Coni parecía emanar una suerte de narcosferomona, una atracción irresistible hacia los hombres que manejan el poder real en las calles, aquellos que no firman contratos en despachos, sino con sangre en los guasmos.

En el mundo del jampa no la llaman por su nombre artístico. Allí, entre las estructuras de los grupos de delincuencia organizada, su apodo es la viuda. Y ese nombre, que suena a título de película de Serie B, tiene un trasfondo trágico y verificable. Su ascenso al estatus de muñeca de la mafia o primera dama de las bandas más sanguinarias de Guayaquil no fue un evento fortuito, sino una sucesión de amores letales que marcaron la geografía del narcotráfico en el Ecuador.

La pregunta que se hacen los investigadores y que flota en el aire es, ¿era una víctima de su mala suerte en el amor o una pieza estratégica que servía de fachada para el lavado de activos y la legitimación social de los capos? Lo cierto es que según los informes de inteligencia, Coni siempre tuvo parejas del mismo corte, aspirantes a capos, hombres de gatillo fácil y billetera infinita que la sacaron de los barrios céntricos de Guayaquil para rodearla de un lujo que su sueldo en televisión jamás podría justificar.

Su primer gran vínculo con la estructura de los lagartos, una de las organizaciones criminales más antiguas y potentes del país, fue Ronald, alias el cojo Ronald. En aquel entonces, Coni vivía en el centro de Guayaquil, arriba de la conocida mueblería Palito. Si fue allí donde cruzó su destino con el hombre que controlaba buena parte de las operaciones en el sur de la ciudad.

Ronald era un delincuente de poca monta, era uno de los cerebros operativos de los lagartos, un líder que manejaba los hilos de la violencia territorial y el paso de sustancias hacia los puertos. En ese entonces, esta organización criminal todavía no era el monstruo transnacional que es hoy, sino una confederación de pandillas carcelarias y sicarios territoriales que estaban empezando a entender el negocio del tráfico a gran escala.

Ronald, a pesar de estar casado y tener una vida familiar establecida, cayó rendido ante la belleza de la joven aspirante a influencer. La relación fue el primer gran marrón mediático que Connie logró capear. Ronald la sacó del centro y la introdujo en la dinámica de los juasmos. una zona donde viven más de 500,000 personas y donde los lagartos imponen su ley.

Allí Coni no era la chica de la tele, era la mujer del duro. Aprendió los códigos, aprendió a no preguntar de dónde venían los fajos de billetes y sobre todo aprendió que en ese mundo la lealtad se paga con protección y la traición con plomo. Pero Ronald cometió el error de muchos, creerse intocable. Una tarde, el sonido seco de los disparos terminó con su liderazgo y dejó a Coni con su primer luto criminal.

Fue el inicio de una maldición que la acompañaría durante la siguiente década. La caída de Connie Garcés, que muchos consideran que empezó con aquel bombazo en marzo de 2026, es en realidad la crónica de un error de cálculo monumental. Durante años sae la opinión pública y sus propios compañeros de trabajo parecieron sufrir de una ceguera voluntaria.

A su lado, en el mismo canal, trabajaban decenas de periodistas que informaban a diario sobre masacres carcelarias y envíos de droga a Europa, mientras ella llegaba al estacionamiento en un BMW UX5 del año valorado en más de $100,000 o en una Mitsubishi Montero Sport que no encajaba con la nómina de una presentadora de segmento de chismes.

Nadie hacía las preguntas. ¿De dónde salía la pasta? ¿Cómo es que una chica de 30 años que sostenía económicamente a su madre y a su hermano podía exhibir relojes Rolex de miles de dólares en sus redes sociales? Según la fiscalía, esa deia social es la que permite que la narcocultura se convierta en el aspiracional de una juventud que ha perdido el norte.

Si te interesa profundizar en cómo estas redes logran capturar incluso a quienes parecen tenerlo todo, ya sabes lo que tienes que hacer. El poder de Coni no radicaba solo en sus seguidores, sino en su capacidad para transitar entre dos mundos que deberían ser agua y aceite, pero que en el Ecuador de hoy se han mezclado hasta formar un lodo indistinguible.

De día grababa mensiones publicitarias y entrevistas de farándula. De noche se sentaba a cenar en los restaurantes más exclusivos de San Borondón, rodeada de hombres con fusiles ocultos bajo chaquetas de marca. Fuentes internas de los lagartos que han empezado a soltar lengua tras las recientes revueltas internas de la banda afirman que Coni conocía perfectamente la estructura.

No era una invitada pasiva. Ella era la cara bonita de un sistema que necesitaba lavarse la cara. Soy y el problema de jugar con fuego es que tarde o temprano las chispas saltan hacia tu propia casa. Lo asombroso de este caso es la capacidad de Coni para compartimentar su vida.

Mientras en el submundo su nombre empezaba a susurrarse con respeto y temor, en la superficie seguía escalando posiciones en Ecuavisa. De acuerdo con informes de inteligencia policial, resulta poco creíble que sus compañeros de trabajo no notaran nada. Hablamos de una redacción llena de periodistas experimentados que cubren la sección de seguridad, tipos que saben reconocer a una escolta a kilómetros de distancia.

Read More