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La India María: La HIJA SECRETA con “EL MAGNATE”… La Relación que su Familia Intentó Borrar…

La India María: La HIJA SECRETA con “EL MAGNATE”… La Relación que su Familia Intentó Borrar…

A los 28 años creó al personaje que llenaría más salas de cine que casi cualquier otro en la historia de México. A los 38, una sola frase dicha al aire la borró de la televisión durante años. A los 74 falleció de cáncer, casi en silencio, lejos de los reflectores que alguna vez la encumbraron. Y 5 años después de muerta, un país entero seguía peleando por ella.

 Su creación más amada fue un homenaje a los pueblos indígenas de México o la burla más cruel que jamás se les hizo. Su nombre real era María Elena Velasco Fragoso, pero todo México la conoció como la India María. Detrás de ese reboso y esas trenzas había una mujer que escribía sus propios guiones, dirigía sus propias películas y las pagaba con su propio dinero en una industria de puros hombres.

 Y esa parte de la historia, la de la mujer que mandaba, es la que casi nadie se ha atrevido a contar. Esta es la historia que México cuenta siempre a medias. Se ríe con la india María, pero nunca se pregunta quién era la mujer que estaba debajo del personaje. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambian por completo lo que creías saber sobre ella.

Primero, lo que casi nadie le reconoce, que detrás de la comedia había una de las primerísimas mujeres en escribir, dirigir y producir su propio cine en México, financiándolo con su propia productora cuando ningún estudio le abría la puerta. Segundo, la frase exacta que dijo frente a las cámaras en vivo durante un concurso de belleza.

 10 palabras que sonaron como un chiste inocente y que días después hicieron sonar el teléfono de la presidencia de la República. Te voy a decir qué respondió palabra por palabra y por qué le costó años de carrera. Tercero, el rumor que la persigue hasta hoy, incluso después de muerta. El supuesto romance con el hombre más poderoso de la televisión mexicana y una hija que nunca habría reconocido.

 Te voy a contar qué dice ese rumor y qué dicen en realidad las fuentes cuando las revisas una por una. Y cuarto, el origen verdadero del personaje. ¿De dónde salió esa mujer del reboso? Y por qué medio país la considera un homenaje a lo indígena mientras el otro medio la acusa de ser el estereotipo racista más dañino de la televisión mexicana.

 Vas a escuchar los dos lados con nombres y con argumentos. Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero si te sales antes del final, te pierdes lo más importante. ¿Por qué un personaje que hizo reír a generaciones enteras terminó convertido 5 años después del fallecimiento de su creadora en el centro de la discusión más incómoda de México? Pero antes de la frase que la borró de la televisión, antes del debate que partió a México en dos, necesitas entender de dónde salió esta mujer.

 Porque para entender por nunca aprendió a callarse, primero hay que volver a Puebla. 17 de diciembre de 1940, ciudad de Puebla, colonia Tierra y Libertad. Nace una niña a la que le ponen el mismo nombre de su madre. María Elena. María Elena Velasco Fragoso. Su padre Tomás Velasco Saavedra es mecánico ferrocarrilero de los hombres que mantenían vivo el acero que movía al país por las vías.

 Su madre, María Elena Fragoso Peón es ama de casa. María Elena crece con tres hermanos, Gloria, Tomás y Susana. No es una familia rica ni de cerca, pero aquí hay que frenar. Porque hay una mentira que se repite en estas historias. Muchos te van a pintar una infancia de hambre y miseria absoluta porque eso vende.

 La verdad contada por su propia hija Goretti es más honesta. Hay infancias trágicas, dijo ella. La de su mamá no lo fue. Una familia proletaria con mucha estrechez, con los problemas de cualquier hogar humilde, pero no pasaron hambre. Siempre había frijoles en la olla y eso cambia todo. La india María no nace del trauma de no comer, nace de una niña con disciplina y con un don a la que la vida le iba a quitar el piso de un golpe.

 Porque esta niña tenía algo. Desde chica estudia música clásica y ballet y llega a ser discípula del dramaturgo Hugo Argüyes, una hija de ferrocarrilero metida en clases de ballet en un Puebla donde a las niñas como ella solo las preparaban para casarse. Junto a su hermana Susy arma sus primeros números, canta. Sueña con ser cantante de rancheras, pero también descubre algo más duro.

 Y lo dijo su propia hija sin adornos. No era la más bonita, ni la mejor bailarina, ni la que mejor cantaba. Y aquí está la semilla de todo. María Elena no decidió ser disciplinada por carácter. Aprendió muy temprano, un mecanismo de supervivencia. Si no era la más bonita ni la que mejor cantaba, tenía que volverse imprescindible para que nadie pudiera dejarla fuera.

 Por eso era la que se quedaba una hora más cuando las demás ya se habían ido. Guarda ese detalle. Lo vas a necesitar cuando la veas dirigiendo su propio cine con una industria entera diciéndole que no. Y entonces pasó lo que cambió todo. Siendo todavía muy joven, su padre enfermó. Tomás, el hombre que sostenía a la familia, cayó.

 Lo hospitalizaron y falleció. Piensa en eso un momento. Una muchacha de poco más de 20 años en una familia donde el padre traía el sustento se queda de un día para otro sin esa columna. La madre ama de casa toda su vida, los hermanos. Y ella, con un talento a medio formar y un sueño de cantar que de repente parecía un lujo imposible.

 No hubo tiempo para llorar el luto con calma. Había que comer, había que pagar, había que sostener a la madre. Así que la familia tomó una decisión enorme, dejar Puebla y mudarse a la Ciudad de México, la capital, el único lugar donde una muchacha que sabía bailar podía tal vez ganarse la vida con eso. Quizá tú también reconoces ese patrón, el momento en que dejas de ser hija para volverte sostén, en que aprendes a guardar tus sueños en un cajón porque alguien tiene que pagar la cuenta.

 Cuando creces así de golpe, una parte de ti se queda atrás para siempre. Si lo viviste, entiendes el lugar desde donde arranca esta historia. El primer trabajo llegó en el teatro Tíboli como bailarina. Después el salto al teatro Blanquita, el último gran templo de la revista en México, donde se volvió corista y vedet. Era un mundo que la gente decente miraba por encima del hombro, pero era una de las pocas escuelas reales para una mujer sin dinero y sin apellido.

 María Elena la tomó sin pena y ahí, entre número y número de baile empezó a pasar algo que no había planeado. Se ponía a hacer reír. Compartía sketches con los grandes cómicos de la época. José Jaso, Óscar Ortiz de Pinedo, Pompín Iglesias. Y ahí aprendió un mecanismo que la acompañaría toda la vida. Si era ella quien provocaba la risa, la risa dejaba de ser un arma que podían usar en su contra.

 Se reían con ella, no de ella, con ella. Lo que esa muchacha disciplinada no sabía todavía es que estaba a pocos años de inventar al personaje más visto del cine mexicano, un personaje que la haría famosa, poderosa y que décadas después la pondría en el centro de la pelea más incómoda del país.

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