Posted in

SILVIA PINAL: La VERDAD sobre sus HIJOS, la VIOLENCIA de ENRIQUE GUZMÁN y el DOLOR de LUIS ENRIQUE

A los 5 años le dieron un apellido que no era suyo, el de un hombre que la adoptó porque el que la engendró prefirió no hacerlo. A los 17 años se casó con el hombre que le enseñó a actuar y que también le enseñó que en ese mundo los maestros siempre tenían la última palabra. A los 36 años se enamoró del hombre más peligroso que cruzaría su vida.

un hombre 11 años menor con un encanto que destruía todo lo que tocaba y tuvo con él dos hijos que pagarían el precio de ese amor durante el resto de sus vidas. A los 50 años recibía una llamada telefónica que ninguna madre debería recibir jamás. Y parada frente al cuerpo de su hija de 19 años, tomó la decisión más dolorosa de su vida, no tocarla.

Porque tocarla habría sido aceptar lo inaceptable. A los 93 años murió en una cama del hospital médica sur en Talpán, con un pulmón colapsado, con una infección bacteriana que su cuerpo ya no tenía fuerzas para combatir. Mientras afuera sus hijos esperaban y el único varón de la dinastía, el que más callado había cargado el peso de todo, no pudo ni pararse frente a las cámaras del Palacio de Bellas Artes, porque el dolor lo tenía literalmente partido en dos.

#signodexclamación@meta Pause dos puntos sex dos puntos 1,0. [música] Su nombre era Silvia Verónica Pinal Hidalgo, pero México la conoció simplemente como la diva, la última de su especie, la última gran actriz de la época de oro del cine mexicano. La mujer que filmó con Luis Buñuel cuando México ni siquiera sabía quién era Buñuel.

La mujer que metió una palma de oro de Kans bajo el abrigo para que no se la confiscaran en la aduana. La mujer que condujo durante 21 años el programa de televisión más visto sobre tragedias reales de mujeres mexicanas, sin que nadie notara que ella estaba viviendo sus propias tragedias dentro de la misma casa.

Y lo que la vida, los hombres que eligió, la fatalidad y la industria del espectáculo le hicieron a ella y a sus hijos, es una historia que México leyó por pedazos, por entregas, por escándalos aislados, sin que nadie la juntara entera para ver el patrón. Esta es la investigación completa, la que reconstruye no solo a Silvia Pinal, sino a la familia que nació de ella, la que explica por qué el apellido Pinal es al mismo tiempo una corona y una condena.

la que cuenta la historia del único varón de toda la saga, el que nadie veía porque estaba en el centro de todo, cargando lo que los demás descargaban. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambiarán todo lo que creías saber sobre la dinastía Pinal. Primero, lo que Silvia Pinal documentó en su autobiografía Esta Soy yo, publicada en 2015 después de 40 años de silencio sobre la violencia sistemática que vivió dentro del matrimonio con Enrique Guzmán, el padre de su único hijo varón.

Violencia que ese niño presenció desde los primeros años de su vida sin poder hacer absolutamente nada. Segundo, la noche exacta del 24 al 25 de octubre de 1982 en la avenida Toluca de la Ciudad de México, cuando un Volkswagen Atlantic cayó por un barranco y con él se fue la hija más parecida a Silvia, la que tenía el nombre de su película más importante, la que tenía 19 años y una nominación al premio Ariel antes de llegar a los 20.

y el detalle sobre ese accidente que casi nadie conoce y que lo hace todavía más cruel de lo que ya es. Tercero, lo que pasó en el otoño de 2024 con Luis Enrique Guzmán, el único hijo varón de toda la saga, en las semanas en que perdió a un hijo que había criado durante años creyendo que era suyo, y también fue perdiendo a su madre semana a semana, hospitalización tras hospitalización, hasta que el 28 de noviembre de 2024, a las 5:50 de la tarde todo terminó y cuarto La verdad sobre lo que significa ser el único varón heredero de una dinastía

construida por mujeres de acero, cuando el apellido que cargas pesa más que cualquier cosa que hayas logrado por ti mismo y cuando la vida te pone a pagar facturas que no acumulaste tú, sino los que vinieron antes. Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas revelaciones. Si te vas antes del final, te pierdes la cuarta.

[música] Y la cuarta es la que lo explica todo, la que hace que el resto de la historia tenga sentido, la que te va a hacer pensar en Luis Enrique Guzmán de una manera completamente diferente. Pero antes de llegar al presente, necesitas entender el origen. Necesitas entender de dónde venía Silvia Pinal, qué clase de mundo la formó y por qué una mujer tan poderosa eligió repetidamente hombres que la dañaron.

Porque nadie nace siendo la última gran diva del cine mexicano y nadie nace cargando el peso que ella cargó desde el primer día de su vida. La niña sin apellido del hombre que la engendró. Guaimas, Sonora. Algún día de septiembre de 1931. Ya desde el principio, Silvia fue un misterio.

Dependiendo de la fuente que consultes, nació el 12 o el 16 de septiembre. Su hijo Luis Enrique llegaría a declarar años después, con esa mezcla de ternura y humor que lo caracteriza, que su madre había cambiado su fecha de nacimiento en algún momento y que nadie en la familia sabía exactamente qué edad tenía. Incluso al morir, los medios reportaron dos versiones, 93 años, 94 años.

Era Silvia Pinal. Hasta en eso era inclasificable, escurridiza, mayor que la vida. Pero lo que sí está documentado es el nombre de su madre, María Luisa Hidalgo Aguilar, conocida en casa como Marilu, que quedó embarazada de Silvia cuando tenía 15 años de edad. 15. Un adolescente que todavía debería estar pensando en sus clases, que se enamoró de un hombre con poder y con nombre, Moisés Pasquel, figura importante en la estación de radio XW, la más influyente de México en aquella época, apodada la voz de la [música] América Latina desde México. Moisés

Pasquel era casado, tenía otros hijos y cuando supo del embarazo tomó la decisión que toman los cobardes. No aparecer. Silvia nació sin padre reconocido en su acta de nacimiento, sin el apellido del hombre que la engendró, sin nombre legal que la conectara al mundo paterno. Era un fantasma en el papel oficial de su propio nacimiento.

Guarda este detalle porque ese patrón, el de los hombres que no reconocen a sus hijos, que se niegan a pagar el costo de sus decisiones, que desaparecen cuando la realidad se vuelve incómoda. Ese patrón va a repetirse en esta historia de maneras que todavía duelen 50 años después. Silvia no supo quién era su padre biológico hasta que tenía entre 9 y 10 años.

No hubo reconciliación tardía, no hubo abrazo de película, no hubo explicación que aliviara lo que es crecer, sabiendo que el hombre que te engendró eligió no verte. Moisés Pasquel existió en la vida de Silvia como una sombra al otro lado de la ciudad. Alguien que podías cruzarte en la calle sin que te dijera nada porque había decidido que tú no eras parte de su historia.

Read More