Esa zona es selva cerrada que con caminos de terracería que se pierden entre la vegetación, comunidades mallas dispersas y prácticamente nula presencia policial. Es el tipo de lugar donde puedes esconder casi cualquier cosa sin que nadie se entere. Los analistas de inteligencia empezaron a cruzar datos. Las comunicaciones encriptadas coincidían con movimientos logísticos detectados por satélite, camionetas de carga entrando y saliendo de la selva en horarios nocturnos, siempre por las mismas rutas.
También había reportes de pescadores de la zona que habían visto embarcaciones extrañas en la costa moviéndose de madrugada sin luces. Y había un dato más que encendió todas las alarmas. informantes dentro del mundo criminal reportaron que el CJNG había construido algo grande en la zona, algo que no era una simple casa de seguridad.
Con toda esa información sobre la mesa, el mando militar autorizó una operación de reconocimiento. No iban a entrar con todo de una vez. Primero necesitaban confirmar qué había ahí. Se desplegaron equipos de reconocimiento con drones de largo alcance equipados con cámaras térmicas e infrarrojas. Y lo que captaron los drones fue lo primero que hizo que los mandos se sentaran y dijeran, “Esto es mucho más grande de lo que pensábamos.
” Las imágenes térmicas mostraban un punto de calor concentrado en medio de la selva, donde según los mapas no debería haber nada, ni una casa, ni un rancho, ni una construcción de ningún tipo, pero ahí estaba. una firma térmica que indicaba presencia humana significativa y posiblemente maquinaria en funcionamiento.
Los drones también captaron vehículos estacionados en lo que parecía ser un claro artificial en la selva y cubierto con redes de camuflaje. Entonces se tomó la decisión de mandar un equipo de reconocimiento terrestre. Cuatro elementos de los gafes se infiltraron a pie por la selva durante la noche, avanzando con equipo de visión nocturna y sin hacer absolutamente ningún ruido.
Tardaron casi 6 horas en recorrer los últimos 3 km porque el terreno es una pesadilla. Raíces, pantanos, insectos, serpientes. La selva de Quintana Ro de noche no es un lugar donde quieras estar. Cuando llegaron al perímetro del punto marcado, lo que vieron confirmó los peores temores. Había vigilantes armados con rifles de asalto apostados en puntos elevados construidos entre los árboles como torretas improvisadas.
Había un sistema de cámaras de vigilancia alimentado por generadores y en el centro de todo, parcialmente oculto por una estructura de concreto cubierta de vegetación, estaba la entrada al cenote. Y aquí es donde te tengo que frenar un segundo, porque lo que voy a contarte a partir de ahora es lo que justifica que estés viendo este video.
Todo lo anterior era el camino para llegar aquí, el reconocimiento, las semanas de inteligencia, la infiltración nocturna, todo eso era el prólogo. La historia real empieza cuando los gafes decidieron entrar. El mando militar con la información del reconocimiento autorizó el asalto. No fue una operación pequeña. Se movilizaron más de 200 elementos entre gafes, infantería de marina y personal de apoyo aéreo.
Helicópteros artillados se posicionaron en puntos estratégicos alrededor del perímetro. Francotiradores se desplegaron en posiciones elevadas y un equipo de intervención directa de los gafes de punta se preparó para entrar al cenote. El asalto comenzó al amanecer. La primera fase fue neutralizar a los vigilantes del perímetro.
Esto se hizo de manera simultánea y coordinada. Los francotiradores eliminaron a los vigías de las torretas en cuestión de segundos, mientras equipos de asalto entraban por tres flancos distintos para controlar los accesos. Hubo intercambio de disparos, sí, pero la sorpresa y la superioridad táctica de los militares hicieron que la resistencia exterior fuera breve.
En menos de 15 minutos el perímetro estaba asegurado. Pero lo difícil no era el perímetro, lo difícil era el cenote. Mira, un cenote no es un simple agujero en el suelo. Los cenotes de la península de Yucatán son formaciones geológicas únicas, cavidades naturales que se forman cuando el techo de una cueva de piedra caliza se derrumba exponiendo los ríos subterráneos que corren debajo.
Algunos son posas abiertas al cielo, otros son cuevas parcialmente sumergidas y algunos, como este son sistemas complejos con múltiples cámaras, túneles y niveles que se extienden cientos de metros bajo tierra. Entrar a un cenote modificado por el crimen organizado es como entrar a una fortaleza natural que ya de por sí es peligrosa, pero que además está defendida por gente dispuesta a matar.
El CJNG había modificado el cenote de una manera que demuestra un nivel de ingeniería y planificación que da escalofríos. La entrada natural del cenote, que originalmente era una abertura de unos 4 m de diámetro en la roca, Jis había sido ampliada y reforzada con concreto armado. Se instaló un sistema de poleas y plataformas que permitía bajar y subir carga pesada.
Las paredes interiores del primer nivel estaban recubiertas con un material impermeabilizante y tenían iluminación eléctrica alimentada por generadores que funcionaban con diésel. Había escaleras metálicas empotradas en la roca y lo más impresionante, en el primer nivel, justo debajo de la entrada, habían construido una plataforma de concreto que servía como área de almacenamiento y centro de operaciones.
Los gafes entraron al cenote con equipo de rapel y visión nocturna, preparados para lo peor. Y lo peor llegó rápido. Los sicarios que estaban dentro se atrincheraron en los niveles inferiores y abrieron fuego. El eco de los disparos dentro de una caverna de roca multiplica el sonido de manera ensordecedora. La visibilidad es mínima, el terreno es resbaloso e irregular.
Es el peor escenario posible para un enfrentamiento armado, pero los gafes avanzaron nivel por nivel usando granadas de aturdimiento y técnicas de combate en espacios cerrados que son parte de su entrenamiento especializado. El enfrentamiento dentro del cenote duró, según los reportes, aproximadamente 3 horas. 3 horas de combate subterráneo en condiciones extremas.
Cuando finalmente los militares controlaron la situación, el balance era este, 54 sicarios detenidos, varios de ellos heridos. Del lado militar hubo heridos, pero no se reportaron fallecidos, lo cual habla del nivel de preparación del operativo. Y entonces, con el cenote asegurado, D empezó el inventario de lo que había adentro.
Y aquí, justo aquí es donde llegamos a lo que te prometí al principio, lo que encontraron dentro del cenote. Te voy a ir contando poco a poco porque cada hallazgo es más impactante que el anterior. Lo primero que documentaron fue el armamento. Rifles AR15, AK47, rifles Barret calibre50 capaces de perforar blindaje, lanzagranadas, chalecos antibalas, cascos tácticos, equipos de comunicación encriptada de grado militar.
No estamos hablando de pistolas y escopetas, estamos hablando de un arsenal que podría equipar a una compañía militar completa. ¿De dónde salió todo ese armamento? Esa es una de las preguntas que las autoridades están investigando y la respuesta cuando salga va a incomodar a mucha gente, pero el armamento con todo lo impresionante que era, que no fue lo que más llamó la atención.
Lo que realmente dejó a todos boquiabiertos fueron las embarcaciones. En uno de los niveles inferiores del cenote, donde el agua subterránea forma una laguna natural de varios metros de profundidad, encontraron embarcaciones sumergibles. No eran submarinos de guerra, ojo, eran lo que en el mundo del narcotráfico se conoce como narcosubmarinos o semisumergibles.
Embarcaciones artesanales diseñadas para navegar justo debajo de la superficie del agua. prácticamente invisibles para los radares y la vigilancia aérea. Estas embarcaciones construidas con fibra de vidrio y resina pueden transportar varias toneladas de droga y recorrer distancias considerables por el Caribe.
Espérate, quiero que dimensiones lo que te estoy diciendo. El cártel Jalisco, Nueva Generación, tenía embarcaciones sumergibles escondidas dentro de un cenote en la selva de Quintana Ro. las metían por el sistema de ríos subterráneos que conecta los enotes de la península con el mar Caribe. Es decir, habían descubierto una ruta de tráfico literalmente subterránea.
Cargaban la droga en el cenote, la embarcaban en los semisumergibles, navegaban por los ríos subterráneos hasta llegar al mar y desde ahí partían hacia puntos de entrega en el Caribe Centroamérica o directamente hacia costas de Estados Unidos. ¿Entiendes ahora por qué te decía que esto no era un operativo más? Esto es un nivel de sofisticación logística que cambia completamente la manera en que entendemos las rutas del narcotráfico en el sureste mexicano.
Esto no se improvisa, esto requiere estudios geológicos, busos profesionales de ingenieros, inversiones millonarias y sobre todo tiempo, mucho tiempo operando sin ser detectados. Y todavía no te he contado todo, porque junto a las embarcaciones sumergibles en las cámaras laterales del CENOTE encontraron la droga.
Paquetes y más paquetes de cocaína empaquetados al vacío y almacenados en contenedores herméticos para protegerlos de la humedad. Las cifras preliminares hablan de varias toneladas, varias, no kilos, toneladas. Estamos hablando de cientos de millones de dólares en cocaína almacenada en las entrañas de la tierra, esperando ser enviada por una ruta submarina que nadie conocía.
También había metanfetamina cristalina empaquetada de manera similar y fentanilo. El fentanilo, esa droga sintética que está matando a decenas de miles de personas en Estados Unidos cada año y que se ha convertido en el producto más rentable del narcotráfico mexicano. Encontrar fentanilo en ese cenote significa que esta ruta no solo servía para mover cocaína sudamericana, sino también para exportar drogas sintéticas producidas en laboratorios mexicanos.
Ahora quiero que te quedes conmigo un poco más porque después de contarte lo que había dentro del cenote, viene la parte que casi nadie está comentando y que para mí es lo más revelador de todo este caso. Los 54 sicarios detenidos no eran delincuentes comunes. Los primeros interrogatorios revelaron un perfil que preocupa profundamente a las autoridades.
Varios de ellos tenían entrenamiento militar previo. Oh, no estamos hablando de exoldados rasos. Algunos habían sido elementos de fuerzas especiales, incluyendo presuntos exmarinos. Otros tenían experiencia en seguridad privada con empresas que operan en la zona turística de Quintana Row, lo cual sugiere que el cártel tiene infiltrados en el sector de seguridad privada que protege hoteles y resorts.
Y aquí hay un dato que a mí me quitó el sueño. Entre los detenidos había personas de al menos seis nacionalidades diferentes. Mexicanos, sí, pero también colombianos. guatemaltecos, hondureños y presuntamente al menos un ciudadano de origen europeo cuya identidad no ha sido revelada.
Esto confirma algo que los expertos en seguridad llevan tiempo advirtiendo. El CJNG opera como una organización transnacional con capacidad de reclutar personal especializado de diferentes países. No es un cártel local, es una empresa criminal global. Y sabes que más declararon algunos de los detenidos en las primeras horas, que el cenote no era el único, que hay al menos otros puntos similares a lo largo de la costa caribeña de Quintana Raw, otros enotes adaptados como bases de operaciones y puntos de embarque.
Las autoridades no han confirmado ni desmentido esta información, pero sí es cierta estamos ante una red de infraestructura criminal subterránea que haría palidecer cualquier túnel fronterizo. Mira, yo sé que esto suena a ficción. Te juro que mientras investigaba este caso para hacer este guion, yo mismo pensé, esto no puede ser real.
Submarinos en cenotes, bases subterráneas, sicarios de seis países, pero es real y es exactamente el tipo de evolución del narcotráfico que los expertos llevan años prediciendo. Los cárteles mexicanos ya no son bandas de pistoleros, son organizaciones con capacidad logística, tecnológica y financiera que rivaliza con la de algunos estados.
Vamos a detenernos un momento para hablar de lo que esto significa para la gente de Quintana Ro. Porque en medio de todos estos datos de arsenales y toneladas de droga, hay personas, personas que viven ahí, que trabajan ahí, que crían a sus hijos ahí. Y para ellos este operativo no es una noticia que leen en el celular y luego siguen con su día, es su realidad.
Las comunidades mayas rurales del municipio de Felipe Carrillo Puerto, donde se encontraba el cenote, llevan años viviendo con miedo. Los habitantes de esas comunidades reportan que desde hace tiempo veían movimiento extraño en la selva, camionetas que pasaban de noche, gente armada en los caminos e ruidos de maquinaria que no correspondían a ninguna actividad conocida.
Pero nadie se atrevía a denunciar. ¿A quién le denuncias cuando la policía municipal de muchos de estos lugares no tiene ni patrullas? ¿Cuándo el Ministerio Público más cercano está a horas de distancia? Cuando sabes que denunciar puede costarte la vida. Hay familias en esas comunidades que perdieron tierras, terrenos ejidales que fueron comprados a precios ridículos por prestanombres del cártel o simplemente ocupados por la fuerza.

Hay jóvenes que fueron reclutados como vigías o halcones a cambio de dinero que sus familias necesitaban desesperadamente. Hay pescadores que fueron obligados a prestar sus lanchas para transportar cargamentos nocturnos. La dimensión humana de esta historia es tan profunda como el cenote mismo y muchas veces queda sepultada debajo de los titulares espectaculares.
Y a esto súmale el impacto en el turismo. Quintana R depende del turismo como un pulmón depende del aire. Cada operativo grande, cada noticia de violencia, cada tiroteo cerca de una zona turística golpea directamente la economía del estado. Los hoteleros lo saben, los restauranteros lo saben, los miles de trabajadores que dependen del turismo lo saben y viven con la angustia permanente de que un día la violencia cruce una línea que ahuyente a los visitantes de manera definitiva.
Algunos dirán, “Pues que se alegren, les quitaron una base del narco.” Y sí, por supuesto que este operativo es positivo en muchos sentidos, pero la realidad es más compleja, porque cuando le quitas una base a un cártel, el cártel no desaparece, se reagrupa, busca otro punto y muchas veces la respuesta del cártel ante un golpe, así es más violencia para demostrar que siguen mandando.
Las comunidades locales lo saben por experiencia y por eso la noticia del operativo genera tanto alivio como inquietud. Ahora viene la pregunta que nadie se está haciendo públicamente, pero que todo el mundo está pensando. ¿Cómo es posible que una infraestructura de este tamaño con esta complejidad haya sido construida sin que nadie en las autoridades se enterara? Seamos honestos, no construyes una base subterránea en un cenote de la noche a la mañana.
Esto requirió meses, probablemente años de trabajo. Requirió llevar toneladas de material de construcción a una zona remota. Requirió contratar trabajadores. Requirió maquinaria pesada. Requirió generadores, combustible, equipo de ingeniería. Todo eso tenía que llegar ahí de alguna manera. Nadie vio nada, nadie reportó nada, ninguna autoridad municipal, estatal o federal detectó algo raro.
La respuesta, aunque incómoda, es bastante obvia. Sin algún nivel de complicidad, tolerancia o negligencia por parte de autoridades locales, una operación de esta magnitud simplemente no es posible. No estoy diciendo que el gobernador estaba enterado ni que toda la policía estaba comprada.
Estoy diciendo que en algún punto de la cadena alguien miró para otro lado, alguien recibió un sobre, alguien decidió que no era su problema. Y esa complicidad silenciosa es tan peligrosa como los sicarios mismos, porque es lo que permite que estas estructuras se construyan, crezcan y operen durante años sin ser tocadas. Las autoridades federales, hay que decirlo, actuaron cuando tuvieron la información.
El operativo fue profesional. G. Bien ejecutado y con resultados contundentes. Los gafes hicieron un trabajo extraordinario en condiciones extremas. Pero la pregunta incómoda permanece, ¿por qué se tardó tanto en detectarlo? Y esa pregunta apunta directamente a las fallas en los mecanismos de vigilancia territorial, inteligencia local y coordinación entre niveles de gobierno.
Y ya que estamos en el tema de las preguntas incómodas, hablemos de otra que me parece fundamental. ¿De dónde salió la tecnología de esas embarcaciones sumergibles? Porque mira, construir un semisumergible no es como armar un mueble de Ikea. Requiere conocimientos de ingeniería naval, acceso a materiales específicos y, sobre todo, un diseño que permita navegación subacuática prolongada sin ser detectado.
Los narcosubmarinos tienen una larga historia en el narcotráfico colombiano y desde los años 90 los cárteles colombianos empezaron a desarrollar estas embarcaciones en la selva del Pacífico y las usaban para enviar cocaína a Centroamérica y México. Con el tiempo, la tecnología se fue sofisticando de simples balsas semisumergibles pasaron a embarcaciones completamente sumergibles con sistemas de propulsión eléctrica GPS y capacidad para transportar hasta 10 toneladas de droga.
Que estas embarcaciones aparezcan ahora en un cenote de Quintana Ro vinculadas al CJNG. sugiere una conexión directa con expertiz colombiano y no es descabellado. Se sabe que el CJNG mantiene alianzas con grupos narcotraficantes colombianos para el suministro de cocaína. Lo que este hallazgo sugiere es que esa alianza va más allá del producto.
Incluye transferencia de tecnología y conocimiento logístico. Los colombianos no solo les venden cocaína, les enseñan cómo moverla de maneras que las autoridades no pueden detectar. Esto es gravísimo porque si el CJNG tiene la capacidad de operar embarcaciones sumergibles desde conectados al mar Caribe, estamos hablando de una ruta de tráfico que es prácticamente indetectable con los medios de vigilancia actuales.
Los radares costeros están diseñados para detectar embarcaciones en superficie. Los aviones de vigilancia buscan lanchas rápidas, pero un semisumergible que sale de un río subterráneo directamente al mar no aparece en ningún radar. No deja Estela visible, no tiene la firma térmica de un motor fuera de borda.
Es para todos los efectos prácticos un fantasma. Y te voy a dar un dato más que contextualiza la gravedad de esto. Se estima que solo se intercepta entre el 10 y el 15% de la droga que se mueve por rutas marítimas en el Caribe, es decir, por cada cargamento que se intercepta, nueve o 10 llegan a su destino.
Si a esa ecuación ya desfavorable le sumas embarcaciones sumergibles operando desde rutas subterráneas desconocidas, las cifras se vuelven aterradoras. Entonces, ¿qué se puede hacer? ¿Cómo enfrentas algo así? Las autoridades mexicanas y estadounidenses llevan años intentando cerrar las rutas marítimas del narcotráfico en el Caribe.
Estados Unidos mantiene una presencia naval permanente en la zona a través del Comando Sur. México tiene patrullas de la Armada, hay operaciones conjuntas, hay tecnología, hay presupuesto, pero la creatividad criminal siempre parece ir un paso adelante. Cuando les cierras una ruta, abren otra. E cuando les interceptas las lanchas, usan sumergibles.
Cuando les detectas los sumergibles en alta mar, los meten en cenotes. Es una carrera que no tiene fin mientras exista demanda de drogas en Estados Unidos y Europa. Y esa es la conversación de fondo que casi nunca se tiene. Mientras haya mercado habrá oferta. Mientras haya miles de millones de dólares en juego, habrá quien esté dispuesto a asumir el riesgo de construir bases subterráneas en cenotes, fabricar submarinos artesanales y pelearse a tiros con las fuerzas especiales del ejército mexicano.
No te estoy diciendo esto para justificar nada. Los criminales son criminales y deben enfrentar la justicia. Lo digo porque sin entender la dimensión completa del problema, cualquier celebración de un operativo exitoso es superficial. Sí, capturaron a 54 sicarios. Sí, decomizaron toneladas de droga y embarcaciones sumergibles.
Sí, desmantelaron una base criminal impresionante. Pero si no atacas las causas de fondo, si no cierras las rutas de lavado de dinero, si no combates la corrupción que permite que esto se construya, si no reduces la demanda de drogas, el próximo se note ya se está construyendo en algún otro punto de la selva.
Dicho eso, vamos a hablar de las implicaciones estratégicas de este golpe para el CJNG, porque no son menores. Perder una base logística de esta magnitud duele, duele mucho, no solo por la droga decomizada, que vale cientos de millones de dólares, sino por la infraestructura. Reconstruir algo así toma tiempo y dinero. Los sumergibles no se compran en la tienda de la esquina.
El personal especializado que operaba la base y que ahora está detenido no se reemplaza de un día para otro. Las rutas subterráneas que habían mapeado y adaptado representan años de inversión en conocimiento logístico que se pierde. Además, la captura de 54 operadores significa que las autoridades ahora tienen acceso a información valiosísima.
Si los interrogatorios se manejan correctamente, esos detenidos pueden revelar nombres de mandos medios y superiores, rutas alternativas, contactos internacionales, métodos de lavado de dinero y detalles operativos que podrían desencadenar una cascada de operativos adicionales. En el narcotráfico, una buena captura masiva es como jalar un hilo.
Si jalas bien, se deshace todo el tejido. Pero ojo, el CJNG no es un cártel que se quede quieto después de un golpe. Su líder, Gin Emio o Ceguera Cervantes, alias El Mencho, ha demostrado una y otra vez que responde a los golpes con agresividad. Cuando el gobierno ha logrado capturas importantes o decomizaciones grandes contra el CJNG, la respuesta ha sido escalada de violencia.
Bloqueos carreteros, quema de vehículos, ataques directos contra fuerzas de seguridad. La pregunta no es si el CJNG va a responder, sino cuándo y cómo. Y esto genera una preocupación legítima para las comunidades de Quintana Ro, porque la respuesta del cártel no va a ser contra los gafes ni contra el mando militar, va a ser contra los blancos suaves, contra las comunidades que podrían haber proporcionado información, contra los comerciantes que se nieguen a pagar extorsión, contra cualquiera que perciban como amenaza o como ejemplo para intimidar. Ah, es el patrón que se
repite en todos los estados donde el CJNG ha sufrido golpes importantes. Las autoridades tienen la responsabilidad de anticipar esta respuesta y proteger a la población civil. No basta con hacer el operativo espectacular y salir en los periódicos. Lo que viene después del operativo es igual de importante. Mantener presencia militar en la zona, reforzar la vigilancia, proteger a posibles testigos y sobre todo no abandonar a las comunidades que quedan expuestas después de que las cámaras se apagan. Ahora hablemos de algo que
también es importante, el papel de otros cárteles en esta ecuación, porque Quintana Ro no es territorio exclusivo del CJNG. El cártel de Sinaloa también tiene presencia en la zona y hay células de otros grupos menores que operan en la región. Cuando un cártel sufre un golpe así, eh los rivales lo ven como una oportunidad para expandirse.
Es lo que en el mundo del crimen organizado se llama el efecto cucaracha. Cuando prendes la luz en un lugar, las cucarachas corren hacia otro, pero también las cucarachas del vecino aprovechan el espacio vacío. Es muy probable que en las próximas semanas veamos movimientos del cártel de Sinaloa para intentar ocupar los espacios que el CJNG pierde con este golpe.
Y eso podría traducirse en más violencia, más disputas territoriales y más riesgo para la población civil. Es la paradoja cruel de la guerra contra el narcotráfico. A veces los operativos exitosos generan más violencia a corto plazo. ¿Significa eso que no debería hacerse nada? Por supuesto que no.
No puedes permitir que un cártel opere bases subterráneas con submarinos en tu territorio. Pero sí significa que la estrategia tiene que ser integral. No basta con el golpe táctico. Necesitas el seguimiento judicial para que los detenidos enfrenten condenas reales. Necesitas la investigación financiera para rastrear y confiscar el dinero del cártel.
Necesitas la inteligencia continua para detectar y desmantelar las bases alternativas que seguramente existen y necesitas la presencia permanente del Estado en las comunidades para que la gente no quede a merced de la represalia. Ya sabes lo que pasó. Ya tienes el cuadro completo del operativo, de lo que encontraron, de lo que significa.
Ahora déjame contarte lo que creo que esto revela sobre el estado real de la lucha contra el narcotráfico en México. La primera conclusión es incómoda, pero necesaria. El narcotráfico en México ha alcanzado un nivel de sofisticación que supera la capacidad de respuesta de la mayoría de las instituciones de seguridad del país. No estamos hablando de tipos con pistolas y camionetas.
Estamos hablando de organizaciones que construyen bases subterráneas, operan embarcaciones sumergibles, usan comunicaciones encriptadas y reclutan personal militar de varios países. Enfrentar eso requiere recursos, tecnología y coordinación que muchas veces no existen a nivel estatal y municipal. La segunda conclusión es que los cenotes, esas maravillas naturales que son patrimonio geológico de la península de Yucatán, están siendo explotados por el crimen organizado de maneras que nadie había anticipado.
Si este caso es indicativo de una tendencia, das estamos ante un problema ambiental, además de un problema de seguridad. Los senotes son ecosistemas frágiles. Las modificaciones que el CJNG hizo en este cenote con concreto combustibles y materiales tóxicos probablemente causaron daños ecológicos irreversibles.
Y si hay más enotes adaptados como bases criminales, el daño ambiental podría ser devastador. La tercera conclusión es sobre la corrupción. Este caso es una prueba más de que sin corrupción, el narcotráfico no puede operar a esta escala. La infraestructura encontrada en el cenote no se construye en secreto absoluto. Alguien sabía, alguien permitió.
Y mientras esas cadenas de complicidad no se rompan, los operativos exitosos serán victorias temporales contra un problema estructural. La cuarta conclusión y quizás la más importante es sobre las personas. Eh, detrás de las estadísticas de capturas y de comisos, hay comunidades enteras viviendo con miedo. Hay jóvenes sin oportunidades que ven en el narco su única salida.
Hay familias desplazadas. Hay un tejido social dañado que tomará generaciones reconstruir y eso no se arregla con operativos militares, por exitosos que sean. Se arregla con educación, empleo, servicios públicos y presencia del Estado que no sea solo uniformada. Déjame contarte algo que me parece simbólico de todo esto.
Los cenotes en la Cosmovisión maya son entradas al inframundo. Los antiguos mayas los consideraban lugares sagrados, portales entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Que el crimen organizado haya convertido literalmente un cenote en un portal de muerte, droga y destrucción es una metáfora dolorosa de lo que está pasando en México.
Están profanando no solo el territorio, sino la historia y la cultura de un pueblo. Y sin embargo, también hay esperanza. La encontramos en los gafes que arriesgaron su vida para entrar a ese cenote en los analistas de inteligencia que pasaron semanas descifrando comunicaciones para localizar la base en los periodistas que reportan estas historias a pesar del peligro, en las comunidades que resisten, en las familias que siguen buscando a sus desaparecidos, en cada persona que se niega a aceptar que esto es normal, porque no es normal. No
debería ser normal que un cártel tenga submarinos en Cenotes. No debería ser normal que la gente viva con miedo en sus propias comunidades. No debería ser normal que tengamos que celebrar operativos como este, como si fueran victorias definitivas cuando sabemos que son batallas en una guerra que está lejos de terminar.
Pero cada operativo como este es un recordatorio de que el Estado mexicano todavía tiene la capacidad de golpear al crimen organizado cuando se lo propone, que hay elementos valientes y comprometidos en las fuerzas armadas, que la inteligencia funciona cuando se invierte en ella y que por muy sofisticados que se vuelvan los cárteles, no son invencibles.
La pregunta de fondo, la que deberíamos estar haciéndonos todos, no es, ¿cuántos sicarios capturaron ni cuánta droga decomizaron? La pregunta es, ¿estamos como país dispuestos a hacer lo que realmente se necesita para resolver este problema de raíz? ¿Estamos dispuestos a combatir la corrupción en serio? Ya desde arriba hasta abajo.
¿Estamos dispuestos a invertir en las comunidades que el narco recluta porque el Estado las abandonó? ¿Estamos dispuestos a tener conversaciones honestas sobre política de drogas, sobre demanda, sobre lavado de dinero, sobre la responsabilidad compartida con Estados Unidos? No sé las respuestas, ojalá las tuviera, pero lo que sí sé es que quedarnos callados no es opción.
Informarnos no es opción, normalizar no es opción. Este operativo en Quintana Ro con sus gafes, sus c enotes, sus submarinos y sus 54 detenidos es un recordatorio brutal de donde estamos, pero también puede ser un punto de inflexión si se le da seguimiento, si se investigan las redes de corrupción, si se protege a las comunidades y si se usa la información obtenida para desarticular más de la estructura del CJNG.
Y tú, cheque llegaste hasta aquí, quiero preguntarte algo, porque tu opinión importa. ¿Crees que operativos como este realmente debilitan a los cárteles o solo los obligan a moverse a otro lugar? ¿Confías en que las autoridades van a darle seguimiento a este caso? ¿O crees que va a quedar como un titular más que se olvida en una semana? ¿Qué crees que debería hacer México de manera diferente? Me interesa mucho leer lo que piensas. déjamelo en los comentarios.
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