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Sofía Herrera desapareció en el Estado de México — su cartera fue encontrada 8 años después

 La clínica dental donde trabajaba Sofía también se sumó a los esfuerzos. El Dr. Ramírez, su jefe, ofreció una recompensa económica por información que llevara a encontrarla. Sus compañeras de trabajo, especialmente Lupita, que se había vuelto su mejor amiga en esos dos años, no podían creer lo que estaba pasando. “Sofía era la más responsable de todas nosotras”, le dijo Lupita a Marta una tarde mientras pegaban carteles cerca de la clínica.

 Siempre llegaba temprano, nunca faltaba y si algo le iba a pasar, nos hubiera dicho. Ella no se habría ido así, señora Marta. Alguien se la llevó. Las palabras de Lupita resonaron en la mente de Marta como un eco doloroso. La idea de que alguien hubiera lastimado a su hija la atormentaba día y noche. No podía comer, apenas dormía y había perdido más de 10 kg en las primeras dos semanas después de la desaparición.

La investigación oficial avanzaba lentamente. Los detectives asignados al caso, el comandante Vázquez y la agente Morales habían entrevistado a familiares, amigos, compañeros de trabajo y conocidos de Sofía. Revisaron las cámaras de seguridad de los negocios cercanos a la ruta que supuestamente había tomado para ir a casa de su hermana, pero la mayoría no funcionaban o tenían muy mala calidad de imagen.

 Una semana después de la desaparición encontraron el primer rastro de Sofía. Un taxista llamado Ernesto González se acercó a la familia después de ver los carteles. Recordaba haber recogido a una joven que coincidía con la descripción de Sofía, cerca de la central camionera de Toluca, alrededor del mediodía del 15 de octubre. La recogí como a las 12 del día.

 Era una muchacha morena con un suéter azul, muy bonita y muy educada”, les contó Ernesto a Marta y Rodolfo en presencia de los investigadores. Me pidió que la llevara a Metepec, pero cuando íbamos por el boulevard aeropuerto me dijo que había cambiado de opinión, que mejor la bajara en Plaza Sendero.

 “¿Iba sola? ¿Parecía nerviosa?”, preguntó la agente Morales. “Sí, iba sola. Al principio parecía normal, pero cuando me pidió cambiar el destino, la noté un poco inquieta. Se quedó viendo su celular todo el tiempo como esperando una llamada o un mensaje. Este testimonio cambió el rumbo de la investigación. Si Sofía había ido a Plaza Sendero en lugar de a casa de su hermana, ¿qué había hecho allí? ¿Con quién se había reunido? Los investigadores solicitaron las grabaciones de las cámaras de seguridad del centro comercial y después de días

de revisar horas de video, lograron identificar a Sofía entrando al lugar a las 12:30 del día de su desaparición. En las imágenes se podía ver a Sofía caminando por los pasillos del centro comercial, aparentemente tranquila. entró a una tienda de ropa, estuvo ahí unos 20 minutos, salió sin comprar nada y se dirigió hacia la zona de restaurantes.

Las cámaras la captaron sentándose en una mesa del área de comida rápida, revisando constantemente su teléfono celular. A las 2:15 de la tarde se levantó y caminó hacia la salida principal del centro comercial. Esa fue la última imagen que se tuvo de ella. Los detectives intentaron rastrear las llamadas y mensajes del teléfono de Sofía, pero se encontraron con una sorpresa.

El dispositivo había sido apagado o destruido poco después de las 2:30 de la tarde del día de su desaparición. La última señal había sido captada por una antena de telefonía celular ubicada en la carretera Toluca Naucalpán, lo que sugería que Sofía o su teléfono habían salido del área metropolitana de Toluca.

Mientras tanto, la búsqueda ciudadana se intensificaba. Grupos de familiares y amigos organizaban recorridos por comunidades rurales de los municipios cercanos. Sinacantepec, Almoloya de Juárez, Villa del Carbón, Jiquipilco. Cada fin de semana caravanas de automóviles llenas de voluntarios recorrían caminos de terracería, preguntando en casas aisladas, en tienditas de pueblo, en iglesias rurales.

Marta había desarrollado una rutina obsesiva. Cada mañana visitaba la capilla de la Virgen de Guadalupe en su colonia. encendía tres veladoras, una por Sofía, una por su regreso a casa y una porque no hubiera sufrido y después se dirigía a algún lugar nuevo a buscar a su hija. No importaba si era un pueblo a 3 horas de distancia o una colonia peligrosa de la Ciudad de México, donde alguien había reportado haber visto a una joven parecida a Sofía.

Rodolfo había tenido que tomar un préstamo en su trabajo para costear los gastos de la búsqueda, gasolina para los viajes, impresión de volantes, recompensas para quienes proporcionaran información. El taller donde trabajaba había sido muy comprensivo, permitiéndole faltar los días necesarios y ayudándolo económicamente cuando fue posible.

A medida que pasaban los meses, la esperanza de encontrar a Sofía con vida comenzó a desvanecerse lentamente, aunque ni Marta ni Rodolfo lo admitieran abiertamente. Las llamadas de personas que decían haberla visto se hicieron menos frecuentes y cuando llegaban generalmente resultaban ser casos de identidad equivocada.

 La Navidad de 2016 fue particularmente difícil para la familia Herrera. Por primera vez en 23 años no había regalos bajo el árbol con el nombre de Sofía. Marta había comprado su perfume favorito y lo había envuelto, manteniéndolo ahí por si acaso. Claudia intentó convencer a sus padres de que pasaran las fiestas en su casa, pero Marta se negó a salir, convencida de que si Sofía regresaba y no los encontraba en casa, pensaría que se habían dado por vencidos.

 Los primeros meses de 2017 trajeron nuevas pistas que resultaron ser callejones sin salida. Una mujer de Xapán de la Saló, asegurando que Sofía trabajaba en un restaurante de mariscos en Acapulco. La familia viajó inmediatamente, pero cuando llegaron al lugar encontraron a una joven que solo se parecía vagamente a Sofía.

 En mayo, un hombre de Guadalajara reportó haber visto a una mujer idéntica a la de los carteles en una estación de autobuses. Otra vez el viaje resultó infructuoso. Cada falsa alarma era un golpe devastador para la esperanza de la familia, pero también les daba fuerzas para continuar. Mientras hubiera la más mínima posibilidad de que Sofía estuviera viva, no se rendirían.

Los investigadores oficiales comenzaron a explorar otras líneas de investigación. Revisaron casos similares en el Estado de México y estados vecinos, buscando patrones que pudieran conectar la desaparición de Sofía con otros casos. El comandante Vázquez había comenzado a sospechar que podrían estar enfrentando a una red de trata de personas, aunque no tenía evidencia concreta para sustentarlo.

La agente Morales, por su parte, se había obsesionado con el testimonio del taxista. Algo en la historia no le cerraba completamente. ¿Por qué había cambiado Sofía de destino? ¿Quién la había contactado? decidió entrevistar nuevamente a Ernesto González, esta vez con más profundidad. Señor González, necesito que haga un esfuerzo por recordar más detalles de ese día.

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