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¡CAE ALITO MORENO! Harfuch le QUITA TODO y Ahora Enfrentara la Ley por Desviar Millones del PRI

 Porque este no es el caso de un funcionario que se excedió en gastos de representación ni de alguien que firmó contratos irregulares. Es algo cualitativamente diferente en su escala y en su sofisticación. Las primeras investigaciones formales en su contra apuntaban principalmente al desvío de recursos públicos durante los años en que fue gobernador del estado de Campeche entre 2015 y 2019, donde las auditorías de la Auditoría Superior de la Federación encontraron movimientos financieros de magnitudes que no correspondían a ninguna actividad

legítima documentada del gobierno estatal. Luego vinieron los audios filtrados que circularon ampliamente en redes sociales y medios de comunicación durante días y que exponían con una crudeza y una naturalidad que sorprendió incluso a quienes llevaban tiempo siguiendo el caso Los niveles de corrupción en los que el entonces dirigente nacional del PRI participaba con una calma en la voz que resultaba difícil de procesar para quien los escuchaba sin preparación previa.

 Pero lo que realmente determinó que las autoridades decidieran meterse de lleno en el caso con todos los recursos disponibles fue algo más grande y más grave que los audios y que los desvíos en Campeche. El nombre del senador apareció vinculado de manera directa a una de las redes de corrupción más elaboradas y más extendidas que se hayan investigado en la historia reciente del país.

 Y hay algo absolutamente fundamental que entender sobre esta red porque cambia la naturaleza del caso de manera radical. No era solamente una red política de las que operan en los márgenes del sistema y que en México tienen una historia que ya nadie puede negar. Era algo cualitativamente diferente en su sofisticación operativa, en su escala territorial y en la profundidad de su penetración institucional, y mucho más peligroso en sus implicaciones para el Estado que cualquier esquema de corrupción ordinario. Mezclaba dinero de origen

ilícito proveniente de múltiples fuentes simultáneas, esquemas fiscales y legales diseñados con asesoría especializada específicamente para dar apariencia de legitimidad a transacciones que no la tenían. Obros de pisos sistemáticos aplicados a negocios de distintos tamaños en diferentes zonas geográficas del país, con la regularidad de quien tiene poder suficiente para sostener esa exigencia y vínculos documentados con organizaciones del crimen organizado que operaban de manera paralela y coordinada con toda esta estructura financiera. Con

todos esos elementos funcionando de manera articulada y simultánea. Esto dejó de ser un caso de corrupción política ordinaria del tipo que el sistema mexicano había aprendido a tolerar y a archivar para convertirse en algo de una gravedad institucional sin precedente cercano. A partir de esa conclusión, las autoridades intensificaron las investigaciones a un nivel que no habían alcanzado antes en este caso.

 Durante meses que se convirtieron en una operación de inteligencia financiera y policial de gran envergadura, se realizaron cateos en propiedades presuntamente vinculadas al senador y a personas de su entorno en distintos estados del país. Cooperativos que en muchos casos sorprendieron a los propios investigadores experimentados por lo que encontraron adentro.

 Lo que encontraron no eran simplemente las residencias de un funcionario bien pagado, eran mansiones valuadas en cientos de millones de pesos con vehículos de último modelo en las cocheras con un nivel de riqueza acumulada que no se puede explicar de ninguna manera razonable únicamente con el desvío de recursos públicos de una gubernatura estatal.

 Y eso fue precisamente lo que escaló la urgencia de las autoridades a un nivel que no habían alcanzado antes. En este caso, el dinero no solo se desviaba del herario para ser gastado en bienes de lujo, se desviaba y luego se hacía crecer a través de estructuras empresariales diseñadas específicamente para multiplicarlo.

Alito Moreno presuntamente operaba o estaba vinculado de manera central a una red empresarial sofisticada que funcionaba de manera completamente ilegal, utilizando como combustible dinero que no era suyo, que no era de ningún socio legítimo, sino de los ciudadanos mexicanos que pagan sus impuestos puntualmente y que tienen el derecho de esperar que esos recursos sean administrados con la honestidad que el cargo exige.

 Dentro de esa investigación que fue desenredando la red capa por capa, se descubrieron empresas fantasma presuntamente vinculadas al senador, cuyo propósito exclusivo era el lavado de dinero a gran escala. Una sola de esas empresas en un único mes de operación registró una recaudación de más de 500,000, una cifra que por sí sola basta para dimensionar la escala de lo que se estaba investigando.

 Pero estas empresas no solo recibían dinero sucio para introducirlo limpio en el sistema financiero, también lo distribuían de manera sistemática a una red de beneficiarios que resulta ser el elemento más perturbador de toda esta historia. Ese dinero se repartía con una organización que imitaba el funcionamiento de un sistema de nóminas corporativas completamente normalizado.

Se le pagaba regularmente a policías en activo que seguían portando su uniforme y ejerciendo sus funciones de seguridad pública, a servidores públicos de distintos niveles jerárquicos en diferentes instituciones, a funcionarios con cargos de decisión real en instituciones del gobierno que podían influir directamente sobre investigaciones y procesos.

 No eran pagos esporádicos que ocurrían de vez en cuando ni acuerdos informales bajo la mesa en casos puntuales y aislados. eran nóminas formalizadas en su funcionamiento con la regularidad y la predicilidad de una estructura empresarial, aunque completamente ilegales en su origen y en su destino. Pagos mensuales fijos y sostenidos que llegaban con la regularidad de un salario, policías que recibían más de 150,000 pesos al mes a través de este sistema paralelo.

 Funcionarios públicos cuyo sueldo máximo declarado no rebasa los 40,000 pes mensuales cobrando 300,000 o más a través de esta red. Todo ese flujo de dinero tenía un propósito concreto y claro, garantizar que las operaciones del senador, sus empresas y todos sus recursos estuvieran completamente blindados de cualquier consecuencia legal, que nadie con autoridad moviera un dedo en su contra independientemente de las evidencias que pudieran surgir.

 En el marco de estas investigaciones, más de 47 personas directamente vinculadas a esta estructura fueron detenidas por las autoridades. La mayoría de ellas ya enfrenta cargos formales. por ejercicio ilícito de sus funciones y actualmente se encuentran siendo procesadas ante el Ministerio Público con expedientes que los investigadores describen como sólidos y bien documentados.

 Más de 25 personas entre funcionarios, policías y personas del entorno cercano del senador ya tienen resolución judicial en su contra. Entre 7 y 15 años de prisión es lo que enfrentan varios de los miembros identificados de esta red. Condas que son un anticipo de lo que viene para los niveles más altos de la estructura.

 Pero aquí llegamos al problema central que define toda la historia de este caso y que explica por qué tardó tanto en llegar a este punto. El fuero constitucional. Mientras Alito Moreno siguiera en funciones como senador de la República con ese escudo legal vigente, la ley no podía tocarlo directamente de ninguna manera práctica.

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