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El VIDEO VIRAL de José Alfredo revela conflictos familiares en el rancho | Tehuitzingo PUEBLA

 Su tono es pausado, pero cargado de resentimiento. Explica que tiene problemas de adicción: alcohol, cocaína. Cristal dice que muchas personas de Texcalapa lo vieron perdido en las sustancias durante meses, pero lo que más impacta es su argumento responsabiliza completamente a su familia de esas adicciones. “Yo fui un alcohólico drogadicto por culpa de ellos”, dice en el video.

 “Me obligaban a trabajar como si uno no sintiera cansancio. Era mucho, mucho trabajo lo que a mí me ponían a hacer.” asegura que su adicción no fue una elección, que fue consecuencia directa de la presión laboral que su familia ejercía sobre él, que lo forzaban a trabajar sin descanso, sin consideración, sin límites y que para soportar esa carga tuvo que recurrir a las sustancias.

 Pero hay una frase en particular que heló la sangre de quienes vieron el video. Una frase que vista en retrospectiva suena como una amenaza velada. Desgraciadamente, yo tuve que tomar medidas más allá de lo normal. Medidas más allá de lo normal. Esas palabras, dichas días antes de que 10 personas perdieran la vida, adquieren un peso escalofriante.

 Al final del video, José Alfredo hace una petición específica. Le pide a la gente de Teitzingo que compartan la grabación, que se la hagan llegar a sus padres y hermanos. dice que se encuentra en otro estado, lejos de Puebla, y que no quiere que lo busquen, que no quiere volver a lo mismo.

 La grabación termina de manera abrupta, como si alguien hubiera cortado la transmisión de golpe. Según las investigaciones de la Fiscalía General del Estado, José Alfredo había salido de un anexo el 20 de abril, un centro de rehabilitación donde estaba recibiendo tratamiento por sus adicciones. Al parecer escapó del lugar y durante casi un mes estuvo alejado de su familia.

Algunos vecinos de Texcalapa confirmaron a medios locales que la familia Torres había tomado la decisión de internarlo debido a la gravedad de su situación, que el consumo de sustancias había llegado a niveles preocupantes, que necesitaba ayuda profesional, pero José Alfredo lo vivió como una traición, como un encierro forzado, como un castigo por negarse a seguir trabajando bajo las condiciones que, según él, lo habían enfermado.

 Cuando el video se hizo viral el lunes, los medios de comunicación comenzaron a conectar los puntos. Un hijo resentido, una familia que lo había internado contra su voluntad, un escape del anexo, un video amenazante y días después 10 personas sin vida en el rancho familiar. La fiscal Damis pastor Betan Kururt, quien desde el domingo había señalado que la principal línea de investigación era un conflicto familiar, vio como esa teoría cobraba fuerza con cada segundo del vídeo.

 Los detalles forenses también encajaban. Los peritos habían encontrado 18 casquillos percutidos en la escena. Calibre 22 y 9 mm. Armas de bajo poder, no del tipo que usan los grupos del crimen organizado. Armas más accesibles para un civil con un plan de venganza. Los testimonios indicaban que las víctimas fueron sometidas, que algunas estaban maniatadas, que el ataque no fue improvisado, sino ejecutado con frialdad, uno por uno en diferentes áreas del rancho.

 Para la opinión pública, el video era la pieza que faltaba, la confirmación de que José Alfredo T era el responsable. Las redes sociales lo juzgaron de inmediato. Los comentarios exigían su captura, su castigo, justicia para las víctimas. Pero entonces, cuando todo parecía claro, apareció un grupo de mujeres frente a las cámaras con una versión completamente distinta.

 Fue la abuela de José Alfredo quien dio la cara primero, rodeada de otras mujeres de la familia, tías, primas, parientes cercanas de las víctimas. habló con medios locales el lunes por la tarde. Su mensaje era contundente. José Alfredo es inocente. La abuela, visiblemente afectada, pero firme en su postura, dijo que había tenido comunicación con su nieto días antes de la tragedia, que habían hablado, que él le había explicado su decisión de alejarse de Tehuitzingo para rehacer su vida en otro lugar, que quería escapar de un ambiente que lo

estaba destruyendo. “Él no haría esto”, dijo la mujer ante las cámaras. Yo lo conozco, sé cómo es mi nieto y sé que no tiene corazón para algo así. Las demás mujeres asintieron. repitieron que el vídeo que circulaba en redes amenaza, que era simplemente un joven desesperado pidiendo que su familia lo dejara en paz, que lo dejara vivir lejos de las presiones que lo habían llevado a las adicciones.

 Una de las tías intervino para señalar que José Alfredo siempre había sido un muchacho trabajador, que sí tenía problemas con las sustancias, pero que eso no lo convertía en alguien capaz de hacer algo tan terrible, que había una diferencia entre tener resentimientos y cometer un acto de esa magnitud. La abuela continuó compartiendo detalles que según ella, demostraban la inocencia de su nieto.

Explicó que José Alfredo había tratado de comunicarse con ella varias veces después de salir del anexo, que le había contado sobre sus planes de conseguir trabajo en otro estado, que quería empezar de cero, lejos de todo lo que le recordaba sus problemas. Él me decía que ya no quería estar aquí”, relató la mujer con voz quebrada.

 me decía que necesitaba aire, que necesitaba espacio. No puedo creer que alguien que me hablaba así con esas ganas de salir adelante haya hecho lo que dicen. Otra de las familiares agregó un detalle importante. Mencionó que José Alfredo nunca había mostrado comportamientos violentos en el pasado, que a pesar de sus adicciones, nunca había lastimado a nadie, que sus problemas eran consigo mismo, no con los demás.

 Todos sabíamos que estaba enfermo”, admitió una prima. Todos sabíamos que el alcohol y las drogas lo tenían mal. Pero de ahí a pensar que pudiera hacer algo así, hay un abismo enorme. No coincide con la persona que conocimos. Los periodistas les preguntaron directamente si José Alfredo no fue, entonces, ¿quién? Las mujeres se miraron entre sí, guardaron silencio.

 Finalmente, una de ellas dijo que no sabían, que no tenían idea de quién podría tener motivos para atacar a la familia Torres, que por eso era tan importante que las autoridades hicieran bien su trabajo en lugar de señalar al primero que se les ocurriera. Están buscando un culpable fácil, argumentó otra familiar. Porque es más simple decir que fue el hijo adicto que investigar de verdad.

 Una de las tías planteó una pregunta inquietante. Si José Alfredo realmente había planeado algo así, ¿por qué habría grabado un video donde claramente se le ve el rostro? ¿Por qué se habría identificado? ¿Por qué habría dejado evidencia tan obvia de su resentimiento justo días antes de los hechos? No tenía sentido para ellas.

 Si alguien va a hacer algo terrible, razonó la mujer. No anda dejando pistas por todos lados. Ese video demuestra que él solo quería que su familia entendiera por qué se iba. Nada más. La defensa de la abuela y las demás mujeres puso un elemento de duda en la narrativa que parecía tan clara. Porque si José Alfredo realmente era inocente, entonces todo el caso se caía.

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