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La vida en el rancho de la LALO EL MIMO — Una mirada a su tranquila vida en su finca en México

Hoy vas a descubrir cómo es la vida del alo el mimo en el rancho. Cuánto dinero generó en casi 70 años de carrera ininterrumpida como el cómico más longevo del espectáculo mexicano? ¿Cuántas películas protagonizó? Y por qué el hombre que le dio su primera oportunidad a Juan Gabriel con un vaso de coñac en el teatro Blanquita, el mismo que se presentó ante el generalísimo Francisco Franco y fue comparado con Cantinflas por los periódicos españoles, vive hoy una vida que tiene mucho más en común con el campo tranquilo que con los estudios de

grabación donde construyó su fama. ¿Cómo construyó Eduardo Mesa de la Peña que nació el 26 de agosto de 1936 en Patscuaro, Michoacán? en una familia sin ningún contacto con la industria del entretenimiento, el patrimonio que le permitió alejarse eventualmente del ruido de la ciudad de México, cuánto generó en las más de 135 películas que protagonizó, en las más de 60 obras de teatro donde actuó, en las décadas de telenovelas y programas de televisión donde su cara era garantía de que el público se iba a reír. ¿Y qué hay de los

conflictos que marcaron esa historia? ¿Qué ocurrió con el matrimonio de 24 años que terminó sin divorcio legal? ¿Qué pasó con los ahorros de 70 años de carrera que le vaciaron cuando le clonaron la tarjeta bancaria y el banco no hizo nada para ayudarlo a recuperarlos? ¿Y por qué el hombre que estuvo en el escenario durante siete décadas, que formó a actores como Adrián Uribe y que fue parte de algunas de las películas más rentables del cine cómico mexicano de los años 70? Llegó a la edad de 89 años, hospitalizado con una

fractura de cadera, sin el reconocimiento económico que esa carrera habría merecido. Hoy vamos a recorrer la vida del alo el mimo con la honestidad que esa historia merece. No el homenaje nostalgia de los especiales televisivos. La historia del dinero que construyó, de los conflictos que vivió detrás del personaje bonachón que el público amaba y de lo que significa llegar a los 89 años, siendo una leyenda del espectáculo que decidió que la vida tranquila, lejos del ruido, era lo que le quedaba.

Quédate hasta el final porque esta historia tiene más capas de las que cualquier sketch cómico pudo mostrar. Para entender a Lalo el mismo hay que entender primero Patscaro, Michoacán. y el Michoacán de la primera mitad del siglo XX, no el Michoacán de los aguacates y las mariposas monarcas que el turismo exporta como imagen de estado.

 el Michoacán de los pueblos del interior, donde las familias trabajaban con lo que tenían, donde la educación era el mecanismo principal de movilidad social ascendente y donde tener un hijo que fuera profesional era el objetivo que los padres construían con años de esfuerzo y sacrificio. Eduardo Mesa de la Peña creció en ese contexto, moviéndose entre Patscuaro, Uruapan y Morelia, donde finalmente la familia se estableció.

 El padre tenía la nevería familiar en el barrio de San Agustín en Morelia, ese tipo de negocio pequeño que en las ciudades de provincia de los años 40 y 50 generaba los ingresos suficientes para mantener a la familia y para costear la educación de los hijos, que era la inversión más importante que una familia de esa posición podía hacer.

La madre fue quien estableció las reglas. Primero estudias, me das un título, luego haces lo que quieras. Era la voz de la racionalidad económica de quien había visto suficientes historias de artistas que persiguieron sus sueños y terminaron mal para no querer ese destino para su hijo. Eduardo escuchó esa regla y la cumplió hasta donde pudo.

Se inscribió en la Universidad Nacional Autónoma de México, en la sede de Morelia, para estudiar ingeniería química. Pero el destino de Eduardo Mesa de la Peña no estaba en la química. Estaba en un festival escolar donde se pintó la cara y bailó en huaraches al ritmo del mambo número cinco de Pérez Prado.

 Fue apenas el estudiante de preparatoria que actúa en el festival porque alguien tenía que hacerlo. Pero fue también el primer contacto entre ese hombre y algo que reconoció en ese momento sin poder nombrarlo todavía, que hacer reír a la gente era para él lo que elatorio de química no iba a hacer jamás. La UNAM en la Ciudad de México fue el siguiente paso.

 La ingeniería química seguía siendo el plan oficial. El Teatro Universitario fue el accidente que cambió todo. Cada facultad de la UNAM tenía su grupo de teatro y alguien le preguntó si quería actuar en una obra. Por supuesto que sí. La obra era Los ladrones somos gente honrada de Jardiel Poncela y el grupo estaba dirigido por Enrique Delgado Fresán, que era simultáneamente director de teatro, escritor, traductor e ingeniero químico.

La combinación exacta de lo que Eduardo podría haber sido si hubiera elegido ese camino. El debut fue desastroso en términos técnicos. Le dieron un papel pequeño, las líneas se le olvidaron. El café no llegó a su destino. La charola, la cuchara y la taza cayeron al piso con el estrépito de alguien que ha perdido completamente el control de la situación.

 Eduardo salió del escenario convencido de que nunca más volvería a intentarlo. Enrique Delgado Fresan tuvo una lectura completamente diferente. El público no había parado de reír. La torpeza era oro cómico. Eso es lo que vas a hacer de ahora en adelante, le dijo el director. Eres un actor nato. El encuentro con Andrés Soler fue el catalizador definitivo.

Andrés Soler, uno de los actores y directores teatrales más respetados de México, estaba en el público durante una función de mujeres en el Cadalzo y vio algo en ese joven estudiante que pocos podrían haber identificado en alguien que llevaba semanas actuando de manera amateur. Al terminar la función se acercó, le preguntó si quería ser actor y le dijo que fuera al teatro el jueves siguiente. Lalo llegó puntual.

 Soler le entregó un guion. Vuelve el próximo jueves, vas a debutar el viernes, aprende esto. Y luego añadió algo que para un estudiante sin dinero en la Ciudad de México era tanto o más importante que el guion. Yo mismo te voy a pagar. Te voy a dar 35 pesos diarios. 35 pesos diarios en ese periodo era un ingreso que permitía vivir con comodidad en un cuarto de renta en la colonia Roma, donde Eduardo vivía y que representaba el primer reconocimiento económico concreto de que lo que él hacía tenía un valor de mercado. Ahora

hablemos del dinero con la precisión que esta historia merece. Lalo el mimo debutó como actor profesional en 1959. Apenas 4 años después, en 1963, fue reconocido como la revelación cómica del año. Ese tipo de reconocimiento en el mundo del entretenimiento mexicano de los años 60 era un catalizador económico específico.

 Los productores que leían las reseñas, los directores que necesitaban un cómico para completar un elenco, los programadores de radio y televisión que buscaban voces reconocibles. Todos comenzaban a buscar al nombre que los premios identificaban como el nuevo talento a seguir. La formación del dúo de mimos con Jorge Guzmán Urgel, su excompañero universitario de la UNAM, fue el primer movimiento empresarial significativo de la carrera del Alo.

 Un dúo cómico tiene ventajas económicas concretas sobre el actor individual, puede negociar contratos como unidad, puede dividir los costos de producción y transporte y puede crear un tipo de espectáculo que el actor individual no puede ofrecer por definición. El número que desarrollaron, donde uno se ocultaba detrás del otro y creaban ilusiones con las manos y el rostro, era suficientemente único como para que los productores lo buscaran específicamente y no simplemente como un actor cómico, más de los que circulaban en el mercado. La gira por Europa fue el

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