Pero en 2001 anunció que estaba embarazada y que se mudaría a Dos Quebradas, un municipio ubicado a unos 4 km de Pereira. Una vez instalada en Dos Quebradas, compartió que el embarazo era resultado de una relación con un hombre que en ese momento vivía en España. También mencionó que frecuentemente la acompañaba un amigo cercano de la familia, un sacerdote llamado José Francei.
Él era párroco en el municipio de Pueblo Unido, a más de 90 km de distancia, pero a pesar de eso, cada semana viajaba para visitarla, llevarle cosas y asegurarse de que no le faltara nada. En octubre de 2002 nació su hija, a quien llamó María Camila. La vida en el pueblo se desarrolló con tranquilidad. José Francy continuaba viéndolas, pendiente tanto de María del Carmen como de la Niña.
Pasaron los años y el 12 de febrero de 2007, luego de una llamada telefónica que hizo a su familia desde Mistró, María del Carmen desapareció junto con su hija. Ella tenía 31 años y María Camila, apenas cinco. Al tener más noticias, su familia intentó comunicarse con ella por teléfono. El celular timbraba como si estuviera encendido, pero siempre respondía el buzón de voz.
Dejaron varios mensajes hasta que la bandeja se llenó y ya no fue posible dejar más. La desaparición de madre e hija fue oficialmente reportada a finales de febrero de ese año. En ese momento, las autoridades colombianas iniciaron su búsqueda. Sin embargo, con el paso de los meses, no hubo avances ni noticias concretas, a pesar de que aseguraban estar trabajando en el caso.
Ante la falta de resultados, el hermano de María del Carmen decidió dar un último paso. publicó una foto de su hermana y su sobrina en un periódico con la esperanza de que alguien pudiera reconocerlas. Esto ocurrió en junio de 2007. El anuncio tuvo impacto, aunque no de la forma que la familia hubiera deseado.
La imagen fue vista por Everett Palacios, un investigador del cuerpo técnico de investigación de la policía colombiana. Al verla, recordó un caso sin resolver que él tenía entre manos desde hacía varios meses. El caso databa de febrero, el mismo mes en que madre e hija habían desaparecido. Palacios relató que el 15 de febrero recibieron un aviso por parte de un habitante de la zona rural.
Este hombre, mientras regresaba a su hogar por un camino poco transitado, encontró lo que parecían ser restos humanos. Las autoridades se trasladaron de inmediato al lugar y se encontraron con una escena delicada. Los cuerpos presentaban un nivel alto de deterioro por exposición al fuego. Solo se conservaron fragmentos de uno de ellos, lo que llevó a pensar que podría tratarse de un menor de edad, aunque en ese momento no fue posible confirmarlo con exactitud.
Junto a los cuerpos se encontraron algunos objetos personales, una medalla de la Virgen del Carmen, una evilla que parecía de sostén y un arete. Los tres estaban casi por completo calcinados. A través de la evilla y el arete se sospechó que al menos una de las víctimas era una mujer. Había además otro hallazgo importante, pero no sobre los cuerpos, sino en la vegetación cercana.
Se trataba de un negativo fotográfico. Aunque estaba húmedo y cubierto de lodo, no había sido destruido por el fuego. Los investigadores creyeron que tal vez podrían revelar las imágenes del negativo, [música] lo que podría ayudar a identificar a las víctimas, ya que el análisis forense tomaría mucho tiempo debido al estado en que se encontraban los cuerpos.
Ambos cuerpos fueron llevados a analizar con todos los exámenes forenses disponibles. El negativo fotográfico pudo recuperarse y revelaron tres imágenes. Una mostraba a una mujer, otra a un hombre y la tercera era una toma panorámica de un paisaje. Mientras tanto, los exámenes forenses indicaron que los restos pertenecían a una mujer de entre 30 [música] y 35 años y a una niña de entre 5 y 7 años.
Ambas presentaban lesiones en la zona de la cabeza. Debido al estado en que se encontraban, no fue posible obtener más información concluyente y los cuerpos permanecieron sin identificar [música] durante varios meses. Si bien se contaba con algunas fotografías reveladas, [música] la imagen de un hombre que aparecía en una de ellas fue descartada como relacionada con las [música] víctimas.
La única posibilidad era que la mujer en una de las fotos pudiera estar [música] vinculada con el caso, pero en ese momento no había elementos suficientes para [música] confirmar su identidad o procedencia. Todo cambió cuando el investigador vio el anuncio en el periódico. [música] Entonces pensó que tal vez había encontrado la identidad de las víctimas no reconocidas.
Los cuerpos habían sido hallados el 15 de febrero y según el anuncio del hermano de María del Carmen, [música] ella y su hija desaparecieron el día 12. Las fechas coincidían. Además, los perfiles también encajaban [música] una mujer y una niña de edades similares a las que arrojó el examen forense. Otro dato que llamó la atención del investigador fue la proximidad entre el lugar de la desaparición y el sitio donde hallaron los cuerpos.
Mistrató, el municipio desde donde desaparecieron, estaba a unos 75 km de Anserma, en el departamento de Caldas, donde habían sido encontrados. El investigador decidió entonces contactar a la familia que había publicado el anuncio. Para ese momento, los parientes de María del Carmen vivían en Cali. Viajaron a Caldas para saber si finalmente se había encontrado a María del Carmen y a la pequeña María Camila.
A las víctimas se les habían tomado fotografías tras el hallazgo y como se mencionó anteriormente, el rostro de la niña aún podía distinguirse. El hermano de María del Carmen reconoció de inmediato a la niña. También identificó la medalla de la Virgen del Carmen que apareció entre los restos, asegurando que él mismo se la había regalado a su sobrina.
Con todas las pruebas reunidas, se procedió a realizar pruebas de ADN, las cuales confirmaron que los cuerpos hallados en ese paraje abandonado pertenecían a María del Carmen y su hija María Camila. Además, al hermano de María del Carmen se le mostró la fotografía que había sido revelada del negativo.
No reconoció a la mujer en la imagen. Aseguró que no se trataba de su hermana cuando era joven ni de alguien que conociera. Sin embargo, sí identificó al hombre en la foto. Era José Francis Díaz. En ese momento, José Francei ya era el sacerdote de la iglesia en Mistrató. Y fue entonces cuando el hermano de María del Carmen hizo una revelación importante.
José Francei era el padre biológico de María Camila y también había sido la pareja sentimental de su hermana durante más de 15 años. En un principio, la policía dudó de esta información, pero pudieron comprobar que María Camila llevaba los apellidos de José France, incluyendo el apellido Díaz, el cual él mismo le había otorgado legalmente.
La familia de María del Carmen relató cómo había sido la relación entre ambos. Se conocieron en Buenos Aires, Valle del Cauca, cuando ella tenía apenas 17 años y él ya pasaba los 40. Aunque la diferencia de edad era significativa, comenzaron a pasar mucho tiempo juntos. Pero más allá de eso, lo que causaba el rechazo de la familia era el hecho de que él fuera el sacerdote del pueblo.
Con el tiempo, y dado que María del Carmen frecuentaba mucho la Iglesia, los habitantes comenzaron a sospechar, aunque nadie los acusó directamente de tener una relación. No obstante, ella misma se lo confesó a su madre y hermanos. Estaba involucrada sentimentalmente con José Francei. Él le daba muchos regalos, la ayudaba económicamente y además financiaba sus estudios.
Parecía que ella vivía un sueño. Según sus hermanos, incluso realizaban muchos viajes juntos y se mostraban como una pareja feliz. La familia decía que ella estaba muy enamorada y que para María del Carmen esa relación no era algo temporal. En algún momento del año 1996, José Fransei fue trasladado a Pueblo Rico para ejercer allí como sacerdote.
Ese mismo año, como ya se sabe, María del Carmen se mudó a Pereira. Ambos tomaron esta decisión buscando poner distancia entre ellos y evitar que la gente sospechara de la relación que mantenían. Aunque María del Carmen se había ido con él, su relación no era oficial, ya que él como sacerdote no podía tener pareja ni casarse.
A pesar de que aparentemente quería estar con ella, José France tampoco tenía intención de dejar el sacerdocio. Por un tiempo esta situación les funcionó. se mantuvieron separados físicamente y la relación quedó en secreto. Sin embargo, con el paso del tiempo, según contó la familia, María del Carmen empezó a cansarse de vivir a escondidas.
A sus amigas del pueblo les confesaba la verdad sobre su relacióny muchas le aconsejaban que lo dejara, que buscara a alguien con quien pudiera vivir su amor en libertad. Pero según decían, ella estaba muy enamorada y no quería dejarlo. Pensó que tal vez si tenían un hijo, él renunciaría al sacerdocio para formar una familia juntos.
El embarazo de María Camila, según se supo, no fue deseado por él, pero sí por ella. No obstante, en lugar de unirlos más, el nacimiento de la niña terminó alejándolos. Con el tiempo, él comenzó a visitarla con menos frecuencia. Primero iba una vez a la semana. Luego pasó a hacerlo cada 15 días y en muchas ocasiones ni siquiera cumplía con lo acordado.
Llegaba, le dejaba lo necesario y se iba rápidamente sin mantener mucho contacto ni comunicación. Frente a esta situación, María del Carmen, según contaron, empezó a amenazarlo con hacer pública la relación. le dijo que si hablaba él perdería su puesto como sacerdote. Además, su madre aseguró que ella creía que él ya estaba viendo a otra mujer.
Había escuchado rumores de que una joven de 20 años se estaba quedando en la casa cural y que él le decía a la gente del pueblo que era su sobrina. Pero María del Carmen sabía que él no tenía ninguna sobrina, así que entendía que era una mentira. Fue en febrero de 2007 cuando María del Carmen tomó la decisión de ir a Mistró para enfrentar la situación.
Quería confirmar si José Francis tenía otra mujer y además planeaba empezar a revelar públicamente que él era el padre de su hija. Llegó al pueblo el 7 de febrero y se quedó allí durante varios días. Comenzó a salir por las calles, a dejarse ver por la gente del lugar. Incluso durmió en la casa cural.
Todo esto generó rumores y comentarios entre los vecinos que empezaron a sospechar. En una ocasión le confesó a una joven que atendía [música] una tienda, a quien sospechaba como posible amante del sacerdote que la niña era hija de José Francei. Le mostró incluso los documentos del Registro Civil como prueba.
Este tipo de comentarios y la presencia visible de María del Carmen en el pueblo empezaron a incomodar a Francei. La atención fue en aumento. Poco después, vecinos del pueblo notaron algo extraño. De un día para otro dejaron de ver tanto a María del Carmen como a la pequeña María Camila. Su ausencia repentina dio lugar a sospechas, especialmente hacia el sacerdote.
Sin embargo, todo lo que había hasta ese momento eran indicios. No existía ninguna prueba concreta que vinculara directamente a José Francei con la desaparición y posterior asesinato de madre e hija. La investigación necesitaba pruebas más sólidas y fue entonces cuando apareció un testimonio clave, el de la empleada de limpieza de la casa cural.
Ella relató a la policía que el día 13 de febrero, un día después de la última llamada hecha por María del Carmen, llegó a realizar su trabajo habitual. Allí notó varias cosas fuera de lo normal. Se detectaron rastros sospechosos en varios lugares de la casa. En las escaleras que conectaban el primer y segundo piso, así como en el lavamanos del baño, se observaron manchas que llamaron la atención.
Uno de los puntos más preocupantes fue un colchón que también presentaba indicios irregulares. Además, las sábanas de esa cama habían sido cambiadas. La trabajadora del hogar, quien tenía una rutina bien establecida y prestaba mucha atención a los detalles, comentó que no eran las mismas sábanas que había dejado puestas el día anterior, ya que ella era la encargada de preparar las habitaciones a diario.
José Franó a la empleada que había cambiado las sábanas porque el perro se había vomitado sobre ellas. En cuanto a la sangre, le pidió que simplemente la limpiara y que no comentara nada con nadie. Con esa confesión, la policía consiguió una orden judicial para registrar la casa cural. Durante la inspección en la vivienda se utilizaron reactivos especiales para detectar posibles rastros que pudieran haber sido limpiados.
Estos análisis indicaron la presencia de residuos en distintas áreas de la casa, incluyendo la escalera, una pared, la parte inferior de una cama y un colchón. Estos hallazgos coincidían con lo que previamente había señalado el personal de limpieza. Las muestras de sangre fueron sometidas a pruebas de ADN y los resultados confirmaron que pertenecían a María del Carmen y a su hija María Camila.
Esa evidencia física vinculaba directamente a José Francei con la muerte de ambas. Con esto, la policía procedió a detenerlo. Fue arrestado y acusado formalmente de doble homicidio. Inicialmente, France se declaró inocente. Sin embargo, después de varias audiencias, terminó quebrándose. Escribió varias cartas en las que relataba con detalle lo sucedido aquella noche.

Según lo que dejó escrito, María del Carmen había llegado a Mistrató el 7 de febrero, acompañada por su hija. se quedó a dormir en la casa cural y durante los días siguientes salió varias veces al pueblo, lo que generó muchos comentarios entre los vecinos. Además, mientras estuvo en la casa, comenzó a buscar señales de que otra mujer estuviera viviendo allí.
En efecto, encontró pertenencias a nombre de alguien llamada Andrea. Para María del Carmen, eso fue la prueba definitiva de que José France tenía una relación con otra joven. Se sintió traicionada. Y a partir de ese momento todo empeoró. Francis escribió que comenzó a sentirse muy nervioso por el comportamiento de María del Carmen y que ante la presión tomó la decisión de deshacerse de ella.
Gracias a sus cartas también se supo que la mujer que aparecía en la fotografía del negativo encontrado meses antes cerca de los cuerpos era Andrea, la misma joven que él presentaba ante los habitantes del pueblo como su sobrina. Mientras José France pensaba cómo librarse de María del Carmen y de la Niña, decidió pedir ayuda a un hombre llamado José Antonio Morales, conocido por el alias de El Sepulturero.
Según lo que él mismo relató en sus cartas, fue entonces cuando contactó a Morales y le dijo que quería deshacerse de María del Carmen y de María Camila. En sus escritos, Francy asegura que nunca le pidió directamente que las matara, sino solo que lo ayudara a sacarlas del pueblo. De acuerdo con su relato, Morales llegó por la noche a la casa cural con una mochila en la que llevaba una herramienta del cementerio donde trabajaba.
Con esta herramienta, según Francei, ocurrió un altercado con María del Carmen. Posteriormente también se habría producido un acto de violencia en la habitación de la niña, lo que explicaría la presencia de manchas en ese espacio. Luego, según las cartas, Morales ayudó a Francei a trasladar discretamente a madre e hija fuera del pueblo.
se dirigieron hacia una zona apartada donde intentaron hacer desaparecer cualquier rastro que pudiera vincularlos con lo ocurrido. Sobre las manchas encontradas en la escalera, Francei explicó que tras el impacto María del Carmen habría caído por los escalones, lo que provocó esas marcas. Afirmó que regresó a la casa cural aproximadamente a las 2 de la madrugada.
Ese horario fue confirmado por testimonios de vecinos quienes declararon haberlo visto entrar con su vehículo a esa hora. Comentó también que se lavó las manos en el baño sin notar que había dejado restos visibles, lo cual explicaría lo que observó la trabajadora doméstica a la mañana siguiente. Finalmente, José Antonio Morales, el sepulturero, fue capturado y llevado a juicio por su implicación en los hechos.
En el año 2008, ambos involucrados fueron declarados responsables y se dictaron sus respectivas condenas. José Antonio Morales, conocido como el sepulturero, recibió una pena de 17 años y 2 meses de prisión. Por su parte, José France y Díaz Toro aceptó su responsabilidad dentro de un acuerdo legal y fue sentenciado inicialmente a 23 años de cárcel.
La familia de María del Carmen no estuvo conforme con esa decisión y presentó una apelación. Como resultado, [música] en el año 2013, la pena de France fue aumentada a 45 años y 10 meses de prisión. Además, la Iglesia Católica fue obligada a pagar una indemnización significativa a los familiares de María del Carmen.
Esta medida se tomó porque, según los informes, el obispo de la época ya había recibido comentarios de personas del pueblo sobre ciertos rumores que circulaban en torno a José Frani. Aunque no tenía detalles concretos ni nombres específicos, se consideró que no tomó medidas para investigar o detener la situación. [música] La compensación económica fue repartida entre la madre de María del Carmen y sus 10 hermanos.
En su última declaración, José Francés sostuvo que era una persona íntegra y que no había causado daño a nadie. Este testimonio contrastó con los fallos judiciales y con lo que afirmaban varios medios, especialmente los escritos. Francei insistió en que toda la responsabilidad recaía sobre José Antonio Morales y que en ningún momento le había pedido que cometiera ningún acto violento.
Según esta versión, él solo buscaba ayuda para resolver una situación personal complicada. Si esa versión fuera correcta, su rol legal habría sido como colaborador, no como autor principal del hecho. Sin embargo, en varios reportes de prensa se recoge otra versión. El sepulturero habría declarado que solo intervino una vez contra María del Carmen y que cuando llegó a la casa cural, ella ya tenía visibles signos de violencia.
También afirmó que quien causó el fallecimiento de la menor habría sido José Francei. Además de todo lo mencionado, existen varios documentales en los que se muestra al hombre conocido como el sepulturero, aceptando su responsabilidad en el caso. Sin embargo, en las grabaciones disponiblesno queda completamente claro qué cargos específicos está reconociendo.
En una parte, sí se puede observar que admite haber golpeado a María del Carmen con una maceta, pero no se encuentra evidencia. visual clara, al menos en lo que se ha podido revisar públicamente, de que también haya asumido responsabilidad directa por el fallecimiento de la menor, ni que haya sido él únicamente quien causó la muerte de María del Carmen.
Esta ambigüedad ha generado cierta confusión. Mientras tanto, José Francei continúa sosteniendo que no fue responsable de ningún acto violento. Aún así, muchos medios de comunicación, especialmente los impresos, lo presentan como autor de los hechos que terminaron con la vida de su pareja sentimental y de la hija que tuvo con ella, María Camila.
[música] Más allá de los aspectos legales, lo que sí parece evidente es que José Francei no deseaba mantener vínculo alguno con María del Carmen ni con la niña. Según el relato de personas cercanas, él nunca quiso asumir las consecuencias de esa relación que representaba para él una ruptura con los votos que había hecho como sacerdote.
En ese contexto, tanto María del Carmen como su hija parecían significar una carga que él no estaba dispuesto a reconocer públicamente. Otro aspecto que se ha mencionado en diversas investigaciones y reportajes es que Fran mantenía vínculos con mujeres jóvenes. María delCarmen tenía menos de 18 años cuando comenzaron su relación y años después se mencionó a otra joven de aproximadamente 20 años que vivía con él, a quien presentaba como su sobrina.
No se sabe con certeza si antes de conocer a María del Carmen o durante sus años en otros destinos parroquiales tuvo otras relaciones similares, lo cual deja algunas preguntas abiertas sobre su conducta. En resumen, aunque algunos elementos del caso siguen sin esclarecerse del todo, la justicia ya emitió su sentencia y France está cumpliendo una condena extensa.
Dado su estado actual y edad, es probable que pase el resto de su vida en prisión. ¿Qué opinas sobre cómo se trató a la familia de las víctimas en este proceso? ¿Conoces otros casos parecidos donde las versiones de los involucrados contradicen las pruebas? Deja tu opinión en los comentarios y no olvides suscribirte al canal.