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El Último Mensaje de ARIEL CAMACHO: Su Novia Lo Envió a las 2AM y Él Nunca Lo Leyó | La Verdad

El Último Mensaje de ARIEL CAMACHO: Su Novia Lo Envió a las 2AM y Él Nunca Lo Leyó | La Verdad

María Arellanes le escribió a las 2 de la madrugada. No fue un mensaje largo, fue el tipo de mensaje que se manda cuando uno se queda despierto pensando en la persona que está lejos y que  quiere que esa persona sepa que está ahí, que la piensa, que lo espera. El teléfono de Ariel Camacho no respondió  porque a esa hora, en la carretera Angostura la Reforma de Sinaloa, el onda acorde en que viajaba Ariel con cinco compañeros, ya había salido del asfalto.

 Las marcas de frenado medían 80 m,  80 m de asfalto quemado, donde el conductor intentó parar algo que ya no tenía manera de pararse. El coche había terminado en un canal. En la oscuridad de la madrugada sinaluence, alguien que pasó por ahí llamó al número de emergencias con la descripción que se da en esos casos.

  Un automóvil color arena gravemente accidentado. En la carretera que va hacia Angostura. Ariel Camacho tenía 22 años, la misma edad que María, el mismo año de nacimiento, horas  antes del accidente, él le había escrito: “No a las 2 de la madrugada, sino antes, cuando todavía estaba  en el carnaval de Mocorito, en el escenario del que bajó para subirse a otro coche en otra dirección,  le había escrito que la amaba, que quería pasar toda su vida con ella.

 Ella  leyó ese mensaje cuando ya era de día, cuando ya sabía lo que había pasado en la carretera, cuando el teléfono  de Ariel, que no había respondido en la madrugada, ya no iba a responder nunca. Y lo que Ariel le había pedido que hiciera  si algo le pasaba, una rosa roja en la tumba, ese sería el símbolo del amor eterno que él tenía por ella.

 No flores genéricas de condolencia, una rosa roja. La especificidad de alguien que pensó en ese momento y que quiso que el momento fuera exactamente así.  María fue a Aljuei con la rosa roja, el chico que con 22 años ya tenía nominaciones al billboard y al Grammy Latino, el que en 14 meses  de carrera había llevado al número uno de la música regional mexicana a un grupo que nadie conocía el mes anterior, el que la noche antes de morir había subido  a un escenario sin que nadie lo hubiera invitado, porque el escenario

estaba ahí y la música estaba en él y el público estaba ahí para recibirla. La última canción que  cantó fue el karma. Bienvenido a este video. Hoy contamos la historia completa de Ariel Camacho, la del chico de Algüey que empezó tocando en  las fiestas del pueblo con su padre cuando todavía era un niño.

 la de los 14 meses que tardó en pasar de buscar músicos para su grupo a estar en el número uno de México,  la de la madrugada del 25 de febrero de 2015 en la carretera de Angostura y la de lo que quedó después,  el legado que los artistas más grandes del regional mexicano siguen reconociendo, la tumba en Alguey que recibe flores de personas  que nunca lo conocieron y María con la rosa roja.

 Todo lo que cuento aquí tiene fuentes  reales. Declaraciones de las personas que lo conocieron, documentación del accidente,  las entrevistas de su novia y de su manager. En este canal no inventamos. Si este tipo de historias te llaman  la atención, suscríbete al canal y dale like al video. Con eso me ayudas a que más personas encuentren estas historias.

  Gracias de verdad. Empieza la historia. Ariel Camacho nació el 8 de noviembre de 1992 en Algüey, una comunidad pequeña del municipio  de Angostura, en el norte de Sinaloa. Algüey es el tipo de lugar que el mapa de México no encuentra fácilmente. un ejido del valle del río Sinaloa,  donde la economía del campo organiza el tiempo y donde las fiestas, las bodas,  los 15 años y las fiestas patronales marcan el ritmo del año social, un lugar donde la música regional mexicana no es un género de consumo, sino el idioma

cotidiano con que la comunidad celebra y llora y se  junta. Su padre era músico. El tipo de músico que en los municipios del norte de Sinaloa tiene el trabajo que ese tipo de músico tiene,  las fiestas del fin de semana, el repertorio que el público pide, la capacidad de leer lo que la gente en la pista de baile necesita en cada momento.

No el músico de la disquera  ni el de las plataformas de streaming. El músico que cuando llega a un evento la gente lo conoce  y sabe lo que va a escuchar. Ariel aprendió de su padre la guitarra y aprendió también lo que la guitarra de las fiestas enseña antes que cualquier escuela de música, que la música que vale es la que hace que la gente sienta algo en el momento en que la escucha, que el técnico que hace cosas difíciles  sin que el público las sienta está haciendo algo para sí mismo y no para el público. Que

la simplicidad que llega al  corazón vale más que la complejidad que solo impresiona a los que saben música. A los 10 años ya tocaba en pequeños eventos. No como prodigio que los adultos  miran con ternura, como músico en formación que toma en serio lo que aprende y que ya a los 10  años tiene la actitud del que toca porque quiere tocar y no porque alguien lo lleva.

 Los años de adolescencia en Algüy fueron los años en que Ariel desarrolló el estilo de guitarra que los músicos que lo conocieron reconocieron desde el principio como algo propio. La manera de atacar las cuerdas, el fraseo específico que su mano izquierda producía en el mástil,  el ritmo de la rasguiada que en el cierreño sinaloense es la columna sobre la que la melodía se construye.

 Ese estilo no se aprende en  un libro. Se construye en años de tocar en las fiestas del pueblo, de observar cómo el público responde o no responde, de ajustar lo que uno hace según lo  que el momento requiere. Ariel lo construyó en Algüey, en las fiestas del municipio de Angostura, en el circuito informal que es la verdadera escuela de los músicos del norte.

 En noviembre de 2013, con 21 años, Ariel decidió que era el momento de formar un grupo. No el proceso de la disquera que convoca audiciones ni el del manager que busca talento en concursos.  El proceso directo del músico de Sinaloa, que sabe exactamente qué quiere sonar y sale a buscar a las  personas que pueden producir ese sonido con él.

encontró a César Sánchez, segunda voz, guitarrista, la persona  que podía cantar en armonía con Ariel de la manera que el estilo requería, donde las dos voces no compiten, sino que se complementan para producir algo que ninguna de las dos puede producir sola, encontró a Omar Burgos. Tubero, el instrumento debajo que en la música de banda sinaloense y en el cierre es el cimiento sobre el que el resto se construye, el tuba que marca el tiempo y que le da al conjunto el peso que sin él no tiene. Los tres,  eso era los

pleves del rancho, guitarra, segunda voz y tuba, el formato mínimo del cierreño, el que  permite que tres personas produzcan el sonido que en otro formato requeriría una banda completa. La economía del sierreño  como ventaja. Tres músicos que caben en cualquier coche, que no necesitan el camión de equipo que la banda grande necesita, que pueden llegar a los eventos donde la banda grande no llega  porque el costo logístico es demasiado alto.

 En diciembre de 2013,  un mes después de formarse, grabaron Rey de Corazones. La canción que  Ariel había escrito y que su manager Jaime González supo desde el momento en que la escuchó que tenía algo que no todas las canciones tienen. La diferencia entre la canción que  suena bien y la canción que suena como si siempre hubiera existido y estuviera esperando que alguien la grabara.

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