Posted in

LA POLICÍA DE LA CIUDAD DE MÉXICO SE ENFRENTA A LADRONES EN LOMAS DE CHAPULTEPEC: UNO FUE ABATIDO

 Ya no se trata de ladrones oportunistas que entran a casas deshabitadas. Ahora operan células organizadas, muchas integradas por personas de origen extranjero que se especializan en robos a casas de lujo. Rentan propiedades cercanas a las zonas que planean asaltar, estudian los movimientos de los vecinos y actúan con rapidez casi quirúrgica.

 En marzo de 2026, apenas días antes de este incidente, la policía capitalina detuvo a una mujer llamada CelN, acusada de ser parte de una red que rentaba alojamientos vía Airbnb para facilitar robos a casa habitación en colonias de la Alcaldía Miguel Hidalgo. La investigación reveló que personas de origen colombiano usaban esas propiedades como base de operaciones.

 Se hacen pasar por turistas, estudian las rutinas de seguridad privada, identifican las casas más vulnerables y actúan en horarios donde hay menos vigilancia. Lomas de Chapultepec, a pesar de ser una zona con alta presencia de guardias privados y sistemas de seguridad sofisticados, no ha estado exenta de este fenómeno criminal.

 Los delincuentes saben que ahí hay dinero y están dispuestos a correr el riesgo. La tarde del 4 de abril de 2026, ese riesgo se materializó en balas y sangre. El reporte llegó a la frecuencia de radio de la policía capitalina alrededor de las 8 de la noche. Un guardia de seguridad privada que patrullaba la zona de montañas rocosas notó algo extraño.

Dos hombres ingresaron a una residencia de forma sospechosa. No tocaron el timbre, no llegaron en un vehículo registrado, simplemente entraron con herramientas. El vigilante, entrenado para detectar este tipo de actividad, no intentó intervenir directamente, marcó al número telefónico de cuadrante de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y se mantuvo a distancia observando los elementos de la policía capitalina que recibieron el aviso sabían que el tiempo de respuesta era crítico.

 En Lomas de Chapultepec, los delincuentes pueden entrar y salir en menos de 10 minutos. Si no llegaban rápido, los sujetos ya habrían desaparecido con el botín. Se implementó un despliegue operativo inmediato. Varias patrullas se dirigieron al sitio bloqueando las salidas principales de la calle. Cuando los agentes llegaron, vieron a dos hombres saliendo corriendo de la vivienda señalada.

 Uno cargaba una mochila, el otro llevaba una caja fuerte bajo el brazo. Al notar la presencia policial, los sujetos se detuvieron por un instante. Podían rendirse y enfrentar un proceso legal o podían intentar escapar. elegieron lo segundo. Uno de los hombres corrió hacia una camioneta Range Rover negra estacionada a metros de la entrada.

 El otro sacó un arma de fuego corta y comenzó a disparar contra los policías. Las detonaciones resonaron en la calle residencial. Los vecinos que estaban en sus casas escucharon los balazos y se tiraron al suelo. Algunos llamaron al 911. Los elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, al verse bajo fuego, repelieron la agresión.

 El protocolo es claro. Si un sujeto armado dispara contra la autoridad, los agentes pueden usar la fuerza para salvaguardar su integridad. Los policías devolvieron los disparos mientras buscaban cobertura detrás de sus patrullas. El hombre que había disparado intentó retroceder hacia la camioneta, pero fue alcanzado por los proyectiles de los agentes.

 Cayó al suelo herido de gravedad. Su cómplice, que ya había logrado abordar el vehículo, intentó arrancarlo, pero los policías lo rodearon antes de que pudiera maniobrar. Con las armas apuntándole desde varios ángulos, el sujeto de 28 años levantó las manos y se rindió. No disparó, no resistió. Sabía que no tenía salida.

 Paramédicos de la Ciudad de México arribaron al lugar para atender al hombre herido. Le tomaron los signos vitales, pero el diagnóstico fue inmediato, sin vida. Las heridas de bala habían sido fatales. Su cuerpo quedó tendido en la calle montañas rocosas a metros de la casa que intentó robar. El operativo había durado menos de 15 minutos.

 Desde que el guardia hizo el reporte hasta el último disparo pasaron apenas unos minutos. Pero en ese breve lapso, la violencia había estallado en una de las colonias más caras de la Ciudad de México. La zona fue acordonada de inmediato. Los policías colocaron cinta amarilla alrededor del área. Ningún vehículo podía entrar o salir. Los peritos de la Fiscalía General de Justicia fueron notificados para iniciar el levantamiento de indicios.

 La camioneta Range Rover fue asegurada como evidencia. Dentro. Los agentes encontraron no solo la caja fuerte robada, sino también dos armas de fuego cortas, cartuchos útiles y una mochila con herramientas especializadas para forzar puertas y ventanas. También había guantes, pasamontañas y fajos de efectivo.

 El detenido esposado y bajo custodia policial fue trasladado a las instalaciones de la Secretaría de Seguridad Ciudadana. no dijo nada durante el traslado. Los agentes leyeron sus derechos, pero él permaneció en silencio. Sabía que enfrentaba cargos graves, robo con violencia, aportación de arma de fuego, resistencia de particulares.

 La escena del crimen en montañas rocosas fue procesada con minuciosidad. Los peritos de la Fiscalía capitalina llegaron poco después del enfrentamiento. Su trabajo era reconstruir lo sucedido a partir de los indicios físicos. casquillos percutidos, trayectorias de bala, manchas de sangre. Cada detalle importaba para determinar si el uso de la fuerza por parte de los policías había sido justificado.

 Lo primero que documentaron fue la posición del cuerpo del hombre abatido. Estaba tendido a metros de la camioneta Range Rover con el arma de fuego cerca de su mano derecha. Los casquillos percutidos alrededor confirmaban que él había disparado primero. Los peritos contaron al menos seis casquillos del calibre utilizado por el delincuente y otros tantos de las armas reglamentarias de los policías.

 Las trayectorias balísticas mostraban que los disparos del sujeto fueron dirigidos hacia las patrullas policiales. No había duda, había sido una agresión directa. Dentro de la camioneta, además de las dos armas cortas aseguradas, encontraron la caja fuerte que los delincuentes habían sacado de la vivienda. Pesaba aproximadamente 20 kg y tenía marcas de haber sido arrancada de la pared con herramientas de palanca.

 Los peritos también hallaron una mochila que contenía desarmadores, pinzas, linternas tácticas, guantes de nitrilo, pasamontañas y fajos de billetes que sumaban alrededor de 50,000 pesos en efectivo. Los sujetos ya habían ingresado a otras habitaciones de la casa antes de que llegara la policía. El periodista Carlos Jiménez, quien cubre temas de seguridad en la Ciudad de México, compartió imágenes del operativo en sus redes sociales.

Read More