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EL CHE COMO ‘EL MAGO’ — Los AÑOS DESCONOCIDOS En CUBA Que La HISTORIA OFICIAL NUNCA CONTÓ

 

La Habana, Cuba, 1959. Mientras el mundo conocía a Ernesto Che. Guevara como el feroz comandante guerrillero con boina negra y mirada penetrante. En los rincones más apartados de la isla comenzaba a circular otro nombre para referirse a él, el mago. Un apodo que revelaba una faceta del revolucionario argentino que la historia oficial ha minimizado sistemáticamente.

su extraordinaria labor como médico rural y su capacidad para ganarse la confianza de campesinos que nunca antes habían visto a un doctor. Para entender al che completo, hay que conocer al médico que había en él, no solo al guerrillero, explica Rosa Jiménez, enfermera que trabajó junto al Che durante los primeros años de la revolución y que hoy, a sus 87 años es una de las pocas testigos vivas de esta faceta poco documentada.

Aunque oficialmente Guevara ocupaba cargos de alto nivel en el nuevo gobierno revolucionario, primero como jefe de la cabaña y luego como ministro de industria, pocos saben que durante los primeros dos años después del triunfo de la revolución, dedicaba casi todos sus fines de semana y muchas noches a viajar a las zonas más remotas de Cuba para atender personalmente a campesinos que nunca habían tenido acceso a servicios médicos.

El Che nunca dejó de ser médico, recuerda Manuel Córdoba, ex colaborador de Guevara en el Ministerio de Industria. Incluso en medio de reuniones cruciales sobre la economía cubana, si llegaba noticia de alguna emergencia médica en comunidades rurales donde no había doctores, interrumpía todo. Tomaba su pequeño maletín médico que siempre mantenía listo y partía inmediatamente.

Esta dualidad entre el alto funcionario y el médico rural pasó desapercibida para la prensa internacional y fue minimizada por la historiografía oficial que prefería enfatizar su imagen de guerrillero y teórico revolucionario. Sin embargo, para miles de campesinos cubanos, especialmente en las provincias de Pinar del Río y la Antigua Oriente, el Che era ante todo el mago que curaba enfermedades y aliviaba dolencias que habían afligido a sus familias durante generaciones.

El apodo surgió naturalmente, explica Jiménez. En Las Martinas, un pueblo remoto de Pinar del Río, el Che diagnosticó y trató correctamente una extraña enfermedad cutánea que había afectado a varias familias durante años y que los curanderos locales no habían podido resolver. Una anciana, asombrada por la rapidez con que sus nietos mejoraron, comentó que ese argentino tiene magia en las manos.

El apodo se extendió rápidamente. Lo que hacía especial al Che como médico no era solo su conocimiento científico, sino su capacidad para integrar ese saber con el respeto hacia las tradiciones locales y la medicina popular. A diferencia de otros médicos urbanos que despreciaban las prácticas tradicionales, Guevara escuchaba atentamente a los curanderos locales, aprendía sobre plantas medicinales autóctonas y combinaba estos conocimientos con la medicina moderna que había estudiado en Argentina.

Recuerdo una noche en la Sierra Maestra después del triunfo revolucionario. Cuenta Córdoba. Habíamos regresado para inaugurar una pequeña clínica rural. Un niño llegó con una fiebre altísima que no respondía a los medicamentos convencionales. El Che pidió hablar con la santera local, una anciana que todos respetaban.

Juntos prepararon una infusión de hierbas que, combinada con los antibióticos que teníamos logró bajar la fiebre. La medicina no tiene banderas ni ideologías, nos dijo esa noche. Una revolución que no puede curar a un uño con fiebre no merece llamarse revolución. Esta actitud pragmática y respetuosa generó una confianza extraordinaria entre poblaciones que históricamente habían recelado de médicos y funcionarios gubernamentales.

En algunas comunidades aisladas, familias que habían ocultado a sus enfermos durante generaciones por temor o superstición comenzaron a buscar ayuda médica gracias a la intervención personal del Che. Era común ver filas de gente esperándolo cuando se corría la voz de que el mago visitaría algún pueblo. Recuerda Jiménez.

Muchos caminaban durante días desde comunidades vecinas. El Che atendía a todos sin importar cuánto se extendieran las jornadas. A veces lo vi trabajar 24 horas seguidas, examinando paciente tras paciente con la misma atención meticulosa al primero que al último. Lo que comenzó como iniciativas personales del Che pronto se transformó.

en un enfoque sistemático para revolucionar la atención médica en zonas rurales de Cuba. Guevara desarrolló un modelo que años después sería adoptado oficialmente como parte del sistema de salud cubano, pero cuya autoría intelectual ha sido diluida en la historia oficial. El Che entendió algo fundamental que la mayoría de planificadores de salud no comprendían en los años 60, explica el Dr.

 Fernando Alonso, historiador médico cubano. Vio que no bastaba con construir hospitales y enviar médicos a zonas rurales. Era necesario crear un sistema donde la comunidad misma participara activamente en su propia salud. Este enfoque revolucionario para su época combinaba formación rápida de personal local como auxiliares sanitarios, programas de prevención adaptados culturalmente a cada región y respeto por los conocimientos tradicionales mientras se introducía gradualmente la medicina científica.

En Sierra Cristal, en la antigua provincia de Oriente, el Che implementó un programa piloto que transformó la salud de toda la región. Relata Jiménez. Seleccionó jóvenes campesinos con habilidades básicas de lectura y los entrenó como colaboradores de salud. Estos jóvenes aprendían procedimientos médicos básicos y servían como puente entre la comunidad y los médicos que visitaban periódicamente.

Este modelo de médicos descalzos, como se conocería posteriormente, permitió extender la atención sanitaria a zonas donde era imposible mantener médicos permanentes debido a las limitaciones de recursos y personal en los primeros años de la revolución. El Che nos enseñó que la medicina rural no era simplemente trasladar el modelo hospitalario al campo, explica Córdoba.

Era crear un nuevo paradigma donde el médico no era un extraño que imponía tratamientos incomprensibles, sino un aliado que trabajaba con la comunidad. Particularmente innovador fue el enfoque del che hacia enfermedades que tenían fuertes componentes psicosomáticos o culturales. En varias regiones de Cuba existían síndromes locales como el mal de ojo o el empacho, que la medicina tradicional trataba como supersticiones, pero que causaban sufrimiento real en las poblaciones.

El Che nunca ridiculizaba estas creencias. Recuerda, Jiménez, estudiaba los síntomas reales, identificaba las posibles causas médicas subyacentes y luego desarrollaba tratamientos que respetaban las creencias locales mientras introducían elementos de medicina científica. Si un paciente cree que su dolor es causado por un espíritu, de nada sirve decirle que los espíritus no existen.

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