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CABO VERDE: Así es el país de VOZINHA que hizo SUFRIR a MESSI

Portugal las convirtió rápidamente en una pieza clave de su imperio, pero no por lo que se producía en las islas. Tierra árida, lluvias escasas, suelo volcánico poco fértil, sino por dónde estaban paradas, justo en el cruce entre Europa, África y América, un puerto de escala perfecto.

Y ese puerto de escala se transformó durante siglos en uno de los nodos más activos del tráfico de esclavos hacia América. Miles y miles de personas secuestradas en el continente africano pasaban por los puertos de Cabo Verde antes de cruzar el Atlántico rumbo a Brasil, el Caribe y lo que hoy es Estados Unidos.

Las islas funcionaban como punto de tránsito de aclimatación, la palabra que usaban los propios traficantes y de comercio. De ese cruce forzado entre colonos, portugueses y africanos esclavizados nació la población caberdiana, tal cual la conocemos hoy. Una sociedad criolla, mestiza, con idioma propio, el crioulo, que convive con el portugués y con una identidad que no termina de encajar del todo ni en Europa ni en el resto de África.

es literalmente un pueblo que nació de la colonización y de la trata, no fue conquistado siendo previo a ella. El negocio de esclavos sostuvo la economía de las islas durante siglos, cuando en 1867 se abolió el tráfico. El interés comercial de Portugal por Cabo Verde se desplomó casi de un día para el otro. Las islas dejaron de ser rentables y pasaron a ser básicamente una posesión colonial que Lisboa mantenía más por inercia geopolítica que por conveniencia económica.

Y ahí empieza la parte más dura y menos conocida de esta historia, el hambre que se llevó un tercio del país. Cabo Verde es un archipiélago volcánico con suelos pobres y lluvias irregulares. Cuando la lluvia fallaban y en un clima así fallaris la norma más que la excepción, el resultado era sequía. Y sequía en una economía de subsistencia bajo dominio cultural significaba una sola cosa, ambruna.

Durante los siglos de dominio portugués, las islas sufrieron series repetidas de sequías devastadoras, pero hay una que quedó grabada en la memoria colectiva Caboverdiana como una herida abierta la de 1941 a 1948. Durante esos 7 años, la falta de lluvia destruyó las cosechas de forma sostenida.

Y mientras la población se moría de hambre, el gobierno colonial portugués respondió con lo que las crónicas históricas describen como una indiferencia total. No se envió ayuda humanitaria significativa. No hubo un plan de contingencia real. Las islas quedaron libradas a su suerte mientras la gente moría por inanición. El número final todavía golpea.

Se estima que murieron unas 50,000 personas. Para dimensionarlo, eso representó casi un tercio de la población total de Cabo Verde en ese momento. Un tercio. No una guerra, no una epidemia traída de afuera, hambre lisa y llana, mientras la potencia colonial que gobernaba las islas miraba para el otro lado. Esta no fue la única hambruna de la historia caboana.

Hubo otras a lo largo del siglo XIX y principios del siglo XX, pero sí la más brutal y la que terminó de sembrar algo que hasta ese momento no tenía tanta fuerza en las islas, la conciencia de que el modelo colonial no solo no protegía a la población, sino que directamente la dejaba morir cuando dejaba de servirla económicamente. Fue en este contexto sequía, hambre y un imperio que ni se dignaba mandar ayuda y encima una dictadura instalada en la propia Portugal de los años 30 que empezó a gestarse la idea de que la independencia no era una opción más, era

una necesidad de supervivencia y ahí aparece la figura que todo cabo verdiano reconoce apenas se nombra Amilcar Cabral, el hombre que no llegó a ver su país libre. Amil Car Cabral nació en 1924, pero no en Cabo Verde. Nació en Guinea Visao, otra gran colonia portuguesa en África de padres caboanos.

se formó como ingeniero agrónomo en Lisboa en una época en la que la capital portuguesa, sin quererlo, se había convertido en un punto de encuentro de estudiantes de todas las colonias africanas del imperio. Ahí, entre pasillos universitarios y reuniones clandestinas, se fue tejiendo buena parte del pensamiento anticolonial que después incendiaría el continente.

Cabral no era un dirigente político de esos que buscan el aplauso fácil. era ante todo un pensador. Sostenía que la liberación de un pueblo no se lograba solamente echando al colonizador. Había que reconstruir la cultura, la identidad y la economía. Que la lucha armada sin transformación social era una victoria a medias.

En 1956 fundó en el exilio el Partido Africano para la Independencia de Guinea y Caboverde, el PAI Gescé, con militantes de las dos colonias trabajando codo a codo. La idea de Cabral desde el principio fue ambiciosa y para la época casi inédita, que Guinea, Visao y Cabo Verde se liberaran juntas y que además terminaran unidas en un mismo país.

En 1961 empezó la lucha armada en el continente africano. Cientos de cabo verdianos cruzaron el mar para pelear en una guerra de guerrillas que duraría más de una década, mientras en las islas la resistencia era comparativamente mucho más silenciosa, casi simbólica frente a lo que ocurría en el continente. Cabral nunca llegó a ver el resultado de su lucha.

El 20 de enero de 1973 en Conacri fue asesinado por espías infiltrados dentro de su propio partido. Tenía 48 años. Apenas 8 meses después, en septiembre de 1973, Guinea Visao declaraba unilateralmente su independencia. Cabral se había quedado a las puertas. Lo que terminó de destrabar la independencia de Caboverde no pasó en las islas ni en el continente africano.

Pasó en Lisboa en abril de 1974. La revolución de los claveles derrocó a la dictadura portuguesa que llevaba casi 50 años en el poder. De un día para el otro, el imperio colonial portugués perdió toda voluntad de sostenerse y el proceso de descolonización se aceleró en todos los territorios africanos.

El 5 de julio de 1975, Cabo Verde proclamó su independencia y ahí pasó algo que no había ocurrido antes en la historia. Un mismo partido político, el PAI GC, pasó a gobernar simultáneamente dos países distintos, Guinea Visao y Cabo Verde, con la idea original de Cabral de unirlos algún día flotando de fondo. Esa unión nunca se concretó.

En 1981, un golpe de estado en Guinea Visau rompió el vínculo entre ambos países y el partido Cabo Verdiano tomó identidad propia. Nació el país B, el partido africano para la independencia de Cabo Verde, ya separado orgánicamente de Guinea. Cabo Verde había nacido libre, pero seguía siendo en esencia un puñado de islas pobres con suelo árido, sin recursos naturales de peso y con una historia de hambrunas que todavía estaba fresca en la memoria de la gente que acababa de conseguir la independencia.

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