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Los Nazis Nunca Sospecharon Que Una Maestra Sorda Usaba El Lenguaje De Signos Para Salvar Vidas

Los Nazis Nunca Sospecharon Que Una Maestra Sorda Usaba El Lenguaje De Signos Para Salvar Vidas

Los nazis nunca sospecharon que una maestra sorda usaba el lenguaje de signos para salvar vidas. El oficial entró al aula sin llamar. Era la manera en que entraban siempre sin llamar, porque llamar implicaba pedir permiso y ellos no pedían permiso para nada y menos para entrar en el aula de una escuela de niños sordos en el Berlín de 1942, donde una maestra de 43 años estaba de espaldas a la puerta escribiendo algo en la pizarra.

La maestra no se giró. El oficial esperó, luego carraspeó, luego golpeó el suelo con la bota. La maestra siguió escribiendo. Uno de sus agentes tocó el hombro de la maestra. Ella se giró, vio al oficial y en su cara apareció la expresión de alguien que acaba de darse cuenta de que hay personas en la habitación.

Una expresión completamente natural, completamente creíble. La expresión exacta de alguien que no había escuchado entrar a nadie porque no podía escuchar nada. Porque Hildegard W era sorda desde los 4 años. Llevaba 39 sin escuchar un solo sonido del mundo. El oficial le habló. Ella señaló sus propios oídos. Luego señaló el cuaderno sobre su mesa indicando que podía escribirle lo que necesitara decirle.

El oficial con la incomodidad específica de quien está acostumbrado a usar la voz como instrumento de autoridad y se encuentra de repente sin ese instrumento. Garabateó una pregunta en el cuaderno sobre actividades sospechosas en la escuela, sobre si había visto estudiantes con comportamientos inusuales, sobre si había personas no autorizadas visitando el centro.

Hildegard leyó la nota, asintió con seriedad, cogió el bolígrafo y escribió una respuesta cuidadosa [música] y completamente inútil sobre la rutina diaria de la escuela, que no contenía ningún dato de valor, pero que estaba formulada con la precisión de alguien, que se toma muy en serio responder a las preguntas de las autoridades.

El oficial leyó la respuesta, la consideró suficiente, se marchó. Cuando la puerta se cerró, Hildegard se giró hacia sus 16 alumnos que habían presenciado toda la escena en silencio absoluto. ¿Qué era el silencio de personas que no escuchan, pero que ven todo, que habían visto al oficial entrar y habían visto a su maestra responder con calma y habían visto al oficial marcharse sin obtener lo que buscaba.

Hildegard los miró uno por uno, luego movió las manos en lengua de signos, en el idioma que los nazis nunca se habían molestado en aprender, porque para ellos era el idioma de los deficientes. Les dijo tres palabras: “Todo está bien. Lo que el oficial nunca supo, lo que ninguno de los 11 registros en 4 años pudo descubrir, era que en ese aula de niños sordos en el Berlín de 1942 se estaba desarrollando uno de los sistemas de comunicación clandestina más sofisticados y más invisibles de toda la resistencia alemana. Un sistema

construido sobre un lenguaje que los nazis despreciaban tanto que nunca pensaron en vigilarlo y que una maestra sorda había convertido en el arma más silenciosa de la guerra. Esto es lo que pasó. Parte uno. El mundo antes de la oscuridad. ¿Quién era Hildegard? Para entender a Hildegard Wis, hay que entender primero lo que significaba ser sorda en la Alemania de principios del siglo XX, porque la sordera no era entonces simplemente una condición médica, sino una posición social que determinaba casi todo lo demás en la vida de una persona,

desde las expectativas que su familia tenía sobre ella hasta las oportunidades que el mundo le ofrecería. Y Hildegard había pasado toda su vida navegando ese territorio con una combinación de inteligencia práctica y obstinación tranquila, que la gente que la conocía describía siempre con las mismas palabras, aunque no se hubieran puesto de acuerdo para usarlas.

Decían que Hildegard era imposible de intimidar, no en el sentido dramático de alguien que no tiene miedo, porque Hildegard tenía miedo como cualquier ser humano, sino en el sentido más preciso de alguien a quien la intimidación como mecanismo de control simplemente no le funciona, porque ha pasado demasiados años en un mundo donde la mayoría de los mecanismos de control social operan a a través del sonido y ella no escucha el sonido.

Hildegard Marie Wes nació el 4 de marzo de 1899 en Leipzig, segunda hija de un profesor de matemáticas de instituto y de una pianista que había abandonado la carrera profesional al casarse, pero que seguía tocando en casa cada tarde con una regularidad que sus hijos describían después como el ritmo del hogar.

La manera en que sabían qué hora era sin mirar el reloj, porque la pieza que su madre tocaba correspondía a una hora determinada del día. A los 4 años, Hildegard tuvo meningitis bacteriana. Sobrevivió, pero la infección destruyó las células iliadas del oído interno de manera irreversible. Cuando se recuperó, el mundo había perdido toda su dimensión sonora y no iba a recuperarla.

Lo que ocurrió en los años siguientes en la familia W fue un proceso que su padre documentó en una serie de cartas a un colega en las que reflexionaba sobre la educación de una hija sorda con la honestidad de alguien que no tiene certezas sobre lo que está haciendo, pero que está determinado a hacer lo mejor que puede determinar.

El padre, cuyo nombre era Ernst, tomó la decisión de no enviar a Hildegard a ninguna de las instituciones de la época. para sordos que funcionaban bajo el modelo oralista dominante, el modelo [música] que sostenía que los sordos debían aprender a hablar y a leer los labios y que la lengua de signos era un obstáculo para esa integración y debía ser suprimida.

Ernst no tenía ninguna posición teórica sobre el debate, sino simplemente la observación empírica de que su hija de 5 años, privada del acceso al lenguaje hablado, pero extraordinariamente atenta al mundo visual, había empezado a desarrollar espontáneamente un sistema de gestos para comunicarse con la familia que era más sofisticado cada semana que pasaba.

contrató a una profesora privada que conocía la lengua de signos alemane, que en esa época se llamaba Deutsche Geberdens Pratche, aunque ese nombre no se estandarizaría hasta décadas después y que era una lengua completa con gramática propia, completamente distinta de la gramática del alemán hablado, capaz de expresar cualquier concepto que el alemán podía expresar y varios que el [música] alemán no podía expresar con Con la misma eficiencia.

Hildegard aprendió la lengua de signos con la velocidad de alguien que recibe un instrumento que estaba esperando sin saberlo. En 6 meses su vocabulario visual era más rico que el de la mayoría de los adultos que conocían la lengua y tenía además la capacidad que se desarrolla en los usuarios muy competentes de la lengua de signos, de usar el espacio frente al cuerpo de maneras que añaden capas de significado que no existen en la lengua hablada, jugando con la velocidad, la amplitud, la tensión muscular y la expresión

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