Está temblando, está temblando. Ay, no. Entre el polvo, el silencio y la desesperación que dejaron los terremotos en Venezuela, una imagen logró abrirse paso entre la tragedia, la de una niña de apenas 12 años, que después de permanecer más de 32 horas atrapada bajo los escombros de un edificio colapsado, salió sonriendo.
Su nombre es Fabiana Blanco. Mientras millones de personas se preguntaban cómo alguien podía sonreír después de vivir algo así. Muy pocos conocían lo que realmente ocurrió durante esas 32 horas. Antes de convertirse en símbolo de esperanza, Fabiana era simplemente una estudiante de 12 años. Vivía junto a su mamá Karina Blanco, en un apartamento del edificio Ritamar Palace en la Guaira.
Iba al colegio, practicaba voleibol y soñaba con convertirse algún día en actriz o escritora. Su mamá era su mejor amiga. Las dos vivían solas y habían construido una relación muy especial. Somos nosotras dos solas. Eh, somos madre e hija, tenemos una conexión hermosa y eso es lo que a mí me mata porque veo otras niñas que viven con su papá.
Es completamente diferente porque las tratan diferente, pero el amor de madre es amor de madre. Aquel 24 de junio era festivo. Fabián había dormido un poco más. Su mamá le había comprado unos materiales porque al día siguiente tenía una presentación en el colegio. Almorzaron juntas, hablaron un rato y luego Karina salió a trabajar. Era algo completamente normal.
Ella se fue a trabajar y yo me quedé sola en mi casa viendo mi teléfono, hablando con mis amigos y tranquila. Esa sería la última tarde en la que todo parecía estar bien. Fabiana estaba en el cuarto de su mamá usando audífonos. Se levantó para ir a la cocina por un vaso de agua. Entonces sintió el primer movimiento y yo primero digo, no puede estar pasando porque en Venezuela es como muy raro que pase esto y hoy, justamente hoy sería muy raro.
Yo empieza a temblar más duro y digo, ya no tengo chance de escapar porque eh es muy tarde, ya todo se estaba cayendo, ya todo se está derrumbando. Yo logro agarrarme de un mesón y me voy deslizando poquito a poco hasta quedar en el piso. Fue una decisión que terminaría salvándole la vida.

Segundos después, el edificio entero colapsó. Sobre ella terminaron cayendo 11 pisos de concreto. Sin embargo, un pequeño espacio quedó entre los escombros. Ese diminuto vacío impidió que el peso del edificio acabara con su vida. Después del estruendo llegó el silencio. No había electricidad, no había voces, no se escuchaban carros, ni siquiera sirenas, solo oscuridad.
Cuando yo estaba adentro, eh, que ya estaba como normal y no sentí a nadie, decía, “Esto es mentira, esto es un sueño, estoy durmiendo aún.” Pero cada vez que intentaba moverse, el concreto le recordaba que aquella era su nueva realidad. Lo más sorprendente ocurrió después. Aunque Fabiana siempre había sido una niña ansiosa y confesó que sufría de claustrofobia, nunca perdió la calma.
Mientras permanecía inmóvil bajo los escombros, decidió hacer una sola cosa, orar. No sé por qué eh en ese momento no me puse nerviosa, mantuve la calma y recé y recé muchas veces, recé y dije que había vida, que yo seguía con vida y que yo sabía que mi mamá o los rescatistas se iban a meter y me iban a salvar porque yo tenía esperanza y fe.
Con su teléfono todavía en las manos intentó llamar a emergencias, intentó llamar a su mamá, envió mensajes, nada funcionó, no había señal. Entonces decidió grabar un video, un mensaje por si alguien llegaba a encontrar su celular. Chicos, necesito su ayuda. Apartamento Rita Marpala. Hubo un temblor, se cayeron muchos escombros.
No hay luz, no hay nadie, no hay nadie que nos rescate. Estoy atrapada en unos escombros. Miren por allá. Estoy sola. Muchos vecinos están atrapados durante los escombros. Necesitamos su ayuda. Mientras Fabiana permanecía atrapada, Karina Blanco regresaba desesperadamente al edificio. Cuando llegó, encontró únicamente una montaña de concreto.
Su apartamento había desaparecido. Desde ese instante comenzó una búsqueda desesperada. Nadie podía decirle si su hija seguía con vida, pero ella se negaba a perder la esperanza. Mi nombre es Karina Blanco. Estamos en residencia Ritamar Palas en la búsqueda o en el rescate de mi hijo. A estas alturas me imagino que ya debe estar muerta, pero tengo todavía fe y esperanza de poder encontrar.
Estoy con un equipo de chicos eh tratando de ayudarme. ¿Por qué? Porque los bomberos estuvieron aquí. No te voy a decir que no ayudaron y no accesaron, pero abandonaron. No entiendo por qué. No sé si fueron llamados en otro lado. Me dijeron que a las 26 horas traían una maquinaria porque me imagino que es para ellos el trabajo más fácil.
Ellos no quieren desmantelar y meterse a ver si algo les cae encima, sino es más fácil tumbar y derribar todo. Eh, ¿y han venido otras autoridades, otros equipos de rescate a ayudar? Para nada. Para nada. Desde ayer que estamos en esto. Para nada. Usted estaba acá en el momento en el No, estaba acá, estaba trabajando y ella estaba sola. 12 años.
¿En qué piso viví? En el primer piso. Eh, ¿y o sea en algún momento intentó comunicarse con ella? Eh, no, porque cuando empiezan cuando empieza todo el terremoto, ya la luz se va y ya no hay señal. Yo me vengo volando donde estaba y cuando vengo veo que mi apartamento, o sea, que mi edificio está caído. Ella logró hablar con alguien que se trataron de que rescataron ayer y le dijo que se llamaba Fabiana, que se estaba bañando, que estaba desnuda, que estaba en la sala y que solamente tenía un aporrión en la rodilla. Las autoridades que estaban
dijeron que había un alerta de tsunami y todo el mundo salió corriendo asustado y la dejaron morir porque para mí eso es dejarla morir. ¿Qué es lo que pide usted justamente? Y no había ningún tsunami. ¿Qué es lo que pide usted justamente ahorita las autoridades? Entiendo que piden que bueno, que vengan y con la maquinaria para poder No te puedo decir expresar lo que lo que quisiera decirte porque es una es una es una entrevista que la vas a publicar.
Pasaron las horas y por primera vez desde el colapso, Fabiana escuchó algo. Era la voz de otra sobreviviente, una enfermera que vivía en el piso superior y también había quedado atrapada. Ella me decía que que si a ella la sacaban o a mí me sacaban primero, que informara una, por decirte.
Si ellas la sacaban, a mí ella informara que yo estaba ahí viva y si a mí me sacaban, yo informara que ella estaba ahí viva. Mantuvimos esa plática. también me dijo que si tenía señal porque yo le dije que tenía mi teléfono. Ella me dijo que también y yo le dije que no tenía señal, que yo me grabé para poder documentar si podía subir algo y pedir ayuda.