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Caracas 1967: El Esplendor de Una Capital Que Cambió Para Siempre

Julio de 1967. Caracas tira la casa por la ventana. La capital de Venezuela celebra sus 400 años de fundación autoproclamándose ante el continente como la ciudad más moderna de Latinoamérica.  Caracas te invita a conocerla mejor, a disfrutar de la ciudad más moderna de América Latina. Dinámica, cosmopolita.

Vibrante, equilibrada, la que jamás deja de crecer y expandirse en el cuatricentenario Hagamos de Caracas una ciudad más grata para todos. Caracasentenario.  Rascacielos imponentes en Altamira y los palos grandes desafían al cielo. Mientras las autopistas recién inauguradas conectan el progreso de un país petrolero que parece imparable.

El presidente Raúl Leoni lidera los solemnes actos oficiales de la semana aniversario. Sin embargo, detrás del brillo y el júbilo, la tensión política se respira en el aire. El gobierno democrático libra una guerra implacable contra las guerrillas rurales y urbanas respaldadas por el castrismo. Las fuerzas armadas están en máxima alerta, patrullando las calles y las montañas, cazando insurgentes.

Nadie sospecha que el verdadero enemigo no vendrá de los sectores radicales ni de los campamentos subversivos, sino del suelo que pisan. El sábado 29 de julio, 8:05 de la noche, 35 segundos bastaron para cambiar la historia contemporánea de Venezuela. Un sismo de magnitud 6.7 en la escala de Rister sacude con violencia ciega a la capital y al litoral central.

Los edificios modernos oscilan como juncos en el viento. El asfalto se agrieta y en medio de la oscuridad total el rugido de la tierra ahoga los gritos de una población en pánico. La fiesta del cuatricentenario se convierte en un instante en una zona de guerra contra la naturaleza. Comenzaba la mayor operación de rescate, orden público y despliegue militar que la joven democracia venezolana hubiese enfrentado jamás.

Esto es militorias y así comenzamos. Para entender lo que sucedió ese día, debemos salir de las fronteras venezolanas y situarnos en Bogotá. Sábado 29 de julio de 1967, a las 5:27 minut de la mañana, la Tierra ruge en el corazón de Colombia. Un poderoso sismo de magnitud 6.8 con epicentro en Santander sacude con fuerza la capital.

Aunque la infraestructura de las ciudades resiste sin mayores colapso, el pánico es inmediato. Con el paso de las horas, los reportes oficiales confirman un saldo trágico. Más de 10 muertos en distintas  zonas del país, decenas de heridos y templos históricos agrietados. Al otro lado de la frontera, en el estado Táchira en Venezuela, el coletazo del temblor se siente con fuerza, cobrándose la vida de dos personas en San Cristóbal.

Las líneas de emergencia reportan actividad inusual, pero tras una réplica a media mañana, la calma parece retornar a la cotidianidad suramericana. Nadie imagina que aquel temblor matutino no era un evento aislado, sino el primer acto de una tragedia en cadena. A más de 1000 km de allí, Caracas despierta ajena al peligro.

La capital de Venezuela tira la casa por la ventana celebrando sus 400 años de fundación. autoproclamándose ante el continente como la ciudad más moderna de Latinoamérica. Pero a las 8:05 de la noche, 14 horas después del aviso en Bogotá, la placa del Caribe despierta con una violencia ciega frente al litoral central venezolano.

35 segundos bastaron para cambiar la historia contemporánea del país. Un sismo de magnitud 6.7 sacude la capital. Los edificios modernos oscilan como juncos en el viento. El asfalto se agrieta y en medio de la oscuridad total el rugido de la tierra ahoga los gritos de una población en pánico. A las 8:06 de la noche, Caracas es una boca de lobo sumida en la confusión.

La red eléctrica ha colapsado y el polvo de las estructuras pulverizadas flota en el aire, bloqueando la luz de la luna. Los primeros reportes tardan en llegar porque el observatorio cajigal está a oscuras. La violencia del impacto rompió las agujas del sismógrafo principal, dejando los técnicos a ciegas en medio de las réplicas.

En uno de los estudios de cadena venezolana de televisión ubicado en el sector de los rises, a esa misma hora se estaba grabando un programa especial que sería  transmitido el 1 de agosto cuando esa red televisiva celebraría su tercer aniversario. Y al iniciarse la actuación de la cantante folkórica venezolana Purita Reina, quien estaba acompañada del conjunto musical de Mario Suárez y el balet de la televisora, comenzó a moverse el decorado de una nube, el cual saltaba de arriba a abajo en brusco movimiento vertical.

También en otro estudio del canal se encontraba más de 600 personas esperando ver un torneo de lucha libre  que iba a transmitirse en vivo, pero con la única excepción del susto causado por el movimiento sísmico. Afortunadamente, no se registraron víctimas que lamentar y el edificio de la televisora tampoco tuvo daños.

A medida que pasan los minutos, la magnitud de la tragedia se revela cuadra por cuadra. En el centro histórico, los vitrales de la Catedral de Caracas estallan. En su fachada, la enorme cruz pontifico  se desprende y cae al suelo, rompiéndose en pedazos y dejando una silueta marcada en el pavimento.

Para los creyentes que corren despavoridos, este evento se convierte en el milagro de la cruz, pues aseguran que en ese preciso instante la Tierra dejó de moverse. Actualmente, luego de varias décadas de rumores y especulaciones acerca de su paradero, el mismo está preservado en la capilla del Santo Cristo de la Misericordia, ubicada en el sector del valle.

Sin embargo, en el este de la ciudad el panorama es dantesco. El urbanismo moderno, el orgullo arquitectónico del país muestra su vulnerabilidad. En la urbanización Los Palos Grandes, el desastre es absoluto. Los edificios Neverí, Mijual y San José se desploman por completo, compactándose capa sobre capa como un acordeón de concreto y hierro.

En el Mijawal se celebraba una recepción de gala esa noche. La estructura sepulta instantáneamente a decenas de familias y diplomáticos. En la avenida Luis Roche de Altamira, ocho de los pisos del edificio Palace Corvin desaparecieron durante el sismo. También quedaron afectados los edificios Roxul, Royal Coral y Blue Palace ubicados en esa zona.

Actualmente en la Plaza Altamira existe una placa conmemorativa de la tragedia. La catástrofe no se limita a la fosa tectónica de Caracas. Al otro lado de la cordillera, en el litoral central, el suelo se desplaza con igual violencia. En Caraballeda, el majestuoso hotel Makuto Sheraton sufre daños severos, mientras que el edificio Mansión Charaima se parte literalmente a la mitad, colapsando sus pisos superiores y atrapando a los temporadistas que disfrutaban del fin de semana playero.

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