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El ACCIDENTE de PEDRO INFANTE fue FALSO. Vivió 40 AÑOS más en VENEZUELA y MURIÓ en 1997

Pedro tenía 39 años. Llevaba 17 años siendo la estrella más grande de México. Había filmado más de 60 películas. Todas éxitos. Había grabado más de 300 canciones. Todas hits. Era el actor mejor pagado del país.  Pero su vida personal era un desastre. Pedro estaba casado legalmente con María Luisa León desde 1938, pero el matrimonio estaba muerto.

 María Luisa vivía en Mazatlán. Pedro vivía en la Ciudad de México y María Luisa se negaba a darle el divorcio porque legalmente como  esposa tenía derecho a la mitad de todo lo que Pedro ganara. Y Pedro ganaba millones  al año, así que María Luisa no lo soltaba. Y mientras tanto, Pedro vivía con Lupita Torrentera, una bailarina con  quien tenía tres hijos.

Muchas Gracias Infantería Por Su Preferencia Para Esta Pagina!!! Un reconocimiento a quienes También forma parte de este logro!!! Pedro Infante 100 Años con Maritere Aguirre y Vic AlvaMora Ahí Nos Vemos!!!!

 Pero Lupita también lo presionaba. ¿Cuándo nos vamos a casar? Cuando María Luisa me dé el divorcio. ¿Y cuándo va a hacer eso?  No lo sé, pero pronto. Pero Pedro mentía porque sabía que María Luisa nunca lo iba a soltar. Y además de Lupita, Pedro tenía otra  amante, Irma Dorantes, una actriz joven de 25 años. Y con Irma había tenido una hija, Irmita, nacida en 1956 y también la presionaba para casarse.

 Y Pedro estaba atrapado, tres mujeres, tres familias,  todas exigiéndole tiempo, dinero, compromiso y además estaba la presión de ser Pedro infante. No podía salir a la calle sin que lo persiguieran. No podía tener privacidad, no podía cometer errores, porque Pedro Infante era perfecto, el ídolo,  el héroe.

 Y Pedro estaba cansado, cansado de fingir, cansado de actuar, cansado  de ser Pedro Infante. Y enero de 1957, Pedro tomó una decisión. Iba a desaparecer. Enero de 1957.  Pedro está en su casa pensando, ¿cómo desaparece uno de los hombres más famosos de México? No puede simplemente irse,  lo buscarían, lo encontrarían, tiene que morir o al menos hacer que todos  crean que murió. Y entonces recordó algo.

 Pedro era piloto. Tenía licencia desde 1945 y tenía su propio avión, un Consolidated 24  y había tenido accidentes antes, pequeños, sin consecuencias  graves. Pero la gente sabía que Pedro volaba y que volar era peligroso. Y si fingía un accidente de avión, Pedro empezó a planear.

 Necesitaba ayuda, no podía hacerlo solo. Así que contactó a dos personas. La primera  era su mecánico de aviación, un hombre llamado Raúl Sánchez. Raúl, necesito tu ayuda con algo. ¿Qué necesitas, Pedro?  Necesito fingir un accidente, hacer que todos crean que morí. Raúl lo miró como si estuviera  loco. ¿Para qué? Para desaparecer.

Para empezar de nuevo en otro país con otro nombre. Ey, ¿estás hablando  en serio? Completamente. Y Pedro le explicó su situación, las tres mujeres,  la presión, el cansancio. Y Raúl lo entendió. ¿Y cómo lo vamos a hacer? Voy a estrellar el avión, pero voy a saltar antes con paracaídas  y tú vas a ayudarme a escapar.

 Y el cuerpo. Necesitan un cuerpo para confirmar que moriste. Pedro lo había  pensado. Vamos a conseguir un cuerpo de alguien que murió del mismo tamaño que yo y lo vamos a poner en el avión antes del accidente. ¿Y cómo conseguimos un cuerpo? Y ahí entra la segunda persona, un forense que trabajaba en el hospital general de la Ciudad de México.

 Pedro lo contactó, le ofreció dinero, mucho dinero. Necesito un cadáver de un hombre de mi edad, mi estatura, mi peso. El forense aceptó  porque Pedro le pagó 100,000 pes. Una fortuna en 1957. Y en febrero de  1957, el forense consiguió el cuerpo, un hombre de 38 años que había muerto de un infarto, sin familia, sin nadie que lo reclamara,  y se lo entregó a Pedro.

 Y Pedro y Raúl guardaron el cuerpo congelado  en un hangar privado y durante los siguientes dos meses, Pedro organizó todo. Consiguió documentos falsos  con un nombre nuevo, José Cruz Martínez. consiguió contactos  en Venezuela, gente que lo podía ayudar a establecerse ahí, y empezó  a mover su dinero poco a poco a cuentas en el extranjero, para que cuando desapareciera tuviera con qué vivir.

 Y el 15 de abril de 1957 iba a ser el día, el día en que Pedro Infante iba a morir, o al menos el día en que todos creerían que murió. 15 de abril de  1957, 8:30 de la mañana, Pedro Infante llega al aeropuerto de Mérida, Yucatán. Oficialmente va a volar a la Ciudad de México. Un vuelo  rutinario.

Pero Pedro sabe que este no es un vuelo rutinario. Este es el  último vuelo de Pedro Infante. Sube a su avión, el Consolidated 24 y adentro,  en la cabina de atrás está el cuerpo. El cadáver del hombre de 38 años, vestido con ropa de Pedro, con sus  zapatos, su reloj y con la cara destruida, quemada con ácido para que no se pueda identificar visualmente, para que tengan que usar huellas dactilares o registros dentales.

 Y Pedro despega a las 8:45 de la mañana y vuela hacia el norte, hacia la Ciudad  de México. Pero a mitad del vuelo, Pedro cambia de rumbo. vuela hacia el este, hacia el Golfo de México y cuando está a 50  km de la costa, Pedro activa el piloto automático y se pone un paracaídas y programa el avión para que se estrelle  en un campo abierto cerca de Mérida.

 Y a las 9:15 de la mañana, Pedro salta y el avión sigue volando vacío, bueno, con el cadáver adentro. Y 5 minutos después, a las 9:20, el avión se estrella en un campo cerca de Mérida y explota.  Y Pedro, que está flotando con su paracaídas a kilómetros de distancia, ve la explosión y piensa,  “Ya está, Pedro Infante acaba de morir y aterriza en un campo apartado.

” Y Raúl Sánchez está esperándolo en un carro, listo,  listo. Y manejan hacia Veracruz y de ahí toman un barco hacia Venezuela y Pedro Infante  desaparece. 15 de abril de 1957, 10 de la mañana. La noticia llega a la radio. Pedro Infante  murió en un accidente de avión. Su avión se estrelló cerca de Mérida.

 No hubo sobrevivientes y México se detiene. La gente llora en las  calles, los negocios cierran, las escuelas suspenden clases, el ídolo ha muerto y las autoridades van al lugar del accidente y encuentran el avión destrozado, quemado y adentro un cuerpo también quemado, irreconocible, pero con ropa  de Pedro, con su reloj, con sus zapatos.

 Y asumen que es Pedro y llevan el cuerpo a la morgue y el forense lo examina  y encuentra algo. Las huellas dactilares están quemadas, no se pueden leer. Y los dientes también  están destrozados, no se pueden comparar con registros dentales, pero el tamaño del cuerpo coincide, la edad aproximada coincide y hay suficientes detalles.

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