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BURLA A MÉXICO| MEXICANO Lo mandaron al SOTANO a las 3 AM y cobró una VENGANZA brutal 🇲🇽

 No hay cámaras de Televisa, no hay cámaras de TV Azteca, no hay comentaristas mexicanos narrando la velada. Si usted vivía en México en septiembre de 1997 y quería ver pelear a Juan Manuel Márquez, simplemente no podía. No existía forma. El hombre que años después haría caer de cara a Manny Pacquiao en el round más icónico de la primera década del siglo XXI, era en ese momento completamente invisible para su propio país.

 Piensen en lo que eso significa. México, la nación que vive y respira boxeo. La tierra de Julio César Chávez, de Salvador Sánchez, de Rubén Olivares, de Carlos Sárate, tenía en sus manos a un diamante en bruto de 24 años, un contragolpeador nato entrenado por el mejor entrenador del país con un récord de 21 peleas ganadas y apenas una derrota y decidió ignorarlo.

 Fue un accidente, no fue un descuido, fue una decisión deliberada de un sistema televisivo que había decidido que el boxeo no daba ratings suficientes, que el deporte de los puños era demasiado violento, demasiado impredecible, demasiado difícil de programar entre las telenovelas y los programas de variedades.

 Y mientras la televisión mexicana le cerraba la puerta, un joven de la Ciudad de México con guantes roídos y sueños enormes seguía peleando en casinos semivacíos del otro lado de la frontera, ganando combates que nadie veía, acumulando victorias que nadie contaba, defendiendo un cinturón regional que nadie conocía. El cinturón que Márquez defendía esa noche era el título w o nab o de peso pluma.

 Para los que no están familiarizados con las siglas, la Navo es la Asociación de Boxeo de Norteamérica, una rama regional de la Organización Mundial de Boxeo, un título regional, no un campeonato del mundo, no el cinturón que Márquez merecía, era el equivalente a tener un trofeo de liga estatal cuando deberías estar compitiendo en la selección nacional.

 Pero Márquez lo defendía con la misma intensidad, con la misma disciplina, con la misma ferocidad que si estuviera peleando en el Madison Square Garden ante 20,000 personas, porque así es la mentalidad mexicana en el boxeo. No importa el escenario, no importa cuántas cámaras hay o cuántas sillas están vacías, cuando suena la campana, peleas con todo lo que tienes.

Y eso era exactamente lo que Juan Manuel Márquez hacía cada vez que subía al ring. Esa noche su rival era un hombre llamado Vincent Howard. Si nunca han escuchado ese nombre, no se preocupen, casi nadie lo ha escuchado. Howard era un peso pluma originario de Guyana, un pequeño país sudamericano encajado entre Venezuela y Surinam, conocido más por su selva tropical y su cricket que por sus boxeadores.

 Guyana ha producido algunos peleadores notables como Andrew Lewis, quien llegaría a ser campeón welter de la Asociación Mundial de Boxeo, y Howard Eastman, un peso mediano respetable que peleó por títulos mundiales en Europa. Pero Vincent Howard no pertenecía a esa categoría. Su récord era de 14 victorias, tres derrotas y dos empates.

Un peleador profesional, sí, un hombre que se ganaba la vida subiendo al ring, sin duda. Pero no era un contendiente de élite mundial. Era lo que en el Argot del boxeo se conoce como un Journeyman, un viajero, un profesional que sirve como oposición necesaria para que los prospectos y los campeones regionales acumulen experiencia, defensas de título y confianza.

 Ahora, antes de que alguien piense que esto descalifica la pelea o la hace irrelevante, déjenme explicarles por qué la figura de Vincent Howard es importante para entender esta historia. En el boxeo nada sucede por accidente. Cada pelea tiene un propósito. Cada rival es seleccionado con una razón. Y la razón por la que Márquez estaba enfrentando a Howard en un casino de Nevada en lugar de pelear por el campeonato del mundo, es la parte más vergonzosa de toda esta historia.

 Es el escándalo que nadie quiso denunciar. Es la injusticia que el mundo del boxeo prefirió barrer debajo de la alfombra. Para entender por qué Márquez peleaba contra Howard y no contra el campeón del mundo, hay que hablar de un hombre que en 1997 era sinónimo de espectáculo, de knockout y de arrogancia desmedida, un nombre que provocaba tanto admiración como repulsión.

 Ese nombre era Prince Nasim Hamed, el autoproclamado príncipe de Sheffield, nacido en Inglaterra de padres yemeníes. Era el campeón del mundo v o de peso pluma. Era extravagante, teatral. Entraba al ring haciendo acrobacias, bailando, provocando a sus rivales y al público por igual. Sus knockouts eran espectaculares, sus entradas eran circenses, su ego era estratosférico y su habilidad para evitar a los rivales peligrosos era absolutamente magistral.

Aquí está el dato que debería enfurecer a cualquier aficionado mexicano al boxeo. Juan Manuel Márquez era el retador mandatorio número uno de Nasem Hamed. Esto no es una opinión, no es una interpretación, es un hecho documentado por la propia WO. Según las reglas de la organización, cuando un peleador ocupa la posición de retador mandatorio, el campeón tiene la obligación contractual y reglamentaria de enfrentarlo en un plazo determinado.

 Si no lo hace, puede ser despojado del título. Es la regla más básica del boxeo organizado. Existe para evitar exactamente lo que Hamed hizo, esquivar a los rivales peligrosos mientras se enriquece peleando contra oponentes más convenientes. Jamed evadió su obligación mandatoria contra Márquez durante 22 meses consecutivos.

 22 meses, casi 2 años completos. En ese tiempo, el británico peleó contra otros rivales, cobró bolsas millonarias, apareció en la cadena HBO, fue portada de revistas deportivas en todo el mundo. Mientras tanto, Márquez esperaba, entrenaba, peleaba contra los Vincent Howard del mundo, defendía su cinturón regional, mantenía su récord impecable y esperaba mes tras mes la W o permitía a Hamed programar otras peleas.

 Mes tras mes, la pelea mandatoria se postergaba. Mes tras mes, un joven mexicano de 24 años veía como la oportunidad que había ganado legítimamente se le escapaba entre los dedos. Dan Rafael, uno de los periodistas más respetados del boxeo mundial que ha cubierto el deporte durante décadas para ESPN, calificó esta evasión como lo que fue un acto de cobardía calculada.

 Múltiples historiadores del boxeo han señalado que Márquez fue privado injustamente de su oportunidad por el campeonato mundial. durante sus mejores años de juventud y hambre competitiva y la WO, la organización que supuestamente existe para garantizar la justicia deportiva, lo permitió. lo permitió durante 22 meses.

 Eventualmente, Hamed renunció al título W o sin haber enfrentado jamás a su mandatorio mexicano. Simplemente lo soltó, se fue y Márquez se quedó ahí con su cinturón regional, con su récord impecable, con sus guantes gastados, esperando una oportunidad que nunca llegó en esos años. Este es el contexto en el que debemos situar la pelea contra Vincent Howard.

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