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Cuauhtémoc Blanco: El DÍA que Transformó su VIDA PARA SIEMPRE y Dividió la Opinión de Todo México

Anotó en tres copas del mundo distintas: Francia 98, Corea Japón 2002 y Sudáfrica 2010. Algo que muy pocos futbolistas mexicanos pueden presumir. Se convirtió en el segundo máximo goleador histórico del club América con 153 goles, apenas por debajo de una leyenda como Luis Roberto Alves. ganó títulos de Liga, Balones de Oro, el cariño absoluto de una afición que lo veía como uno de los suyos, un chico de barrio que llegó hasta la cima sin perder jamás su acento callejero, su desparpajo, su manera irreverente de hablarle a los rivales en plena cancha.

Jugó también en Europa con el Real Valladolid español y más tarde en Estados Unidos con el Chicago Fire de la Major League Soccer. Experiencias que ampliaron todavía más su leyenda dentro del fútbol mexicano, aunque nunca llegaron a eclipsar el cariño que le tenía la afición del América, el club donde forjó su identidad futbolística casi por completo.

Volvió a México en distintas etapas. jugó incluso en el ascenso con equipos como Dorados de Sinaloa e Irapuato y finalmente se despidió del profesionalismo en 2016 en un partido cargado de nostalgia disputado en el estadio Azteca frente al Morelia. Pero detrás del ídolo futbolístico había desde siempre un carácter que no todos supieron interpretar de la misma manera.

Quautemoc Blanco era querido por su gente y a la vez temido por su temperamento. Discusiones con árbitros, roces con compañeros, comentarios polémicos frente a los micrófonos. Todo eso convivía en la misma persona con la genialidad futbolística que lo llevó a tres mundiales. Su carácter explosivo también le costó caro en más de una ocasión.

Su ausencia en el Mundial de Alemania 2006, decidida por el entonces técnico de la selección, generó una de las polémicas deportivas más grandes de esa década, con millones de aficionados divididos entre quienes consideraban una injusticia dejar fuera a un ídolo en plena forma. Y quienes veían en esa decisión el reflejo de un vestidor cansado de sus conflictos internos, blanco nunca ocultó su molestia por esa exclusión.

y durante años la mencionó públicamente como una de las heridas más profundas de su carrera deportiva. ¿Y qué pasa cuando alguien acostumbrado a resolver todo con carácter y con goles decide que ya no quiere jugar más ese juego, sino otro completamente distinto. se retiró oficialmente en 2016 en un partido de despedida cargado de nostalgia en el estadio Azteca, pero para entonces el retiro futbolístico ya llevaba casi un año de retraso respecto a algo mucho más importante, su entrada formal a la política ocurrida precisamente aquel 17 de enero de 2015,

el día de su cumpleaños número 42. El contrato firmado con el Partido Social Demócrata establecía condiciones que hoy, una década después, siguen sonando surrealistas. Una jornada de apenas 4 horas diarias como candidato, dividida en dos bloques de 2 horas, a cambio de 7 millones de pesos.

una cifra que, según cálculos periodísticos posteriores, resultaba casi el doble de lo que ganaría después como alcalde durante todo su periodo completo, con jornadas de tiempo completo y sin días de descanso. Muchos, en su círculo cercano pensaron que se trataba de un capricho pasajero, una excentricidad más de un ídolo, acostumbrado a hacer siempre lo que se le antojaba.

Nadie imaginó, ni sus más fervientes seguidores, ni sus críticos más duros, que ese contrato terminaría por ganar la elección. Los analistas políticos de aquel momento tampoco lo tomaron demasiado en serio. Al principio, Cuernavaca llevaba años atrapada en una espiral de inseguridad con tasas de homicidio que la colocaban entre las ciudades más violentas del país.

Y buena parte de la clase política tradicional veía en la candidatura de un futbolista retirado poco más que un truco publicitario destinado a fracasar en las urnas. Las encuestas previas a la elección no lo colocaban entre los favoritos. Los partidos establecidos confiaban en que su experiencia administrativa terminaría imponiéndose sobre la fama de un exdportista sin ningún antecedente en la función pública.

Huautemoc Blanco ganó la alcaldía de Cuernavaca en 2015 y con esa victoria, inesperada para buena parte de la clase política tradicional de Morelos, comenzó una segunda carrera que terminaría siendo con el tiempo mucho más controvertida que cualquier expulsión o tarjeta roja que hubiera acumulado en su vida futbolística. Desde el primer momento, su estilo de gobernar reprodujo exactamente el mismo carácter que lo había hecho famoso en las canchas, directo, confrontativo, poco dado a las formalidades políticas tradicionales.

Pero ese estilo que en el fútbol generaba ovaciones en la administración pública empezó a generar algo muy distinto, sospechas. Sus primeras conferencias de prensa como alcalde sorprendieron a los periodistas locales acostumbrados al lenguaje engolado de la política tradicional. Blanco respondía preguntas incómodas con la misma brusquedad con la que alguna vez encaró a un defensa rival sin filtros, sin asesores, susurrándole respuestas diplomáticas al oído.

Para una parte de la población eso resultaba refrescante. Por fin, alguien que hablaba claro, sin la retórica hueca de siempre. Para otra parte, cada vez más numerosa con el paso de los meses. Esa misma actitud empezó a leerse como falta de preparación para gobernar una ciudad de más de 300,000 habitantes con problemas estructurales profundos.

En 2016, apenas un año después de asumir el cargo, el Congreso de Morelos aprobó un juicio político en su contra, señalando que no cumplía con el requisito de residencia necesario para haber sido candidato. La respuesta de Blanco fue tan característica de su personalidad como cualquier gesto suyo dentro de la cancha.

inició una huelga de hambre con pancartas que decían respeto al voto ciudadano colgadas en las afueras del Ayuntamiento. Después de 36 horas sin probar vocado, la Suprema Corte de Justicia de la Nación suspendió el juicio político, permitiéndole conservar el cargo. La imagen recorrió los noticieros de todo el país, un ídolo del fútbol mexicano sentado en una silla plegable a las puertas del palacio municipal, rodeado de simpatizantes que le llevaban agua y frases de aliento, mientras diputados locales insistían en que su gestión había nacido desde el

origen de un fraude a los requisitos legales de residencia. Sus seguidores lo veían como un mártir de la democracia. Sus opositores lo veían como un showman, aprovechando su fama para blindarse de cualquier consecuencia legal. ¿Fue esa huelga de hambre una defensa legítima de la voluntad popular o el primer síntoma de un patrón que se repetiría durante años? Usar el espectáculo y la confrontación pública para esquivar cualquier proceso legal en su contra.

Esa pregunta, que en 2016 parecía casi anecdótica, terminaría volviéndose central en la historia política de Cuautemoc Blanco, porque mientras él sobrevivía al intento de destitución, empezaron a filtrarse los primeros indicios de algo mucho más grave que un problema de residencia. El sistema de agua potable y alcantarillado de Cuernavaca, conocido como SAPAC, comenzó a acumular denuncias por presuntas irregularidades financieras.

Empresas que aparecían de la nada, recibían pagos millonarios y desaparecían sin dejar evidencia de haber entregado un solo material o prestado un solo servicio. Una de ellas, identificada después como obras y proyectos Cuenca, recibió pagos por más de 13 millones de pesos correspondientes a 207 facturas, sin que existieran pruebas de entrega de materiales o ejecución real de trabajos.

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