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Michael Jackson: El Negocio Millonario Detrás de su Muerte.

Michael Jackson: El Negocio Millonario Detrás de su Muerte.

Michael Jackson valía más muerto que vivo. Y eso no lo dijo un periodista, lo dijo su propia hermana. Porque el 25 de junio de 2009, mientras el mundo creía que estaba perdiendo al rey del pop, había una maquinaria entera a punto de ganar millones con su muerte. Aquella madrugada, Michael no estaba en un escenario.

Estaba encerrado en una habitación de Los Ángeles con una vía en el brazo, un médico privado a su lado y 50 conciertos esperándolo en Londres como una sentencia. Kenny Ortega, director creativo de la gira, había mandado un mensaje a los directivos de AEG Life tr días antes, advirtiendo que Michael no podía sostener físicamente los ensayos. A nadie le importó.

No podía dormir, no podía cancelar, no podía fallar. Había demasiadas entradas vendidas, demasiados contratos firmados, demasiadas cámaras preparadas y demasiada gente esperando que volviera a ser el Michael Jackson que el mundo recordaba. Pero ese Michael ya no existía. El hombre que quedaba estaba cansado, roto por dentro y atrapado en una gira que podía salvar su imperio o terminar de destruirlo.

A la 1:30 de la madrugada empezaron los medicamentos. A las 10:40 llegó el propóofall y minutos después, el hombre que había hecho bailar al planeta entero estaba muriendo en una cama, mientras afuera todavía se vendía su regreso como el espectáculo más grande de la historia. Cuando llegaron los paramédicos, dentro del cuarto había una jeringa vacía sobre la mesa y un médico privado guardando frascos dentro de una bolsa.

Conrad Maruray terminó condenado. Pero si crees que esta historia acaba con un médico, todavía no has entendido nada. Porque Michael Jackson llevaba años siendo exprimido por todos. Por una infancia que lo convirtió en máquina antes de dejarlo ser niño. Por una industria que convirtió su talento en dinero.

Por una prensa que convirtió su dolor en espectáculo. Por una gira que necesitaba verlo de pie, aunque su cuerpo ya no pudiera sostenerlo. Y por un negocio que después de su muerte empezó a vender más que nunca. Quédate hasta el final porque vas a entender qué pasó realmente en las últimas horas de Michael Jackson. Vas a saber cuánto dinero perdía Michael Jackson por cada día que seguía vivo dentro de los tres meses anteriores a su muerte y cuánto empezó a ganar su patrimonio la misma semana en que dejó de respirar.

Vas a entender como el accidente de Pepsi abrió una puerta que nunca volvió a cerrarse. Vas a descubrir por qué su propia hermana dijo que Michael había sido asesinado por dinero. Y vas a ver por qué. Cuando el rey del pop dejó de respirar, algunos lloraron, pero otros empezaron a cobrar.

Porque la pregunta más brutal no es quién le dio la última dosis. La pregunta es, ¿quiénes necesitaban que Michael Jackson siguiera generando dinero? incluso si ya no podía seguir vivo. Pero antes de llegar a esa habitación de Bel, hay algo que tienes que entender, porque lo que pasó dentro de aquella cama del 25 de junio de 2009 no fue una tragedia repentina, fue el resultado inevitable de 25 años de destrucción química [música] que empezaron con un solo accidente.

La noche del 27 de enero de 1984, dentro del escenario del Shrine Auditorium de Los Ángeles, Michael Jackson tenía 25 años aquel invierno y era sin discusión el artista más famoso del planeta. su álbum Thriller, lanzado 14 meses antes, en noviembre de 1982. Ya había vendido 30 millones de copias y estaba a punto de convertirse en el disco más vendido de la historia.

Los Gramis de febrero de 1984 le acababan de dar ocho premios en una sola noche, récord absoluto que ningún otro artista ha roto en más de 40 años. Michael Jackson había dejado de ser solamente un cantante en aquel invierno de 1984. Era un producto industrial que Pepsi acababa de comprar por millones de dólares dentro del patrocinio publicitario más caro que se había firmado hasta aquel momento en la historia de la música.

Y aquella noche del 27 de enero, dentro del Shrine Auditorium, Michael Jackson estaba grabando el anuncio comercial que tenía que salvar la imagen envejecida de Pepsi frente a la juventud americana. El anuncio que iba a cambiar para siempre la vida del rey del pop. Era la sexta toma de la noche. Michael bajaba las escaleras del escenario mientras sus hermanos cantaban detrás.

La coreografía requería una pirotecnia programada para dispararse cuando llegara al último escalón. Los pirotécnicos habían calculado mal la distancia. El chispazo alcanzó el pelo de Michael Jackson. El gel químico que usaba para mantener el peinado se prendió instantáneamente y durante los siguientes segundos, mientras seguía bajando las escaleras sin darse cuenta de que su propio cabello estaba ardiendo, el fuego le llegó al cuero cabelludo.

El fuego le arrancó el pelo y también le arrancó para siempre la posibilidad de vivir sin analgésicos. Miko Brando, hijo del actor Marlon Brando y amigo cercano de la familia Jackson, fue el primero en darse cuenta. Bajó al escenario y le echó su chaqueta encima de la cabeza para ahogar las llamas.

Michael Jackson tenía quemaduras graves dentro del cuero cabelludo cuando lo cargaron dentro de la ambulancia y una parte del pelo carbonizado dentro de la parte trasera de la cabeza. Michael Jackson entró consciente al Broan Medical Center de Cooler City esa noche. Los paramédicos que lo transportaban nunca lo vieron gritar ni quejarse por el dolor.

Solo pidió una cosa, que no dejaran salir las fotos de sus quemaduras a la prensa. Y aquella petición hecha cuando todavía olía a piel quemada. Es la primera pieza que explica por qué Michael Jackson terminó 25 años después dentro de una cama de Bel con propofol en las venas. Los médicos del Broan Medical Center trataron a Michael durante las siguientes 48 horas.

Segundo grado dentro de una parte considerable del cuero cabelludo. Tercer grado dentro de las zonas donde el fuego había durado más tiempo. El tratamiento incluyó tres cirugías reconstructivas dentro del hospital durante los 40 días siguientes. Y el médico personal contratado por la familia Jackson recetó para el manejo del dolor postquirúrgico un opioide sintético al que Michael Jackson no había sido expuesto anteriormente.

Demerol, meidina, según su nombre químico. Michael Jackson estuvo bajo Demerol durante 40 días seguidos mientras el cuerpo cicatrizaba. 40 días conectado a un opioide sintético, mientras la industria musical entera esperaba dentro del pasillo del hospital. Porque el Victory Tour, la gira de reunificación con sus hermanos que había sido anunciada 3 meses antes del accidente, tenía 55 conciertos ya vendidos dentro de estadios americanos y Michael Jackson no podía negarse.

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