Posted in

Jenni Rivera y la Dra. Polo: El ASQUEROSO Final de las Mujeres Que Lo Dieron Todo

Es el 8 de diciembre de 2012. La arena Monterrey está llena, 17,000 personas de pie gritando un nombre. Y en el centro de todo, con un vestido negro y una chamarra de cuero, está la mujer que llenó ese lugar ella sola. Jenny Rivera empieza a cantar Paloma Negra y llora. No llora como se llora en un escenario para el show.

llora de verdad con la voz quebrada, con la cara mojada frente a 17,000 personas que la ven y no entienden qué le pasa. Esa noche le está cantando a alguien, le está cantando a su hija con quien lleva semanas sin hablar. Y en algún punto de la canción, entre el ruido, una voz grita algo desde las gradas.

 Muchos juran que gritó hoy la matán. Jenny levanta la cara, se limpia las lágrimas y sigue. Unas horas después, ya de madrugada, sube a un avión pequeño para volar a la Ciudad de México. Ese avión nunca llega. Se desploma en la sierra de Iturbide en Nuevo León y no deja sobrevivientes. La mujer que facturaba millones, la que llenaba estadios, la que le cantaba a las mujeres que nadie defendía, se apaga a los 43 años en una montaña de noche lejos de casa.

Y tú te acuerdas de ese día. Tú sabes exactamente dónde estabas cuando te enteraste, porque Jenny Rivera fue mucho más que una cantante de la televisión para ti. Fue la que ponías cuando lavabas los trastes, la que cantabas con el alma rota en la cocina de tu casa, la que te hacía sentir que una mujer podía caerse mil veces y levantarse mil una.

Ahora deja que te lleve al mismo momento, pero a miles de kilómetros de ahí, a Miami, a un estudio de televisión donde otra mujer se sentaba todos los días detrás de un estrado con un mazo en la mano y dictaba sentencias que millones de personas veían como si fueran ley. Tú también la conoces. Te sentabas en tu sala por la tarde a ver a la doctora Polo golpear ese mazo y resolver la vida de la gente en media hora.

Caso cerrado, decía, “Y para ti eso bastaba.” La doctora Polo era la jueza más famosa de la televisión en español. La mujer que regañaba a los hombres que golpeaban, que defendía a las que no tenían quien las defendiera, que no le tenía miedo a nada. Esa era la imagen, la jueza implacable. Lo que casi nadie sabía es que años más tarde esa misma mujer iba a terminar sentada del otro lado, no dictando la sentencia, escuchándola, como acusada en un tribunal de verdad demandada por la persona con la que compartió más de 20 años de su vida.

Dos mujeres, dos reinas de la televisión hispana, una en un escenario, otra en un estrado. Las dos construyeron imperios desde el dolor. Las dos sabían lo que era perder, callar y levantarse de las cenizas. Y las dos terminaron traicionadas, no por un enemigo de afuera, sino por la gente que dormía bajo su mismo techo.

Había una frase que corría por los pasillos de esta industria, un secreto a voces que nadie decía en cámara. Tres palabras, la que paga calla. Recuérdalas, las vas a necesitar para entender el final. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre Jenny Rivera y sobre Ana María Polo. Primero, como dos mujeres que ganaron más dinero que casi cualquier hombre de su industria terminaron sin controlar su propio dinero y quién firmaba en su lugar.

Segundo, la cifra exacta y el nombre de la persona que llevó a la doctora Polo ante un tribunal de verdad. a ella, que juzgaba a todo el mundo. Tercero, lo que Jenny creyó que había pasado dentro de su propia casa, por qué murió sin volver a hablar con su hija y lo que esa hija ha jurado hasta el día de hoy.

Y cuarto, lo que quedó cuando ellas ya no estaban para pagar y quiénes siguieron cobrando encima de su nombre. Te voy a avisar cuando llegue cada una y te pido una sola cosa. Quédate hasta el final porque solo al final vas a entender por qué la frase que te dije hace un momento lo explica todo. Pero para entender cómo fue posible que esto ocurriera, primero necesitas conocer el mundo que construyó a estas dos mujeres.

Porque esta historia no empieza el día que todo se derrumbó. empieza mucho antes y empieza con algo que tú probablemente viste en tu propia televisión. Era la época en la que tú llegabas de trabajar, prendías la tele y ahí estaban todas las noches en tu sala como si fueran parte de tu familia. Una cantando lo que tú no te atrevías a decirle a nadie.

 La otra sentada tras un estrado poniendo en su lugar a los hombres que se creían dueños de sus mujeres. Para ti no eran famosas lejanas, eran compañía. Viajemos en el tiempo. Long Beach, California. Es el 2 de julio de 1969. La familia Rivera es una familia de inmigrantes mexicanos tratando de sobrevivir en un país que no les regala nada.

Don Pedro Rivera y doña Rosa Saavedra cruzaron la frontera buscando algo mejor. Y en medio de esa lucha diaria por pagar la renta y poner comida en la mesa, nace una niña. Le ponen Dolores Janny Rivera. El mundo la va a conocer como Jenny. Jenny crece entre lujos, crece entre cintas de cassete, discos e instrumentos, porque su papá tenía un pequeño negocio de música en el barrio.

Cintas Acuario se llamaba. Ahí, entre el ruido de las grabaciones y el olor de las bocinas, la niña aprende cómo funciona este mundo por dentro. Tú conoces esa vida. Tú sabes lo que es levantarte de madrugada a trabajar, sabiendo que el dinero apenas alcanza. Jenny lo vivió y eso le forjó el carácter.

 Le enseñó a pelear, le enseñó a no dejarse pisotear por nadie, pero la vida le cobra temprano. A los 15 años, Jenny queda embarazada. 15 años. Se casa con el papá de su primera hija, un hombre llamado José Trinidad Marín. Todos lo conocían como trino. Y ahí en esa casa, empieza una pesadilla que va a marcar a la familia entera durante décadas.

Guarda ese nombre, Trino Marín. va a volver y cuando vuelva vas a entender por qué esta mujer aprendió a desconfiar de todo el mundo. Antes de ser la diva, Jenny fue otra cosa que a ti te va a sonar conocido. Fue una mujer que vendía casas para mantener a sus hijos. Vendedora de bienes raíces, con hijos a cuestas, estudiando administración de noche, cantando los fines de semana en fiestas y palenques para juntar unos pesos más.

Nadie le regaló nada. Empezó grabando discos que casi no se vendían, cantando corridos en un ambiente que le repetía que una mujer no tenía nada que hacer ahí. Y poco a poco, disco tras disco, se convirtió en la diva de la banda, en la gran señora, en la mariposa de barrio, que fue como ella misma se llamó, porque salió del barrio y nunca lo negó.

Vendió millones de discos. Levantó un negocio con su nombre, con perfumes, ropa, cosméticos. hasta tenía su propio programa donde te dejaba entrar a su casa. La muchacha que vendía casas terminó siendo dueña de su propio imperio y todo eso lo hizo cargando en silencio las heridas que traía desde niña, porque al principio nadie apostaba por ella.

Read More