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California 1996 Asesinada en la Fiesta — Un Podcast Encontró lo que la Policía Ignoró

Los pasillos estaban más vacíos que de costumbre. Christin se quedó. La tarde del viernes 24 de mayo fue al cuarto de su vecina Margarita a pedirle prestado un reproductor de cassetes. Las dos conversaron, decidieron salir, buscaron a un par de amigas más del mismo dormitorio. A las 8:30 de la noche, las cuatro salieron juntas.

Era una noche normal, una noche de campus universitario en California. Una noche que debería haber terminado con Christin volviendo a su cama, poniéndose el pijama, durmiendo hasta tarde el sábado. Pero no terminó así. Esa noche, en alguna fiesta de cumpleaños que duró hasta las 2 de la madrugada, Cristin se cruzó con alguien, un joven rubio que dijo conocerla, que se ofreció acompañarla a casa y que tenía el ojo morado.

Su nombre era Paul Flores y lo que pasó en el camino de regreso al dormitorio esa noche es lo que Stan y Denise Smart tardaron 25 años en descubrir. La mañana del sábado 25 de mayo amaneció tranquila en el campus de Calpoli. Como cualquier sábado de fin de semana largo, silencio. Pasillos vacíos. El tipo de calma que tienen los lugares cuando la mayoría de la gente se ha ido.

Margarita Campos esperaba que Cristin volviera. Tenía una razón concreta para esperarla. [música] Las llaves. Esa noche, antes de separarse, Cristin le había dicho que había perdido las suyas. Margarita le prestó las propias y ahora esperaba que su amiga apareciera por el pasillo, le devolviera las llaves y le contara cómo había terminado la noche.

Kristin no apareció. Crystal Tesendorf, la compañera de cuarto de Kristin, también volvió al dormitorio ese fin de semana abrió la puerta y encontró algo que no encajaba. La cama de Kristin estaba sin deshacer. sobre ella, tiradas sin orden todas sus cosas, su bolsa, sus tarjetas bancarias, su dinero, su documento de identidad, todo lo que una persona necesita para moverse por el mundo, ahí sobre una cama que nadie había dormido.

Y Christin, ningún rastro. Las amigas esperaron. Quizás había dormido en otro lugar, quizás se había quedado en casa de alguien, quizás había una explicación simple que aparecería sola en pocas horas. Pero las horas pasaron y Cristin aparecía. El sábado terminó, el domingo llegó y se fue. Nada. El lunes, desesperadas, las amigas decidieron actuar.

Llamaron a la policía del campus de Calpi. La respuesta que recibieron es de esas que resultan difíciles de creer cuando las escuchas. La policía del campus les dijo que probablemente Christin todavía no había vuelto del fin de semana largo, que seguramente estaba viajando con amigos, que no había de qué preocuparse. Las chicas no se conformaron, llamaron al departamento de policía de San Luis Obispo.

Nueva respuesta. Igualmente inútil que como Kristin era estudiante universitaria, el reporte debía hacerse primero con la policía del campus. Círculo completo [música] de vuelta al principio. Volvieron a llamar a la policía del campus. Esta vez, finalmente, alguien tomó el teléfono y llamó a la familia Smart para preguntar si sabían algo.

Denise Smart dijo que no tenía noticias de su hija desde el viernes. Desde el viernes, tres días sin noticias de una chica de 19 años que siempre llamaba a su familia. Y la respuesta de la policía del campus fue seguir creyendo que Cristin estaba viajando con amigos, sin iniciar ninguna búsqueda, sin hacer ningún reporte formal, sin tomar ninguna acción concreta.

Fue recién el martes 28 de mayo cuando la policía del campus finalmente hizo el reporte oficial de desaparición. 4 días después de que Kristin desapareciera, 4 días en los que las huellas se enfriaban. 4 días en los que Paul Flores caminaba libre por ese mismo campus. Cuatro días perdidos que nunca se recuperaron.

Cuando la investigación finalmente comenzó, los detectives empezaron a hablar con estudiantes del campus y rápidamente llegaron a dos nombres importantes. Tim y Cherold. Los dos amigos que esa noche de la fiesta de cumpleaños habían ayudado a Christin cuando ya no podía caminar sola. Los que la habían acompañado parte del camino de regreso al dormitorio, los que habían visto a Paul Flores.

Shery fue clara desde el principio. Paul Flores le parecía un tipo extraño. No era la primera vez que lo veía en fiestas del campus y en todas las ocasiones anteriores el patrón era el mismo. Paul rodeando chicas. Paul intentando acercarse de formas que incomodaban. Paul buscando situaciones donde las chicas estuvieran solas o vulnerables.

Esa noche no había sido diferente. Shery contó que Paul había estado rodeando a Kristin durante toda la fiesta, que en un momento dado Paul se había caído, había arrastrado a Kristin al suelo con él y había intentado besarla. Y Tim agregó algo más. Cuando los tres acompañaron a Kristin y Paul hacia el dormitorio, Sheril se detuvo en la puerta de su propio cuarto, pero antes de entrar le dijo algo a Paul directamente.

Le dijo que dejara a Kristin en el lugar correcto. Sin gracias, Paul sonrió. Sher vio como los dos caminaban juntos hacia el dormitorio de Christin y entró a su cuarto. Esa fue la última vez que alguien vio a Kristin Smart caminando. Los investigadores fueron entonces a buscar a Paul Flores y lo que encontraron generó más preguntas que respuestas.

Paul tenía el ojo morado, marcas de arañazos por el cuerpo. Cuando un amigo suyo le había preguntado si eso lo había causado alguna chica o el novio de alguien con quien había intentado propasarse, Paul respondió que no recordaba qué había pasado. Cuando la policía le preguntó por el ojo morado, Paul dijo que se había golpeado solo mientras trabajaba en su camioneta.

Pero había un problema con esa versión. Varios testigos dijeron que Paul ya tenía el ojo morado el sábado. Antes de trabajar en la camioneta, la historia de Paul no cerraba. Dijo que esa noche había acompañado a Christin solo hasta la puerta del dormitorio, que después había intentado dormir, pero se despertó pasando mal a las 4 de la madrugada, que el sábado había visto televisión todo el día, que esa noche había ido al cine con amigos.

Cuando le preguntaron quiénes eran esos amigos, no supo dar nombres con certeza. El domingo había ido a casa de su padre, Rubén Flores, a arreglar una camioneta en el garaje. Esa misma noche fue arrestado por conducir en estado de ebriedad. Los investigadores le pidieron que hiciera una prueba de polígrafo. Paul se negó.

Dijo que tenía que ir a limpiar el jardín de su madre y entonces ocurrió algo que define todo lo que vendría después. Algo que cuando lo lees en el expediente genera una rabia particular, una indignación que es difícil de contener. A pesar de todas las contradicciones, a pesar del ojo morado, a pesar de que era el último en ver a Kristin con vida, a pesar de que se negó al polígrafo, Paul Flores no fue detenido, no fue arrestado, no fue siquiera retenido para una investigación más profunda.

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