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El Señor del Hierro | Pedro Armendáriz | Película Clásica Mexicana | Cine Clásico

Pedro Cardosa. Dale.    Bueno, Sauro Castro,

cállese. Y lo que son las gentes. Ahora que miran la cosa fea, todos sus partidarios la abandonan.

Se sabe ya quién mató a Cardosa. Muchos lo saben, pero pocos lo dicen.  Si es cosa don Rosauro, más vale callarse la boca. contra Roso Castro nadie puede ni podrán en mucho tiempo. Pues a ver si se atreve ese agente del Ministerio Público que acaba de llegar. Pues a ver, ojalá. Vamos a verlo.

Vimos rondar los opilotes y ahí no más nos encontramos a Pedro Cardosa. Apenitas si respiraba. ¿Tienen ustedes alguna sospecha de quién pudo ser el asesino? Vamos, contesten. No sabemos nada, señor. Ustedes bien saben que Pedro Cardosa fue el primero que se atrevió a lanzar su candidatura a la presidencia municipal, contrariando así los deseos e intereses de Rosauro Castro, ¿no es así? Yo no creo que mi compadre haya tenido nada que ver en este asesinato, licenciado.

Rosauro siempre ha sido amigo de los campesinos, ¿no es cierto, Fidencio? Sí, señor. Aquí todos le debemos muchos favores a don Rosauro. ¿Qué favor le debes tú? Me prestó dinero cuando la helada y no solamente a mí, sino también una bola de gentes les dio la mano. Está bueno, pueden retirarse. Total, unos porque le tienen miedo y otros porque le deben favores.

El caso es que nadie se atreve a presentar pruebas en contra de Rosauro Castro. Usted tiene muy poca experiencia de lo que son estos pueblos, licenciado. Aquí eso de las leyes y de los gobiernos sale sobrando porque la realidad no se aviene con estas cosas. Pues tiene usted un concepto bastante pobre de su cargo cuando dice eso a pesar de ser presidente municipal.

Bueno, yo no me refería al gobierno del municipio, que a ese sí están acostumbrados a respetarlo todos los ciudadanos. No trato de que sea en distinta forma. Yo he venido aquí precisamente para hacer que la ley se cumpla y para que sean sancionados sus infractores. Muy buenos propósitos, señor licenciado. Y yo seré el primero en verlos con buenos ojos.

Pero de todos modos, aquí la gente está muy contenta así como está. Y eso de las leyes, ya va usted a ver cómo no más es causa de un alboroto. Osabro Castro ha terminado por convertirse en un cacique que ejerza el poder al margen de la ley. No solo se conforma con ser el dueño de casi toda la riqueza de la región, sino que en el orden político se ha dado a sí mismo la facultad de poner y quitar autoridades a su antojo, haciendo caso de la voluntad del pueblo.

Ahí sí que está usted muy equivocado y no creo que tenga derecho a dudar sobre la legitimidad con que ocupamos nuestros cargos. Los hombres cuya única mira es velar por el bienestar de los ciudadanos. Todo el mundo sabe que Rosaburo ha implantado un régimen de persecución, terror, asesinatos. A su debido tiempo reuniré las pruebas suficientes para condenarlo.

Pues tendrá usted que reunir esas pruebas que dice, licenciado, porque de otro modo tampoco sería justo cometer con mi compadre las mismas arbitrariedades de que usted se queja. No dude usted que las reuniré tarde o temprano. Pues le deseo suerte en este negocio, licenciado.  Buenos días, don Rosauro.

 

No, Rubén, no comas. Primero hay que dar sepultura a tu hermano y luego ya veremos. Está bien.  asesino.

Sí, sí, a ti te lo digo. Vienes a contemplar tu obra. Ahí está mi hijo. Pasa a verlo con tus ojos, asesino maldito.  Tienes miedo. Tienes miedo de una madre. Es una mujer la que te grita y te acusa. Ahí está mi hijo, mi hijito muerto, al que tú me has quitado. Asesino, asesino. Asesino.   ¿Lo habrán encontrado vivo? Pues a lo mejor sí.

Vamos a ver a mi compadre a ver qué razones nos da de esto.   Io la caricada. Ese Rosauro Castro, licenciado. ¿Y ustedes qué? ¿No les he dicho que no quiero ver gente pidiendo limosna en este pueblo? Aquí hay trabajo para todos. No más es que quieran. A ver, Sabino, tómales el nombre y me los mandas para rancho como jornaleros.

Hola de flojos estos. Quítese. Ándele. Se retrata todo entero en la mirada. Decíaste, licenciado. No, nada.  Yobo, compadre. Pues, ¿qué modos de

anunciarse son estos? Me quitó el gusto de ser yo el que no es rara. Pero buen tiro. ¿Para qué es más que la verdad? No se fije, compadre. Fue con la chiripera. Espéreme ahí, compadre, que quiero hablar con usted. A ver, déjeme ver esa chiripera que no lierra un tiro. Por ahí dice que está pero no es la pistola, compadre, sino lo que jale el gatillo.

¿Alguna novedad por su rancho? Una. No sé por aquí que tenga que contarme. Pues la única novedad es que ayer llegó un agente del Ministerio Público. Dice que para que no haya atropellos en las elecciones. ¿Cómo que para que no haya atropellos en las elecciones? ¿Por qué no está usted aquí para dar garantías? Este es mi compadre Rosauro Castro, el licenciado García Masa que viene mandado por el gobierno.

Mucho gusto. Pasen ustedes. Parte del gobierno, ¿no? Pues mire usted, señor licenciado, no quisiera ofenderlo, pero francamente no me explico a qué lo mandaron a usted. No se explica. Le diré aquí reina una situación que las autoridades superiores no están dispuestas a seguir tolerando. Sí, compadre.

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