Pedro Cardosa. Dale. Bueno, Sauro Castro,
cállese. Y lo que son las gentes. Ahora que miran la cosa fea, todos sus partidarios la abandonan.
Se sabe ya quién mató a Cardosa. Muchos lo saben, pero pocos lo dicen. Si es cosa don Rosauro, más vale callarse la boca. contra Roso Castro nadie puede ni podrán en mucho tiempo. Pues a ver si se atreve ese agente del Ministerio Público que acaba de llegar. Pues a ver, ojalá. Vamos a verlo.
Vimos rondar los opilotes y ahí no más nos encontramos a Pedro Cardosa. Apenitas si respiraba. ¿Tienen ustedes alguna sospecha de quién pudo ser el asesino? Vamos, contesten. No sabemos nada, señor. Ustedes bien saben que Pedro Cardosa fue el primero que se atrevió a lanzar su candidatura a la presidencia municipal, contrariando así los deseos e intereses de Rosauro Castro, ¿no es así? Yo no creo que mi compadre haya tenido nada que ver en este asesinato, licenciado.
Rosauro siempre ha sido amigo de los campesinos, ¿no es cierto, Fidencio? Sí, señor. Aquí todos le debemos muchos favores a don Rosauro. ¿Qué favor le debes tú? Me prestó dinero cuando la helada y no solamente a mí, sino también una bola de gentes les dio la mano. Está bueno, pueden retirarse. Total, unos porque le tienen miedo y otros porque le deben favores.
El caso es que nadie se atreve a presentar pruebas en contra de Rosauro Castro. Usted tiene muy poca experiencia de lo que son estos pueblos, licenciado. Aquí eso de las leyes y de los gobiernos sale sobrando porque la realidad no se aviene con estas cosas. Pues tiene usted un concepto bastante pobre de su cargo cuando dice eso a pesar de ser presidente municipal.
Bueno, yo no me refería al gobierno del municipio, que a ese sí están acostumbrados a respetarlo todos los ciudadanos. No trato de que sea en distinta forma. Yo he venido aquí precisamente para hacer que la ley se cumpla y para que sean sancionados sus infractores. Muy buenos propósitos, señor licenciado. Y yo seré el primero en verlos con buenos ojos.
Pero de todos modos, aquí la gente está muy contenta así como está. Y eso de las leyes, ya va usted a ver cómo no más es causa de un alboroto. Osabro Castro ha terminado por convertirse en un cacique que ejerza el poder al margen de la ley. No solo se conforma con ser el dueño de casi toda la riqueza de la región, sino que en el orden político se ha dado a sí mismo la facultad de poner y quitar autoridades a su antojo, haciendo caso de la voluntad del pueblo.
Ahí sí que está usted muy equivocado y no creo que tenga derecho a dudar sobre la legitimidad con que ocupamos nuestros cargos. Los hombres cuya única mira es velar por el bienestar de los ciudadanos. Todo el mundo sabe que Rosaburo ha implantado un régimen de persecución, terror, asesinatos. A su debido tiempo reuniré las pruebas suficientes para condenarlo.
Pues tendrá usted que reunir esas pruebas que dice, licenciado, porque de otro modo tampoco sería justo cometer con mi compadre las mismas arbitrariedades de que usted se queja. No dude usted que las reuniré tarde o temprano. Pues le deseo suerte en este negocio, licenciado. Buenos días, don Rosauro.
No, Rubén, no comas. Primero hay que dar sepultura a tu hermano y luego ya veremos. Está bien. asesino.
Sí, sí, a ti te lo digo. Vienes a contemplar tu obra. Ahí está mi hijo. Pasa a verlo con tus ojos, asesino maldito. Tienes miedo. Tienes miedo de una madre. Es una mujer la que te grita y te acusa. Ahí está mi hijo, mi hijito muerto, al que tú me has quitado. Asesino, asesino. Asesino. ¿Lo habrán encontrado vivo? Pues a lo mejor sí.
Vamos a ver a mi compadre a ver qué razones nos da de esto. Io la caricada. Ese Rosauro Castro, licenciado. ¿Y ustedes qué? ¿No les he dicho que no quiero ver gente pidiendo limosna en este pueblo? Aquí hay trabajo para todos. No más es que quieran. A ver, Sabino, tómales el nombre y me los mandas para rancho como jornaleros.
Hola de flojos estos. Quítese. Ándele. Se retrata todo entero en la mirada. Decíaste, licenciado. No, nada. Yobo, compadre. Pues, ¿qué modos de
anunciarse son estos? Me quitó el gusto de ser yo el que no es rara. Pero buen tiro. ¿Para qué es más que la verdad? No se fije, compadre. Fue con la chiripera. Espéreme ahí, compadre, que quiero hablar con usted. A ver, déjeme ver esa chiripera que no lierra un tiro. Por ahí dice que está pero no es la pistola, compadre, sino lo que jale el gatillo.
¿Alguna novedad por su rancho? Una. No sé por aquí que tenga que contarme. Pues la única novedad es que ayer llegó un agente del Ministerio Público. Dice que para que no haya atropellos en las elecciones. ¿Cómo que para que no haya atropellos en las elecciones? ¿Por qué no está usted aquí para dar garantías? Este es mi compadre Rosauro Castro, el licenciado García Masa que viene mandado por el gobierno.
Mucho gusto. Pasen ustedes. Parte del gobierno, ¿no? Pues mire usted, señor licenciado, no quisiera ofenderlo, pero francamente no me explico a qué lo mandaron a usted. No se explica. Le diré aquí reina una situación que las autoridades superiores no están dispuestas a seguir tolerando. Sí, compadre.
Dice el licenciado que también tiene que mirar en eso de Pedro Cardosa, porque sabrá usted que lo mataron. Con esa mala noticia me topé ahora entrando al pueblo. Mira cómo me parte el alma esa pobre madre de Pedro Cardosa. Si bien se mira, señor licenciado, hombres como Pedro Cardosa, debían de pensar muy bien lo que hacen.
Mire nás el dolor que le ha causado a esa pobre vieja que lo echó al mundo. Y si bien se mira, señor Castro, hombres como como los que fueron capaces de arrebatarle sus hijos a esas madres, también debían medir sus actos. De hoy en adelante en este pueblo se respetará la ley y se castigarán los crímenes que se cometan. Ni quien diga lo contrario.
En eso estamos perfectamente de acuerdo, ¿verdad, compadre? Nada más que no se le olvide, señor licenciado. Usted tiene una forma muy rara de ver las cosas. Usted lo que sabe lo aprendió en los libros. Y pues, ¿qué quiere que le diga? No todo se aprende en ellos. Hay que vivir la vida de estos pueblos para darse cuenta de las pasiones.
Para decidir quién viola la ley y quién la respeta, basta solamente el sentido común. No le digo si no es tan fácil así. Mire, me voy a poner yo mismo de ejemplo. Mis enemigos no son capaces de apreciar los beneficios que yo le haga al pueblo, pero que no suceda algo malo, porque luego se sueltan diciendo, “¿Que si Rosauro Castro esto, que si Rosauro Castro aquello?” Y muchos años tendría yo que vivir, señor licenciado, para poder hacer tanto milagrito como me cuelgan.
He venido a este pueblo como autoridad imparcial, pero debo advertirle, señor Castro, que lo poco que he podido averiguar sobre su conducta no le favorece nada. Pues yo no soy de los que cambian su conducta, n más porque sí, y mucho menos porque me lo vengan a decir gentes que no saben. Si aquí nadie tiene nada que decirle, compadre, no más que aquí el licenciado pues tiene esa forma de hablar que es la forma que usa la ley y la que a nosotros que no sabemos pues nos parece medio dificultosa.
O sería bueno que el señor licenciado mirara de hablar mejor. No vaya a ser que lo juzguemos mal. ¿Y qué, compadre? ¿Pudo declarar algo el pobre Pedro Cardosa? No, lo encontraron sin conocimiento y yo creo que los asesinos ni siquiera eran de este pueblo. Mientras haya hombres como usted en la presidencia, compadre, yo sé muy bien que siempre se procederá con la justicia y con la razón.
Y usted, señor licenciado, ya sabe que me tiene a su mandar en mi casa. que es la suya. Ah. Papá, papacito, véngase para acá. Hijo, ándele, va arriba. Pero mira n más qué cochino andas. A ver, cuéntame, ¿qué has hecho?
Qué bueno que veniste, papá. ¿Cuándo me llevas a rancho, papá? Hoy. ¿Cómo que hoy? ¿Y la escuela? ¿Por qué no fuiste a la escuela? No más me dijo mamá que no fuera a la escuela. Eso te dijo tu mamá. Sí. Bendito sea Dios que llegaste. Tenía miedo de que te hubiera ocurrido algo. ¿Por qué no llevaron Ángel al colegio? Estoy preguntando, ¿por qué no fue el niño a la escuela? Contesta.
Tu mamá y yo no quisimos que fuera. Pregúntaselo a ella. Rosauro, hijo. Voy, madre. Ya lo es, papá. Sí, hijo, después de que vayas a la escuela. Vete con tu mamá, Angelito. ¿Por qué no lo mandaron a la escuela? Marta y yo no quisimos que fuera para que los otros muchachos no le contaran lo que se dice en el pueblo.
Ve con tu mamá, hijito. ¿Qué es lo que se dice por el pueblo? Que Pedro Cardosa fue asesinado. Eso supe. Y dicen que fuiste tú. ¿Quién lo dice? La propia madre del difunto vino a gritarlo aquí y a maldecirme a mí y a maldecir esta casa y a maldecir nuestra sangre. Usted no creerá nada de eso, ¿verdad, madre? Quisiera no creerlo.
Solo puedo decirte una cosa. Preferiría estar en el lugar de esa mujer y no en el mío. Preferiría Preferiría haberme muerto. Tienes las manos manchadas, hijo. Pedro Cardosa le iba a hacer mucho daño al pueblo. al pueblo o a ti es lo mismo. Lo que no quieren comprender es que yo busco el bien de todos. ¿Qué cuentas le voy a dar a Dios de ti, hijo? Dime, ¿qué cuentos voy a dar a Dios? Yo no más le digo que tengo la conciencia tranquila. Eso es todo.
Lo que debes hacer es ir con el padre Lorenzo para que te ponga en paz con Dios para que te perdone. Eso no. Madre, ustedá en todas esas cosas, pero yo no. Por más que quiera no puedo. Vete, vete. Con tus pecados y con los míos. ¿Por qué no mi abuelita que fuera a la escuela? Papá, nada, hijo. Tonterías de las mujeres.
¿Verdad que tú sí estás muy contento con tu papá? Sí, papá, hasta por eso me quieren unir todos los niños de la escuela. Te voy a llevar a la escuela, hijo. Yo mismo lo llevaré a la escuela. A ver quién se atreve a señalarlo allá. Turo. Pues si quieres oír un mal consejo, más
vale que no te le pares enfrente. Mañana mismo me largo. Chavelo, ¿te dio permiso Rosauro de volver? Porque de otro modo solamente que hayas perdido el juicio. Vine corriendo el riesgo, no más para llevarme a mi novia y a mi familia. Pues te aconsejo que lo hagas lo más pronto posible. ¿Qué siguen malas cosas por aquí? Ayer mataron a Pedro Cardoso.
¿Qué? Dicen que él lo mató y esta misma tarde lo entió. Pobre Pedro. Él era el único que quedaba en el pueblo para enfrentársele a Rosauro Castro. Está aquí Rosauro. Llegó al medío. ¿Qué crees que ahora la siga conmigo? Pues Beto saber. Bueno, nos veremos. Hasta luego. Beatriz, acaba de llegar tu hermano. Ah.
Madre. Beatriz. Chavelo, hijo. Madre, pero si me dijeron en sus últimas cartas que ya se había levantado. Volví a recaer, pero no es nada, hijito. Me da mucho gusto verte, pero no debías haber venido aquí. Y tu hermana y yo nos bastamos a pesar de todo. Gracias a Dios que por fin volviste, no sabes cuánto siento lo de Pedro.
No más vine por ustedes para llevarme desde aquí lo más pronto posible. Yo creí que venías para quedarte. Tú sabes que no puedo exponerme n más aquel día menos pensado me mate, Rosauro Castro. Mis miras son casarme con Celia y que todos vivamos en paz, lejos de aquí. Podemos establecernos en realidad sus cenas, mamá, donde me dijeron que está repartiendo tierras.
También yo pensaba en casarme con Pedro Cardosa y juntos íbamos a vivir en paz. Si tú quieres irte, está bien, Chabelo, yo me quedo. Llévate a mi mamá y tienen derecho a ser felices. Yo ya no podré. Déjenme, déjenme. ¿Pasaste a ver a Celia? Todavía no. Ha venido todos los días a preguntar por ti y a recoger tus cartas.
Yao.
Bueno, mira. Vete, Chabelo. Te veré después de la clase. Entonces, en mi casa nos vemos. Chavelo.
¿Cuándo llegaste? ¿Qué hay, Damián? Tú sí que de ver a Yan ni la tuerces. Como que no le tienes miedo a nadie, ¿eh? Pero ándate con cuidado porque con Rosauro Castro no se juega. Ahí nos vemos. Hasta luego, Daniel. Te pones muy elegante para llevar al niño a la escuela. ¿Ya estás listo, hijo? Sí, papá. No, Sabino, tú no vas.
No será mejor que lo acompañe, Rosauro. No voy solo. Aquí tengo quien me defiende. Sabino. Ord usted, señora. Vete con Rosauro. No lo dejes solo, aunque él no quiera. Está muy bien, doña Margarita. Ha ido a verla. ido a ver a esta mujer, mamá Margarita.
Bueno, Esperanza. Muchos días de estos por aquí. Nos veremos más tarde. Aquí los espero. Buenas, don Salvador. ¿Qué llegó eso? No
faltaba másuro. Es de lo mejorcito que hay por la capital de los modelos más recientes. Tocante al perfume. Vamos que ni Cleopatria lo tuvo mejor. Papá, voy a enseñar. No te dije que no vinieras. Espérame en la plaza. Ay, pobrecita. Salvador, hombre. Qué bueno es. Qué bueno. Compañera, por nuestra bandera.
Uniros donde quiera y por morir. Mi alma con Mira papá muerto un muerto. matarul ulencia,
perdón yemencia, perdón y piedad. Métanse, niños, métanse. verme obstado. Tu peo rasgado, bondad. ¿Por qué se muere la gente, papá?
Porque todos tenemos que morir los hijos. Siéntense. Aquí le traigo al muchacho, señorita, porque no quiero que falte ni un solo día sus clases. Hubiera sido preferible que hoy no lo trajeras. ¿Por qué? Espectáculos como el que acaba de ver pueden impresionarlo demasiado. Cuide de que no sea usted la que se impresione demasiado.
El niño no puede entrar con armas a la escuela. Me perdonará, señorita profesora, pero esto no es un arma, sino un juguete. Tómala. Síateí. Ustedes siéntense. Buenas tardes, señorita ya le he advertido muchas veces a tu madre que su estado es muy delicado, Chabelo. A ver si a ti te hace caso y se cuida. Gusto en verte, Chabelo.
Me imaginé que desde los últimos enredos en que te metiste no te iban a quedar ganas de volver a pararte por aquí. Cu más que te dije que te sacaría del pueblo a cabeza de silla. Vine por mi familia. Será cosa no más de días porque mi madre esté enferma. Por lo que respecto tu mamá, yo mismo le mandaré al doctor y todos los gastos correrán por mi cuenta.
Pero contigo es otra cosa, Chabelo. Te doy de plazo de aquí a las 5 de la tarde para que te alargues. Óyelo bien. Las 5 de la tarde. Óigame, Rosauro, yo creo que hace mal en eso de Chabelo Campos. Hacer mal lo que menos esperaba, compadre, es que usted me saliera con esa clase de observaciones. Yo solamente quiero que se dé cuenta de que tenemos aquí ese representante del gobierno y por lo menos hay que guardar las apariencias.
Otra vez la burra al trigo. ¿Qué me importa a mí ese licenciado? ni que fuera la primera vez que tratan de enredarme. Bueno, yo no más le digo que sean de contento, compadre. Todavía está fresco lo de Pedro Cardosa y no tiene usted por qué buscarse más dificultades. Pobre de Rosauro Castro el día que tenga que considerar agentes como Chabelo Campos.
Si permito que mi autoridad, adiós, Sauro Castro. Y antes de que eso suceda, le juro que prefiero que me vea muerto aquí en la calle. De veras que ha cambiado usted, compadre. Bueno, nosimos. Dile tú No, mejor tú.
Ya van a dar las 5 de Rosauro. Antes de que tú llegaras, estuve a verme tu compadre Antonio. Sí. Vino a pedirme que te convenciera, que dejaras a Chabelo vivir en el pueblo. Yo creía que mi compadre tenía cosas más importantes de que ocuparse. La madre Chavelo está enferma. Yo creo que si le perdona se comportará bien de aquí en adelante.
Ya sabes que no me gusta que se metan las mujeres en mis asuntos. Y si te lo pido yo como un regalo, hoy que es día de mi santo. Bueno, pues qué remedio. Pero no más porque me lo pide mi compadre. Jálate para que se puede quedar. No más que me camine muy derechito. Sí, señor. Ya estaba casi convencido de que lo mejor era irme.
Pero ahora quedó tan enferma mi madre que no me pidan que me vayan. Es necesario, Chabelo. Vine por ustedes, por ti, por mi madre y por Beatriz y ahora tener que irme solo. Pensarás que soy un cobarde. No, Chavelo, te obligan y mientras tengamos en el pueblo que sufrir esta tiranía, no hay otro remedio. Te seguiré queriendo como siempre.
Es que ustedes son lo que más quiero, lo único que tengo en la vida. Su bendición, madre. Ya me voy. Vete tranquilo, hijo. Si Dios me conserva la vida, nos volveremos a ver donde quiera que te encuentres. Ya, Chabelo, no hay tiempo que perder. Seguro que no tardan en llegar los hombres de Rosauro. Vete, por Dios.
Ya vete, hijo. Hay cosas que son más fuertes que la voluntad de un hombre. Y por más que uno quiera, ellas pueden más. No me voy de aquí. No puedo irme. Me quedo y haré frente a lo que vengas y sea lo que sea, madre. M. Onta Chabelo,
si les pregunto es porque le traigo un recado. Don Rosauro, ya se va, señor. Pues el caso está que ya no tiene que irse para ningún lado porque don Rosauro le da permiso que se quede. Esa es la mera verdad. ¿Cómo no van a creer en la palabra de don Rosauro si él mismo fue quien me lo dijo? No más añadió que quiere que Chabelo ande muy derechito desde aquí en adelante.
Si don Rosaur es de buen corazón. Díganselo a Chabelo para que ya esté tranquilo. Ahí nos vemos. Tú dirás en qué puedo servirte. Vengo a pedirle garantías. Extraña tu petición. Aquí todo el mundo las tiene. No sé qué va a pensar de tus palabras el señor licenciado, que es el representante del gobierno.
No trate de meterme miedo, don Antonio. El señor va a pensar lo que es la verdad, que aquí nadie tiene garantías, mientras el que mande sea Rosauro Castro. Ni de tus palabras, Chavelo. El que en otros tiempos no se hayan hecho las cosas como es debido no es culpa mía, pero ahora la situación ha cambiado. ¿Qué clase de garantías quieres tú? Quiero que la autoridad me proteja.
Uno de los hombres de Rosauro Castro fue a mi casa para echarme del pueblo. ¿Estás seguro de que fue eso? A echarte del pueblo? Usted mismo fue testigo de las amenazas que me lanzó, Rosauro. Yo creo que estás equivocado, Chabelo, y te prevengo que no voy a permitir que le levantes falsos de esa forma a la autoridad.
Ahora puedes retirarte y que no te vuelva a llover con esa pistola. Me gustaría hablar con usted, Chavelo. Siéntese. Dígame, ¿qué pleitos trae usted con los Castro? Es cuestión vieja, señor licenciado, pero no es pleito, sino abuso. Yo iba a vender unas cargas de trigo en San Juan porque el precio que me ofreció Rosauro no me convenía. La víspera de sacar el grano, mi rancho ardió y Rosoro me mandó decir con uno de sus hombres que me fuera del pueblo si no quería que me pasara algo más grave.
Todo eso quedó escrito en un acta, pero nada se hizo y tuve que irme. Le hago la aclaración que por aquel entonces aquí don Antonio todavía no era presidente municipal. He revisado todos los expedientes y esa acta no existe. Declararon testigos. Los Cardosa hablaron en mi favor. De todos modos, tú eres el primero que se atreve a hablar con claridad en el pueblo.
¿Estás dispuesto a sostener una nueva declaración formal ante el propio Rosauro Castro? Sí, señor. Tenga usted la bondad de enviar citatorio a Castro para que se presente que más tardar dentro de una hora. Muy bien, señor licenciado. harás tu declaración por escrito y te rogaría que después hablaras con los Cardos a ver si los convences de que se presenten aquí cuanto antes para efectuar un carrero.
Dile a mi compadre Rosauro que lo espero en la cantina de Juanito. Urgente.
Aquí te lo encargo. No te tardes, papá, que ya viito. Parita, regreso. El caso es que Chavelo ha presentado acusación formal contra usted. De manera, compadre, que yo le aconsejo que busque la forma de detener las cosas. Habrá he visto tamaña ingratitud precisamente cuando acabo de perdonarle
sus faltas. Bueno, compadre, usted sabe lo que hace. ¿No te parece que hay demasiada gente en esta cantina? Yo creo que sí, don Rosado. Lo siento mucho, muchachos, pero será mejor que se vayan. A nadie se le lía un trago en estas condiciones. Juanito, tú sabes muy bien que acabamos de enterrar a nuestro hermano.
No le busquen más. Mejor es que se vayan. Oye, Juanito, ¿no has visto los Cardoso? No te vayas. A ti precisamente te quería ver. Sí, ven para acá. Ya supe de tus intrigas. Tal parece que tú no quieres darte cuenta de las cosas. Este pueblo a cada rato se vuelve más chico para que los dos quepamos en él.
Pues tendremos que vivir apretados, Rosauro, porque ahora tengo la ley de mi parte. Y si tú no quieres irte, pues yo tampoco. Armado, noasto. No está fea la pistolita. A ver, déjame verla. Tómala tú mismo si quieres. Te digo que me la des. Lo que quieres es agarrarme con la pistola en la mano para que después se diga que me mataste legítima defensa.
No, las hace muy vivo. No, pero te conozco muy bien. Guarda por ahí eso, Juanito. Estas cosas no sirven si no en las manos de los hombres. Y tú ya puedes ahcar el ala. Vámonos. un trago. los No,
no está desarmado. Sauro, estoy desarmado. No, solo. No, no, no. No, usted, señor licenciado, ¿no cree que ya está bueno de esperar? a Chabelo Campos. No sé por qué me late que no va a venir. Pues si no se atreven a venir ni Chabelo ni los Cardosa. Yo de todos modos tengo ahí una acusación de Chabelo firmada de su puño el por más que quiere esos papeles no tienen ningún valor.
El valor que yo les concedo es de otra índole. No es un valor precisamente jurídico, es un valor moral. Comienzan a perderle el miedo. Rosado. Ah, sí. Mire, señor licenciado, ya déjese de tarugadas. Perdóneme que le hable de esta forma, pero vamos a hablar claro de qué se me acusa.
Dígame de una vez qué es lo que se propone. Estoy a punto de comprobar, entre otras cosas, que usted ordenó el incendio del rancho de Chabelo Campos y mató o mandó matar a Pedro Cardosa. Pues va a tener que comprobarlo lo más pronto posible, porque de lo contrario, de lo contrario, ¿qué? Me veré obligado a retirarlo del pueblo y a que lo procesen por calumnias contra mi persona.
No olvide que cuento con el apoyo del gobernador y también como es de suponerse con el apoyo de don Antonio que está obligado a prestarme ayuda. Muy interesante. ¿Y usted qué dice, compadre? Mi deber está en ayudar al licenciado en el cumplimiento de la ley, Rosauro. Y no vamos a darle argumentos para que de veras crea que usted maneja las autoridades a su antojo.
Muy bien. Hay gentes malagradecidas que ponen la ley por encima de lo más sagrado que tiene el hombre, que es la amistad. Pero entonces vamos a ver a cómo nos toca, porque yo no soy de los que le han dado, n más porque sí. A lo que veo es una declaración formal de guerra la que usted hace. Pues qué otra cosa se había figurado.
Mire, señor licenciado, ya me cansé de toda esta verhuiguata que no conduce a nada, así es que con su permiso me retiro porque tengo una diversión muy particular y aquí nada más estoy perdiendo el tiempo. Cualquier cosa que se le ofrezca, mándeme llamar que aquí el señor don Antonio sabe dónde encontrarme. Usted ha dicho la última palabra.
Espero poder demostrar muy pronto que tengo la razón. No vaya tan deprisa, licenciado. Lo que va de prisa es su destino. Lo que va de prisa es su destino,
Rosado. Lo que va deprisa es su destino. Rosón. No. Nos vemos más tarde en Casa de Esperanza. Y eso
ya lo ves, Rosauro. Debía suceder tarde o temprano. Me voy de esta casa. Cuanto antes, mejor. Pero me llevo a mi hijo. Eso sí que no. Si tú quieres largarte, puedes hacerla ahorita mismo, pero sola. Lo oyes. Sola. Ni tú ni nadie podrá arrebatármelo. Solo Dios. Solo Dios. Solo Dios. Ya veremos. Que te larguesauro.
¿Será posible que no haya nada capaz de contenerte? Ahí tienes a tu juez, ahí tienes a tu hijo. Nadie destruirá este hogar mientras yo viva. Este no es un hogar, sino una maldición de Dios. Ven, angelito, mi vida. No te asustes. Nadie te llevará de esta casa. Hay que vivirá siempre con mamá Marta, con papá, conmigo, hasta que Dios quiera.
Llévatelo a la cama, Rosauro. Con Rosauro hay que tener ahora más prudencia que nunca. Hay algo superior a la voluntad humana que parece conducirlo y empujarlo. Lo único que nos queda es pedir a Dios por él. Yo quiero estar siempre contigo y con mi mamá y con mi abuelita. Tú no quieres mamá.
Ro, papá. Cuando te acuestas y santo que no le pasa nada a mamá Margarita ni a mamá Marta, ni papá tampoco. Amén. A ti menos que a nadie, hijito. Ahora sí, acuéstate. Ahora sí, eh. Papá, no te vayas.
Pues sí.
Que se den de santos. que el primer plomazo me lo dieron luego luego, porque
si no esta es la hora que se están preparando dos velorios más. Ahora que yo creo que todavía no nace, ¿quién quiebra Rosauro Castro? ¿Cómo le va, licenciado? Mucho gusto en verlo. Ahora sí se dará cuenta quién le hace falta garantías en este pueblo, ¿verdad? Fíjese bien, este es el resultado de que anda usted alborotando a la gente que quiere matarme y todo porque dice usted que me anda perdiendo el miedo.
Nos enteramos de lo que pasó y queremos que nos diga cómo fueron los hechos para que se levante el acta. Muy sencillo. Me balancearon saliendo de mi casa. Y usted, compadre, creí desde que la última vez que nos vimos ya no iba a tener el gusto de saludarlo. Olvídese de eso, compadre. Entre nosotros no ha pasado nada.
Vengo a ver si se le ofrece alguna cosa. Muchas gracias, Antonio. Esperanza. Sirven una copa mi compadre y otra licenciado. Y ahora sí tenemos motivo de celebración. La tomaremos y nos vamos enseguida. Voy a hacer la ronda. No sea que esa gente quiera seguir haciendo de las suyas. Me parece muy bien. Anda esperanza. A ver, música.
Sabino Fidel, echand a los músicos estos. Ándele ahí.
Las mujeres apreciados. de los hombres. Te digo de las mujeres y apreciado de los hombres. Este es el marate. Estaba el marcumé tomándose una copita. Esta marum tomándose una copita por el amor que le tiene a una mujer bonita. Por el amor que le tiene a una mujer bonita.
Rosauro, rosauro, me rezaron una novena de tierras abajo. Vengo una novela ahora que vengo abrazar. Ahora que vengo a la tierra. ¿Qué diablos haces aquí? ¡Lárgate! Tu hijo. ¿Qué hay conmigo? Ese es el cuento. Ahora lo han matado. Lo han matado. ¿Qué dices? ¿Te has vuelto loca? Te tocó uno de los tiros de la balacera.
La encontré muerto en la ventana. Estaba el mar a ver tomándose una comida. Esta del mar a cumber tomando una conquista por el amor

Ángel, Ángel, hijo, te hablo Ángel. Ángel. Esto es lo que usted llama un castigo de
Dios. Yo mismo lo maté, madre. Yo disparé hacia la ventana. Solo Dios. Solo Dios. No, ellos fueron. Ellos me lo quitaron. Tauro, déjalo, hija. No hay fuerza capaz de detenerlo. Dios mío, perdona todos nuestros pecados.
Papá muerto.
Deténgase, compadre. Le digo que se detenga, compadre. Es su mejor amigo el que le habla. Óigame y entra en razón. Deténgase. No me obligue a disparar contra usted, compadre. Ahora sí, compadre, me quitó el gusto. de ser yo el que no es rara.
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