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PABLO LARIOS: EL ÚLTIMO MEXICANO QUE VENCIÓ A INGLATERRA

PABLO LARIOS: EL ÚLTIMO MEXICANO QUE VENCIÓ A INGLATERRA

Mañana Inglaterra pisa el Azteca. La última vez que lo hicieron salieron humillados. Un mexicano le cerró la portería y su final fue tan oscuro que nadie quiere contarlo. Fue el arquero titular del tri en el Mundial de México 86. El maestro silencioso de Jorge Campos,  el portero que humilló a la selección de Inglaterra en el Azteca.

 Ese mismo hombre destrozado, con la cara desfigurada, sin poder hablar, con toda su familia muerta, cinco familiares enterrados y una hija recién nacida que dejó huérfana a los 4 meses. Hoy vas a saber la oscura muerte que sufrió Pablo Larios y aún peor, cómo y quién mató a toda su familia en tan poco tiempo. Te lo advierto, no fue casualidad.

 ¿Qué le pasó realmente después del Mundial 86? y lo más oscuro, la razón real por la que se le desfiguró el rostro.  Mañana habrá 80 y 7,000 personas en el Azteca y un fantasma,  el hombre que defendió esa portería la última vez que cayó Inglaterra, pero antes debe saber cómo llegó ahí. Su nombre era Pablo Lario Iwasaki.

 Nació el 31 de julio del año 1960 dentro de la clínica municipal del pueblo cañero de Zacatepec del estado de Morelos. Un pueblo que olía a caña quemada del ingenio Emiliano Zapata, a Tierra Roja de los embradíos del sur del estado, a humo negro de la chimenea del ingenio azucarero, que trabajaba día y noche durante los 6 meses de la safra anual, un pueblo modesto donde nadie había nacido para ser mundialista.

 El padre se llamaba José Larios Reyes. Era hijo de un migrante japonés llegado al puerto mexicano de Manzanillo dentro del año 1927  durante la ola migratoria de trabajadores japoneses hacia América  Latina. El apellido Iwasaki lo heredó del abuelo paterno, un pescador japonés originario de Nagasaki que jamás regresó al Japón después de emigrar a México.

 José Larios Reyes había abierto dentro del municipio de  Zacatepec una tienda modesta de materiales para la construcción durante el año 1953  dentro de la calle Álvaro Obregón número 40 y uno del centro histórico del pueblo. vendía bultos de cemento gris marca Cruz Azul, varillas corrugadas de tres cuartos, tabique rojo cocido de los hornos del municipio vecino de Jojutla.

La madre se llamaba Enriqueta Iwasaki  Rodríguez. Cocía uniformes para el ingenio azucarero local durante 14 horas diarias, 6 días a la semana. cinco hijos, un hermano mayor llamado Francisco,  tres hermanas mayores y el niño Pablo como el menor absoluto de toda la familia Larios y Wasaki.

 A los 8 años del niño Pablo, el padre José Larios Reyes le regaló al hijo menor las primeras  botas de fútbol durante el cumpleaños número ocho del propio niño. Botas de cuero color café marca  Charlie, del taller del zapatero municipal de Zacatepec. Pero antes de entregarle las botas  al niño Pablo dentro de la mesa del comedor de la casa modesta, el padre le dijo al hijo menor ocho palabras que iban a marcar la vida entera del arquero.

 Las ocho palabras del padre dicen, “Si regresas con la ropa sucia, no jugarás fútbol.”  Un mandato brutal del padre japonés mexicano al hijo menor. Un mandato que el propio niño Pablo iba a cumplir religiosamente durante los siguientes 51 años seguidos. Hasta la mañana del jueves 31 de enero del año 2019 dentro del cuarto solitario del Hospital General del Norte de la ciudad de Puebla. Guarda esta imagen.

 El padre le sonriendo por primera vez al hijo menor. Las botas de cuero color café dentro de la mesa del comedor.  La ropa blanca del niño Pablo sin una sola mancha. Porque 51 años después, esa misma imagen iba a  explotar dentro de la vida del arquero de la manera más brutal imaginable. A los 10 años, el entrenador del equipo infantil del club Zacatepec,  un hombre llamado Rogelio Aranda Pérez, detectó algo raro dentro del recreo escolar de la escuela primaria pública Vicente Guerrero del municipio. Una

tarde de octubre del año 1970, el niño Pablo Larios jugó como portero improvisado dentro del arco pintado con gis blanco de la pared trasera de la escuela durante 26 minutos seguidos. recibió 74  tiros, detuvo 72. Solo dos pasaron y una atajada al ángulo superior derecho impresionó al profesor Aranda de una manera que jamás había visto dentro de un niño mexicano de  10 años.

 Esa misma noche del mes de octubre del año 1970, el padre José Larios Reyes firmó el permiso escrito para que el  niño Pablo entrara a las fuerzas básicas del club Zacatepec de la Segunda División mexicana. 10 años de entrenamiento silencioso dentro del estadio Coruco Díaz.  5 de la tarde a 7:30 minutos de la noche, del lunes al sábado.

 Nunca faltó a un solo entrenamiento durante los 10 años completos. Nunca regresó a la casa modesta con la ropa sucia. Un adolescente disciplinado hasta el silencio, reservado hasta la invisibilidad y destinado a aportar la playera del arquero titular del club  Cañeros de Zacatepec. dentro del propio estadio Coruco Díaz del municipio  natal.

 Debut dentro de la segunda división mexicana con el Club Cañeros. Sábado 20 de septiembre del año 1980. Nueve atajadas dentro del partido contra el  Club Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Cero goles recibidos. Nunca perdió la titularidad dentro del club Cañeros  durante las siguientes tres temporadas seguidas.

 Récord dentro de la segunda división mexicana del año 1981.  Casi ocho partidos completos sin recibir un solo gol. 723 minutos completos  sin recibir un solo gol dentro del arco defendido por el arquero suplente convertido  en titular del club Cañeros de Zacatepec. Ese récord le abrió al portero Pablo Larios, la puerta  del tricolor mexicano.

 El seleccionador nacional, José Antonio Roca, lo convocó a la lista del tricolor  para el partido amistoso contra la selección de Corea del Sur del 8 de mayo del año 1983  dentro del estadio Cuautemoc de la ciudad de Puebla. Un caso único dentro de la historia  del fútbol mexicano.

 El único jugador que jamás fue convocado al tricolor, perteneciendo al mismo tiempo a un club de la segunda división. Esa noche del 8 de mayo del año 1983,  el portero Pablo Larios, de 22 años, atajó siete tiros del arquero coreano,  cero goles recibidos. El tricolor mexicano ganó 4 por0 y el comentarista Enrique el Perro Bermúdez  gritó dentro de la cabina de transmisión del estadio Cuautemoc esa noche siete palabras.

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