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(1) LA ÚNICA historia REAL de Bridgerton | La Reina Charlotte

(1) LA ÚNICA historia REAL de Bridgerton | La Reina Charlotte

Hay un trágico amor real que Bridgerton no te contó, pero sin él la serie no existiría. Aunque Bridgerton se sitúa en una época histórica real, la mayoría de lo que vemos en la serie nunca ocurrió así. No existieron ni los Bridgerton, ni el Duque de Hastings, ni Lady Whistledown, pero hay un solo romance que sí ocurrió, el de la reina Charlotte y el rey George.

 Sin embargo, su relación fue mucho más cruda y dolorosa de la que la serie se atrevió a mostrar. De hecho, de todas las parejas que conforman el universo de Briderton, esta es la que mejor representa que una historia de enamoramiento no es lo mismo que una verdadera historia de amor. Al conocer su final, vas a entender a qué me refiero.

 Así, querido y amable lector, Tod Bridgerton inicia por una carta. Un jinete sale a toda prisa, va directo a K, el pequeño palacio donde está George, el heredero al trono. Cuando llega le entrega una nota. El rey de Inglaterra ha muerto, lo que significa que ahora George es el nuevo rey. De inmediato se dirige al palacio de St.

 James, la sede oficial de la monarquía, y da la orden que llevaba años queriendo dar. Lady Yarmout, la amante de su abuelo, debe abandonar el palacio. Después de años repudiando los excesos y escándalos de su abuelo, George está decidido hacer justo lo contrario, a llevar el reinado más ordenado, moral y disciplinado. De una vez te adelantó algo.

 Irónicamente, esa obsesión por el orden será lo que lo lleve a su caída. Para construir el respeto que quiere para su nuevo mandato, George sabe que necesita una esposa. Él ya se ha enamorado de una chica noble llamada Sara Lenox, lo cual es un problema. ¿Por qué? Porque Sara es inglesa y si un rey se casa con una noble de su propio país, la familia de la novia acumula demasiado poder, lo que casi siempre termina en celos y conflictos dentro de la aristocracia.

Por eso, casarse con Sara iría justo en contra del orden y la estabilidad que él quiere crear. Antes de esto, George llega a la conclusión de que enamorarse solo complica todo. Decide que de ahora en adelante el amor será un lujo que no podrá permitirse. Se obliga a olvidar a Sara y en su lugar llama a sus cortesanos para pedirles que recorran todas las cortes europeas hasta encontrar a la mujer más útil para sus planes como rey.

 Les pone algunas reglas como que su futura esposa debe ser dócil para que él pueda moldearla a sus necesidades. No debe tener ambiciones políticas propias porque no quiere que interfiera en sus asuntos. Debe ser de religión protestante y capaz de darle hijos. Y si no es especialmente bella, no le molesta, porque para él lo único que verdaderamente importa es el reino.

Así envía a sus cortesanos por toda Europa. A unos los manda a Dinamarca, a otros a Prusia y a uno de nombre Coronel David Gra envía a los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico, lo que hoy conocemos como Alemania. Graim empieza su recorrido en la corte de Sajonia Gota, de donde proviene Augusta la mare de George, pero ahí encuentra algo que no le gusta nada.

 Varios miembros de la familia muestran comportamientos extraños, lo que en esa época llaman locura o melancolía. Para esquivar las complicaciones, descarta a todas las princesas del territorio. Sin embargo, lo que en ese momento nadie imaginaba es que el problema que intentaba evitar no estaba fuera, sino mucho más cerca de George de lo que pensaban.

 Graham continúa recorriendo territorio tras territorio sin encontrar lo que busca, hasta que escucha hablar de una pequeña corte en el norte casi olvidada en el mapa Meclemburgo Strellitz. Cuando llega el castillo es tan pequeño y modesto que no parece una residencia real. Al entrar se topa con una escena poco común para la realeza de la época, una familia unida tratándose con cariño.

 Nota que todos son amables y que a diferencia de muchas otras cortes, no viven obsesionados con la ambición ni con el poder. Al contrario, valoran la moralidad, la fe y una vida tranquila. Al darse cuenta de esto, Grain tiene claro que está en el lugar correcto, por eso empieza a fijarse en las hijas. Casi inmediato una destaca sobre las demás, Charlotte, quien es alegre, noble y carismática.

 no tiene la educación típica de una princesa entrenada para la política. En cambio, sabe de botánica, de música y de bordado, justo el tipo de perfil que George está buscando. El único detalle es que Charlotte no es considerada especialmente hermosa para el momento histórico. De hecho, Horace Walpul, un escritorio contemporáneo, la describe así en sus textos.

 Era bajita y muy delgada y su cuerpo no era precisamente bien proporcionado. Tenía la piel pálida, la cara sencilla, la nariz algo chata y la boca bastante grande. Eso sí, su cabello era de un bonito color castaño y su expresión resultaba agradable. Además, siempre tenía buen humor y mucha energía y eso hacía que todos esos defectos pasaran a segundo plano.

 Y no es el único que piensa así. La señora Pappendick, esposa de un sirviente de Charlotte, la describe de forma muy similar. definitivamente no era una belleza, pero tenía un ánimo tan alegre y una vitalidad tan contagiosa. Para suerte de Graham, George había dejado claro que el aspecto físico no era una prioridad para él.

 Así que esa misma noche escribe una carta en la que reporta que ha encontrado posiblemente a la candidata ideal y la envía de inmediato al palacio de St. James. Desde ahí, el rey revisa uno por uno los reportes de sus emisarios, más como si estuviera leyendo currículums de un futuro empleado que decidiendo quién será su futura esposa. Finalmente toma su decisión y escribe una carta que dice, “Con mucha satisfacción informo que he decidido pedir en matrimonio a la princesa Charlotte de Meclburgo Strelitz, una joven reconocida por sus virtudes y su

carácter amable que pertenece a una familia que siempre ha mostrado un firme compromiso con la religión protestante. Como podemos ver en sus palabras, derrama pasión y amor, el pic del romanticismo.” En cuanto Crain recibe la carta, va directo con la familia para darles la noticia. Charlotte queda en chock, no habla una sola palabra de inglés, nunca ha salido de su pequeño mundo y ahora tendrá que irse a otro país para casarse con un completo desconocido.

 Aún así, sabe que no pueden rechazar la propuesta. Mientras tanto, en Inglaterra, George se alista para la llegada de Charlotte, lo que también implica preparar al pueblo para recibirla con cariño. Para lograrlo, le pide a uno de sus cortesanos que empiece a construir una buena historia pública. Así comienza a circular en los periódicos una historia que años atrás, cuando Federico el Grande, el temido rey de Prusia, saqueó el pequeño ducado de Charlotte, ella muy valiente le escribió directamente a Federico para suplicarle que se detuviera, pues no podía soportar

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