Posted in

Dentro Del Rancho de Pernell Roberts – El hombre que le dio la espalda a Bonanza

Dentro Del Rancho de Pernell Roberts – El hombre que le dio la espalda a Bonanza

Cuánta fortuna llegó a amasar el hombre que le dio vida al elegante Adam Cartright en el wester más querido de la televisión americana, Bonanza. Vivió rodeado de lujos acordes con su fama, o su vida real fue tan distinta de la gloria que irradiaba en pantalla. Y es verdad que detrás del apuesto hijo mayor de los Cartright se escondía un hombre que odiaba en secreto el papel que lo hizo famoso, que abandonó el programa en su momento de mayor éxito y que cargó durante décadas con la herida más dolorosa que un padre puede sufrir.

Quédate con nosotros hasta el final porque la historia de Pernel Roberts es mucho más humana, más oscura y más conmovedora de lo que jamás imaginaste. Empecemos por la pregunta del dinero, porque es la que todos se hacen. Aunque nunca han circulado cifras oficiales sobre su patrimonio, se estima que Pernel Roberts acumuló a lo largo de su vida una fortuna modesta en comparación con otros actores de su generación, posiblemente en el rango de varios millones de dólares, construida a lo largo de décadas de trabajo constante

entre el teatro, la televisión y el cine. Su decisión más famosa, la de abandonar Bonanza en plena cima, le costó enormes ganancias a corto plazo. En la televisión de los años 60, las estrellas de un programa tan popular como ese cobraban fortunas. Pero eligió sus principios sobre el dinero y esa elección, como veremos, definió toda su vida.

Lo que sí puede decirse es que nunca vivió en la opulencia de las grandes mansiones ni en el derroche de otros famosos de su época. vivió bien con los frutos de un trabajo honesto y constante, pero siempre por debajo de lo que hubiera podido tener si hubiera elegido el camino fácil. Antes de hablar de cómo vivió, sin embargo, necesitamos entender quién era este hombre realmente y para eso hay que ir al principio.

Pernel Roberts nació el 18 de mayo de 1928 en Way Cross, Georgia, hijo único de una familia de clase trabajadora. Su padre vendía refrescos y su madre era una mujer dedicada al hogar y a la vida de la comunidad. Desde muy joven, Pernel destacó por su energía y su versatilidad. Tocaba el cuerno, participaba en obras de teatro escolares y eclesiásticas, cantaba en espectáculos locales.

Era desde la infancia alguien que necesitaba expresarse, que se aburría si no tenía un escenario donde brillar. Después de la secundaria entró a Georgia Tech, pero la academia no lo retuvo. Lo que lo llamaba era el mundo, la aventura, el movimiento. Y así, en 1946 se alistó en el cuerpo de Marines de los Estados Unidos.

Sirvió durante 2 años tocando la tuba y el cuerno en la banda del cuerpo y mostrando su talento en el susafón y la percusión. Fue una experiencia que le dio disciplina, carácter y una perspectiva de mundo que nunca perdió. Después del servicio militar, pasó brevemente por la Universidad de Maryland, donde descubrió de manera casi accidental que el teatro clásico era su verdadera vocación.

Actuó en producciones universitarias, incluyendo Otelo y Antígona, y comprendió que había encontrado lo suyo, y sin dudarlo lo dejó todo para perseguir ese sueño. Se mudó a Nueva York en 1950 con muy poco dinero, pero con una determinación enorme, dispuesto a comerse el mundo desde los escenarios de Broadway y lo consiguió.

Fueron años de trabajo duro, de audiciones, de papeles pequeños y de persistencia. Pero pronto Pernel Roberts se estableció como un actor respetado en el circuito teatral de Nueva York. Actuó en producciones notables como El Galán del mundo occidental, la Casa de Cristal y la importancia de llamarse Ernesto, entre muchas otras.

Su talento era innegable y su dedicación absoluta. Aquellos años en el teatro forjaron su identidad artística y sembraron en él un amor por los personajes complejos, por los textos con profundidad, por el arte que tiene algo que decir. Un amor que irónicamente chocaría de frente con el papel que lo haría famoso en todo el mundo.

Porque en 1958 firmó contrato con Columbia Pictures y debutó en el cine en deseo bajo los Olmos, protagonizada junto a Sofía Lauren y Bures. Y un año después llegó Bonanza. Pero cuidado porque ese éxito masivo trajo consigo más sombras que luces. Y en un momento te cuento por qué. Bonanza fue desde sus primeras temporadas uno de los programas de televisión más vistos de la historia de América.

La historia de la familia Cartright con el patriarca Ben y sus tres hijos resonó con millones de espectadores. Y Pernel Roberts como Adam Cartwright, el hijo mayor, el inteligente y serio, el que había estudiado ingeniería en la universidad, era una de sus piezas clave. Su porte, su voz profunda y su capacidad actoral lo convirtieron en el punto de ancla de la serie.

El público lo adoraba, los productores dependían de él y sin embargo, por dentro, Pernel Roberts estaba cada vez más incómodo, más frustrado, más insatisfecho, porque él venía del teatro, de los textos de Shakespeare y de Ibsen, de los personajes que evolucionan, que se transforman, que tienen algo que decir sobre la condición humana.

Y lo que encontró en Bonanza fue, según sus propias palabras, algo muy distinto. Era siempre el mismo personaje, con el mismo sombrero, los mismos gestos, sin evolución posible. Tres hombres adultos que pedían permiso a su padre para todo. Un mundo donde la diversidad racial brillaba por su ausencia en pantalla, a pesar de que el Far West Real había sido profundamente multicultural.

Pernel Roberts no se callaba. Criticó públicamente la serie, la llamó televisión simplista, acusó a la cadena de degradar al público. Era un hombre incómodo para la industria y la industria empezó a hacerle incómoda a él. En 1965, tras cumplir su contrato de 6 años, decidió no renovarlo. Era una decisión que nadie entendía.

abandonar el programa más visto de la televisión americana en el momento de mayor popularidad. Resignar una fortuna, apostar por regresar al teatro legítimo. En lugar de seguir cobrando cheques enormes. Hollywood lo consideró un suicidio profesional, pero Roberts tenía un código de honor propio y ese código decía que no vendía su alma por ningún precio.

Y ese código no era solo palabras. Roberts era profundamente consciente de los problemas raciales y sociales de su época. Había nacido en Georgia, en el sur profundo de los Estados Unidos. Había visto de cerca la segregación, la injusticia y el racismo sistémico, y le indignaba que un programa tan poderoso como Bonanza ignorara deliberadamente la diversidad real oeste americano.

Read More