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Irma Serrano: De la Cama del Presidente a Morir Drogada y Sin Nada

Irma Serrano: De la Cama del Presidente a Morir Drogada y Sin Nada

En 1974, una mujer entró a Los Pinos con un mariachi. La dejaron pasar porque dijo que iba a dar una serenata. Lo que nadie sabía es que esa serenata era para la esposa del presidente de México. Cantada por la amante de su esposo, Irma Serrano, se paró debajo de la ventana de Guadalupe Borja y empezó a cantar.

 Yo trataba a un casado, pero ya se me acabó. Su mujer lo había celado con todas, conmigo no. Cuando el presidente Gustavo Díaz Orda salió a detenerla, ella le dio una cachetada tan fuerte que le voló los lentes. Los guardias del Estado Mayor cortaron cartucho, le apuntaron a la cabeza con rifles y metralletas, pero el presidente ordenó, “No la toquen, que nadie dispare.

 Esa mujer era Irma Serrano. La tigresa 50 años después moriría sola. Olvidada, robada de todo lo que tenía. La mujer que le había dado una cachetada al presidente de México pasó sus últimos años drogada por alguien que decía cuidarla. encerrada en su propia casa. Sin poder ver a su familia, le quitaron el 99% de su fortuna, el teatro que construyó con sus manos, las joyas que le regaló el presidente, las casas, todo.

 Y cuando  murió, alguien que la conoció bien dijo algo que duele escuchar. Se inventaron unos familiares y la encerraron hasta que pasara esto. Esta es la historia de cómo la amante del presidente más odiado de México terminó así. Pero para entender cómo llegó hasta Los Pinos esa noche, hay que empezar mucho antes.

 Cuando  tenía 13 años y un político de 45 la miró por primera vez, hoy vas a descubrir cuatro cosas que nadie te ha contado. Primero,  lo que Irma Serrano escuchó la noche después de la masacre de Tlatelolco,  una conversación entre el presidente y su secretario de Gobernación que contradice todo lo que México cree saber sobre quién dio la orden de disparar contra los estudiantes.

 Ella estaba ahí, ella lo escuchó todo. Segundo, el momento exacto en que Diego Rivera la pintó desnuda, tenía 15 años. Él tenía más de 60 y esos cuadros todavía existen. Nadie  sabe exactamente dónde están. Tercero, lo que le hizo la mujer que se hacía pasar por su sobrina. 3 años drogándola con sustancias que la dejaban totalmente idiota en sus propias  palabras, golpeándola en brazos y piernas, encerrándola para que no viera a nadie y robándole todo mientras ella no podía defenderse.

 Y cuarto, las palabras exactas que dijeron sobre ella cuando murió, lo que reveló Poncho de Nigris, lo que escribió Shanck Berman y la verdad sobre sus últimos años que nadie quiere contar. Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero antes necesitas conocer a la niña que buscaba amor en todos los lugares equivocados porque esa niña explica todo lo que vino después.

 Irma Consuelo, Cielo Serrano Castro, nació el 9 de diciembre de 1933  en Comitán de Domínguez, Chiapas. Comitán, un pueblo en la frontera con Guatemala, lejos de todo, lejos de la Ciudad de México, lejos del mundo que después la conocería. Su madre, María Castro Domínguez, era dueña de 17 haciendas cafetaleras y cañeras. una mujer rica, una aristócrata local de las familias que mandaban en esa región desde hacía generaciones.

Su padre, Santiago Serrano Ruiz, era lo opuesto, poeta, periodista. De la etnia Soke le decían el Chanti, un hombre de letras, de discursos bonitos, pero sin un centavo en el bolsillo. Se conocieron en 1919. Cuando él llegó a Chiapas en una gira que llamó unionista, tratando de pacificar la región después de la revolución, organizó reuniones en varios pueblos.

 En Comitán fue invitado a una velada musical. Ahí estaba María Castro tocando el piano. Él la vio. Ella lo escuchó recitar y empezó todo. Cuando Santiago le confesó que solo tenía dos docenas de poemas y un libro apologético sobre los mapaches que no tenía nada que ofrecerle, María le respondió algo que suena a telenovela.

 No me importa tu pobreza, sino la riqueza y nobleza de tu corazón. Se casaron en 1924. Ella le dio acceso a la hacienda la soledad. Él le dio hijos Mario, el primero. Luego Etel, María, María, Judith, Berta, Yolanda y al final la más pequeña, Irma Consuelo Cielo, un nombre largo, pomposo, como si los padres supieran que esa niña estaba destinada a ser alguien. Pero el matrimonio no duró.

Cuando Irma tenía 7 años, Santiago y María se divorciaron. El motivo depende de quién cuente la historia. Según el poeta, fue una minucia que incendió el matrimonio. Según Irma, fue algo más. La dadivosidad de su padre con los trabajadores indígenas y su gusto por el alcohol. Un poeta borracho que regalaba lo que no era suyo, una mujer rica que no soportó más.

 Y en medio una niña de 7 años que perdió a su familia. Aquí es donde todo empieza a  torcerse. Después del divorcio, Irma se fue a vivir con su padre, no con su madre. Piensa en eso un momento. Una niña de 7 años separada de su mamá, viviendo con un padre alcohólico que pronto se casaría con otra mujer. Irma lo contó años después con esa honestidad brutal que la caracterizaba.

 No conviví mucho con mi mamá a pesar de que era una mujer muy buena. Eso provocó que llegara a sentir una gran soledad y falta de amor. Soledad, falta de amor. A los 7 años, esa herida nunca sanó. Todo lo que Irma hizo después, los hombres que eligió, las decisiones que tomó, los escándalos que protagonizó, tiene su raíz en esa niña que creció sin el abrazo de su madre.

 Santiago se volvió a casar con Carmen Espinoza, dueña de una imprenta llamada La Sirena en Tuxla Gutiérrez. Irma creció ahí en la imprenta entre máquinas y papel y tinta. Su padre veía potencial en ella. la ponía a cantar, a recitar poemas, a practicar durante horas él sabía que su hija tenía algo especial, una voz, una presencia, algo que atraía las miradas.

 El poeta Laco Cepeda, que entonces era un niño, contaba que visitaba la imprenta no para ver a El Chanti, iba para ver a Irma. A veces, contó, Irma, me encargaba comprar chicles. Para eso sacaba con coquetería unas monedas de entre sus pechos. La tenía 12 años, Irma tenía 15. Ya entonces sabía el efecto que causaba en los hombres.

 Pero lo que vino después no fue un juego de adolescentes. Aquí viene lo segundo que te prometí. En 1948 o 1949, cuando Irma tenía 15 o 16 años, posó desnuda para Diego Rivera, el muralista más famoso de México, el esposo de Frida Calo, un hombre de más de 60 años. Irma llegó al estudio de Diego en Altavista en San Ángel, ese estudio que hoy es museo, donde todavía cuelgan algunas de sus obras.

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