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La Muerte de Mario Ruiz Massieu: Política y Traición | “Los demonios andan sueltos”.

El 3 de marzo de 1995, en el aeropuerto de Newk, New Jersey, agentes estadounidenses detuvieron a un hombre que apenas unos meses antes había sido uno de los funcionarios más poderosos de México. Llevaba consigo más de $46,000 sin declarar y estaba a punto de tomar un vuelo rumbo a España. Su nombre, Mario Ruiz Macieu.

Había sido subprocurador general de la República  el encargado de investigar la muerte de su propio hermano, José Francisco Ruiz Macieu. Y el hombre que sacudió al sistema político mexicano al denunciar públicamente que los demonios andaban sueltos. Tiempo después, las autoridades descubrirían millones de dólares ocultos en bancos de Texas.

Después llegarían acusaciones delado de dinero, enriquecimiento ilícito y presuntos vínculos con organizaciones criminales. Mientras tanto, Mario insistía en que era víctima de una persecución política y que conocía secretos capaces de comprometer a las figuras más poderosas del PRI. Archivos Mortales presenta la muerte de Mario Ruiz Macieu.

Mario Ruiz Macíu nació el 24 de diciembre de 1950 en Acapulco. Su familia pertenecía a una de las élites más influyentes del viejo PRI en Guerrero, un estado donde durante décadas el poder político, económico y judicial estuvo concentrado en pequeños grupos familiares cercanos al régimen. Estudió derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, una institución donde históricamente se formaron jueces, procuradores, funcionarios federales y buena parte de la clase política mexicana del siglo XX.

Ahí desarrolló el perfil que lo acompañaría toda su vida. Serio, reservado, metódico y extremadamente cuidadoso con sus palabras. Mientras muchos buscaban construir popularidad, Mario construía relaciones dentro del aparato judicial mexicano, una zona estratégica para el PRI, especialmente durante las décadas en el que el  partido controlaba prácticamente todas las instituciones del país.

Pero el apellido Ruis Maí ya tenía peso propio mucho antes de que Mario llegara al gobierno federal. Su padre había ocupado cargos políticos importantes en Guerrero y su hermano, José Francisco Ruiz Maieu, comenzaba a convertirse en una de las figuras más prometedoras del priismo nacional. Diputado, gobernador de Guerrero, operador político y posteriormente secretario general del PRI.

La familia, además, estaba directamente vinculada al círculo presidencial. José Francisco estaba casado con Adriana Salinas de Gortari. hermana de Carlos Salinas de Gortari. Eso colocaba a los Rris Maieo dentro del núcleo más poderoso del país. Durante los años 70 y 80, Mario fue escalando silenciosamente dentro del gobierno mexicano.

Ocupó diversos cargos relacionados con procuración de justicia y asuntos jurídicos, construyendo  una reputación de funcionario disciplinado y eficiente. dentro del sistema era visto como alguien confiable, un hombre capaz de manejar información sensible sin generar escándalos. Sin embargo, mientras Mario avanzaba políticamente, México comenzaba a entrar en una de las etapas más inestables de su historia reciente.

La economía sufría crisis constantes, la corrupción empezaba a hacerse imposible de ocultar y los grupos criminales incrementaban su influencia. Cuando Carlos Salinas de Gortari llegó a la presidencia en 1988, el gobierno impulsó privatizaciones multimillonarias, acumulación de riqueza entre grupos cercanos al poder y una concentración enorme de influencia política.

Mario Ruiz Maieo se encontraba exactamente en medio de todo eso. Para principios de los años 90 ya formaba parte de las estructuras más delicadas de la Procuraduría General de la República. Tenía acceso a investigaciones federales, expedientes confidenciales y secretos políticos que muy pocos funcionarios conocían. Información capaz de destruir carreras o incluso gobiernos completos.

A principios de los años 90, los Ruis Maío parecían intocables. La familia estaba conectada con gobernadores, operadores políticos, altos funcionarios federales y con el propio círculo presidencial. Pero mientras públicamente proyectaban estabilidad, internamente comenzaban a acumularse tensiones peligrosas.

El gobierno  venía golpeado por acusaciones deude electoral tras las elecciones de 1988 y un creciente descontento social que empezaba a debilitar la imagen del PRI después de décadas de dominio absoluto. Al mismo tiempo, el crimen comenzaba a transformarse en un problema mucho más complejo.

Las organizaciones criminales poco a poco empezaban a infiltrarse en policías, gobiernos estatales, estructuras financieras y sectores del aparato político mexicano. Era una época donde casi nadie hablaba públicamente, pero todos sospechaban de todos. En medio de ese escenario, José Francisco Ruiz Mau se había convertido en uno de los políticos más importantes del país.

Muchos lo veían como una figura con futuro presidencial. o al menos como un hombre destinado a ocupar posiciones todavía más poderosas dentro del gobierno. Pero también acumulaba enemigos, muchos enemigos. Dentro del propio PRI existían grupos que consideraban a José Francisco Ruiz Macío una amenaza política.

Algunos lo acusaban de intentar reorganizar estructuras internas del partido y desplazar viejas redes de poder que llevaban décadas funcionando. Otros aseguraban que conocía demasiada información sobre financiamiento ilegal, corrupción y relaciones peligrosas dentro del sistema. Y mientras eso ocurría, México comenzaba a entrar en el año más oscuro de toda la era priista moderna.

1994 fue un año marcado por violencia política, crisis económica y fracturas internas que dejaron al régimen al borde del colapso. El primero de enero apareció el ejército zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, exponiendo ante el mundo la pobreza y desigualdad que el gobierno intentaba ocultar.

Meses después, el 23 de marzo de 1994, la muerte del candidato a la presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas, Tijuana. El crimen sacudió completamente al país. Por primera vez en décadas, millones de mexicanos comenzaron a sospechar que las luchas internas podrían estar llegando a niveles extremadamente peligrosos.

El ambiente  dentro del gobierno se volvió paranoico. Había miedo, desconfianza,  operaciones políticas secretas, funcionarios vigilándose entre sí. La mañana del 28 de septiembre de 1994, José Francisco Ruiz Macío acababa de salir de un desayuno político en el hotel Casablanca en la Ciudad de México.

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