Y es que resulta que en ese lugar había un total aproximado de 10,000 jornaleros, entre ellos niños y mujeres, que habían sido atraídos a base de engaños y promesas de sueldos jugosos desde estados como Michoacán, Durango, Sinaloa, Oaxaca y Veracruz, quienes se encontraban en condiciones infrahumanas exponiendo su vida a 20 horas diarias de trabajo en cultivo y que apenas recibían lo mínimo y necesario para seguir en pie.
Lo más triste de todo es que est allí ya no tenía más opción, ya que si alguno se negaba a trabajar o peor intentaba escapar, era ejecutado en el acto y sin previo aviso por los capataces. Kiki, en pro de mantenerse dentro de su rolvo que morderse la lengua y no hacer nada impulsivamente, pero ahora con más ganas estaba dispuesto a acabar con esto de una vez por todas.
El 6 de noviembre de 1984 a las 7:30 de la mañana, 500 elementos del ejército, la policía judicial y la DEA entraron a desmantelar el mayor centro de acopio de hierba registrado en el mundo. El rancho fue clausurado sin dilación. Seguidamente, las 9,000 toneladas de hierba que albergaba el recinto fueron decomizadas y quemadas. Acto que generó columnas de humo durante días, dañando nuestro hermoso medio ambiente.
Y es que si tan solo la repartían por ahí y la gente se hacía unos happy brownies, todos contentos y todos felices. No, mentira, era bromeando. Mejor háganse unos brownies que to friendly. Okay. Cuando el operativo se dio, muchos de los jornaleros consiguieron energías de donde no las había y corrieron con todas sus fuerzas consiguiendo su libertad tras la huída.
Muchos otros fueron detenidos por las autoridades y posteriormente trasladados a la capital para ser atendidos por las autoridades. Este episodio dejó tras de sí un gran agujero en las finanzas del cártel calculado en unos 8,000 millones dólar, lo cual, por supuesto, que los llenó de cólera y para ellos quedarse de brazos cruzados no era una opción.
Y como todo había salido tan catastrófico, se empezó a sospechar de que por ahí había un pajarito suelto que estaba cantando todos sus movimientos. Las cabezas del cártel sabían que no podían continuar con sus movimientos con normalidad hasta que no erradicaran al soplón, por lo que inmediatamente se pusieron en contacto con sus amigotes que trabajaban como autoridades de la justicia.
Y es que no es sorpresa de nadie que desde hace muchas décadas cuerpos gubernamentales y criminales trabajan de la mano y de esta manera, lamentablemente, no pasaría mucho tiempo para que se revelara quiénes eran los hombres infiltrados en el cártel y dentro de ellos, por supuesto, que salió el nombre de Kiki Camarena.
Al enterarse de la verdad, el cártel decidió no actuar de inmediato. En cambio, estos prefirieron seguirlo de cerca para confirmar lo que aún no era una certeza. Y en efecto, al espiarlo con detenimiento, las acciones de Kiki Camarena lo delataron. Tras seguir sus pasos, se percataron que desde el día del asedio al rancho, Kiki había tomado distancia de Caro Quintero y de su organización.
en cambio, fue visto visitando distintas instituciones gubernamentales en las semanas siguientes, algo que terminó por confirmar toda sospecha y sellando su destino para siempre. Un mes después, tras haber identificado a la gente camarena como el infiltrado, en la mañana del 7 de febrero de 1985, cuando se dirigía al restaurante Camelot para encontrarse con su esposa, tras salir de la embajada de Estados Unidos en Guadalajara, Camarena fue abordado por hombres que se hicieron pasar por agentes de la DEA, mostrando placas policiales y pidiéndole que se subiera a
un Volkswagen Beige en el que llegaron porque, según dijeron, el comandante quería hablar. hablar con él. Su intuición le advirtió que algo no estaba bien, por lo que antes de entrar al auto pidió que le permitieran comunicarse con sus superiores, pero esta última petición no se la concedieron. Seguidamente le cubrieron el rostro con una chamarra y se lo llevaron.
Investigaciones posteriores apuntan a que este fue un plan ideado por el propio Rafael Caro Quintero y ejecutado con la ayuda de policías corruptos que operaban bajo sus órdenes. Mientras tanto, Mika, la esposa de Kiki, lo esperó en el restaurante un par de horas hasta que la preocupación pudo más y empezó a preguntar por él.
Ninguno de sus conocidos sabía nada y todos pensaron que se trataba de otra misión de infiltración, algo que ya había pasado antes, aunque esta vez había una gran diferencia. Kiki no le anticipó nada a Mika, así que ella decidió ir a denunciar su desaparición. Kiki fue llevado en contra de su voluntad a una casa ubicada en la colonia Arcos Vallarta, donde le esperarían los capos del Cártel de Guadalajara, Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo.
Según testigos, Caro Quintero apenas lo vio, se le acercó a la oreja y le hizo saber a la gente lo mucho que había esperado por ese momento de tenerlo en sus manos. Esto como un previo aviso de todo lo que estaba a punto de ocurrirle en las siguientes horas. Para sorpresa de Camarena, sus captores le contaron que allí mismo también tenían al piloto Alfredo Zavala, quien había corrido la misma suerte que él, siendo identificado y secuestrado de la misma manera.
Esta propiedad se trataba de una casa de lujo que llevaba mucho tiempo funcionando como refugio del narco y guardaba una historia que evidenciaba de forma directa los lazos entre el crimen organizado y la política. Esta fue construida hace décadas por una poderosa familia política y en su momento llegó a recibir a un presidente de México.
Pues en agosto de 1974, Luis Echeverría Álvarez fue visto allí en varias ocasiones e incluso pasó la noche. Y tiempo después un doctor se la vendió a Caro Quintero por 70 millones de pesos, quien se presentó ante la élite de Guadalajara como un humilde empresario proveniente de Sinaloa y desde entonces la residencia se transformó en un punto de encuentro para figuras claves del narco de la época.
Este era prácticamente un escondite hecho a la medida, ya que reunía todo lo necesario para operar con absoluta discreción, desde su ubicación hasta su construcción caracterizada con muros altos y espacios internos aislados, ofreciendo total privacidad y control absoluto de accesos, sobre todo teniendo en cuenta la predominancia del cártel en la ciudad, donde vecinos callaban por miedo y las autoridades evitaban siquiera poner un pie allí, a no ser que fuesen invitados.
En una de las numerosas habitaciones de este bastión del narco comenzó un tormento que se extendió por más de 30 horas. Los captores, fríos y metódicos encendieron una grabadora para registrar cada palabra y durante 36 horas Camarena fue interrogado por los altos mandos del cártel. Algo que si lo analizas fríamente era raro de ver en un narco, pues si te metes con ellos puede que te hagan daño torturándote o quitándote la vida de las formas más crueles.
Pero, ¿qué necesidad tenían de grabar las respuestas de la gente? ¿O será que Kiki sabía de algo mucho más oscuro que involucraba a personas cercanas a su labor? Eso nunca lo sabremos, ¿o no, ya que más adelante puede que te dé una respuesta que a muchos les da sentido. Durante todo el interrogatorio intentaron quebrar a la gente física y psicológicamente, pero Kiki aún así respondía lo justo e incluso en varios momentos intentó proteger a otras personas asumiendo él solo la responsabilidad.
También se le pudo escuchar pedir atención médica y que el interrogatorio terminara de una vez. Y los que escucharon el audio comparten de que su voz cada vez se oía más y más débil. Y es que pasaron de solamente golpearlo a quemarle la piel con cigarrillos, encender pólvora sobre su piel y otras cosas que no puedo ni mencionar.
Solo diré de que se habla de que hasta llegaron a usar un taladro en contra de él y te podrás imaginar qué hicieron con ello y mil cosas más como de que llegaron a saltar sobre él. Y el dolor fue tal que el hombre hasta se desmayó y que según llamaron a un médico para que le inyectara una sustancia que lo mantuviera consciente, prolongando así la tortura.
Y bueno, ya saben que toda esta información también se debe tomar con pinzas, porque estamos hablando de que esto fue primero un suceso super ilegal y segundo que sucedió en una habitación aislada, así que las versiones de la historia varían mucho. Seguramente Kiki no reveló información de relevancia para los narcos porque sabía lo que le esperaba hiciera lo que hiciera.
Pero aún así cualquiera habría cedido porque estamos hablando que sufrió una tortura inimaginable. De esta manera, cuando ya con el agente moribundo, uno de los hombres de Quintero tomó una pieza de metal compacto y la azotó con todas sus fuerzas encima de él. Después de acabar con el agente Camarena y el piloto Zavala, ambos fueron trasladados y enterrados en la clandestinidad.
Y dicho acto no fue visto como una hazaña dentro del cártel de Guadalajara. Más bien sus propios socios lo calificaron como un error catastrófico que puso en riesgo a toda la organización, ya que esto podría encender la furia del gobierno estadounidense. Y vaya que lo hizo. A partir de este punto, la organización criminal empezó a desmoronarse desde sus cimientos debido a reclamos y rupturas internas y que según Ernesto Fonseca Carrillo estaba muy molesto por cómo Quintero decidió acabar con el agente camarena. Pues al ser uno de los hombres
más experimentados del negocio, tenía la certeza de que el haber eliminado a un agente federal norte americano traería consecuencias devastadoras. Aún así, Caro Quintero intentó zafarse de la responsabilidad echándole la culpa a los hombres de Miguel Ángel Félix Gallardo. Tal y como temían, el secuestro de la gente camarena detonó una cacería que desmoronó rutas, redes y complicidades.
El resultado fue la fragmentación de la organización en los grupos que después dominarían el mapa del narco moderno. Dejando claro que la mayor sanción contra Rafael Caro Quintero fue ver como su decisión de tomar venganza derrumbaría todo lo que habían construido. Ese mismo día, aún sus seres queridos y colegas seguían sin noticias de la gente, dando así apertura a la operación leyenda, la cual tenía como objetivo el esclarecer lo ocurrido con Kiki y el piloto.
En cuanto se corrió la voz de que Camarena había desaparecido, la DEA empezó a presionar al gobierno mexicano para que reaccionara sin perder tiempo. De inmediato apuntaron al cártel de Guadalajara con Félix Gallardo, Caro Quintero y Fonseca Carrillo en la lista de principales sospechosos, pues se decía que habían ordenado acabar con él como venganza por haberles tombado su negocio más grande.
Gracias a sus conexiones con el gobierno, no pasaría mucho tiempo para que Rafael Caro Quintero se enterara de que no se le iba a ser fácil salir de esta, por lo que improvisó un plan de fuga con el fin de escapar en una maniobra que estuvo a punto de terminar en un enfrentamiento sangriento en el mismo aeropuerto internacional de Guadalajara.
Esto ocurrió en la noche del 9 de febrero de 1985 cuando un grupo de agentes irrumpieron en la terminal aérea con el objetivo de capturar a Caro Quintero, quien se disponía a huí a Costa Rica. El capo se encontraba acompañado de sus hombres, con quienes se había infiltrado en el aeropuerto de Guadalajara, haciéndose pasar por agentes gubernamentales de la entonces agencia de inteligencia mexicana, logrando pasar desapercibidos a pesar de la presencia de la policía judicial federal y cuatro agentes de la DEA. Apenas ambos grupos, tanto el de
los narcos como el de los agentes de la ley, se vieron cara a cara. La tensión en el ambiente aumentó drásticamente y en ese momento ambos grupos desenfundaron sus armas y desactivaron el seguro de las mismas, listos para iniciar un enfrentamiento armado en pleno aeropuerto. O eso dicen algunas versiones que quieren hacer sonar esto como algo épico, pero en realidad otros también dicen que probablemente esta gente solamente se saludó y se dieron un buen abrazo como buenos amigos que eran porque prácticamente ambos estaban en el
mismo bando. En ese momento no estuvo claro qué sucedió. Algunos dicen que nunca se sacaron armas, pero se habla de que fueron los líderes de ambos bandos, Armando Pavón Reyes y Rafael Caro Quintero, quienes apaciguaron la atención, pues algunas fuentes aseguran que el capo se lo llevó aparte para conversar en privado y cuando la conversación terminó regresaron, se dieron un abrazo y se despidieron insinuando que el comandante recibió un soborno millonario.
Pero el comandante siempre negó esta versión. asegurando que ni siquiera conocía el rostro de Caro Quintero. Sin embargo, para muchos cuesta creerlo porque entre ese grupo de pistoleros no era difícil identificar al hombre que vestía ropa de diseñador, lucía anillos y cadenas de oro. Finalmente, el avión privado de Caro Quintero despegó, llevando a uno de los hombres más buscados por México y Estados Unidos, fuera del alcance de la justicia, al menos temporalmente.
Y es que el hombre voló junto a Sara Cosío, hija del exsecretario de educación de Jalisco y sobrina del exgobnador Guillermo Cosío. Y no se sabe si fue por limpiar la imagen del gobierno que las autoridades pintaron esto a los medios como un secuestro, porque dudo que realmente no supiesen que la realidad era que Sara había viajado con Caro Quintero por voluntad propia, lo cual levantó mucha sospecha sobre el sistema.
Porque, ¿qué hace una hija de políticos saliendo con uno de los criminales más buscados del momento? Pues la respuesta era que ambos bandos eran dos caras de la misma moneda. Para su mala suerte sería precisamente Sara, quien en un momento de descuido se comunicó con su familia para decirles que todo estaba bien y dicha llamada fue interceptada y permitió dar con el paradero de Caro Quintero, cerrando así su breve pero intensa huida.
El 4 de abril de 1985, el capo fue encontrado en una lujosa quinta en Alajuela, Costa Rica. junto a su amada Sara. Apenas 3 días después, Ernesto Don Neto Fonseca Carrillo fue detenido por el ejército mexicano gracias a un accidente poco digno para un criminal de ese calibre, ya que sus guardaespaldas, pasados de copas armaron tal alboroto que la policía local terminó siguiéndoles la pista hasta su escondite.
No obstante, el máximo líder del cártel, Miguel Ángel, Félix Gallardo, logró burlar a las autoridades desapareciendo del mapa por completo. Pero no pasaría mucho tiempo para que volvieran a saber de él. Un mes antes de esta captura ya se había dado con el terrible hallazco que todos temían. Y es que el 5 de marzo de 1985 un campesino detectó un fuerte olor en el rancho de la familia Bravo en la zona rural de la Angostura en Michoacán, a unos 150 km de Guadalajara.
Allí, semienterrado, apareció el cuerpo de Kik Camarena junto al del piloto Alfredo Zavala. La escena era devastadora. Ambos estaban irreconocibles y con evidencias de haber sido exhumados y vueltos a enterrar, indicando que fueron movidos de lugar convenientemente. Tan pronto la DEA anunció que se trataba de un homicidio, se generó una gran crisis diplomática entre Estados Unidos y México, pues con el avance de la investigación se descubrió que Kiki y su piloto, no fueron las únicas víctimas del crimen organizado. A la lista se
sumaban seis víctimas más de nacionalidad estadounidense. Estos eran John Walter, quien se encontraba viviendo en Guadalajara y estaba escribiendo una novela y su amigo Alberto Radelat, que se dedicaba a la fotografía y había llegado a la ciudad justamente para visitarlo. Semanas después de su llegada, la noche del 30 de enero de 1985, decidieron ir a cenar al restaurante La langosta, sin la más mínima idea de que en ese lugar tendrían su última comida, pues resulta que ahí se encontraba Caro Quintero junto a Ernesto Fonseca
Carrillo y varios miembros del cártel. Como en la organización criminal estaban muy paranoicos por el tema del episodio en el rancho Búfalo, al ver que estos hombres eran gringos, decidieron que la mejor idea era secuestrarlos y golpearlos con puños y pistolas. Después llevarlos a una sala de almacenamiento en la parte trasera del restaurante mientras continuaban con la tortura.
Y de esta manera la brutalidad fue tal que uno de ellos admitió que eran policías, algo que no era verdad, pero que en su desesperación mintió para que la paliza cesara, aunque esto resultó siendo contraproducente, pues poco después serían enterrados en un campo a las afueras de Guadalajara. Por otro lado, también se le atribuye al cártel de Guadalajara el deceso de dos parejas religiosas que se encontraban ejerciendo su labor evangelizadora y que sin saberlo tocaron la puerta de Ernesto Fonseca Carrillo, por lo que también
fueron confundidos con agentes encubiertos al igual que Radelat y Walker, pero a diferencia de ellos, los cuerpos de dichas parejas nunca fueron encontrados. Una vez extraditado a México, Caro Quintero fue interrogado durante casi 60 horas seguidas y en esa maratón de preguntas salió una confesión bastante detallada sobre sus negocios en este mundo oscuro.
Sin embargo, cuando lo presentaron ante un juez federal, Carol Quintero cambió su versión y dijo que esa confesión había sido arrancada con tortura. contó que lo asfixiaron con agua mineral carbonatada, lo golpearon y además le negaron comida, sueño y hasta la posibilidad de ir al baño. El hombre reconoció que la firma al pie del documento en la confesión extrajudicial era suya, pero aún así sostuvo que lo escrito era falso.
Incluso aseguró que no tenía absolutamente nada que ver con el caso de Camarena y que solo lo había firmado para que no lo torturen. Pero esto de poco sirvió, ya que al final, tras la suma de todos sus cargos, el juez lo estaba como que condenando a 199 años de prisión. Pero la ley mexicana de entonces solo permitía un máximo de 40, por lo que solo le dieron eso, 40 años de cárcel.
Aún así, la operación leyenda continuaría en los próximos años, pues aún habían muchos criminales sueltos por ahí. De esta manera, en 1987 en Los Ángeles fue capturado Raúl López Álvarez, un expicía judicial de Guadalajara que había servido de enlace entre autoridades y crimen organizado y que se presume fue pieza clave en la tortura de Camarena.
Más adelante este sería condenado a 249 años de prisión, pero aún así el hombre salió en libertad en 2023. El 8 de abril de 1989 en Guadalajara, finalmente Miguel Ángel Félix Garrido, el líder supremo de la Federación, fue el último en caer, lo que marcó simbólicamente el fin de la operación y del cártel de Guadalajara como una entidad unificada.
Pero esto en vez de detener el problema, lo multiplicó, ya que lo que antes era un imperio único se transformó en una balcanización del narco que disparó la violencia a niveles nunca antes vistos, ya que cada nuevo grupo quería su pedazo del pastel. El resultado de esta operación desenmascaró a muchos personajes del gobierno que trabajaban mano a mano con el narco.
Por ejemplo, Rubén Sunoarce, cuñado del expresidente Luis Echeverría, quien fue juzgado y condenado en Estados Unidos bajo la acusación de haber sido uno de los cerebros detrás del secuestro. Entre los más polémicos estuvo Humberto Álvarez Machaín, un médico acusado de haber mantenido con vida a Camarena a base de sustancias para prolongar la tortura.
La DEA lo llevó a Estados Unidos en 1990 mediante un secuestro orquestado por Casa Recompensas, aunque al final fue absuelto por falta de pruebas. La investigación también salpicó a altos mandos de las fuerzas de seguridad. Manuel Ibarra Herrera, exdirector de la Policía Judicial Federal, y Miguel Aldana Ibarra, quien había encabezado a la Interpol en México, fueron investigados por proteger a los capos.
Mientras que Armando Pavón Reyes, comandante de la Policía Judicial Federal, fue acusado y sentenciado tras haber aceptado un soborno de $300,000 para dejar escapar a Caro Quintero desde el aeropuerto de Guadalajara. Y la cantidad de involucrados fue tanta que no puedo mencionarlos a todos, pero cabe aclarar que otros muchos también fueron asesados misteriosamente cuando los apresaron o cuando estaban a punto de testificar.
Esto seguramente para no tener soplones. Con los tres grandes capos, Félix Gallardo, Caro Quintero y Ernesto Fonseca encerrados en prisión, la llamada federación se vino abajo. Aún así, el jefe de jefes trató de mantener el orden desde la cárcel y organizó en Acapulco una famosa reunión con sus lugarenientes, en la que repartió territorios como si fueran piezas de ajedrez, naciendo de esa división los cárteles que marcarían el rumbo de los 90 y 2000.
La plaza de Tijuana y el corredor de Baja California quedaron en manos de los sobrinos de Félix Gallardo, los hermanos Arellano Félix, conocidos por su vida extravagante y por la brutalidad con la que eliminaron rivales, construyendo un nombre que se grabó con sangre. Ciudad Juárez pasó a la familia Carrillo Fuentes, encabezada por Amado Carrillo, apodado el Señor de los Cielos por la flota de aviones Boeing 727 que usaba para transportar coca desde Colombia.
Bajo su mando, el negocio se volvió más discreto, enfocado en la corrupción a gran escala y en mantener un perfil menos estridente. En Sinaloa quedaron Joaquín el Chapo Guzmán y Héctor el Hüero Palma, herederos de los territorios del Pacífico. aunque al principio parecían una facción menor, demostraron cambiar el negocio al innovar con túneles, redes, logísticas y un alcance global que con los años los convertiría en un grupo de temer.
El vacío también fortaleció a otros grupos, uno de ellos fue el cártel del Golfo, que ya existía desde antes, pero que con la caída de la federación logró consolidarse en la costa este bajo el liderazgo de Osel Cárdenas Guillén en los 90s. Y si su nombre no te suena, él fue quien creó a los setas, uno de los grupos más violentos que cambió a México para siempre.
En el año 2013, este caso volvería a tomar relevancia. Luego de que un tribunal alegó que el juicio de Carintero debió ser estatal y no federal, por lo que aunque llevaba 28 años preso de los 40 que le habían impuesto, quedó en libertad y la noticia causó indignación en los Estados Unidos. Tanto así que lo incluyeron en su lista de los 10 fugitivos más buscados con una recompensa de 20,0000000.
Algunos testimonios sugieren que su liberación en 2013 tuvo que ver con un supuesto aporte de 30,0000000 a la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en 2012, favor que sería recompensado con su pronta liberación. Pero sea como fuese, ese mismo año tras la liberación de Carintero, una de las voces más importantes de la inteligencia estadounidense rompió un silencio de casi 30 años para lanzar una acusación que obligó a replantear todo lo que se sabía sobre el caso de la gente camarena. Se trataba de Héctor Vereles,
exagente de la DEA y figura central en la operación Leyenda, quien aseguró que la muerte de Camarena en 1985 no solo fue culpa de los cárteles mexicanos, sino que también hubo agentes de la CIA involucrados, es decir, que el agente fue silenciado por beneficio de ambos bandos. Bereles contó que Caro Quintero no actuó solo, que la orden para acabar con Camarena vino de arriba.
específicamente de un tal Max Gómez, que en realidad era el alias de la gente de la CIA, Félix Rodríguez, el mismo hombre que años antes había capturado al Cheegevara en Bolivia y puesto fin a su vida. Según su versión, Camarena, sin haberlo sospechado, descubrió una red en la que Washington colaboraba con narcos mexicanos para introducir DR a Estados Unidos y usar el dinero para financiar a grupos rebeldes nicaragüenses y derrocar el gobierno socialista de la época.
Beréeles incluso afirmó que la tortura e interrogatorio de Camarena fueron grabados en audio y video, que él tuvo acceso a transcripciones y que para él era prueba de que no se trataba de un operativo narco, sino de un estilo de trabajo propio de gobiernos. Ante eso, Félix Rodríguez negó rotundamente haber tenido participación.
dijo que nunca pisó Guadalajara y que mucho menos interrogó a Camarena, que ese día él en realidad estaba en Miami y calificó los señalamientos de Vereles como una mentira sin pies ni cabeza que solo había dicho para ganar fama y relevancia. Aún así, hasta el día de hoy, ni él ni los testigos de Vereles han enfrentado demandas por difamación, aunque el hombre hizo saber lo sencillo que es para estas organizaciones gubernamentales con tanto poder el fabricar coartadas y evidencia que les sirva en pro de cuidar su reputación.
Varios informantes aseguran haber visto a Rodríguez durante el asedio al rancho La Angostura, identificándolo como agente de la CIA. Además, un testigo protegido identificado como J3 afirmó haber estado presente un día antes del secuestro de Camarena en una suite de un hotel de Guadalajara, propiedad de Miguel Félix Gallardo, donde estuvieron todos los altos mandos de la federación junto a Félix Rodríguez.
Aún así, el hombre de ahora 84 años nunca ha sido juzgado por su supuesto rol en la tortura de Camarena y, de hecho, en 2021 recibió de manos del gobernador de Florida la medalla de la libertad por su trayectoria, destacando su papel en la captura del Cheeguevara y su servicio en Vietnam. Por eso mismo y la actual legalización de la hierba en gran parte de Estados Unidos, la cual hoy se vende como industria formal con impuestos y empaques de diseño, hace que muchos se hagan la pregunta sobre si realmente valió la pena el sacrificio de la gente
camarena. Y es que imagina entregar tu vida por una guerra que la sociedad terminó considerando inútil. Pero hacerse esa pregunta no es ver la pintura completa, ya que Kiki no luchaba. contra la planta en sí, sino contra la maquinaria criminal, quien la usaba como combustible para matar, corromper y debilitar al Estado.
Por lo que se puede decir que su valentía dejó al descubierto la narcopolítica y forzó un cambio profundo, aunque el precio a pagar fue muy caro. Por otro lado, luego de pasar casi 10 años prófugo y operando bajo las sombras, en 2022, Rafael Caro Quintero fue arrestado en Sinaloa luego de un gran operativo en el que terminó con un perro de búsqueda llamado Max, que lo localizó escondido entre matorrales.

Los abogados y los contactos de Caro Quintero hicieron todo lo posible para evitar que el hombre fuese extraditado a los Estados Unidos. Porque como sabrán, el ir a una prisión de máxima seguridad ahí por los crímenes que se le acusa y a su edad significa que iba a pasar el resto de sus días tras las rejas. Pero aún así, pese a todos sus esfuerzos, en febrero de 2025 el capo fue extraditado a Nueva York, donde aún a día de hoy está a la espera de juicio.
Y dato curioso para que veas que es irreal el mundo en el que vivimos. El hombre ahora está en la misma prisión que Maduro, Luigi Manone y tu artista favorito, Didi. Si te gustó el video, te recomiendo esta, la historia del día en el que el cártel más peligroso de México se enfrentó al grupo de hackers más famoso de la historia. Una batalla que hasta el momento nadie se esperó. Yeah.
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