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Por Qué NUNCA Debes Meterte con un Agente de la DEA – Caso Kiki Camarena

 Y esta situación implicaba que para compartir tiempo con cada uno de ellos, respectivamente, Enrique tenía que moverse constantemente entre México y los Estados Unidos. Algo que moldeó en él una identidad mitad mexicana, mitad estadounidense y esto, en vez de confundirlo, hizo que sintiera mucho amor por ambas naciones.

 Enrique, Kque o Kiki, dependiendo de qué lado de la frontera se encontrara de este chico, hablaba con soltura tanto español como inglés. Y así más adelante estudió para conseguir un título técnico en justicia penal, el cual consiguió a la vez que trabajaba como bombero, lugar donde le enseñaron a trabajar con disciplina y le dejó en claro que quería hacer algo por el bienestar de los demás.

 Luego de obtener su título técnico, Kiki decidió enlistarse en las fuerzas policiales. Allí afinó destrezas que luego serían clave para infiltrarse en pequeñas organizaciones criminales y desmantelarlas con éxito, aprovechando esa biciculturalidad que jugaba a su favor y que lo hacía resaltar entre los demás policías.

 Sus colegas lo definían como adaptable y enfocado, mientras que era retratado por viejos conocidos como un atornato del mundo callejero, alguien capaz de adoptar acentos y roles con total naturalidad que cualquier actor de Hollywood se quedaba en pañales con las habilidades de este señor. En 1968, Kiki ingresó al cuerpo de infantes de Marina de Estados Unidos, donde  estuvo sirviendo durante 2 años.

 Luego de ello volvió a Caléxico, donde fue ascendido como investigador de narcóticos, participando en operaciones regionales que lo prepararían para lo que se avecinaba. Y paralelamente se enamoró de Geneva Mika, otra joven de ascendencia mexicana que había conocido en la secundaria con quien llegó a tener tres hijos.

 El tener familia e hijos no frenó a Kiki de formar parte de actividades riesgosas, pero aún así las mudanzas eran continuas, ya que era una medida de seguridad que habían acordado tomar. pues su trabajo le hacía ganar muchos enemigos, ya que básicamente engañaba a criminales haciéndose pasar por uno de ellos.

 Y cuando se daban cuenta de que ahora estaban en problemas por su culpa, querían que el hombre pagara por burlarse de ellos. En 1974, la vida de Kiki daría otro cambio al convertirse en agente especial de la DEA, aprovechando su conocimiento del terreno y su natural desenvoltura a la hora de infiltrarse en el crimen organizado.

 Y un par de años después se ganó una gran reputación luego de desmantelar una gran red de hierba y coca en el valle de San Joaquín en California. El hambre de Kiki por seguir desmantelando redes criminales era insaciable. El hombre ya se ganaba la vida bien con su trabajo y además ya podía quitar el pie del acelerador y tener una vida normal.

 Pero esta tarea para él significaba algo más que solo  dinero, por lo que impulsado por la recomendación de un amigo, Kiki pidió su traslado a Guadalajara, convencido de que allí podría fortalecer su carrera. y así junto a su esposa e hijos se instaló en Jalisco para seguir de cerca a los traficantes, trabajando con las autoridades locales y analizando operaciones que pronto dejarían una huella imborrable en los cárteles.

 En 1982, la DEA puso en marcha la operación Padrino, una investigación que iba directo al centro del cártel de Guadalajara y de su líder, Miguel Ángel Félix Gallardo. Por esos tiempos, Félix Gallardo tenía una influencia enorme y aún así, pese a sus negocios oscuros, se paseaba con soltura por la vida social de la élite de Guadalajara y se trataba de igual igual con políticos, autoridades y empresarios.

 En su papel de jefe de jefes, Gallardo intentó levantar un centro de acopio que concentrara toda la hierba producida en México, ubicado estratégicamente cerca de la frontera con Estados Unidos para facilitar su entrada, por lo que el objetivo de Camarena era rastrear sus pasos y exponer sus vínculos con figuras del gobierno mexicano.

 Una vez establecido el objetivo de la misión, Kigi se hizo pasar como un campesino más encubierto y dio con el hombre al cual Félix Gallardo había encomendado uno de los proyectos más ambiciosos del cártel para ese entonces. Y se trataba de nada más y nada menos que de Rafael Caro Quintero, cofundador del cártel y pieza clave en la historia del tráfico moderno, quien además de experiencia tenía pasión por el campo y cultivar la hierba sin semilla, un producto tan distintivo que si hubiera tenido departamento de marketing seguro lo

habría registrado como su marca personal para posicionarlo como la hierba del futuro. Para inicios de los 80, Caro Quintero ya era considerado el mayor productor de hierba en México y se calculaba que su fortuna alcanzaba los 500 millones dólares, los cuales estaban repartidos en una red conformada por restaurantes, tiendas de ropa, hoteles y demás establecimientos de lujo que le permitían lavar mucho, pero que mucho dinero.

 Kiki, con su talento natural para mezclarse entre campesinos, logró ganarse la confianza de Caro Quintero, por lo que se le hizo fácil comenzar a trabajar de infiltrado en el cártel, aprovechando su origen mexicano y su dominio del español para presentarse como agricultor y encargarse de la seguridad del grupo en varios estados del Pacífico.

 La información que extrajo Kiki ayudó a definir los siguientes pasos de la DEA. Dentro de la agencia no había consenso, pues mientras algunos proponían simplemente incautar el dinero de los traficantes, otros querían golpearlos donde más dolía, destruyendo sus centros de producción. La información que rondaba por ahí era muy difícil de creer y es que describía el lugar perfecto para producir lechuga del  Aislado, fértil y de gran extensión ubicado en Chihuahua, a pocos kilómetros de Ciudad Jiménez y a unas horas de la frontera. Se hablaba de un

rancho llamado El Búfalo, donde según había un complejo agroindustrial de 6,000 haáreas, de las cuales 1000 terminaron dedicadas al cultivo de hierba. Y como Kiki aún no tenía la certeza de que tal lugar existiera, buscó la ayuda de un viejo amigo, Alfredo Zavala Abelar, quien había sido piloto en la Secretaría de Agricultura de México y quien además justamente conservaba fotografías antiguas que mostraban cómo se veía ese rancho años atrás, por lo que se subió a su avioneta y voló nuevamente sobre aquellos terrenos, confirmando lo que

inicialmente solo era un rumor, pues el hombre pudo ver con sus propios propios ojos. La mayor plantación de hierba jamás registrada en la historia. A pesar de lo antes mencionado, hay quienes aseguran que Camarena descubrió el rancho y lo reportó a la DEA. Otros dicen que ya lo conocía gracias a su cercanía con Caro Quintero y que fue Zavala quien llevó la noticia a la embajada.

 Aunque de ser cualquiera de estas opciones, las consecuencias por hacer tal descubrimiento y reportarlo serían fatales. Con el tiempo y gracias a su carisma, Kiki logró entrar a trabajar dentro del rancho y apenas puso un pie allí, confirmó con sus propios ojos algo que no haría más que acrecentar su sed de justicia y poner tras las rejas a los criminales que estaban detrás de tal atrocidad.

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