realidad que ha marcado profundamente a Palestina: la constante amenaza del conflicto armado que ha cobrado la vida de más de mil atletas, árbitros y figuras del deporte desde octubre de 2023.\

Un destino marcado por la tragedia
Los detalles de su fallecimiento son especialmente crueles. Según informes de la Asociación Palestina de Fútbol, el deportista no murió en el campo de juego, ni bajo los reflectores de un estadio, sino en la cotidianeidad de una búsqueda desesperada por la supervivencia. Saleem, cumpliendo con sus deberes como esposo, se encontraba buscando agua para su pareja, quien está embarazada de su primer hijo. Fue en ese momento, en medio de un operativo militar en la zona, que el futbolista recibió un disparo en el pecho que le costaría la vida.
Testigos presenciales han narrado cómo las fuerzas de ocupación abrieron fuego en una zona donde se encontraban ciudadanos civiles. El impacto fue devastador. A pesar de los esfuerzos desesperados por salvarlo en una clínica local, las condiciones precarias del sistema sanitario en la región, mermado por meses de conflicto, hicieron imposible contener la hemorragia interna que sufrió el arquero. Su hígado, páncreas e intestinos sufrieron daños irreparables, y el tiempo, en esta ocasión, no estuvo de su lado.
Más que una estadística
Para muchos, Saleem es una cifra más en las estadísticas de este prolongado conflicto; para otros, es el símbolo de una generación que ha visto sus sueños desvanecerse ante el estruendo de los tanques. Sus compañeros de equipo y la comunidad deportiva local lo recuerdan como un hombre íntegro, el único varón entre siete hermanas, quien llevaba sobre sus hombros la esperanza de su familia y la ilusión de un nuevo comienzo tras su matrimonio celebrado en febrero de 2026.
La muerte de Al-Ashqar ha provocado una ola de indignación global. Clubes como el Deportivo Palestino, con sede en Chile, emitieron comunicados oficiales lamentando profundamente su pérdida, calificándolo como un “mártir” del movimiento deportivo palestino. Este hecho ha renovado el debate sobre el silencio de las grandes instituciones deportivas internacionales frente a la destrucción constante de la infraestructura deportiva en Gaza y la pérdida de vidas de sus protagonistas.
Un vacío en el deporte palestino
Desde el inicio de la guerra, la infraestructura deportiva en Palestina ha sido sistemáticamente desmantelada. Estadios convertidos en campos de refugiados, academias de fútbol reducidas a escombros y, lo más grave, la pérdida irreparable de figuras que representaban la identidad y la resistencia a través del deporte. Saleem Al-Ashqar es solo uno de los más de mil deportistas palestinos que han perdido la vida, una cifra que, según organizaciones como la Asociación Palestina de Fútbol, crece sin descanso.
La figura del “portero que soñaba con ser padre” se ha vuelto un emblema de la lucha cotidiana. En sus redes sociales y en las declaraciones de quienes lo conocieron, se percibe no solo dolor, sino un profundo sentimiento de injusticia. ¿Cómo puede una vida dedicada a la disciplina y al juego justo ser truncada de manera tan abrupta por una bala? Esa pregunta resuena hoy en las calles de Khan Younis y en todos aquellos lugares donde se respira fútbol.
El legado de un arquero
A pesar de la tristeza que embarga a su familia y a su esposa, quien ahora debe enfrentar el futuro con la ausencia de su compañero, la historia de Saleem busca perpetuarse como un llamado a la conciencia. No se trata solo de un futbolista asesinado; es un ser humano cuya historia representa el dolor de todo un pueblo.
Las condolencias han llegado desde todos los rincones del mundo. Deportistas, entrenadores y aficionados se han unido en un clamor que exige justicia y, por encima de todo, paz. La pérdida de Saleem Al-Ashqar es un recordatorio de que, detrás de cada noticia sobre el conflicto, existen nombres, apellidos, familias que esperaban un regreso a casa y un futuro que nunca llegará.
Reflexión final
Hoy, el Khadamat Khan Younis y el fútbol palestino en su conjunto lloran a un guardameta que, bajo circunstancias normales, habría estado preparando su primera Navidad o sus primeras vacaciones como padre. En su lugar, el mundo le rinde un homenaje póstumo, recordando sus atajadas, su entrega y, sobre todo, su humanidad. La muerte de Saleem Al-Ashqar es una herida abierta que nos obliga a cuestionarnos sobre el valor de la vida y el papel del deporte como un refugio que, lamentablemente, ha dejado de ser seguro.
La memoria de Saleem perdurará en cada balón que ruede en las canchas de Gaza, en el recuerdo de sus hermanas y en el corazón de su esposa. Su vida, aunque corta, dejó una marca indeleble, recordándonos que, incluso en los tiempos más oscuros, la dignidad de quienes luchan por un futuro mejor debe ser respetada. Descansa en paz, Saleem, el guardameta que defendió su meta hasta el último aliento.