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Humberto Zurita: El ‘VIUDO’ que Ocultó Todo… El CRUEL ENCIERRO de Christian Bach al Descubierto

tuvo que grabar comerciales de detergente en sus primeros meses para poder pagar el alquiler de su departamento. El ambiente de Televisa a principios de los años 80 estaba controlado totalmente por hombres. Los productores ejecutivos decidían quién obtenía un papel protagónico basándose en sus propios intereses.

Ella no llegó con la mentalidad de una joven en busca de fama rápida. Su formación legal le permitió leer los contratos con cuidado antes de firmar cualquier documento. Consiguió un papel secundario en la telenovela Los ricos también lloran tras meses de rechazos en diferentes audiciones. Esta pequeña oportunidad le sirvió para conocer la estructura de poder dentro del canal.

Ernesto Alonso, un productor influyente de esa época, notó su forma de trabajar en los foros. le dio su primer personaje protagónico en 1983 para el proyecto Bodas de odio. Las grabaciones exigían jornadas de más de 15 horas diarias bajo las luces calientes de los estudios. Ella aplicaba la misma resistencia física que aprendió de las bailarinas de su familia.

Llegaba antes que los técnicos y se aprendía los diálogos de todos sus compañeros de escena. El público mexicano comenzó a reconocer su rostro en las revistas de circulación nacional. Algunos periodistas de espectáculos afirmaron que ella llegó a México con un contrato exclusivo ya firmado desde Argentina. Sin embargo, los registros de recursos humanos de Televisa de esa época documentan que ingresó cobrando por día de llamado.

Su sueldo inicial apenas cubría los gastos básicos de comida y transporte público en la capital. Ella misma iba a las oficinas de los directores para pedir oportunidades de trabajo. No tenía un representante artístico que negociara los términos financieros en su nombre. Resolvía los asuntos legales de su carrera utilizando los conocimientos de su etapa universitaria.

Las actrices extranjeras en ese tiempo solían depender de un padrino dentro de la empresa para conseguir pantalla. Ella evitó participar en las fiestas privadas que organizaban los altos ejecutivos los fines de semana. Su método consistía en asegurar altos niveles de audiencia para volverse indispensable económicamente para el canal.

Ganó el Premio TV y novelas a mejor actriz en 1984. Gracias a los números de rating, los directivos tuvieron que ofrecerle mejores condiciones salariales para retenerla en sus producciones. Mantuvo su vida personal fuera de los programas de chismes durante toda esa primera etapa de su carrera. En el año 1980 fue asignada al elenco de la telenovela Soledad.

La protagonista principal del melodrama era la experimentada libertad la marca. Durante las grabaciones de este proyecto, ella cruzó palabras por primera vez con Humberto Zurita. Él ya era un actor reconocido con experiencia en teatro y televisión. Trabajaron juntos compartiendo varias escenas, pero mantuvieron una relación estrictamente laboral durante esos meses.

Ambos estaban enfocados en cumplir con los tiempos de entrega que exigía el equipo de producción. La empresa los reunió nuevamente 6 años después para estelarizar de pura sangre. Las jornadas de trabajo los obligaban a convivir de lunes a sábado en locaciones fuera de la ciudad. El equipo de iluminación notó que la actitud entre ellos era distinta fuera de las tomas.

Empezaron a compartir el tiempo de comida lejos del resto de los actores del reparto. El departamento de prensa del canal utilizó este acercamiento real para promocionar la telenovela. Los índices de audiencia subieron rápidamente cuando los rumores del romance llegaron a los periódicos matutinos.

Los directores de escena comentaban sobre la postura recta que ella mantenía durante todas sus intervenciones. Sus movimientos frente a la cámara estaban calculados al milímetro gracias a su entrenamiento físico de juventud. Nunca pedía un descanso extra, aunque los vestuarios de época pesaran varios kilos. Las grabaciones en haciendas calurosas provocaban desmayos entre los extras, pero ella permanecía de pie en su marca.

Aplicaba la regla del teatro ruso de esconder el cansancio corporal detrás del personaje. Los técnicos sabían que con ella la escena quedaba lista en la primera o segunda toma. Su habilidad legal se hizo evidente cuando los ejecutivos intentaron cambiar una cláusula de exclusividad. Ella encontró un vacío en el documento que le permitía elegir sus propios proyectos teatrales.

Ninguna otra actriz de su generación había logrado retener ese tipo de libertad creativa en la empresa. Los abogados de Televisa tuvieron que ceder ante sus argumentos basados en el derecho laboral. empezó a revisar los libretos con el mismo rigor que usaba para analizar expedientes judiciales. Se negó a pronunciar diálogos que consideraba denigrantes para el desarrollo de su personaje.

El casamiento de una actriz con un hombre poderoso del medio funcionaba como un escudo protector frente a los patrocinadores. Estar soltera significaba estar disponible para invitaciones incómodas de los dueños del dinero. Ella y Humberto formalizaron su relación matrimonial el 3 de febrero de 1986. La boda se realizó en la colonia Polanco de la Ciudad de México ante decenas de fotógrafos.

Las portadas publicaron las imágenes del vestido blanco consolidando la imagen de la pareja ideal. Su estatus dentro de la televisora cambió al convertirse en la esposa de un actor respetado. Christian Bach comprendió que depender de un sueldo fijo limitaba sus metas económicas a largo plazo. En el año 1995 tomó la decisión de abrir su propia empresa junto a su marido para tener el control total.

Llamaron a la compañía Suba Producciones, mezclando las letras iniciales de sus dos apellidos. Ella usó sus estudios de abogada para redactar los contratos y definir las metas comerciales. Este movimiento significó terminar con la exclusividad que mantuvo por años con su antiguo canal. Fue la primera mujer del medio artístico en México que se convirtió en su propia jefa de producción.

Dentro de las oficinas de Suba, los roles de trabajo estaban repartidos de forma muy clara. Cristian se encargaba de revisar cada peso del presupuesto y autorizaba personalmente los pagos de la empresa. Humberto atendía a los reporteros y firmaba los autógrafos en los estrenos oficiales de las obras. Los empleados sabían que ella tenía la palabra final sobre la elección de los actores del reparto.

Su despacho era el sitio donde se resolvían las peleas legales con los patrocinadores. Mientras el público veía un romance, los bancos veían a dos socios comerciales con las cuentas muy ordenadas. El último gran proyecto que entregaron al canal Televisa fue la telenovela titulada Cañaveral de pasiones en 1996. A pesar del éxito de audiencia, los términos del contrato ya no le daban la libertad que ella buscaba.

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