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MEXICO APLASTO a ECUADOR y DEJA IMPACTADO a TODO el MUNDO

La Federación Ecuatoriana de Fútbol envió una queja formal a la Federación Mexicana y a la propia FIFA, calificando lo ocurrido como una práctica alejada de los principios de juego limpio que un mundial debería representar. Y aquí es donde la historia toma un giro inesperado, porque lo que debía quedarse en un incidente aislado explotó en redes sociales y dividió a dos países.

Del lado ecuatoriano, la narrativa se instaló rápido. México, decían, necesitaba recurrir a artimañas extradeportivas porque en el papel Ecuador llegaba con un plantel más caro, con más futbolistas jugando en las Grandes Ligas de Europa, con un valor de mercado que prácticamente duplicaba al mexicano. influencers y periodistas sudamericanos usaron ese argumento como bandera.

Si el Tri tenía tanta confianza en su superioridad futbolística, ¿por qué necesitaba quitarle el sueño al rival la noche anterior? Del lado mexicano, la respuesta fue igual de feroz. Se defendió la Serenata como parte de la cultura futbolera del continente. Se recordó que Ecuador ya había vivido situaciones similares en otros mundiales y se acusó a Becasese de victimizarse públicamente mientras negaba estarlo haciendo frente a las cámaras.

La discusión escaló tanto que para la tarde del martes con la ciudad de México ya vestida de verde y bajo ley seca en el primer cuadro de la capital para evitar excesos, el propio gobierno tuvo que intervenir en el tono del discurso público. La presidenta Claudia Sainbound pidió a la afición celebrar con respeto y responsabilidad, sin perder de vista que del otro lado había una selección rival que merecía condiciones dignas.

Sin embargo, nadie imaginaba lo que estaba por ocurrir apenas rodara el balón, porque toda esa guerra de narrativas, todo ese ruido de redes sociales estaba a punto de quedar completamente sepultado por lo que sucedería dentro del estadio Ciudad de México, la noche que quedara en la historia. El silvatazo inicial programado originalmente para las 7 de la noche tuvo que retrasarse casi una hora por el riesgo de tormenta eléctrica sobre la capital.

80,824 aficionados esperaron pacientemente bajo la lluvia, cantando sin moverse un centímetro de sus asientos, mientras del otro lado del túnel, Ecuador terminaba de digerir la noche más larga de su mundial. La ceremonia protocolaria se vivió con los himnos nacionales sonando a todo pulmón, con más del 95% del estadio pintado de verde y con un gesto que no pasó desapercibido para nadie.

Guillermo Ochoa, el veterano guardameta que vive su sexta Copa del Mundo, se acercó a Raúl Rangel durante el calentamiento para darle unas últimas palabras antes de que el joven arquero de Chivas saltara a defender el arco tricolor en un partido de eliminación directa. El relevo generacional en la portería mexicana, ese que tantas dudas había generado durante meses, se resolvía esa noche con la bendición del propio Ochoa.

Cuando por fin rodó el balón, la tensión se sentía hasta en la transmisión. Al minuto 7, Raúl Jiménez tuvo la primera clara del encuentro, un remate que se fue apenas desviado de los tres palos. Ecuador, por su parte, intentaba salir del sock inicial con un fútbol más físico que inspirado. Al minuto 18, el guardameta mexicano Raúl Rangel tuvo que emplearse a fondo para mantener el cero en el marcador, pero lo que ocurrió después cambiaría todo.

Al minuto 22, Roberto Piojo Alvarado picó una pelota exquisita que partió en velocidad a Julián Quiñones. El colombiano naturalizado mexicano corrió a toda potencia, se metió al área, recortó justo enfrente de William Pacho, que quedó completamente pintado observando como el balón salía disparado de la bota de Quiñones directo al ángulo del arquero Galindez.

¡Gol! El Estadio Azteca explotó como pocas veces se había visto en lo que iba del torneo. Fue un gol que resumía casi con crueldad poética toda la historia de Quiñones. El mismo hombre al que su país de nacimiento nunca convocó, definiendo con sangre fría en un mundial jugado en la Tierra que sí lo eligió. Y como si el destino quisiera subrayarlo, el defensor humillado en la jugada, William Pacho, es uno de los centrales más caros y cotizados de todo el plantel ecuatoriano.

Justo el tipo de nombre que había alimentado la narrativa de que Ecuador llegaba con más jerarquía sobre el papel. Mientras tanto, en el centro del campo, Eric Lira se convertía en el pitbull absoluto del medio campo mexicano, impasable, recuperando cada balón dividido, entrando con todo y contra todos, construyendo un muro que Ecuador no lograba perforar, ni con juego largo ni con circulación paciente.

Y entonces, apenas 9 minutos después, llegó el golpe que terminó de noquear a la tricolor sudamericana. Un despeje fallido de Joel Ordóñez le cayó justo a Raúl Jiménez, quien abrió el balón hacia Julián Quiñones. Este lo recibió con una frialdad absoluta, amagó con el disparo directo y se la devolvió con un pase preciso a Jiménez, que definió por todo el ángulo derecho de Galindes. 2 a0.

Justicia total en el marcador y una explosión colectiva de más de 80,000 gargantas que ya empezaban a soñar con algo grande. Con esa anotación, Raúl Jiménez llegó a 47 goles con la selección mexicana, colocándose en solitario como el segundo máximo goleador histórico del tricolor, apenas a cinco tantos de la marca que todavía sostiene Javier Chicharito Hernández con 52.

Sin embargo, nadie imaginaba que faltaba más. Antes del descanso, Ecuador todavía tuvo un último intento de reacción con un remate de Yon Yebo que obligó a Raúl Rangel a una atajada providencial, evitando que los sudamericanos recortaran distancias justo antes del silvatazo del descanso. Cuando el árbitro esloveno mandó a ambos equipos al vestidor, las estadísticas eran una humillación silenciosa para Ecuador.

10 disparos al arco de México, apenas tres de la tricolor sudamericana. Fue sin exagerar uno de los mejores primeros tiempos en la historia de la selección mexicana en Copas del Mundo. Un despliegue de velocidad, definición y control que dejó a Ecuador completamente descolocado, incapaz de encontrar respuestas ante un rival que parecía jugar en otra categoría.

La segunda mitad fue en esencia la administración de una ventaja que ya se sentía definitiva. Ecuador salió con más intención, movió el banco, buscó con centros y balones largos, pero se topó una y otra vez con un Rangel inspirado que al minuto 66 volvió a salvar a México con otra intervención de gran nivel.

México, cómodo, ordenado, dejó pasar los minutos sin sobresaltos hasta que el silvatazo final confirmó lo que ya era un hecho desde el descanso. México 2, Ecuador 0. Boleto directo a los octavos de final del Mundial 2026. Ciudad de México se volvió fiesta. Apenas sonó el silvatazo final. Algo que ya se había vuelto costumbre en este mundial volvió a repetirse.

El ángel de la independencia se llenó, pero esta vez fue distinto. No era la fase de grupos, no era un rival cualquiera. Era un boleto directo a los octavos de final, ganado además con el mejor primer tiempo que muchos aficionados recuerdan haber visto de su selección en una Copa del Mundo.

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