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Leonor de Borbón: la futura reina que ya cambió España

Ara Felipe VI tomó el mando con un estilo diferente al de su padre, más frío, más formal, más distante en apariencia, pero también más transparente en lo económico. renunció públicamente a la herencia de su padre. Eliminó a Juan Carlos de la lista de miembros de la familia real con asignación presupuestaria y apostó por una imagen de austeridad que contrastaba con el esplendor de décadas anteriores.

Fue una apuesta valiente, pero también insuficiente para muchos. En ese escenario heredado, Leonor crecía, estudiaba, observaba y los que la conocían de cerca comenzaban a notar algo que no era fácil de articular, pero que resultaba imposible de ignorar. Esta chica tenía algo, una seriedad sin solemnidad, una madurez sin rigidez, una forma de presentarse ante el mundo que incluso a los 12 o 13 años transmitía la sensación de alguien que sabe exactamente dónde está parada y hacia dónde va. Hay un momento en la infancia

de Leonor que merece detenerse porque dice más sobre su carácter que cualquier discurso oficial. Corría el año 2018. La princesa tenía 12 años y fue invitada a pronunciar unas palabras en el acto de entrega de los premios Princesa de Asturias, una de las citas más importantes del calendario de la casa real española.

FPA subió al atril con una serenidad que desconcertó a más de uno. Habló con claridad, con pausas medidas, con una voz que no temblaba. habló en español, luego en inglés y luego añadió unas frases en francés y en árabe. A 12 años en directo ante cámaras de todo el mundo. No había nada improvisado en aquel momento, pero tampoco había nada mecánico.

Era una niña hablando desde un lugar que muy pocos adultos logran encontrar. La convicción tranquila. Ese momento no fue un accidente. Fue el resultado de una formación que había comenzado mucho antes y que sus padres, Felipe y Leticia habían diseñado con una mezcla de tradición y ruptura que también resultaba reveladora.

Leticia Ortiz, la reina consorte, no era un aristócrata, era periodista. Había cubierto conflictos armados, había trabajado en televisión, había vivido el mundo desde una perspectiva completamente alejada del protocolo palaciego y esa visión la había traído consigo al palacio. cn español.cn CNN. Leonor y su hermana Sofía, dos años menor, estudiaron en un colegio convencional de Madrid, el colegio Santa María de los Rosales, donde compartían aulas y patios con hijos de familias que no tenían ningún vínculo con la realeza.

Fue una decisión deliberada. Felipe y Leticia querían que sus hijas conocieran el mundo real o al menos una versión más cercana a él que la que ofrecían los internados exclusivos de la aristocracia europea. Era una apuesta por la normalidad como escudo, pero también como valor en sí mismo. Más tarde, Leonor completó su educación secundaria en el WC Atlantic College, un internado galés de prestigio internacional.

donde conviven estudiantes de más de 90 países con becas de mérito. Allí aprendió no solo materias académicas, sino algo que no se enseña en ningún libro. La perspectiva, la capacidad de entender que el mundo es vastísimo, que las certezas de un palacio madrileño no son las certezas de una aldea en Uganda o de un barrio obrero en Estambul.

Esa experiencia, según quienes la conocieron durante ese periodo, la marcó de una manera que todavía resulta perceptible en su forma de hablar y de escuchar. Cuando Leonor regresó a España, lo hizo siendo ya otra persona, más silenciosa en apariencia, pero más sólida por dentro, y el país la esperaba con una mezcla de afecto genuino y expectativa contenida.

La pregunta que nadie formulaba en voz alta, pero que flotaba en el ambiente era siempre la misma. ¿Será capaz de salvarlo? El 31 de octubre de 2023 fue un día que España no olvidará fácilmente. Leonor cumplía 18 años y en el mismo día de su cumpleaños cumplió también con uno de los actos más solemnes y cardaz de simbolismo de toda la historia reciente de la monarquía española.

juró la Constitución ante las Cortes Generales. RTVE era la primera mujer en hacerlo como heredera al trono en 190 años. La última había sido Isabel II en el siglo XIX, una reina cuyo reinado estuvo marcado por derras, pronunciamientos militares y un exilio que terminaría siendo definitivo. Esa referencia histórica no era un dato menor, era el peso de la historia aterrizando sobre los hombros de una joven de 18 años que avanzaba por el pasillo del Congreso con paso firme y expresión serena.

RTVE. La fórmula que pronunció Leonor era casi idéntica a la que había utilizado su padre décadas atrás. Juro desempeñar fielmente mis funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las comunidades autónomas y fidelidad al rey. Palabras antiguas ceremoniales pronunciadas en un mundo completamente diferente al que las vio nacer.

Pero palabras que en la voz de Leonor sonaron de otra manera. Sonaron como una promesa personal, no solo como un protocolo institucional. En las calles de Madrid la reacción fue compleja. Había quienes aplaudían desde las aceras y agitaban banderas con auténtico entusiasmo. Había también quienes llevaban pancartas republicanas y recordaban que en un sistema verdaderamente democrático nadie debería heredar el poder de estado por derecho de sangre.

Y había quizás el grupo más numeroso, aunque también el más silencioso, quienes simplemente observaban con esa mezcla de tradición y desconfianza que caracteriza la relación de muchos españoles con su monarquía desde hace generaciones. Leonor escuchó el aplauso, sonrió con esa discreción que ya empezaba a hacer su sello personal y al día siguiente hizo algo que muy pocas herederas al trono en la historia de Europa han hecho.

se presentó voluntariamente en las puertas de una academia militar, no como invitada, como cadete. La Academia General Militar de Zaragoza tiene muros que han visto pasar generaciones de oficiales españoles. Es una institución con una historia que se remonta al siglo XIX y sus tradiciones son tan sólidas como los bloques de piedra que la forman.

Cuando Leonor cruzó esas puertas en agosto de 2023, lo hizo sin privilegios especiales de protocolo en el día a día. Se integró con los alumnos del segundo curso, la 82 promoción de la Academia General Militar, y vivió la misma rutina que sus compañeros: levantarse antes del amanecer, instrucción física, clases teóricas, disciplina, jerarquías y la convivencia forzada, pero transformadora de la vida en los barracones.

Para una joven que había crecido en palacios y colegios de élite, aquel salto no era menor. Era una ruptura radical con todo lo que había conocido. Sus compañeros, según fuentes cercanas a la academia, la trataron con respeto, pero sin deferencia especial. Ella lo había pedido así y la institución lo hizo posible. En los primeros meses hubo inevitablemente una distancia natural, la misma que existe entre cualquier persona nueva y un grupo que ya ha formado sus propios lazos.

Pero poco a poco esa distancia fue reduciéndose. Leonor no era el tipo de persona que se escondía detrás de su título. Era directa, participaba, no buscaba privilegios y tampoco huía de las responsabilidades que la formación militar imponía a todos por igual. La jura de bandera que realizó en octubre de ese mismo año fue otro de esos momentos que quedan grabados en la memoria colectiva.

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