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Todo Lo Que Te Contaron Sobre JESUCRISTO es MENTIRA…esta es la Historia Real

Presten atención a este fragmento. Nerón culpó e inflingió las torturas más exquisitas a una clase odiada por sus abominaciones, quienes eran llamados cristianos por el populacho. Cristo, de quien el nombre tuvo su origen, sufrió la pena máxima durante el reinado de Tiberio a manos de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilato.

 Esta frase no está escrita en la Biblia, ni se enseña en clases de catequesis, ni tampoco la dijo algún sacerdote o predicador de la iglesia. aparecía, aunque originalmente escrita en latín en una obra titulada Analis, que data del año 116 después de Cristo, y fue escrita por el senador y orador romano Cornelio Tácito.

 Es por sobre todas las cosas la prueba no cristiana más importante que se tiene sobre la existencia de Jesús. Pero no nos adelantemos, la figura de Cristo ha generado interminables debates más allá de la eterna discusión de si Dios existe o no. Hay una gran pregunta que desvela la ciencia. ¿Existió realmente Jesús o fue solo un personaje mítico creado para justificar el surgimiento de una religión en su nombre? Hay pruebas concretas de su existencia más allá de los textos religiosos.

 ¿Qué consenso existe actualmente entre los historiadores? ¿Era tal y como lo muestra hoy la Iglesia Católica? nos hicimos las mismas preguntas y buscamos las respuestas en este especial sobre la vida de Jesús. Si estos informes les gusta, pueden escribir historia en los comentarios y sugerirnos sobre qué otro personaje histórico importante podemos hablar.

Comencemos. Para entender en qué instancia se encuentra actualmente este larguísimo y tenso debate, es necesario remontarnos a épocas en las que la cultura se transmitía mayormente de manera oral. Es decir, que en muchos casos los hechos históricos se veían empañados por las historias, por los mitos.

 Sin embargo, también existía documentación que daba cuenta de cosas que realmente pasaron. Pero separar las evidencias de manera científicamente válida ha sido un trabajo que demandó siglos de análisis y muchos de los más reveladores hallazgos surgieron en décadas muy cercanas a nuestros tiempos. Por eso es recomendable hacer un recorrido cronológico y ordenado que comienza en las pruebas más antiguas que existen.

 Vale decir que en algunos casos muchos de estos textos debieron ser analizados minuciosamente, ya que era habitual que algunos escritos fueran modificados con el correr del tiempo por cristianos que hacían acotaciones y acababan deformando el texto original. Pero bien se podría decir que los anales de Tácito son una excelente forma de empezar a adentrarse en esta compleja investigación.

 Textos como el detácito tienen un valor agregado. Los romanos no tenían una visión exactamente amable o positiva de los cristianos, sino exactamente lo contrario. Es decir, que no tenían interés alguno por elevar la figura de su máximo líder, ni mucho menos abonar a un mito que miraban con recelo y rechazo. Entonces, el hecho de que Tácito haya mencionado en su última obra importante a Cristo se convierte en una prueba que muchos consideran irrefutable, pero no es la única.

 Tácito en realidad no tenía ningún interés por probar o ratificar la existencia terrenal de Jesús. Su intención era escribir una biografía sobre Nerón, el quinto y último emperador romano de la dinastía Julio Claudia, un reinado que los historiadores califican de extravagante y de cruel. En ese sentido, Tácito relataba la creciente sospecha de que Nerón había mandado incendiar una parte de Roma y quiso culpar a los cristianos con el objetivo de dar un contexto sobre este grupo.

 Tácito haría aquella valiosa mención a su líder, agregando que había sido mandado a ejecutar por Poncio Pilato. Además, en ese mismo texto, el autor ahondaría en la figura de Cristo del siguiente modo y cito, y la superstición muy maliciosa, de este modo sofocada por el momento, de nuevo estalló no solamente en Judea, la primera fuente del mal, sino incluso en Roma, en donde todas las cosas espantosas y vergonzosas de todas partes del mundo confluyen y se popularizan.

 En consecuencia, el arresto se hizo en primer lugar a quienes se declararon culpables. A continuación, por su información, una inmensa multitud fue condenada no tanto por el delito de incendiar la ciudad como por su odio contra la humanidad. De esta forma, Tácito daría pruebas fuertes sobre el título de Cristo, el inicio del movimiento, su ejecución en tiempos de Poncio Pilato, quinto prefecto de la provincia romana de Judea, y confirmaría la data de su muerte.

 Más allá de que evidentemente la figura de Jesús tomaría su mayor potencia cuando se habla de su resurrección y de milagros, en este caso nos centraremos puramente en las pruebas históricas y documentales de su existencia terrenal. Lo demás ya es ahí sí una cuestión de fe. Pero no fue Tácito el único en hablar sobre este líder de alto impacto en la sociedad de la época.

 Otra prueba importante que confirmaría su existencia está en los textos del historiador judío romanizado Flavio Josefo. En su libro Antigüedad de judías 9194. La referencia concreta a Jesús se encuentra en el texto conocido como testimonium flavianum, aunque vale decir que ha sido sujeto de muchísimo debate. A diferencia de la llamada prueba de tácito de la que recién nos ocupamos, los textos de Flavio Josefo tienen una particularidad que los ha puesto en el centro de la discusión.

 Si bien el texto se considera auténtico, hay una fuerte convicción de que ciertas partes habrían sido retocadas con posteridad. Es por esto que esta prueba ha sido muchas veces objetada, pero los expertos consideran que hay fragmentos que son originales y que alcanzan para funcionar como prueba feaciente de la existencia de Jesús.

 Dentro de la frase polémica en cuestión podían encontrarse partes agregadas por copistas cristianos, pero en esencia dice así. En aquel tiempo apareció Jesús un hombre sabio, si es lícito llamarlo hombre, porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. Él era el Mesías.

 Y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros, lo condenó a la cruz. Los que antes le habían amado no dejaron de hacerlo. Más allá de esta controversia respecto a la autenticidad como prueba documental de Flavio Josefo, siguieron apareciendo menciones en textos no cristianos que robustecieron la teoría de que Jesús efectivamente existió.

 No solo se pueden rastrear pistas sobre la posible existencia de Jesús de Nazaret en textos históricos formales, sino que mediante un profundo trabajo casi detectivesco también fueron halladas menciones en escritos mucho más humildes. Un ejemplo interesante es el de las cartas que Plinio, el joven, un abogado, escritor y gobernador romano de Vitinia, le escribió al emperador Trajano.

 En concreto, la evidencia surge entre las líneas de la carta 96 del libro 10, donde el tema de debate eran obviamente los cristianos. Las menciones a Cristo son en total tres y hace también referencia a costumbres de sus seguidores que ya lo consideraban como un dios. Plinio hablaba de la adoración respecto a la figura de Cristo.

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