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GUSTAVO MATOSAS : LA TRAGEDIA que Vive con 58 AÑOS es MUY TRISTE

GUSTAVO MATOSAS : LA TRAGEDIA que Vive con 58 AÑOS es MUY TRISTE

ganó un bicampeonato histórico. Dirigió a uno de los equipos más increíbles que ha visto la Liga MX en décadas. Su nombre sonaba con fuerza para dirigir a la selección mexicana y todo indicaba que estaba destinado a convertirse en uno de los técnicos más poderosos de la historia del país. Y entonces, de la noche a la mañana, todo se derrumbó.

Un audio de unos pocos minutos grabado en secreto cambió su destino para siempre, lo que alguna vez fue prestigio, gloria y estadios llenos se convirtió en silencio, en ausencia y en una pregunta que el fútbol mexicano lleva 6 años evitando responder en voz alta. Esta es la caída de Gustavo Matosas y cómo vive hoy y lo que vas a descubrir en los próximos minutos te va a dejar impactado.

Para entender la magnitud de su caída, primero hay que entender de dónde venía este hombre, porque Gustavo Cristian Matosas no era cualquier entrenador que llegó a México, de casualidad buscando un contrato. era alguien con raíces profundas en este país, con una historia personal que lo conectaba con la tierra mexicana desde mucho antes de que nadie lo conociera como técnico.

Matosas nació el 27 de mayo de 1967 en Buenos Aires, Argentina. Su padre, Roberto Matosas, era un reconocido futbolista uruguayo, ídolo del River Plate argentino en los años 60. Un nombre que en el Río de la Plata se pronunciaba con el tono con que se pronuncian los ídolos de verdad. Por esa doble herencia de madre argentina y padre uruguayo, Gustavo terminó adoptando la ciudadanía de Uruguay al cumplir la mayoría de edad.

 Por eso los medios mexicanos lo llamaron siempre indistintamente argentino o uruguayo. Técnicamente es ambas cosas, pero lo que pocos saben y que el propio Matosa siempre recordó con genuino afecto es que de niño se mudó a México junto a su familia y creció en Toluca, Estado de México. Ahí estudió, ahí hizo amigos, ahí se formó como persona en las calles y los patios de una ciudad que en los años 70 olía a tortilla recién hecha y a tierra mojada después de la lluvia.

Y en esa secundaria de Toluca, sin que ninguno de los dos lo supiera todavía, Gustavo coincidió en las mismas aulas con un compañero de nombre Enrique Peña Nieto, quien décadas después se convertiría en presidente de la República Mexicana. Ese detalle tiene más peso del que parece a primera vista, porque cuando en 2014 el león llegó campeón a Los Pinos a recibir un reconocimiento del gobierno federal, el reencuentro entre el técnico bicampeón y el mandatario fue uno de esos momentos que solo la vida puede escribir.

Dos niños de secundaria en Toluca sentados en los mismos salones sin saber lo que venía. Como futbolista, Matosas tuvo una carrera de nivel respetable, no extraordinaria, pero sí suficiente para entender el fútbol desde adentro con una profundidad que pocos técnicos tienen. Surgió en las filas del Peñarol de Uruguay a mediados de los años 80 y fue parte de un equipo verdaderamente histórico.

 El Peñarol que ganó la Copa Libertadores de 1987 bajo las órdenes del maestro Ócar Washington Tabáz. El mismo Tabárez que décadas después llevaría a Uruguay a ser cuarto en el Mundial de Sudáfrica. Ese mismo año de 1987, la selección uruguaya se coronó campeona de la Copa América disputada en Argentina y Matosas también fue parte de ese plantel.

 títulos importantes en un país donde el fútbol no es un deporte, sino una religión con estadios como catedrales. Después de Peñarol recorrió el mundo como lo hacen los futbolistas de su época. Jugó en España, en distintos países de América Latina. Incluso pasó una temporada por China y terminó su carrera de jugador en el año 2001, precisamente en el Querétaro Mexicano.

México lo vio jugar por última vez como futbolista y años después lo vería brillar y luego desaparecer desde el banquillo técnico. Al retirarse de las canchas, Matosas se dedicó de lleno al estudio del oficio de entrenador con la misma seriedad con que había vivido su carrera de jugador. Se capacitó en Brasil, obtuvo sus licencias de técnico en Uruguay y comenzó a construir su carrera desde abajo, como tiene que ser, como lo hacen los que de verdad quieren aprender y no solo ocupar un cargo.

Sus primeros pasos como técnico los dio en clubes modestos del fútbol uruguayo. Villa Española, Rampla Juniors, Plaza Colonia. Equipos sin grandes presupuestos y sin grandes expectativas, pero en esos banquillos humildes fue aprendiendo, experimentando, construyendo paso a paso la identidad táctica ofensiva y vertical que después iba a revolucionar a la Liga MX.

El primer gran espaldarazo llegó con el Danubio. En la temporada 2006 a 2007, Matosas condujo a ese club de Montevideo al campeonato de la primera división uruguaya. Un título inesperado y hermoso logrado con una propuesta de juego atrevida y ofensiva que empezó a llamar la atención en todo el continente. Ese título le abrió las puertas del Peñarol, el club más ganador de Uruguay.

Pero en el aurinegro los resultados no acompañaron y fue destituido a principios de 2008. Pasó luego por Perú y en 2010 México volvió a llamarle a la puerta. En noviembre de 2010, el Querétaro de la Liga MX lo contrató para salvar al equipo del descenso, la misma ciudad donde había terminado su carrera de jugador 9 años antes.

 La misión era dura, el tiempo era poco y la presión era enorme, pero Matosas la cumplió. En el Clausura 2011, los gallos blancos sobrevivieron de milagro, terminando penúltimos en la tabla porcentual, pero dentro de la primera división. Ahí estaban las primeras señales de algo importante en este hombre, su capacidad para sacar lo mejor de equipos con pocos recursos y mucha presión.

 su habilidad para transformar el miedo colectivo en energía colectiva, para hacer que jugadores que se creían pequeños se sintieran capaces de algo grande. Sin embargo, la historia en Querétaro no terminó bien. A pesar de haber salvado al equipo del descenso, en agosto de 2011 fue destituido por diferencias con el presidente del club, Ulises Surita.

Sin escándalo público, sin grandes declaraciones, solo otra salida abrupta de un banco técnico. Matosas quedó libre en México en un momento donde pocos apostaban por él. Lo que nadie imaginaba es que ese despido iba a ser el trampolín hacia la mejor etapa de su vida profesional. El 21 de septiembre de 2011, el club León tomó una decisión que cambiaría para siempre la historia de la institución.

 Contratar a Gustavo Matosas para sustituir al brasileño Milton Keiros como director técnico. El contexto no podía ser más complicado ni más cargado de presión. El León estaba en el ascenso MX, la segunda división del fútbol mexicano, y había intentado volver a la primera división. en múltiples ocasiones anteriores fracasando con entrenadores de mayor renombre y mayor presupuesto.

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