Posted in

$2 MILLONES de Herencia: ALEJANDRO SÁNCHEZ Esposo de CAROLINA FLORES Bajo Sospecha POLANCO

24 horas. Ese fue el tiempo que Alejandro Sánchez esperó antes de llamar a las autoridades después de que su madre disparara contra su esposa. 24 horas con el cuerpo de Carolina Flores en el departamento de Polanco, mientras su madre cruzaba fronteras rumbo a Venezuela. Y esa demora no fue un detalle menor.

 Le vio a Erika Herrera la ventaja perfecta para escapar del país sin que existiera una sola orden de arresto en su contra. Desde que se reveló ese dato, México no ha dejado de preguntar lo mismo. ¿Por qué esperó tanto? La respuesta oficial de Alejandro fue que necesitaba cuidar a su bebé de 8 meses, que estaba en shock, que debía alimentar a la niña antes de actuar.

Pero esa explicación no ha convencido a nadie. Más de 150,000 personas exigen públicamente su arresto. Los comentarios en redes sociales son demoledores. Es cómplice. Debe ir a la cárcel. Lo planearon juntos por dinero. Y no es solo una teoría de internet, hay detalles concretos en el comportamiento de Alejandro, que han levantado banderas rojas incluso entre investigadores experimentados.

 Empecemos por lo más perturbador, su reacción inmediata después del ataque. El video de la Cámara de Seguridad lo captó entrando a la habitación con su bebé en brazos, viendo el cuerpo de Carolina en el piso y confrontando a su madre con una pregunta. ¿Qué hiciste, mamá? La respuesta de Erika quedó grabada. Nada me hizo enojar. Tu familia es mía.

 Tú eres mío, ella no. Después de escuchar esa confesión explícita, Alejandro no llamó al 911. no intentó detener a su madre cuando recogió sus maletas y salió caminando del departamento. No alertó al guardia de seguridad, simplemente la dejó irse. La vio tomar el elevador, bajar al vestíbulo, subirse a un taxi y desaparecer en las calles de la Ciudad de México.

 Todo mientras él permanecía arriba con su hija y el cuerpo de su esposa. Las horas siguientes son aún más inquietantes. Testigos cercanos al caso revelaron que Alejandro no llamó primero a la policía, llamó a la madre de Carolina. Fue él quien le dio la noticia a la suegra, quien le contó que Erika había disparado contra su hija.

 Y en esa conversación, según familiares de Carolina, Alejandro le pidió a la madre de la víctima que convenciera a Erika de entregarse como si el problema fuera una disputa familiar que se podía resolver con una plática, no un asesinato que requería intervención inmediata de las autoridades. Pasaron más horas.

 La noche cayó sobre Polanco. El departamento seguía sellado con la escena del crimen intacta y Alejandro adentro con su bebé. Recién al día siguiente, el 16 de abril, casi 24 horas después de los disparos, finalmente acudió al Ministerio Público a presentar la denuncia. Para entonces, Erika ya estaba en un vuelo hacia Panamá con conexión a Caracas.

 La ventana de tiempo que le regaló su hijo había sido suficiente para poner un océano de distancia entre ella y la justicia mexicana. Pero hay más. Alejandro no solo tardó en denunciar, tampoco fue al funeral de Carolina en Ensenada. La familia materna organizó una ceremonia para despedir a la joven exreina de belleza y el viudo estuvo ausente.

 Solo envió un arreglo floral. Ni siquiera llevó a la bebé para que la familia conociera a la niña huérfana. Esa ausencia fue interpretada por muchos como una señal de culpa de miedo a enfrentar a la familia de conciencia sucia. Amigos de Carolina comenzaron a hablar públicamente. Revelaron que la relación entre Alejandro y su madre era enfermizamente cercana.

 Él hacía lo que ella decía, comentó una amiga en entrevistas. Erika lo controlaba completamente. Carolina sufría por eso. Esas declaraciones pintaban el retrato de un hombre dominado por su madre, incapaz de defender a su esposa y ahora sospechoso de haber participado en un plan para eliminarla. Y entonces surgió la pregunta que nadie ha podido responder satisfactoriamente.

 ¿Cómo es posible que Alejandro, estando en la habitación contigua con su bebé no escuchara los disparos? Según la necropsia, Carolina recibió múltiples impactos de bala. Cada detonación de un arma calibre 9 mm produce un ruido ensordecedor en un espacio cerrado. Pero Alejandro insiste en que solo reaccionó cuando todo había terminado.

 Shock auditivo, negación psicológica o mentira deliberada. El guardia de seguridad del edificio añadió otro elemento desconcertante. Declaró que no escuchó detonaciones ni movimientos inusuales esa noche. Si ni siquiera el personal del edificio percibió algo extraño, ¿cómo se explica que múltiples disparos pasaran desapercibidos? Esa contradicción abrió teorías más oscuras.

Usaron un silenciador, ¿el guardia fue sobornado? ¿O simplemente nadie quiso involucrarse? Mientras Erika Herrera era capturada en Venezuela y comenzaba el proceso de extradición, Alejandro Sánchez permanecía libre en México sin cargos, sin investigación pública confirmada, solo el peso de millones de ojos, exigiendo respuestas que las autoridades aún no daban.

 Carolina Flores Gómez no era solo una joven madre y exreina de belleza, era una mujer con recursos económicos considerables. Específicamente, había recibido una indemnización millonaria tras la muerte de su padre. Familiares cercanos han confirmado públicamente que la suma alcanzaba los $,000. Y ese detalle cambia completamente la narrativa del caso.

 El padre de Carolina falleció en circunstancias que generaron una compensación legal significativa. Esos fondos fueron transferidos a Carolina como únca heredera, millones de dólares que tras su matrimonio con Alejandro lo convertían técnicamente en beneficiario en caso de fallecimiento de su esposa, especialmente si existían pólizas de seguro de vida adicionales, cosa común en familias con ese nivel de patrimonio.

 La teoría que circula en redes sociales y que familiares de Carolina han insinuado públicamente es directa. Erika y Alejandro planearon el asesinato para quedarse con ese dinero. La madre ejecutaría el crimen iría del país evitando consecuencias legales y el hijo quedaría como viudo inocente heredando la fortuna. Un plan que de funcionar perfectamente les daría acceso a millones sin levantar sospechas.

 Hay elementos que refuerzan esa hipótesis. Primero, el viaje de Erika desde Ensenada. Manejó casi 3,000 km durante 4 días para llegar a la Ciudad de México el mismo día del ataque. ¿Por qué hacer ese viaje agotador en lugar de tomar un avión? Una posible respuesta, no dejar registro de compra de boletos que pudiera rastrearse.

Read More