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CARLOS VELA: CONFESÓ LLORANDO POR QUÉ ODIA A MÉXICO Y A LOS MEXICANOS

 El padre Enrique Vela, tenía 32 años cuando nació Carlos. Había probado suerte en las inferiores del Atlante, había probado suerte en las inferiores del América y había firmado cero contratos profesionales en toda su vida. Bebía cerveza desde las 10 de la mañana frente al televisor de 14 pulgadas de la sala, mientras la esposa Lucy Garrido vendía tacos en el crucero del barrio para alimentar a los dos hijos.

 El primer hijo se llamaba Alejandro. Tenía 2 años más que Carlos. era el favorito del padre, el que entrenaba todas las tardes en el patio trasero de la casa, el que prometía ser el primer vela en llegar al profesionalismo. Carlos era el segundón, el que sobraba hasta una tarde de noviembre de 1998. Esa tarde, un casatalentos del Club Deportivo Guadalajara llegó al barrio buscando a Alejandro.

 vio jugar a los dos hermanos durante una hora y al terminar la tarde caminó hacia el padre Enrique sentado en una banca de cemento. Le dijo seis palabras exactas. Las seis palabras decían, “Este niño se va a Guadalajara.” La frase no era para Alejandro, la frase era para Carlos y el padre Enrique, ese mismo hombre que durante 10 años seguidos había entrenado a Alejandro en el patio trasero de la casa, firmó esa misma tarde el contrato del hijo equivocado. Guarda esa imagen.

dos hermanos, un casatalentos, un padre obligado a elegir, porque 14 años después esa misma elección iba a explotar de la manera más oscura imaginable. La noche siguiente, antes de la despedida hacia Guadalajara, el hermano mayor Alejandro le pidió a Carlos una sola cosa dentro del cuarto compartido. Cuatro palabras exactas.

 Las cuatro palabras decían, “Nunca olvides el barrio.” El niño Carlos, de 9 años, le prometió al hermano que jamás iba a olvidar esa promesa. Las cuatro palabras pronunciadas dentro del cuarto compartido de la casa de elegido del Bonfil esa madrugada son la primera pieza de toda esta historia. Vamos a volver a esas cuatro palabras.

 ¿Te has preguntado alguna vez qué siente un hermano mayor cuando ve al padre firmar el papel del hermano menor por encima del suyo? Lo que Alejandro sintió esa madrugada. El padre Enrique jamás se lo preguntó y Carlos tampoco. Pero el hermano mayor Alejandro Vela jamás aceptó esa elección. Durante los siguientes 14 meses, mientras Carlos Vela entrenaba en las fuerzas básicas del Guadalajara a 1600 km de distancia, el hermano mayor dejó de hablarle al padre.

 Dejó de entrenar en el patio trasero, dejó de jugar fútbol. Empezó a beber alcohol a los 12 años de edad. Empezó a juntarse con malas compañías de elegido del Bonfield. Y a los 14 años, Alejandro Vela ya tenía una causa abierta en el Ministerio Público del Estado de Quintan Ro por consumo de sustancias prohibidas. La madre Lucy Garrido lloraba todas las noches dentro de la cocina de la casa.

 El padre Enrique se encerraba dentro del cuarto principal bebiendo cerveza hasta el amanecer. Y Carlos Vela dentro de las concentraciones cerradas del Guadalajara no se enteraba de nada porque los entrenadores de las fuerzas básicas tenían instrucciones precisas, cortar todo contacto telefónico entre el joven Carlos y la familia de elegido del Bonfield, 14 meses sin escuchar la voz de la madre, sin saber que el hermano mayor estaba cayendo en lo más bajo, sin un solo audio de Cancún dentro de los oídos del joven Carlos. ¿Te has

preguntado alguna vez qué siente un niño de 9 años cuando el club que lo cría decide que la familia que lo crió ya no le sirve? A los 15 años, Carlos Vela ya jugaba en las Fuerzas Básicas del Guadalajara. A los 16, el Tri Sub17 lo convocó para el mundial juvenil del Perú 2005.

 Y dentro de esa concentración de 14 semanas, Carlos Vela conoció a los cuatro jóvenes que iban a marcar para siempre su vida profesional. Javier Hernández Balcázar, 15 años. Apodo Chicharito. Guillermo Ochoa, 19 años. Portero titular del América. Giovanni dos Santos, 15 años. Promesa del Barcelona. Y Efraín Juárez, 17 años. Defensa central.

 Los cinco jóvenes ganaron el Mundial Sub17 del Perú frente a Brasil. Carlos Vela marcó cinco goles en seis partidos. fue elegido botín de oro del torneo y esa noche dentro del vestidor del estadio en Lima, los cinco jóvenes firmaron una camiseta blanca del tri usada esa misma tarde. Cinco firmas con tinta negra, cinco hermanos del fútbol mexicano.

 Una promesa silenciosa de llegar juntos al Mundial Mayor de Sudáfrica 5 años después. La camiseta blanca firmada terminó dentro de la mochila negra del delantero Carlos Vela esa misma madrugada. Guarda esa camiseta. Cinco firmas. Una promesa, porque 5 años después esa camiseta iba a aparecer dentro de la habitación 417 de un hotel del norte de Monterrey, justo antes de que los cuatro compañeros abandonaran al quinto para siempre.

 A los 16 años, el Celta de Vigo compró a Carlos Vela al Guadalajara por $,400,000. El delantero voló a España con una mochila negra, una camiseta blanca firmada y un teléfono celular que su madre le había regalado en el aeropuerto. A los 18 años, después de tres sesiones por equipos pequeños de España e Inglaterra, el Arsenal de Arsener lo firmó por la primera plantilla.

 Carlos Vela se convirtió en el primer mexicano en la historia del club inglés, el primer mexicano en jugar dentro del Emirates Stadium y el primer mexicano en debutar en la Premier League con la camiseta roja y blanca del Arsenal. El debut llegó dos meses después contra el Sheffield United. Carlos Vela entró al campo en el minuto 67, marcó tres goles seguidos en 30 minutos.

 Triplete histórico de un mexicano en la liga inglesa. La afición del Arsenal se levantó de los asientos durante casi un minuto seguido. El entrenador Wenger lo abrazó a la salida del campo y la prensa inglesa lo bautizó esa misma noche con un apodo que iba a acompañarlo durante el resto de su carrera. The Mexican Magician, El mago mexicano.

 Número esa noche dentro del vestidor del Arsenal ocurrió algo que nadie del club entendió. Carlos Vela sacó del bolsillo interior de la mochila la camiseta blanca firmada por los cinco hermanos del triub17. La besó, la dobló en cuatro partes, la guardó dentro del bolsillo derecho del pantalón antes de salir a las cámaras de la prensa internacional.

 Y desde esa noche, durante los siguientes dos años, la camiseta blanca jamás se separó del cuerpo del delantero. Dormía con ella, entrenaba con ella, jugaba con ella debajo del jersey del Arsenal. Era el recordatorio físico de los cinco hermanos del fútbol mexicano, la promesa del Mundial de Sudáfrica. Pero Carlos Vela en ese momento todavía no sabía algo.

 Los otros cuatro hermanos del tri sub17 jamás guardaron la camiseta firmada de regreso. Chicharito la quemó dentro de la chimenea de la casa familiar en Guadalajara. Ochoa la dejó dentro del vestidor del estadio Azteca y jamás regresó por ella. Giovanni la perdió en una mudanza de Barcelona a Londres y Efraín Juárez la regaló a un primo el día de su cumpleaños número 18.

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