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CLAUDIO SUÁREZ: 20 AÑOS de SECRETO en el TRI… La PUDRE que el EMPERADOR ocultó toda su CARRERA

Primera, ¿quién era Claudio Suárez antes de ser el emperador? ¿De dónde vino? ¿Cómo llegó a los Pumas de la UNAM siendo delantero? ¿Y cómo se convirtió en defensa central por razones que tienen más que ver con las necesidades del equipo que con cualquier plan maestro? ¿Y qué tipo hacía que de defensor era que entrenadores y compañeros usaran las palabras que usaban para describirl? Segunda, lo que la Copa Confederaciones de 1999 significó como el pico más alto de su carrera como capitán del equipo nacional y lo que el periodo entre ese trofeo y

el mundial de 2002 reveló sobre las tensiones que rodeaban su presencia en la selección. Tercera, el escándalo real de esta historia. La exclusión del mundial de Corea y Japón 2002. La lesión de marzo, la recuperación médica, la decisión de Javier Aguir y lo que México hizo en ese mundial sin su capitán más histórico, que es quizás la ironía más brutal de toda esta historia. Cuarta.

Los últimos años. La obsesión con el récord documentada en sus propias palabras, el regreso al TRI en 2006 con 37 años, la falta de despedida de la FMF y lo que el sistema deportivo mexicano hace con sus leyendas cuando el récord ya está firmado y la institución ya no necesita a la persona que lo produjo.

Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante. Entender que la historia de Claudio Suárez no es la historia del líder oscuro que el gancho sugería. Es algo más incómodo que eso. Es la historia del mejor defensa que México produjo en el siglo XX, del hombre que más veces dio todo por la camiseta del TRI, al que el sistema que se benefició de esa entrega no le dio la despedida que merecía y que esa ingratitud institucional es el escándalo real que nadie ha querido nombrar con suficiente

fuerza. Grábate esto antes de que sigamos. Texcoco, Estado de México, no es el lugar de donde salen los grandes defensores del fútbol mexicano. Según el imaginario del deporte nacional, el fútbol mexicano ha tendido a producir sus leyendas defensivas desde los clubes grandes de la capital o del occidente del país.

Pero Claudio Suárez vino de ahí, de una familia con nueve hijos varones, de los llanos donde se aprende a jugar antes de aprender a usar una camiseta oficial de un contexto donde el fútbol es el idioma común antes de que sea el oficio profesional. Lo que llevó a un muchacho de Texcoco a los Pumas del Tlaunam no fue el camino de alguien descubierto por el sistema de captación profesional bien aceitado.

Fue el camino de alguien que fue insistiendo hasta que las puertas se dieron. El Pumas lo vio, lo probó, lo rechazó, lo volvió a ver y en algún momento de ese proceso, alguien dentro del club universitario reconoció que ese muchacho tenía algo que no se podía enseñar completamente, la determinación de no darse por vencido cuando el sistema decía que no.

Piensa en lo que fue para un chico de 16, 17 años llegar a las fuerzas básicas de los Pumas de la UNAM. El club universitario era en los años 80 de los más respetados del fútbol mexicano. Tenía historia, tenía infraestructura, tenía entrenadores que formaban a sus jugadores con una seriedad que pocos clubes del país podían igualar.

Y entrar ahí significaba estar en un ambiente donde la competencia era real y donde el talento solo no era suficiente si no venía acompañado del trabajo y la disciplina que el club exigía. Claudio Suárez llegó al Pumas como delantero centro. Eso es un detalle que las crónicas de su carrera mencionan siempre con una mezcla de sorpresa y de lógica retrospectiva.

El hombre que iba a convertirse en el mejor defensa central de su generación en México empezó su carrera queriendo ser el que anotaba los goles y en las fuerzas básicas del Pumas jugó en esa posición lo suficiente para demostrar que podía hacerlo, pero también para que los entrenadores identificaran que sus capacidades más excepcionales no estaban en el área rival, sino en la propia.

El proceso fue gradual. Primero lo retrocedieron al medio campo, después al lateral derecho, después al lateral izquierdo y finalmente al centro de la defensa. Cada retroceso en el campo fue el reconocimiento de dónde era más valioso, de dónde esas capacidades que se notan desde temprano en quien las tiene, la lectura del juego, la anticipación, el posicionamiento, la capacidad de leer lo que el delantero rival va a hacer antes de que el delantero rival lo haga, encontraban su expresión más completa.

En la temporada 19889 con Miguel Mejía Varón como entrenador del primer equipo, Claudio Suárez debutó en la primera división de México. Tenía 20 años y la carrera que empezó esa temporada no iba a terminar hasta 2010. 22 años de fútbol profesional en los que Claudio Suárez Ramírez se convirtió en el emperador. Escucha esto.

El apodo tiene su propia historia y su propio origen que dice algo sobre la manera en que el fútbol mexicano produce sus leyendas. Fue el comentarista Gerardo Peña quien lo apodó el emperador. Las teorías sobre el origen del apodo son dos. La primera dice que viene de Nesahualcoyol, el Tlatoani y de Texcoco, el rey poeta del México prehispánico que gobernó la ciudad donde Suárez nació.

La segunda dice que viene del Claudio de la historia romana, el emperador que sucedió a Calíbula. La ambigüedad de origen no importa tanto como lo que el apodo produjo. Una identidad que se convirtió en más grande que cualquier resultado específico. El emperador no el mejor defensa, no el más efectivo, el emperador.

Un título que en el imaginario futbolístico mexicano tiene un peso que ningún otro apodo en la historia del deporte nacional puede igualar exactamente. Grábate esto. Cuando el entrenador Manuel la Puente que dirigió a la selección mexicana entre 196 97 y 2000, habló sobre lo que Claudio Suárez significaba en el vestuario.

Lo dijo de una manera que no deja espacio para ambigüedades. Dijo, “Se ganó el puesto de emperador, pero porque lo era. Solamente un jugador con ese ímpetu y esa mentalidad tan férrea lo podía tener.” esa descripción. Un entrenador diciendo de uno de sus jugadores que tenía lo que tenía porque se lo había ganado, no porque lo había heredado ni porque el nombre lo protegía, sino porque lo que hacía cada día en el entrenamiento y en los partidos justificaba esa posición es el tipo de testimonio que no se puede fabricar. Viene de alguien que lo vio de

cerca y que tenía todo el interés del mundo en ser honesto sobre lo que veía. y Rafael Márquez, que fue el sucesor de Claudio Suárez como el defensa emblema de la selección mexicana y que se convirtió en su propia leyenda en los años siguientes, dijo algo que completa ese retrato.

dijo que Claudio Suárez fue su maestro, que aprendió de él todo lo que aprendió sobre cómo ser defensor en el más alto nivel, que el camino que lo llevó a ser el capitán del Tri, que llegó a semifinales de la Copa del Mundo con Barcelona en 2006, comenzó en parte con lo que absorbió del hombre que le precedió en ese rol.

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