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Fallece a los 96 años ANA LUISA PELUFFO y ASI fue su VIDA | Fortuna, Misterios, Amores

Fallece a los 96 años ANA LUISA PELUFFO y ASI fue su VIDA | Fortuna, Misterios, Amores

El 4 de marzo de 2026, en un rancho tranquilo en el municipio de Tepatitlán, de Morelos, en el estado de Jalisco, rodeada de las personas que más amó en su vida, murió una de las grandes leyendas de la época de oro del cine mexicano. Tenía 96 años. Se había ido en paz, en silencio, exactamente como ella quiso, sin cámaras, sin fotógrafos, sin el escándalo que la había acompañado durante buena parte de su carrera.

 solo su hijo, su familia, el campo abierto de Jalisco y una vida que se apagó con la serenidad que pocas personas que vivieron tanto y tan intensamente logran encontrar al final. Su nombre era Ana Luisa de Jesús Quintana Paz Pelufo. El mundo la conoció como Ana Luisa Pelufo. Y si no la conoces o si solo la conoces de nombre, lo que voy a contarte en los próximos minutos va a cambiar la manera en que entiendes lo que fue el cine mexicano en su mejor época.

 Porque esta mujer no fue simplemente una actriz más. Esta mujer fue la primera persona, hombre o mujer, en realizar un des artístico en la historia del cine mexicano. Eso fue en 1955, cuando México todavía era un país profundamente conservador, cuando quitarte la ropa frente a una cámara era considerado un acto de inmoralidad tan grave que podía destruir una carrera de por vida. Ella lo hizo de todas formas.

Y no solo no se destruyó su carrera, se volvió una leyenda. Pero eso es solo uno de los capítulos de su historia, porque la vida de Ana Luisa Pelufo también incluye seis matrimonios, el primero a los 16 años. incluye viajes a Brasil, donde la llamaron mis escándalo porque ninguna mujer en su vida había tenido tantos pretendientes alrededor al mismo tiempo.

 Incluye filmaciones en Italia financiadas por el Opus Day, la organización religiosa más conservadora del mundo. Una contradicción tan perfecta que parece inventada y sin embargo es completamente real. Incluye su nombre unido para siempre a uno de los monumentos más icónicos de la Ciudad de México, la Diana cazadora. Aunque la verdad de esa historia sea más complicada que el mito.

 Incluye más de 200 películas a lo largo de siete décadas. Incluye el Festival Internacional de Cine de Berlín. Incluye a Pedro Infante, a María Félix, a Loco Valdés, a Tintán, a El Santo, a Mauricio Garcés, a Andrés García. Una constelación completa de las estrellas más grandes del cine mexicano, todas compartiendo escena con ella en algún momento de esa carrera imposiblemente larga.

 Y al final de todo, la historia termina donde siempre terminan las historias que tienen algo de verdad. En la tierra, en un rancho en Jalisco, en silencio, en paz. Quédate hasta el final porque su historia te va a sorprender. El 9 de octubre de 1929 nació en la ciudad de Querétaro una niña que se llamaría Ana Luisa de Jesús Quintana Paz. No Pelufo.

 Ese apellido todavía no existía en su vida. llegaría después con el dolor y con el cambio que el dolor trae consigo. Sus padres eran Ana María Paz y Luis Quintana, una familia de clase media en el Querétaro de los años 30. Una vida que desde afuera no parecía tener nada de extraordinario, pero que por dentro tenía todo lo que necesita una niña para formarse de una manera distinta al resto.

 Desde los 5 años, Ana Luisa ya mostraba algo que la gente de su entorno no sabía exactamente cómo nombrar, pero que reconocía cuando lo veía. Era inquieta de una manera que no era travesura. Era curiosa de una manera que no era impertinencia. Tenía una relación con el arte, con el cuerpo, con el movimiento, con la belleza, que se adelantaba años a lo que cualquier niña de su edad podía procesar.

 La educación que recibió fue religiosa. Escuelas de monjas en el más estricto sentido del término. Y aquí hay que detenerse un momento porque ese detalle importa más de lo que parece. La misma niña que fue criada entre hábitos religiosos y cruces y oraciones matutinas sería 20 años después la primera mujer en mostrar el cuerpo de en la pantalla grande del cine nacional.

 Y luego llegó el primer dolor real de su vida. Su padre, Luis Quintana enfermó de cáncer. En los años 30 y 40 el cáncer no tenía el mismo arsenal de tratamientos que tiene hoy. Era una sentencia en la mayor parte de los casos. Y Luis Quintana murió. Ana Luisa era una niña todavía. Y ese hueco, el hueco que deja la muerte del padre cuando eres pequeña y no tienes los instrumentos para procesarlo, ese hueco no se llena nunca del todo.

 Queda ahí quieto debajo de todo lo que construyes encima. Su madre, Ana María Paz, siguió adelante. Como siguen adelante las mujeres en este país cuando no tienen otra opción. Y en algún momento que las fuentes no precisan exactamente, Ana María conoció a un hombre llamado Manuel Pelufo, un productor. Según algunas fuentes era argentino, según otras era uruguayo.

 Lo que sí queda claro es que era un hombre del mundo del espectáculo, un productor con conexiones en la industria de entretenimiento latinoamericana y que se casó con la viuda Ana María Paz. Para Ana Luisa, ese nuevo matrimonio de su madre fue una bisagra. El apellido Pelufo entró a su vida y no salió nunca. Lo adoptó como nombre artístico y con ese nombre escribió toda su historia.

 En México y en el mundo, esta mujer de Querétaro sería para siempre Ana Luisa Pelufo, aunque su nombre de nacimiento no tuviera nada que ver con ese apellido de origen europeo que le cayó encima con el segundo matrimonio de su mamá. Y no fue solo el apellido lo que llegó con Manuel Pelufo.

 Llegaron también los contactos, las puertas, la posibilidad de que una niña con ese talento innato que todos veían, pero nadie sabía exactamente qué hacer con él, tuviera acceso a espacios donde ese talento pudiera desarrollarse y eventualmente llegar a la pantalla. Antes de que existiera Ana Luisa Pelúfo, la actriz, existió Ana Luisa Pelúfo, la atleta, y la pintora y la bailarina.

 Y ese orden importa, porque lo que aprendió en cada uno de esos espacios fue la materia prima con la que después construiría la decisión que escandalizó a un país entero. Formó parte del balet acuático del club deportivo Chapultepec de la Ciudad de México, donde entrenó bajo la dirección de Rosa Pardo. El ballet acuático no es simplemente nadar bien, es usar el cuerpo en el agua de una manera que sea simultáneamente atlética y artística.

 requiere disciplina, coordinación, resistencia física y un nivel de conciencia corporal que muy pocas personas desarrollan con esa profundidad. Ana Luisa Pelufo aprendió desde adolescente que su cuerpo era un instrumento, no solo algo que llevar encima, no solo algo que mostrar, sino algo que controlar, que mover con propósito, que usar para comunicar algo.

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