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RICARDO RODRÍGUEZ: El SECRETO de su MUERTE… La asquerosa NEGLIGENCIA que mató al NIÑO de ORO

Hasta que un día, sin que nadie se lo pidiera, sin que nadie lo empujara, [música] se puso los guantes él también. tenía menos de 10 años. Escucha esto. Cuando hablamos de talentos naturales en el boxeo, usamos esa expresión con demasiada facilidad. Decimos que alguien tiene talento como si fuera algo que te pones por la mañana con la ropa.

Pero el talento de Jorge Linares no era una camisa, era otra cosa completamente distinta. Era algo que los entrenadores que lo veían por primera vez no sabían cómo explicar con palabras técnicas, pero que reconocían de inmediato con los ojos. la velocidad de manos que parecía imposible para alguien de su tamaño, el movimiento de caderas que hacía que los golpes del rival pasaran cerca, pero raramente conectaran de lleno.

La forma en que sus ojos leían a un rival antes de que ese rival siquiera pensara en lanzar el siguiente golpe. La capacidad de anticipación que en el boxeo es la diferencia entre un buen boxeador y uno extraordinario. Eso no se enseña. Eso se nace con ello o no se nace. Lo que sí se puede enseñar es la disciplina, el [música] trabajo, la resistencia al dolor y a la monotonía de los entrenamientos.

Y eso fue lo que Jorge aprendió desde pequeño, primero con entrenadores locales en Barinas, luego [música] moviéndose, mejorando, buscando quién pudiera llevarlo más lejos. Porque Jorge sabía con esa certeza que a veces tienen los jóvenes brillantes antes de que nadie les haya confirmado nada, que Barinitas no [música] era el destino, era únicamente el punto de partida.

En 1999, con apenas 14 años, [música] ganó la medalla de oro en el Campeonato Nacional Juvenil de Venezuela. Grábate ese número, 14 años, medalla de oro nacional, categoría welter. Ya en ese momento, antes de que nadie fuera de Venezuela supiera su nombre, el boxeo amater país sabía que tenía algo distinto [música] entre manos.

Ese mismo año ganó también la medalla de oro en el torneo juvenil Venezuela Panamá. En el año 2000, con 15 años, ganó la medalla de plata en el campeonato nacional y en 2001, con 16 años volvió a llevarse el oro en el campeonato nacional juvenil, tres [música] competencias nacionales en los primeros dos años de boxeo amateur con dos oros y una plata antes de poder votar.

[música] Antes de terminar la escuela secundaria, participó en dos preolímpicos con la selección nacional venezolana. no llegó a los Juegos Olímpicos, algo que según versiones de personas que lo siguieron en esos años le pesó durante mucho tiempo, aunque nunca lo mencionó en profundidad en entrevistas públicas, pero su récord como amater habló por él.

89 victorias y [música] apenas cinco derrotas. 89 victorias en el boxeo Amateur, donde los combates son [música] más cortos, más rápidos, donde el margen de error es mínimo porque los jueces puntúan golpes, no daño, ese número es sencillamente extraordinario. El amater tenía un techo para él [música] y Jorge Linares lo estaba tocando con los dedos estirados.

La pregunta no era si iba a dar el salto al profesionalismo, [música] esa decisión era obvia. La pregunta era, ¿cuándo y más importante, ¿quién lo iba a llevar? La respuesta llegó desde Japón. Piensa en eso un momento. Japón, un chico de Barinitas, Venezuela, cuya familia nunca había salido de los llanos venezolanos recibiendo una oferta desde el otro lado del planeta.

Así de improbable suena y así [música] de real fue. Taken Promotions es una de las empresas de boxeo más importantes de Japón, fundada y dirigida por Akijiko [música] Honda. Los japoneses llevan décadas identificando y desarrollando talento latinoamericano porque el boxeo en Japón tiene una tradición larga y apasionada y los japoneses entienden [música] el deporte de una manera particular.

valoran la técnica por encima de todo. La velocidad, la elegancia en el ring, la capacidad de moverse y golpear con precisión. Y cuando los ojeadores de Taken vieron a Jorge Linares, cuando vieron cómo se desplazaba, cómo anticipaba, cómo combinaba golpes con una fluidez que parecía natural y no aprendida, tomaron una decisión rápida. Lo firmaron.

Con 17 años, Jorge Linares dejó Venezuela, [música] dejó a su familia, dejó Barinitas y se subió a un avión con destino a Japón. Escucha esto. Hay momentos en la vida de un deportista que lo [música] definen todo. No siempre son los que aparecen en los titulares del día siguiente. No siempre son los knockouts [música] o los títulos o los contratos millonarios.

A veces son los momentos silenciosos los que ocurren sin que nadie esté mirando. El momento en que un adolescente de un pueblo pequeño se sube a un avión por primera vez en su vida, llega a un país donde no habla el [música] idioma, donde la comida es radicalmente diferente, donde las calles suenan diferente, donde [música] la cultura entera es diferente y toma la decisión interna sin decírsela a nadie porque todavía no [música] tiene palabras para expresarla de que no va a volver a casa.

hasta que haya demostrado por qué estaba ahí. Ese fue el momento para Jorge Linares y definió todo lo que vino después. En Japón lo pusieron a trabajar con Sendai Tanaka, veterano entrenador con décadas en el mundo del boxeo japonés [música] y con Antonio Esparragosa, quien había sido entrenado a su vez por el maestro [música] Amilcar Brusa.

Fue Brusa quien le puso a Jorge el apodo que lo acompañaría hasta el último día de su carrera. El niño de oro [música] no fue una decisión de marketing, no fue un nombre inventado por un equipo de relaciones públicas para vender más entradas. Fue el reconocimiento de un hombre que llevaba décadas [música] viendo boxeadores de primera y que sabía, sin sombra de duda, que tenía enfrente a algo genuinamente especial.

Imagina lo que significó adaptarse a Japón para un chico de 17 años de Barinitas, [música] Venezuela. No estamos hablando de una mudanza normal. No estamos hablando de alguien que se va a vivir a la ciudad más cercana y visita a su familia los fines de semana. Estamos hablando de cruzar el mundo entero y llegar a un país donde el idioma es completamente diferente, donde [música] la escritura es diferente, donde las costumbres, la comida, el ritmo de la vida, la forma de relacionarse con los demás, todo es diferente. Donde un adolescente

venezolano de los llanos no tiene absolutamente nada familiar alrededor, excepto sus propios guantes y la certeza de que necesita demostrar por qué lo trajeron hasta ahí. Los primeros meses en Japón debieron ser durísimos. No hay declaraciones públicas detalladas de Jorge sobre ese periodo de adaptación, pero es fácil entender lo que ocurrió porque es lo que les ocurre a todos los latinoamericanos jóvenes que hacen ese mismo salto al boxeo japonés.

El gimnasio se convierte en el único territorio familiar. Los entrenadores se convierten en las únicas figuras de referencia. El trabajo, los guantes, la rutina de entrenar mañana y tarde se convierten en el anclaje que le da sentido a los días. Y poco a poco [música] el idioma se va aprendiendo, las costumbres se van entendiendo, el país ajeno se va convirtiendo en algo parecido a un segundo hogar.

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