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Brigitte Bardot: El Precio de Ser la Mujer Más Deseada del Mundo

Y el de Brigit, por más reglas que le pusieran encima, seguiría ardiendo el resto de su vida, llevándola a tomar decisiones que asombrarían y escandalizarían al mundo entero. Una necesidad de moverse, de sentir, de no quedarse quieta dentro de la caja que la sociedad le ha preparado y encuentra una válvula de escape, el baile.

Desde muy pequeña, Brigit estudia danza clásica y no como un pasatiempo. Lo hace en serio, con disciplina feroz, en una de las escuelas más prestigiosas de París. Quiere ser bailarina profesional. Sueña con el balet, con los escenarios, con una vida entregada a esa exigencia hermosa y brutal. Las clases de ballet de aquella época no eran dulces, eran durísimas.

Los maestros eran exigentes hasta la crueldad. Se cuenta que en una de aquellas escuelas, el profesor dirigía la clase con un bastón en la mano y golpeaba a las alumnas cuando un movimiento no le parecía perfecto. Brigitte aprende allí una lección que marcará toda su vida, que la belleza tiene un precio, que detrás de cada gesto grácil hay dolor, esfuerzo, sacrificio, que para ser admirada hay que sufrir en silencio.

Pasaba horas frente al espejo de la sala de ensayo, repitiendo los mismos movimientos hasta que las piernas le temblaban. Sus compañeras la recuerdan delgadísima, grácil. con un cuello largo de cisne, pero también frágil, poco resistente, esforzándose el doble para seguir el ritmo. Le habían puesto un apodo tierno casi infantil, y, sin embargo, dentro de esa muchachita delicada ya ardía algo feroz, una determinación de hierro, una manera de entregarse por completo a aquello que amaba.

El ballet no le dio una carrera, pero le dio algo más duradero, una forma de moverse, una elegancia animal, una conciencia de su propio cuerpo que años después, frente a las cámaras del mundo entero, la volvería irresistible sin que ella tuviera que actuar apenas. Es una niña delgada, de miembros largos, elegante. Le ponen un apodo cariñoso, pero no es la más fuerte ni la más resistente.

Y poco a poco va entendiendo que quizás el balet profesional, ese sueño tan puro, no será su camino. El destino le tenía preparado otro escenario, uno mucho más grande, mucho más deslumbrante y mucho más peligroso. Lo curioso, lo que casi nadie entiende de su historia es que Brigit nunca soñó con ese escenario.

Nunca quiso ser una estrella de cine. Nunca persiguió la fama, la fama la persiguió a ella y ahí reside quizás la diferencia que lo cambie todo. Hay quien daría la vida por estar en un escenario, por ser mirado, aplaudido, deseado. Brigit recibió todo eso sin haberlo pedido nunca con esa hambre le llegó por su rostro, por su cuerpo, por el momento exacto de la historia en que apareció.

Fue elegida por la fama, no al revés. Y tal vez por eso, en el fondo, nunca le perteneció del todo y le resultó más fácil que a cualquiera, llegado el momento, soltarla. Y esa diferencia que parece pequeña lo explica casi todo, porque las personas que pasan la vida persiguiendo el estrellato suelen aferrarse a él con uñas y dientes.

Brigit no. Para ella, desde el principio, fue algo que le cayó encima, que la arrastró, que la atrapó en una corriente que ella no había elegido. Todo empezó por su belleza, porque por más que ella soñara con ser bailarina, había algo imposible de ignorar. Aquella adolescente se estaba convirtiendo en una joven de una hermosura fuera de lo común.

¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen. Su madre, una mujer con conexiones en el mundo de la moda, vio en la belleza de su hija una oportunidad y empezó a llevarla a desfiles, a sesiones de fotos, al mundo del modelaje. Brigit, tímida al principio, incómoda ante las cámaras, fue entrando poco a poco en ese universo y entonces, a los 15 años ocurrió algo que cambió su vida para siempre.

Su rostro apareció en la portada de una de las revistas de moda más importantes de Francia, 15 años. Una cara fresca, juvenil, distinta a todo lo que se veía entonces. Esa portada la vieron millones de personas. Y entre ellas la vieron las personas exactas que iban a sacarla del anonimato. En aquella época las modelos posaban con rigidez, sonrisas perfectas, poses estudiadas.

Brigitte era distinta. Tenía algo más natural, más fresco, casi salvaje. Una belleza que no parecía fabricada, sino real. Esa naturalidad en un mundo de imágenes acartonadas resultaba magnética. saltaba desde la página y te agarraba por el cuello. No fue entonces un golpe de suerte cualquiera, fue algo en su rostro, una promesa de libertad que la cámara captaba sola, lo que hizo que ojos expertos se detuvieran en esa portada y pensaran, “Esa chica tiene algo que el cine necesita.

” Un director de cine de renombre y su joven asistente quedaron fascinados con esa cara. Quisieron conocerla. Querían saber si esa belleza adolescente podía funcionar en el cine. El asistente del director era un joven ambicioso, encantador, mayor que ella. Se llamaba Roger Vadim. Y no solo se interesó por la carrera de Brigit, se interesó por ella.

Brigit, una adolescente criada entre algodones y reglas estrictas, se enamoró perdidamente de ese joven que parecía abrirle la puerta a un mundo prohibido, libre, lleno de promesas. Empezaron una relación a escondidas de sus padres. Para Brigit, criada entre reglas estrictas, vigilada, encerrada en el molde de la buena niña burguesa, aquel joven era una ventana abierta de par en par.

Le hablaba de cine, de arte, de un mundo bohemio y libre que ella solo había podido imaginar. Se escapaba para verlo. Mentía a sus padres. Vivía esa relación con la intensidad arrolladora de un primer amor adolescente. Badim no solo le abría la puerta a un hombre, le abría la puerta a otra vida entera opuesta a todo lo que conocía.

Y Brigit, hambrienta de libertad, se lanzó de cabeza sin medir las consecuencias, como haría tantas veces a lo largo de su vida. Cuando la familia se enteró, la reacción fue feroz. Para unos padres burgueses y católicos, aquel romance era inaceptable. Amenazaron con separarlos, con enviar a Bridget lejos, a un internado en otro país durante años, con tal de alejarla de ese hombre.

Y aquí aparece por primera vez el lado más oscuro de la historia de Brigit Bardaell. Porque esa adolescente, desesperada ante la idea de perder su amor y de ser encerrada lejos de todo, llegó a un punto de angustia tan profundo que tocó fondo. Atravesó, siendo casi una niña, su primer momento al borde del abismo.

No conviene detenerse en los detalles de aquel episodio. Basta con entender lo que revela que detrás de la belleza luminosa que pronto deslumbraría al mundo, había una joven de una fragilidad enorme, capaz de derrumbarse por completo cuando el dolor la superaba. Era la primera grieta visible de una herida que la acompañaría siempre.

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