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Froilán de Marichalar: por qué terminó lejos de España

En aquel periodo, los medios españoles comenzaron a seguirle con una atención que él parecía provocar de manera casi deliberada. No era solo el nieto del rey, era el nieto del rey que salía de noche, que aparecía en las fotos equivocadas, que frecuentaba a las personas que nadie en la casa real habría querido ver cerca de alguien con ese apellido.

Una de las imágenes más recordadas de aquellos años fue la que apareció en ciertos medios mostrando a Freyan con un arma en las manos, no en un contexto de casa oficial, sino en una situación informal que no tardó en generar polémica. La casa real tuvo que hacer lo que siempre hacen estos casos.

Gestionar el daño, minimizar el episodio, intentar que la historia desapareciera antes de que adquiriera demasiada velocidad. A veces lo lograron, otras veces no. Bequia. Hacia sus 15 y 16 años, Frean ya era una figura conocida en los círculos nocturnos de Madrid, que no tendrían que haber conocido a alguien de su edad.

Sus escapadas, sus amistades, sus actitudes eran el material perfecto para las revistas de corazón, que en España tienen una audiencia enorme y una memoria prodigiosa. Cada nueva imagen, cada nuevo rumor, cada nueva historia añadía un capítulo más a una narrativa que la familia real miraba con creciente preocupación, el español.

Lo que resulta significativo es que en paralelo a toda esa agitación pública, la figura de Jaime de Marichalar iba asociándose cada vez más a la pregunta de si había habido suficiente autoridad paterna en la crianza de Freyan. Años más tarde, el propio Juan Carles I, en sus memorias publicadas en 2025, bajo el título Reconciliación, señalaría directamente la falta de disciplina paterna como uno de los factores que herivó en lo que el emérito llamó una vida desvergonzada de su nieto.

Unas palabras duras que Jaime de Marichalar escuchó en silencio. Libertad digital. La mayoría de edad llegó para Freud el 16 de julio de 2016 y con ella llegó también la mirada más escrutadora de los medios de comunicación. Cumplir 18 años siendo el nieto del rey no es una circunstancia menor. En España, ese tipo de hitos en la familia real se convierten en eventos mediáticos que la prensa cubre con minuciosidad.

Pero Fre cumplió sus 18 años, no como un joven que inaugura una nueva etapa responsable, sino como alguien que hasta ese momento ya acumulaba un historial suficientementeado como para que algunos medios publicaran reportajes repasando sus polémicas una a una. Bequía era el sobrino del rey Felipe VI. Era el nieto de Juan Carlos I.

Era también el joven que parecía llevar a cuestas el peso de una familia en permanente proceso de reinvención de su imagen. La monarquía española había atravesado momentos muy delicados durante esos años. El caso NOS, que involucró a la infanta Cristina y a su entonces esposo Iñaki Urdangarín en irregularidades financieras.

había sacudido profundamente la credibilidad de la institución. La figura del rey Juan Carlos I, que había sido durante décadas un símbolo de estabilidad democrática, comenzaba a verse empañada por rumores y después por revelaciones sobre cuentas en el extranjero, viajes, relaciones y comportamientos poco compatibles con el papel que la corona debía representar.

En ese contexto tan frágil para la institución, cada nuevo titular sobre Freudan era una herida más en la imagen de la familia. Felipe VI y su esposa Leticia llevaban años construyendo una imagen de monarquía austera, cercana, transparente, una narrativa que requería distancia de todo lo que pudiera recordar a los excesos del pasado.

Y Freilan, con su estilo de vida y su actitud desafiante encajaba muy mal en ese relato. La distancia entre él y el rey Felipe VI no era solo una cuestión de parentesco lejano, era también una distancia ideológica, una diferencia de actitud frente a lo que significa llevar el apellido que llevan. Felipe VI había construido su reinado sobre la seriedad y la contención.

Freand parecía haber decidido exactamente lo contrario. El año 2022 fue el punto de inflexión definitivo. Hasta entonces, los escándalos de Freilan habían sido serios, pero manejables. El tipo de historias que generan portadas durante unos días y luego se desvanecen en el siguiente ciclo de noticias.

Pero en 2022 la situación escaló a otro nivel y lo hizo de una manera que ya no dejaba margen para minimizar ni para gestionar en silencio. En julio de ese año, Frean estuvo presente en un tiroteo. No fue el tirador ni la víctima, pero su presencia en ese lugar, a esa hora, en ese contexto era suficiente para encender todas las alarmas dentro de la familia real.

El episodio no pasó desapercibido para los medios, que lo cubrieron con la intensidad que suelen reservar para los momentos en que la realeza rosa lo que en ningún caso debería rozar. Apenas unos meses después, en noviembre del mismo año, hubo otro incidente. Esta vez fue una pelea con navajas en la que uno de los amigos de Freyan resultó herido.

De nuevo, Freyan estaba presente. De nuevo, su nombre apareció en los titulares. De nuevo, la casa real tuvo que enfrentarse a la pregunta que nadie dentro de la institución quería hacerse en voz alta, pero que todos se hacían en privado. ¿Hasta cuándo, Divinity? La respuesta a esa pregunta llegó pocas semanas después, cuando se supo algo que terminó de convencer a la infanta Lena de que era necesario tomar una medida drástica.

Freand, según revelaron diversas fuentes, había utilizado su posición para hacer intervenir a funcionarios del Estado en uno de sus conflictos personales. Eso era ya otra cosa. Eso no era solo un joven que tomaba malas decisiones. Eso era alguien que usaba el apellido como escudo y eso la institución no podía tolerarlo.

Divinity. La gota que colmó el vaso, como la describió entonces la revista Lecturas, fue precisamente esa, el descubrimiento de que Freilan podía disponer de funcionarios del Estado para intervenir en sus conflictos. Una prerrogativa que no le correspondía, que nadie le había otorgado formalmente, pero que su posición como nieto del rey emérito le permitía ejercer en los márgenes de un sistema que todavía tenía demasiados rincones oscuros. Divinity.

La infanta Elena tomó la decisión. No fue una decisión fácil porque ninguna madre toma con ligereza la determinación de alejar a su hijo a miles de kilómetros. Pero Elena es ante todo una mujer formada para anteponer el deber y la institución a sus preferencias personales. Y en ese momento el deber era claro.

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